lunes, 23 de mayo de 2016

EL ESPÍA

 Título: El espía
 Director: Billy Ray
Año: 2007
Temas: Autocrítica. Branding. Comunicación interna y externa. Paradojas vitales y organizativas. Esquizofrenias organizativas. Ética y organizaciones. Feelings Management. Hipocresía persona y organizativa. Inmolaciones organizativas. Paranoias personales y colectivas.






En febrero de 2001, Robert Hanssen, agente del FBI que había ocupado puestos de relevancia en esa Agencia norteamericanas fue declarado culpable de traición contra su país. Durante las dos décadas precedentes, había proporcionado secretos clave de inteligencia a la Unión Soviética.
Chris Cooper protagoniza a Hanssen en este largometraje que puede ser calificado de extraordinario desde el punto de vista del análisis del personaje principal. Junto a él, Ryan Phillipe interpreta a Eric O´Neill, un joven agente seleccionado para tratar de descubrir los modos de actuar del traidor.
Cuando O´Neill es ascendido desde un puesto de vigilancia de exigua relevancia hasta el cuartel general del FBI, su anhelo de convertirse en un agente parece estar cercano. Para lograr su objetivo está dispuesto a lo que sea. Queda sorprendido cuando le comunican que trabajará junto a Hanssen en una nueva división denominada de "seguridad de información". Ese departamento ha sido aparentemente creado para contribuir a la defensa de información clasificada de esa agencia norteamericana.
Pero las cosas no son siempre como parecen. La ilusión se desmorona cuando O´Neill conoce con más detalle el verdadero motivo de su promoción. Hanssen es en realidad el objetivo de una investigación. El FBI sospecha que se trata de un resbaladizo topo. Sus superiores solicitan a O´Neill que se gane la confianza de su jefe  para poder detener al renegado en plena acción.
Involucrado en un arriesgadísimo juego de bisoño profesional contra un espía con todas las experiencias de la vida, O´Neill se verá obligado a esforzarse por paralizar a Hanssen antes de que el agente traidor le destruya a él, a su pareja y al país que ha jurado defender.
El largometraje es sin duda minucioso. Quizá, como he señalado antes, lo más relevante es el análisis de la esquizofrenia vital en la que se debate Hanssen.
Toda persona, y particularmente quienes por algún motivo se creen de inteligencia superior, acaban combatiendo dentro de sí mismos. La normalidad no les resulta atractiva  y deben probarse a sí mismos que pueden hacer cosas diferentes a los demás. ¡Cuántos parecidos entre el análisis psicológico de Hanssen y de Napoleón, por poner sólo un ejemplo! Los dos se consideraron superiores a su entorno, juzgaron que podían engañar a los demás, porque los otros no les alcanzaban ni siquiera a la suela de los respectivos zapatos.
Napoleón se sintió capacitado para despreciar a todos los monarcas de su época, incluido el Papa. Hanssen se considera superior a una de las organizaciones de mayor importancia en la gestión de inteligencia que en el mundo han sido. Napoleón jugó con Europa durante décadas, Hanssen lo hizo durante más de dos. Para más inri presidiendo la comisión que había sido diseñada para tratar de atraparle. Al cabo, se jactará de haber engañado incluso a quienes estaban designados para darle caza.
En una gloriosa escena, una vez detenido, le preguntan el porqué de sus actuaciones, la respuesta es significativa: quería demostrar a todo el FBI su personal superioridad. Ya que no le hacían caso en sus sugerencias, deseaba chulearles a todos para poner de manifiesto su superioridad mental y operativa.
La vida de Hanssen se encuentra fundamentada en lo que los griegos denominaban hibris o hybris (en griego ϐρις húbris). Este concepto griego, que tiene diversas acepciones, puede traducirse también como ‘desmesura’.  Suele emplearse para definir el orgullo desmedido. En la Antigua Grecia se empleaba para definir el desprecio hacia los demás. Eurípides, en referencia a la cuestión, escribió que Aquel a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco.
En el caso de Hanssen, su esquizofrenia vital se ve probablemente incrementada –a decir de gente que le conoció directamente- por la pertenencia a un controvertido movimiento religioso de origen español, que imprime en bastantes de sus adictos un desmedido e injustificado complejo de superioridad. Quizá –no es el único caso en personas que pertenecen o han pertenecido a ese discutido grupo- las instrucciones recibidas allí contribuyeron a la esquizofrenia del protagonista de esta lamentable y real historia.
Llama la atención en la película la desaparición de uno de los aspectos más peculiares de esta curiosa historia: el chivatazo de Hanssen a los soviéticos sobre el pasaje que habían edificado los estadounidenses debajo de su representación diplomática oficial en Washington.
Entre las múltiples enseñanzas que brotan de la película se encuentra la necesidad de conservar y desarrollar el sentido común. Quien olvida la habilidad vital de la humildad, acaba consintiendo que el orgullo mine su realidad vital y mental. Caído en esa triste situación, Hanssen acaba haciendo realidad la frase del turbulento pensador alemán de fines del XIX: Quien lucha contra monstruos cuide no volverse un monstruo.

Una de las múltiples manifestaciones de la hybris personal en la que Hanssen vive es la ausencia de habilidades para el gobierno de personas. Su trato, desde el pedestal en el que él mismo se ha situado se hace insufrible. Puede impresionar desde lejos, pero cuando la gente se le acerca su trato, su comportamiento, sus creencias, sus modos de despreciar a los demás, sencillamente repelen. Ni más ni menos que determinados directivos que aseguran que su capital humano es lo más importante, para luego, en la realidad concreta de la existencia, despreciar a quienes no se pliegan.



lunes, 2 de mayo de 2016

EL TERCER REICH - 101 PREGUNTAS FUNDAMENTALES

BENZ, WOLFGANG (2006): El tercer Reich. 101 preguntas fundamentales.


Los terribles acontecimientos que tuvieron lugar entre 1919 y 1945 son fuente inagotable de interés. Las fuerzas del averno desatadas han hecho reflexionar desde muy diversos ángulos sobre los límites de la bondad y la maldad del ser humano. Benz proporciona algunos mimbres para configurar cada uno su propia opinión. 

lunes, 25 de abril de 2016

AMERICAN GANGSTER

Título: American Gangster 
Director: Ridley Scott
Intérpretes: Denzel Washington, Russell Crowe, Carla Gugino, Josh Brolin, Ted Levine
Año: 2007
Temas: Avaricia. Branding. Comunicación interna y externa. Constancia. Creación de empresa. Ética y técnica. Feelings Management. Fuego amigo. Patologías organizativas. Pérdida del sentido común. Will Management.

Frank Lucas (Denzel Washington) era el discreto conductor de un mafioso negro del centro de Harlem. Corre la década de los setenta. Fallece el criminal de forma inesperada durante una visita a una tienda. Frank decide aprovechar la oportunidad -carpe diem!- para diseñar su propio imperio y llevar a la realidad su personal versión del sueño americano.

Con todo lo asimilado -¡qué pena haber olvidado la importancia de la figura del aprendiz!-, gracias también a su agudo ingenio y a una peculiar ética de los negocios (sobre este punto volveré), se hace con el control del tráfico de drogas de la zona, inundando las calles a mejor precio con un producto de calidad superior. El resultado es evidente: se convierte en un potentado.

Lleva a la práctica, de forma intuitiva, uno de los principios de cualquier negocio: cuantos menos intermediarios haya, mayor será el margen para quienes queden. Él ha reducido la cadena, pues compra en origen (Tailandia) y vende con su propia red comercial. Frank sabe, o al menos intuye, que un negocio debe fundamentarse en una ventaja competitiva clara. Él lo tiene claro: eliminado un coste sus márgenes aumentan. Asume mayores riesgos, pero los beneficios también serán superiores. En el fondo, éticos o no, los negocios tienen unas características más semejantes de lo que a primera vista pudiera parecer. 

Puede asegurarse, en efecto, que todos los negocios, desde el punto de vista estrictamente técnico, son básicamente iguales. Lástima que Frank haya optado por uno que no es ético. De otro modo, hubiera llegado a ser un gran empresario, porque las ideas que aplica son eficaces. Bien consciente de que es preciso ganarse el apoyo de los clientes actuales o potenciales cuida atentamente la comunicación externa, y logra convertirse en una de sus estrellas cívicas, gracias a los regalos populistas que realiza. Hay escenas que recuerdan a El Padrino,  y también a esos narcotraficantes mexicanos, colombianos, etc. que maquillan su inhumano negocio con una cobertura solidaria que lo vuelve todo, si cabe, más lamentable.

Richie Roberts (Russell Crowe) es un agente de policía marginado. Conoce al dedillo el ambiente de las calles y percibe con claridad que el poder del hampa está cambiando. Al igual que Frank Lucas, Roberts ha asumido un estricto y peculiar código ético que le aparta de los demás, transmutándolos en dos figuras solitarias en lados opuestos de la ley.

Richie descubre pronto que su principal enemigo –sin duda no el único-, son los numerosos agentes de la policía neoyorkina que se han dejado corromper, cobrando comisiones relevantes tanto a comerciantes como a delincuentes. Se la tienen jurada, entre otros motivos porque él –tras una operación- entregó al departamento el casi millón de dólares que habían incautado. Los demás le miran como un ser extraño. ¡Nadie le hubiera dicho nada si se lo hubiera quedado, siempre que hubiese hecho partícipes a otros de su inesperada ganancia! El fuego amigo sigue siendo, en demasiadas organizaciones, el principal problema.

Múltiples son las enseñanzas para la empresa que van sucediéndose en el largometraje. Una relevante es la conciencia de que la marca resulta esencial para el buen desarrollo de un negocio. Cuando un traficante menor emplea la misma de Frank, pero con un producto de inferior calidad, el ganster se altera. ¡No puede engañarse con la marca!, grita. ¡La marca da confianza! ¡No puede dañarse!

Lecciones interesantes para cualquier empresa que quiera desarrollar sostenibilidad. La marca no tiene por qué ser conocida a nivel internacional, pero sí ha de ser respetada en su ámbito de influencia. Muchas enseñanzas de los expertos en branding en nuestros días no hacen sino repetir de forma algo más tecnificada las evidencias señaladas por el traficante de Harlem.

Tanto en el comportamiento de Frank como en el de Richie hay un elemento común: los dos aseguran que son de ética intachable. Sin embargo, un análisis detallada de la misma produce perplejidades. De un lado, Frank está dispuesto a liquidar a cualquiera que se ponga en su camino, a arrasar cualquier obstáculo material o humano que le impida su meta; por otra, asegura que le preocupa su familia, y que es siempre fiel a la palabra dada, a  la vez que asegura que siempre desea proporcionar el mejor producto, como si vender droga fuese distribuir fruta de calidad...

Toda persona lleva dentro de sí una contradicción, que he calificado de paradójica. Los extremos a los que llega Frank son singulares. Algo semejante sucede con Richie. En su caso, la ‘estricta’ moral que se ha concedido le prohíbe robar ni un solo euro. Paralelamente, sin embargo, está dispuesto a engañar a su mujer, y a poner todos los medios, legales o no, para alcanzar sus metas.

En el fondo, ambos personajes han hecho suyo el principio de que el fin justifica los medios. Por lamentable que sea ese principio ético, no debería resultar tan extraño, pues muchas organizaciones –lucrativas o no- para lograr sus objetivos están dispuestos a sacrificar a aquellos mismos a quienes aseguran de continuo que la organización fue pensada sólo para ayudarles.



martes, 12 de abril de 2016

HOTEL JUAN CARLOS I (FAIRMONT). EL TRABAJO BIEN HECHO




He tenido ocasión de alojarme durante varios días en Barcelona en el hotel Juan Carlos I, recientemente adquirido por el grupo Fairmont. Acudía con cierta prevención a causa de las obras que han comenzado a realizar para devolver su antigua prestancia a este referente dentro de la hostelería española desde los años noventa.

No puedo sino alabar la profesionalidad con que están desarrollando esos trabajos, que ya han culminado con un lobby a la altura de los mejores hoteles de lujo de cualquier país del mundo.


En un país como el nuestro en el que tantos disfrutan criticando el trabajo mal realizado, merece la pena ensalzar a los profesionales que están consintiendo actualizar de forma sabia un hotel como el Juan Calos I, sin que los clientes tengan por qué sufrir. Si no fuera porque lo sabía previamente, probablemente no hubiera percibido esos trabajos. ¡Enhorabuena!

Javier Fernández Aguado