lunes, 27 de octubre de 2014

HITLER Y CHURCHILL


ANDREWS, ROBERT (2002): Hitler y Churchill. Los secretos del liderazgo, Taurus


Algunos siglos pueden ser encuadrados más por personas que por sucesos. En el siglo XX sucedió esto. Las elegidas por Andrews son, sin duda, dos aparentes opuestos. En realidad, Hitler y Churchill –sugiere el autor- se parecían mucho más de lo que a primera vista pudiera parecer. Tanto, que durante lo juicios de Nuremberg –esto lo omite el autor-, el británico confiaba a su segundo:
            -Si llegamos nosotros a haber perdido la guerra, cómo habríamos acabado…
Bien sabía el empedernido bebedor y fumador de puros que bastantes de los crímenes que estaban conduciendo a la horca a los nazis también los habían cometido ellos. Entre otros, el bombardeo indiscriminado e innecesario a efectos bélicos de población civil. 
Algunas sugerencias de Andrews son relevantes. Por ejemplo, la apertura de mente que genera viajar. Despreciar lo que uno no conoce es un triste modo de actuar propio de un gañán. Hitler lo hizo con frecuencia. De forma particularmente destacada cuando al entrar Estados Unidos en guerra, el cabo austriaco brindó asegurando que los norteamericanos no alterarían para nada el curso de los acontecimientos.
Aunque la obra está mucho más centrada en Churchill que en Hitler aporta reflexiones novedosas sobre ambos.

lunes, 20 de octubre de 2014

LA PLAYA


Título: La Playa

Director: Danny Boyle

Intérpretes: Leonardo DiCaprio, Tilda Swinton, Virginie Ledoyen, Guillaume Canet, Robert Carlyle, Paterson Jospeh.

Año: 1999

Temas: Discriminación. Intraemprendizaje. Juntas de accionistas. Muerte. Obediencia. Refugio afectivo. Selección de personal. Sentido del trabajo. Socios. Valores. Violencia.


            El desencanto de la profesión lleva a Richard (DiCaprio) a buscar nuevos modos de vivir la vida. Ese algo que se busca siempre, que dé razón del propio quehacer, pretende encontrarlo en un viaje por Oriente, siguiendo la pista de tantos europeos que se lanzaron “to feel the road” en Thailandia, en la década de los setenta, tal vez por la desilusión ante aquel movimiento parisino que tanto había prometido y que se disolvió como un azucarillo en anís.

            No sin ironía explicita una voz en off en qué queda muchas veces esa ansia de búsqueda de novedades: en ver la televisión en la habitación de un hotel en un país en el que uno no conoce a nadie. Y es que el downsizing no es sencillo: no basta con afirmar que el trabajo no lo es todo, es preciso descubrir qué hacer con el propio tiempo libre, para que matarse en el trabajo no sea sucedido por un intento de matar un tiempo que se ignora a qué dedicar.

            Como en otros trabajos precedentes (A tumba abierta: la búsqueda de la felicidad en el dinero; Trainspotting: al mismo objetivo, pero gracias a la droga), Danny Boyle sigue señalando la necesidad de encontrar esa plenitud. Lástima que sus intentos (en este caso mediante la adaptación del libro de Alex Garland) sigan sin dar resultados plenamente satisfactorios.

            En la situación de desasosiego mencionada se encuentra nuestro protagonista al comienzo del metraje -a decir verdad, peor que la descrita-, porque el hotel es un hostal de mala muerte, donde no hay televisión y el ruido de fondo está formado por el retozar de una pareja de franceses, el monótono ruido de un ventilador de techo, con la posibilidad de observar cómo docenas de cucarachas corren en todas direcciones. 

            De repente, otro compañero de sudores irrumpe en su vida, con promesas profundamenta halagüeñas: la búsqueda de la perfección, la posibilidad de aprender a controlar las propias sensaciones, el lugar perfecto en el que es posible hacer “lo diferente”... Todos los componentes de la utopía van encontrando su lugar en la conversación: una colectividad perfecta y reducida, la exclusividad, el secreto, la respuestas a las necesidades profundas de la persona. DiCaprio añade un elemento más: su vocación es la búsqueda del placer (desconociendo la enseñanza de Joubert: que el placer es la felicidad, pero sólo de una parte del cuerpo).

            De acuerdo con la pareja que “le dio la noche”, y tras el suicidio de quien prometía tantos bienes, se lanzan a la búsqueda del sentido de su propia vida, con un lema que es altamente significativo y muy útil para lo que se refiere al conocimiento práctico:

            -Si no lo intentamos, no lo sabremos.

            Durante el acercamiento al “paraíso”, y tras un incidente protagonizado por sus acompañantes, se señala que entonces, como en muchas otras circunstancias:

            -Ahora es tarde para volver atrás.

            Y ese razonamiento sirve para acelerar el esfuerzo y llegar hasta la isla. Pero una vez en ella, no resulta sencillo alcanzar “la playa”, y en una escena que no tiene desperdicio, mientras los hombres discuten sobre tonterías es la chica la que vuelve a demostrar que sólo quien está dispuesto a arriesgar supera obstáculos aparentemente insalvables.

            La sociedad a la que llegan tiene aparentes ventajas: un entorno envidiable, la presencia voluntaria de todos, el sentimiento de pertenencia a un “club” de privilegiados... Pero la persona –tal como ha sido pacíficamente aceptado también en lo intelectual hasta el siglo XVIII- tiene semejantes necesidades, anhelos y deseos, independientemente de las coordenadas espacio-temporales. La existencia “sin reglas” es impensable, y pronto van siendo puesto de manifiesto en la película. Entre otras, destaca una fundamental y particularmente bien tratada: el valor de la fidelidad.

            En una sociedad como ésa a la que DiCaprio y sus compañeros franceses se han incorporado, es evidente que es particularmente fácil que “los cruces” sexuales se multipliquen. Y así es. Curiosidad: también la “infidelidad” tiene sus reglas. Una de ellas es la discreción. Todo podría hacerse mientras los otros no se enteren. Otra: cada uno justifica su propia deslealtad, pero se afea al contrario la suya. En el mundo de la empresa, también se viven habitualmente estas –en apariencia- sorprendentes situaciones: un directivo puede cobrar verdaderas barbaridades (totalmente desproporcionadas), pero ¡ay de aquel que gaste unas pesetas de más del material de la compañía, aunque su sueldo por las circunstancias que sean resulte radicalmente injusto por escaso!

            Las enseñanas van sucediéndose en esta misma línea: DiCaprio asesinará a un miembro de la colectividad, pero cuando las tornas cambien y sea él el amenazado hará un alegato en defensa de la propia vida como el que hubiera hecho el pobre desgraciado con quien él acabó poco antes; la apariencia de libertad se ve marcada por la autoridad dictatorial de quien se ha erigido en representante...

            A pesar del cierto caos narrativo y de lo irregular del guión, los mensajes van apareciendo en muchos momentos. Por ejemplo, la necesidad de practicar un buen sistema de “socialización” en una organización, porque la gente, en el fondo, lo que desea es sentirse integrado. Así lo dicen: creo en el paraíso. Lo importante no es dónde vas, sino cómo te sientes al formar parte de algo. Ese momento es para siempre.

            Ese deseo permanentemente repetido de que nadie estropee su paraíso, de que nada perjudique su diversión, se ve finalmente enturbiado por un conjunto de circunstancias, que pueden resumirse en la carencia de determinadas habilidades directivas en los miembros del grupo: generosidad, discreción, esfuerzo, etc. Quizá han ido a buscar el paraíso demasiado lejos y deberían haberlo procurado más bien en su puesto de trabajo, realizado sin el ansia descarnada del mercantilismo imperante.

           

           

lunes, 13 de octubre de 2014

UN DÍA EN LA ANTIGUA ROMA


ANGELA, ALBERTO (2009): Un día en la antigua Roma, esfera de los libros

Cada generación, y dentro de ella cada persona, tiene la inclinación a considerar que el mundo comenzó cuando ella llegó y que de algún modo concluirá cuando ella también lo haga. Le lectura reflexionada de textos históricos contribuye a descubrir que eso no es así. Realidades que parecen sumamente novedosas ya sucedieron. Soluciones y errores ahora reiterados cuentan con antecedentes.

 En Un día en la antigua Romase describen costumbres y sucesos que, con minúsculas variaciones. siguen acaeciendo cuando se escriben estas líneas. Han variado los matices –hoy se prefiere el vino sin aguar-, pero la descripción de una tasca romana resulta extraordinariamente semejante a la de un bar contemporáneo.

 Las aspiraciones, las inquietudes, los amores, los sufrimientos, los anhelos más íntimos, personales y colectivos, que hoy en día experimentamos son tan semejantes que hacen buena la expresión que tantas veces he reiterado: hablar de griegos y romanos es hablar de nosotros mismos. Ojalá fuésemos capaces de aprender más de sus aciertos para obviar los yerros que cometieron, y que muchas veces hoy siguen siendo idénticos. En ocasiones, por perversidad; en otras, por simple ignorancia.

lunes, 29 de septiembre de 2014

ANÍBAL


ANTHONY DURHAM, David (2006): Aníbal. El orgullo de Cartago, Zeta.


La vida de Aníbal es esencial para comprender la segunda guerra púnica, pues fue su principal adalid. El luchador cartaginés optó por transformar la estrategia corporativa de su pueblo. Hasta el momento, los de Cartago-Das habían optado por aceptar el statu quo, mientras dejaban a los romanos tomar la iniciativa en los diversos frentes. Habían asumido un papel totalmente secundario.

El hijo de Amílcar fue capaz de remover rutinas consolidadas para pasar a la acción. Durante largos años llevaría de cabeza a los ejércitos romanos. Su liderazgo se fundamentó en su capacidad de dar ejemplo a sus subordinados. No conoció el miedo o, al menos, no dejó que nadie lo detectara.

Su principal enemigo no estuvo nunca fuera, sino dentro de su organización. Cuando tenía el triunfo al alcance de la mano fueron sus propios compatriotas los que pusieron palos en la rueda para que no pudiera culminar su triunfo definitivo tras la batalla de Cannas. Una vez más fue el fuego amigo el que impidió que una organización –en esta ocasión Cartago- venciera a sus opositores.