lunes, 20 de octubre de 2014

LA PLAYA


Título: La Playa

Director: Danny Boyle

Intérpretes: Leonardo DiCaprio, Tilda Swinton, Virginie Ledoyen, Guillaume Canet, Robert Carlyle, Paterson Jospeh.

Año: 1999

Temas: Discriminación. Intraemprendizaje. Juntas de accionistas. Muerte. Obediencia. Refugio afectivo. Selección de personal. Sentido del trabajo. Socios. Valores. Violencia.


            El desencanto de la profesión lleva a Richard (DiCaprio) a buscar nuevos modos de vivir la vida. Ese algo que se busca siempre, que dé razón del propio quehacer, pretende encontrarlo en un viaje por Oriente, siguiendo la pista de tantos europeos que se lanzaron “to feel the road” en Thailandia, en la década de los setenta, tal vez por la desilusión ante aquel movimiento parisino que tanto había prometido y que se disolvió como un azucarillo en anís.

            No sin ironía explicita una voz en off en qué queda muchas veces esa ansia de búsqueda de novedades: en ver la televisión en la habitación de un hotel en un país en el que uno no conoce a nadie. Y es que el downsizing no es sencillo: no basta con afirmar que el trabajo no lo es todo, es preciso descubrir qué hacer con el propio tiempo libre, para que matarse en el trabajo no sea sucedido por un intento de matar un tiempo que se ignora a qué dedicar.

            Como en otros trabajos precedentes (A tumba abierta: la búsqueda de la felicidad en el dinero; Trainspotting: al mismo objetivo, pero gracias a la droga), Danny Boyle sigue señalando la necesidad de encontrar esa plenitud. Lástima que sus intentos (en este caso mediante la adaptación del libro de Alex Garland) sigan sin dar resultados plenamente satisfactorios.

            En la situación de desasosiego mencionada se encuentra nuestro protagonista al comienzo del metraje -a decir verdad, peor que la descrita-, porque el hotel es un hostal de mala muerte, donde no hay televisión y el ruido de fondo está formado por el retozar de una pareja de franceses, el monótono ruido de un ventilador de techo, con la posibilidad de observar cómo docenas de cucarachas corren en todas direcciones. 

            De repente, otro compañero de sudores irrumpe en su vida, con promesas profundamenta halagüeñas: la búsqueda de la perfección, la posibilidad de aprender a controlar las propias sensaciones, el lugar perfecto en el que es posible hacer “lo diferente”... Todos los componentes de la utopía van encontrando su lugar en la conversación: una colectividad perfecta y reducida, la exclusividad, el secreto, la respuestas a las necesidades profundas de la persona. DiCaprio añade un elemento más: su vocación es la búsqueda del placer (desconociendo la enseñanza de Joubert: que el placer es la felicidad, pero sólo de una parte del cuerpo).

            De acuerdo con la pareja que “le dio la noche”, y tras el suicidio de quien prometía tantos bienes, se lanzan a la búsqueda del sentido de su propia vida, con un lema que es altamente significativo y muy útil para lo que se refiere al conocimiento práctico:

            -Si no lo intentamos, no lo sabremos.

            Durante el acercamiento al “paraíso”, y tras un incidente protagonizado por sus acompañantes, se señala que entonces, como en muchas otras circunstancias:

            -Ahora es tarde para volver atrás.

            Y ese razonamiento sirve para acelerar el esfuerzo y llegar hasta la isla. Pero una vez en ella, no resulta sencillo alcanzar “la playa”, y en una escena que no tiene desperdicio, mientras los hombres discuten sobre tonterías es la chica la que vuelve a demostrar que sólo quien está dispuesto a arriesgar supera obstáculos aparentemente insalvables.

            La sociedad a la que llegan tiene aparentes ventajas: un entorno envidiable, la presencia voluntaria de todos, el sentimiento de pertenencia a un “club” de privilegiados... Pero la persona –tal como ha sido pacíficamente aceptado también en lo intelectual hasta el siglo XVIII- tiene semejantes necesidades, anhelos y deseos, independientemente de las coordenadas espacio-temporales. La existencia “sin reglas” es impensable, y pronto van siendo puesto de manifiesto en la película. Entre otras, destaca una fundamental y particularmente bien tratada: el valor de la fidelidad.

            En una sociedad como ésa a la que DiCaprio y sus compañeros franceses se han incorporado, es evidente que es particularmente fácil que “los cruces” sexuales se multipliquen. Y así es. Curiosidad: también la “infidelidad” tiene sus reglas. Una de ellas es la discreción. Todo podría hacerse mientras los otros no se enteren. Otra: cada uno justifica su propia deslealtad, pero se afea al contrario la suya. En el mundo de la empresa, también se viven habitualmente estas –en apariencia- sorprendentes situaciones: un directivo puede cobrar verdaderas barbaridades (totalmente desproporcionadas), pero ¡ay de aquel que gaste unas pesetas de más del material de la compañía, aunque su sueldo por las circunstancias que sean resulte radicalmente injusto por escaso!

            Las enseñanas van sucediéndose en esta misma línea: DiCaprio asesinará a un miembro de la colectividad, pero cuando las tornas cambien y sea él el amenazado hará un alegato en defensa de la propia vida como el que hubiera hecho el pobre desgraciado con quien él acabó poco antes; la apariencia de libertad se ve marcada por la autoridad dictatorial de quien se ha erigido en representante...

            A pesar del cierto caos narrativo y de lo irregular del guión, los mensajes van apareciendo en muchos momentos. Por ejemplo, la necesidad de practicar un buen sistema de “socialización” en una organización, porque la gente, en el fondo, lo que desea es sentirse integrado. Así lo dicen: creo en el paraíso. Lo importante no es dónde vas, sino cómo te sientes al formar parte de algo. Ese momento es para siempre.

            Ese deseo permanentemente repetido de que nadie estropee su paraíso, de que nada perjudique su diversión, se ve finalmente enturbiado por un conjunto de circunstancias, que pueden resumirse en la carencia de determinadas habilidades directivas en los miembros del grupo: generosidad, discreción, esfuerzo, etc. Quizá han ido a buscar el paraíso demasiado lejos y deberían haberlo procurado más bien en su puesto de trabajo, realizado sin el ansia descarnada del mercantilismo imperante.

           

           

lunes, 13 de octubre de 2014

UN DÍA EN LA ANTIGUA ROMA


ANGELA, ALBERTO (2009): Un día en la antigua Roma, esfera de los libros

Cada generación, y dentro de ella cada persona, tiene la inclinación a considerar que el mundo comenzó cuando ella llegó y que de algún modo concluirá cuando ella también lo haga. Le lectura reflexionada de textos históricos contribuye a descubrir que eso no es así. Realidades que parecen sumamente novedosas ya sucedieron. Soluciones y errores ahora reiterados cuentan con antecedentes.

 En Un día en la antigua Romase describen costumbres y sucesos que, con minúsculas variaciones. siguen acaeciendo cuando se escriben estas líneas. Han variado los matices –hoy se prefiere el vino sin aguar-, pero la descripción de una tasca romana resulta extraordinariamente semejante a la de un bar contemporáneo.

 Las aspiraciones, las inquietudes, los amores, los sufrimientos, los anhelos más íntimos, personales y colectivos, que hoy en día experimentamos son tan semejantes que hacen buena la expresión que tantas veces he reiterado: hablar de griegos y romanos es hablar de nosotros mismos. Ojalá fuésemos capaces de aprender más de sus aciertos para obviar los yerros que cometieron, y que muchas veces hoy siguen siendo idénticos. En ocasiones, por perversidad; en otras, por simple ignorancia.

lunes, 29 de septiembre de 2014

ANÍBAL


ANTHONY DURHAM, David (2006): Aníbal. El orgullo de Cartago, Zeta.


La vida de Aníbal es esencial para comprender la segunda guerra púnica, pues fue su principal adalid. El luchador cartaginés optó por transformar la estrategia corporativa de su pueblo. Hasta el momento, los de Cartago-Das habían optado por aceptar el statu quo, mientras dejaban a los romanos tomar la iniciativa en los diversos frentes. Habían asumido un papel totalmente secundario.

El hijo de Amílcar fue capaz de remover rutinas consolidadas para pasar a la acción. Durante largos años llevaría de cabeza a los ejércitos romanos. Su liderazgo se fundamentó en su capacidad de dar ejemplo a sus subordinados. No conoció el miedo o, al menos, no dejó que nadie lo detectara.

Su principal enemigo no estuvo nunca fuera, sino dentro de su organización. Cuando tenía el triunfo al alcance de la mano fueron sus propios compatriotas los que pusieron palos en la rueda para que no pudiera culminar su triunfo definitivo tras la batalla de Cannas. Una vez más fue el fuego amigo el que impidió que una organización –en esta ocasión Cartago- venciera a sus opositores.

lunes, 22 de septiembre de 2014

UN PLAN SENCILLO


Título: Un plan sencillo
Director: Sam Raimi
Intérpretes: Bill Paxton, Billy Bob Thornton, Bridget Fonda,  Brent Briscoe, Jack Walash, Chelice Ross, Gary Cole.
Año: 1998
Temas: Ambición. Codicia. Profesionalidad. Prudencia en los proyectos. Refugio afectivo. Selección de personal. Sinceridad. Socios.
             Un avión sufre un accidente la tarde de Nochebuena y se estrella cerca de un pequeño pueblo del Medio Oeste. Hank (Bill Paxton), su hermano Jacob (Billy Bob Thornton) y su amigo Lou  (Brent Briscoe) encuentran los restos de la aeronave.
            La descripción de personajes es extraordinaria desde el primer momento. Hank es hombre que cree controlar las situaciones. Es un puritano, las cosas son como deben ser y hay que optar por lo ‘correcto’. Su hermano Jacob es un disminuido psíquico y se fía en parte de su hermano, pero se lleva bien con Lou, un incontinente verbal con quien sólo un idiota podría trabar amistad.
            Al acercarse al avión surgen dudas sobre si entrar o no. Al hacerlo descubren que junto al  cadáver del piloto se encuentra un maletín con cuatro millones de dólares. Surgen las primeras dudas éticas: ¿dejarlo allí? ¿entregarlo a la policía? Al final se deciden por lo más conveniente para ellos: quedárselo.
Algo que parecía muy sencillo va complicándose: sospechan que alguien les ha visto. A pesar de ello, Sarah (Bridget Fonda), la mujer de Hank, no piensa en renunciar a lo que ya considera su derecho a una parte: muchos sueños acumulados podrían hacerse realidad con aquel recién descubierto tesoro, manipulará a su marido para lograr sus fines.
Tras varios años de inactividad Sam Raini regresó con un metraje inspirado en una obra de Scott B. Smith, que se avino a elaborar también el guión. Antes de que se llegue a conocer el origen de aquellos dineros, van descubriéndose los peores sentimientos que pueden surgir del interior del hombre cuando es la codicia la que rige las decisiones. Estalla así la envidia, la rabia, la traición, la ambición desmedia...
El mensaje es muy interesante: personas corrientes puestas ante situaciones límites pueden –y suelen- reaccionar de manera totalmente sorprendente. Más, cuando lo que está en juego es la codicia y pensar que de golpe pueden haber solucionado el futuro de sus vidas. Destaca sin duda la actitud de Sarah, que va imponiendo su punto de vista tanto sobre su marido como sobre su cuñado.
Al igual que Fargo, película con la que es inevitable comparar ésta, es la codicia la que mueve a los personajes, y los conduce hacia el abismo. En el fondo no es sino la hubrys de los griegos: el mal atrae al mal y arrastra hacia el peor de los derrumbaderos.
Son múltiples las enseñanzas que pueden espigarse:
1.- Los tontos acaban uniéndose a los idiotas. Si hay algo por lo que no destaque ninguno de los protagonistas es por su nivel de inteligencia. Se encuentran más bien en el perfil bajo de la campana de Gausse. Eso les lleva a no saber echar marcha atrás.
2.- Las mujeres tienen una perspicacia especial en muchos casos. Lo triste es que en ocasiones aplican esa inteligencia al mal. Entonces, es frecuente que sepan ser más perversas que el hombre. Las argumentaciones de Sarah son antológicas.
3.- El dinero puede ayudar a encontrar la felicidad cuando es honradamente conseguido. Cuando, por el contrario, procede de malas artes o –aunque sea de buenas- desembarca como de golpe en una vida, es probable que la gente no sepa asimilar ese flujo de posibilidades. Aprender a gestionarlas es un proceso largo y pocos logran incorporar esa ciencia de forma rápida a sus vidas. En la mayor parte de los casos, una gran herencia, una lotería, etc., destroza la existencia de alguien que hubiera alcanzado razonablemente la felicidad.
4.- La amistad tiende a enturbiarse cuando falta la preocupación por el bien del otro, sin más. Merece la pena recordar la enseñanza Aristotélica al respecto. Escribía así el Estagirita en su Ética a Nicómaco: “Cuando la causa de la amistad se quiebra, también se disuelve ésta, pues sólo existía en función del motivo. Ese tipo de amistad se da más en los viejos (a esas edades se busca más lo útil que lo placentero), pero también en los maduros y en los jóvenes más interesados por la personal conveniencia. Esas amistades no se prolongan mucho tiempo, pues en ocasiones ni siquiera se resultan agradables. No necesitarán ese trato si no se son mutuamente útiles, ya que sólo son gratos el uno al otro en función de obtener algún beneficio”.
A pesar de la longitud de la cita, merece la pena recoger unas reflexiones de Aristóteles que se encuentran en esa misma obra, un poco más adelante: “La amistad perfecta es propia de las personas buenas y semejantemente virtuosas. En la medida de su humanidad desean el bien mutuo. Quienes anhelan el bien de sus amigos por causa de éstos, resultan los mejores amigos. Su disposición procede de su ser y no por accidente: permanecerá mientras sean buenos, y la virtud es algo estable.
            Cada uno es bueno en sentido absoluto, y también para el amigo. Quienes son buenos no lo son sólo en sí mismos, sino que resultan útiles unos para otros. También son agradables en sí mismos, y unos para otros. Cada uno encuentra cierto gozo en las actividades que le son propias y en las que son semejantes, y quienes son buenos las tienen iguales o parecidas.
            Es razonable, pues, que una amistad de ese tipo sea permanente, pues contiene todas las condiciones para ella. Toda amistad es causada por algún bien o placer, sea absoluto sea para aquel a quien ama, y existe en virtud de una semejanza. Esos componentes se dan en este tipo de amistad por el carácter de los amigos, ya que, además de la semejanza en otros aspectos, lo que es absolutamente bueno también es esencialmente agradable. En consecuencia, tanto el afecto como la amistad alcanzan en ellos el más alto grado y la mayor excelencia.
            Las verdaderas amistades, sin embargo, son escasas, porque no hay mucha gente así”.
5.- Las estructuras de bien ayudan a comportarse correctamente. Las de mal no obligan a ser perverso, pero contribuyen a que eso suceda.
6.- Cada persona tiene al menos un amigo a quien contará lo que ha escuchado. Por eso, la discreción en los temas importantes ha de ser absoluta, si no quiere descubrirse después que lo que se dijo confidencialmente ha saltado a la luz pública.
7.- El principio de que el muerto al hoyo y el vivo al bollo es más aplicable cuando es la riqueza lo que ha empezado a ser la única referencia de las decisiones vitales.
En cierto momento, comenta Lou, refiriéndose al hallazgo:
-Es el sueño americano en una mochila.
Con el poco sentido común que aún le queda, responde Hank:
-El sueño americano se trabaja, no se roba.
Quizá lo más impresionante de la película sea que si uno asume de verdad las coordenadas propuestas, puede llegar a aceptar que no está definitivamente escrito que uno eligiera una actuación correcta en una situación límite como la planteada.