lunes, 22 de junio de 2015

CINDERELLA MAN

Título: Cinderella Man

Director: Ron Howard

Año: 2005

Temas: Ambición. Esfuerzo y recompensa. Ética. Medios de comunicación. Voluntarismo. Refugio Afectivo. Sentido común. Sentido de la vida.


En la primavera de 2001, comenzó a cuajar el largometraje que hoy comentamos.  Ben Affleck iba a protagonizar a James Braddock. Billy Bob Thornton, por su parte, era el más que probable director. Sin embargo, abandonó la idea. Poco después, Russell Crowe aceptó participar en la cinta junto a Renee Zellweger. El director, que en ese momento iba a ser Lasse Hallstrom también acabaría cambiando. Akiva Goldsman comenzó a trabajar en un nuevo guión en 2003. En ese momento cuajó el director definitivo:  Ron Howard.

Cinderella Man narra, dentro de la época de la gran depresión comenzada en el crak del 29,  la historia de un boxeador retirado que torna al ring para sacar a su familia de la miseria. Jim Braddock es, además de una vieja gloria, un padre de familia que malvive como cargador en el puerto de Nueva York.

En esa dramática situación, reaparece quien fuera su agente: Joe Gold (Paul Giamatti). El trabajo en el puerto  ha mantenido en forma al púgil y sorprendentemente gana un combate que todo el mundo daba por irremisiblemente perdido. Se transforma, de la noche a la mañana, en un héroe popular de un país necesitado de mitos.

La historia está basada en una historia real. El largometraje, quizá algo excesivo en tiempo y en carga dramática, es emocionante en bastantes momentos.

Precisamente cuando escribo estas líneas, me encuentro releyendo diversos textos de revolucionarios. Uno de ellos, Mao tse Tung, escribía en 1949, con ocasión de una intervención titulada Desechar las ilusiones, prepararse para la lucha: “luchar, fracasar, volver a luchar, fracasar de nuevo volver otra vez a luchar, y así hasta la victoria”. Pocas expresiones podrían reflejar tan acertadamente lo que esta película nos muestra. Cansarse no puede estar en el vocabulario de quien quiere dejar rastro positivo de algún tipo. Y en los tiempos actuales de cualquiera que aspire a salir adelante en medio de una competencia cada vez más agresiva y preparada.

Múltiples son las enseñanzas para el gobierno de personas y organizaciones. Una inicial: la motivación económica es fundamental para tomar determinadas decisiones. Pueden hacerse ‘florituras’ cuando el sustento está asegurado. Antes de ese momento, las ‘metafísicas’sólo interesan a los despistados. Cuando se habla de compromiso con las organizaciones, una de las primerísimas cuestiones que hay que contemplar es si se está pagando con equidad interna y justicia externa. De otro modo, todo lo que se predique quedará en agua de borrajas.

Las escenas con los ricachones que gestionan las peleas tiene mucha enjundia. Como ya señalara Marco Tulio Cicerón en su obra “De los deberes” (De officiis, I, 7): “Dos géneros hay de injusticia, el de aquellos que la cometen, y el de aquellos que, pudiendo, no apartan la injusticia de quienes la padecen”. Así, muchos miran para otro lado cuando en realidad podrían y deberían actuar. En la mayor parte de los casos es cobardía que acaba convirtiéndose en complicidad. Así sucede aunque intente apaciguarse la conciencia con razones que a nadie convencen salvo a uno mismo.

Una vez superado el nivel de subsistencia (y un poco más) llega el momento de tener en cuenta otros niveles de motivación. Aunque parezca afirmación muy trillada, es profundamente cierto que tras cada gran hombre hay una gran Renee Zellweger… De otro forma resultaría en la práctica casi imposible presentarse a diario en el ring de la existencia. La verdadera fuerza de Braddock no se encuentra en sus músculos (bueno, en parte sí, porque sin ellos todo lo demás sería mera poesía), sino en el amor a su esposa e hijos. Jim Braddock no hubiese triunfado sin el apoyo de su mujer y sin haber tenido en la cabeza, en los momentos peores, la cara de sus hambrientos vástagos. Él no luchaba sólo por dinero, sino sobre todo por sacar adelante un proyecto vital. En este caso, dar de comer a su familia.

Frente a ese fortísimo elemento motivador, Max Baer, a quien se enfrenta en su gran pelea, es un vividor. Su único interés es disfrutar de todos los placeres posibles. Está tan seguro de su fuerza bruta –ha dejado muerto a más de un oponente en el propio ring- que desprecia al recién llegado. Nunca debe considerarse a la competencia como enemigo minúsculo porque luego, como es el caso, surgen las sorpresas.

La necesidad de un buen coach queda contemplada en la actuación del ya citado Joe Gould. Toda persona necesita alguien que le estimule. El mencionado refugio afectivo es imprescindible, pero suele hacer falta también esa otra persona que nos orienta en los momentos más complicados. Particularmente interesante a este respecto, resulta el último libro de Mariano Vilallonga: Progreso directivo y coaching empresarial. Fundamentalmente por su estudio y propuestas en torno al apasionante tema de los anclajes profesionales.

Seguro que en su ancianidad, Jim Braddock saboreó de manera más o menos explícita la sabiduría recogida en el De senectute: “saber que uno ha vivido bien y el recuerdo de buenas acciones son realidades muy agradables”.



lunes, 15 de junio de 2015

SAN BERNARDO

BARTHELET, Philippe (2001): San Bernardo,Palabra

Predecesor de la Segunda cruzada, por indicación de Eugenio III, San Bernardo es un personaje lleno de contradicciones. Quizá, porque la época en la que vivió (y cuál no, cabría preguntarse) también estuvo repleta de incoherencias. Coach de referencia para los principales directivos de la época, San Bernardo viajó por numerosos lugares tratando de llevar su peculiar visión del mundo. Muchas de sus expresiones no tendrían cabida en la actualidad. Otras, sin embargo, las más espirituales, siguen sorprendiendo por su finura.

El libro, algo confuso y no bien traducido, merece, sin embargo, la pena como introducción en un momento histórico apasionante y acelerado. Quien piense que el actual es un mundo lleno de incertidumbres que se engolfe en este volumen.


miércoles, 10 de junio de 2015

PERSONAS VS. ORGANIZACIONES





Los extremos son habitualmente perversos. Quien de todo tiene miedo es un cobarde; quien nada teme, un desaprensivo. Encontrar el justo medio no es sencillo en ningún ámbito de la existencia. Tampoco en el difícil equilibrio que ha de establecerse entre personas y organizaciones.

En épocas de bonanza, las personas tienden a aprovecharse de las posibilidades del mercado para imponer sus avideces. En muchas ocasiones, excesivas. Por el contrario, en tiempos de vacas flacas como los presentes, las estructuras sacan pecho y procuran sacar provecho de profesionales que difícilmente podrían encontrar otra alternativa.

La armonía no es espontánea. Con más motivo, porque venimos lastrados por dos movimientos culturales más que económicos que han enfangado el siglo XX y colean en el XXI. De un lado, aquellos que conceden radical preeminencia a lo colectivo y consideran que cualquier interés privado ha de ser condicionado a un genérico grupo. Los nazis hablaban del Volk (el pueblo) y los bolcheviques de la clase proletaria. En el fondo, ambas ideologías empleaban un supuesto bien colectivo para lograr ventajas inmoderadas para las nomenklaturas  que se habían encaramado en el poder. En el otro bando se alinean quienes consideran que el hombre ha de ser lobo para el hombre y que de una lucha sin cuartel surgirán beneficios…

En la actualidad, no pocos dirigentes –sirve tanto para quienes se consideren de derechas como de izquierdas, agnósticos o creyentes, radicales o moderados- optan por escudarse tras los intereses de la organización para mantener bajo su férula a otros. Así, el bien de la organización exigirá despidos ingentes, mientras quienes así lo deciden se centran en seguir disfrutando de sus prebendas sin ceder en ninguna.

¿No es irracional e inmoral, por más que pueda ser legal, que en determinadas organizaciones algunos cobren cantidades de siete cifras mientras otros permanecen en términos de cuasi esclavitud? ¡Y encima lucen departamentos dedicados a promover la Responsabilidad Social Corporativa!

La incongruencia forma parte inseparable del ser humano, pero en no pocas ocasiones incluso amplios límites de tolerancia son superados inmisericordemente.

El bien de una organización ha de procurar alinearse con el bien de las personas que a ella se acercan. Y esto sirve para lo privado, lo público, lo sindical, lo religioso, lo industrial, los servicios… Sin embargo, pocas organizaciones resisten conceptualmente el asalto de la sensatez y ocultan tras aviesa palabrería comportamientos indignos. También –insisto- organizaciones que han hecho de la ética, de la religión o de la presunta defensa del proletario su bandera de captación de incautos.

Nos encontramos urgentemente necesitados de un esfuerzo extensivo e intensivo de autocrítica. Sólo mirándonos al espejo con sinceridad dejaremos de parapetarnos tras supuestos bienes ajenos para renunciar, cuando sea preciso, a egoísmos personales no sólo económicos, sino también del lamentable hábito de la indolencia.



lunes, 8 de junio de 2015

FERIA DEL LIBRO-13 DE JUNIO



El próximo 13 de junio, de 11:00 a 13:00 estaré en la caseta de LID, la 318, en la Feria del Libro, para firmar los libros que tengo publicados en esa editorial. El más reciente, Hablemos sobre felicidad, del cual Juan Ramón Lucas, el coordinador, y Sandra  Ibarra, la otra conversadora, ya han venido firmando en días pasados.

Además de éste, estarán disponibles:

La soledad del directivo
El management del III Reich
Ética Nicómaco
Patologías en las organizaciones
Roma, escuela de directivos
Egipto, escuela de directivos
El idioma del liderazgo
1010 consejos para un emprendedor

Allí nos vemos.

Javier.