lunes, 17 de noviembre de 2014

EL POLÍTICO

Título: El político

Director: Robert Rossen

Intérpretes: Broderick Crawford, John Ireland, Joanne Dru, John Derek y Mercedes McCambridge.

Año: 1949

Temas: Administración Pública. Muerte. Patologías. Periodismo de investigación. Poder y liderazgo. Prudencia en los proyectos. Publicidad. Retribución. Socios. Totalitarismo. Violencia.

            Willie Stark (Broderick Crawford) es un hombre de campo, sin muchas luces; su mujer es el apoyo fundamental de su vida. Stark decide lanzarse al mundo de la política, porque desea que las cosas funcionen mejor en su tierra. Sospecha –y parece que con bastante razón- que quienes ocupan los puestos de poder, lo hacen mucho más para sacar provecho que para servir a sus conciudadanos. Se lo dicen claramente: sobre el tema de las comisiones no aceptan ninguna intromisión.
            El gobernador a quien se enfrenta tiene a sus subordinados “bajo control”, y asustados. Se permite ridiculizar a unos y a otros, porque cuenta con la razón de la fuerza. Así lo demuestran con el hijo de Stark (John Derek), a quien dan una paliza cuando reparte pasquines a favor de la candidatura de su padre.
            Aparece entonces un periodista, enviado para cubrir la información. Éste, cuando le es posible, vuelve al “hogar”, pero allí las cosas no son fáciles, porque su padre fue sustituido por un padrastro, con quien las relaciones no resultan sencillas: sus visiones del mundo –una, muy pragmática; otra, idealista- es difícil que confluyan. El padrastro no aprecia a Stark. Cuando el periodista afirma:
            -A mucha gente le gusta...
la respuesta es radical:
            -Mucha gente es idiota.
            El idealismo, un tanto ineducado, le lleva a gritar a su madre, cuando ésta le anima a pacificarse:
            -Tú necesitas los coches, los trajes y las mentiras.
            A pesar del apoyo de muchos, Stark es derrotado, y concluye:
            -He perdido. ¡Se acabó! En la política todo es transitorio.
Vuelve a sus estudios de derecho, y con la ayuda de su esposa acaba licenciándose y montando un bufete. Será entonces cuando un accidente –causado probablemente por lo mal construida que estaba la escuela, por haberse dedicado demasiado dinero a comisiones y poco a buen cemento- le lance de nuevo a la palestra. Contribuye a ello el que uno de los candidatos pretenda emplearle como ariete para restar votos al otro.
De repente, y cuando le hacen ver que está siendo un títere en manos de los demás, Stark reacciona. Ya es tarde, y no logra remontar, pero al ser derrotado asegura:
-He aprendido cómo vencer.
Comienza entonces una larga carrera en la que imita las costumbres de quienes hasta ese momento despreciaba y hostigaba. Cuando llega a ser gobernador, todos aquellos que anteriormente no querían ni verle, comienzan a bailarle el agua.
Profundos han sido los cambios en Stark, que llega a afirmar:
-El bien sale del mal,
y también:
-¿Quién dicta lo que es bueno y lo que es malo?
Esta parte del metraje es tremenda, porque Stark va cayendo en todas las miserias que había azotado previamente, y... en más. “Utiliza” a su familia, para dar imagen; pacta para conseguir fondos; busca sustitutas afectivas a su mujer, y luego una detrás de otras...
Llega a promover un asesinato para defender a su hijo, implicado en un accidente de coche cuando conducía borracho. Emplea las más lamentables técnicas del chantaje, para que todo el mundo acabe haciendo lo que él desea.
Al final, el hijo del ex-fiscal general, que se ha suicidado a consecuencia de un viejo y feo asunto que le es echado en cara, dispara al político Stark cuando acaba de quedar libre en un juicio en el que estaba acusado de incitación al asesinato.
Cuando agoniza, aún asegura Stark que podría haber dominado el mundo, y no acaba de entender:
-¿Por qué sucede esto? ¿Por qué? (buena pregunta que todo el mundo –incluidos los directivos- debería formularse con frecuencia, desde mucho antes que llegue la muerte).
Basada en la vida del senador Huey Long, la película ganó varios Óscars. Era, a su vez, una adaptación de la novela más popular de Robert Penn Warren.
Muchas son las enseñanzas de este celuloide. Apunto sólo tres:
1.- El poder tiene una capacidad corruptora difícil de superar. Quizá, porque lo único que el hombre no puede soportar es el éxito...
2.- La aceleración vital empuja a alejarse de amigos y familia, que podrían ayudar a mantener el necesario equilibrio vital.
3.- En el fondo todos somos muy parecidos. Cuando se clama, “es que la gente…”, habría que recordar que “la gente somos nosotros”, y que para no caer en lo mismo en que los otros tropiezan es preciso reforzar mucho la formación.

lunes, 10 de noviembre de 2014

LA SEÑORITA


ANDRIC, IVO (1945): La señorita

Ivo Andric recibió el premio nobel de literatura en 1961. Tres lustros antes había escrito una obra magistral titulada La señorita. Su construcción es circular: acaba donde empezó. La protagonista es RajkaRadakovic. Corre el año 1900 en Sarajevo. Rajka es la hija única de un acaudalado comerciante. En plena agonía, el progenitor hace prometer a la niña, de apenas 15 años, que ella se hará cargo de la casa.

La obsesión es el ahorro, que se transforma en obsesiva y perniciosa avaricia. Rajka sólo tiene un objetivo en su vida: no gastar. Olvida que casi siempre es muestra de inteligencia centrarse en el presente en vez de reenviar a un impredecible futuro opciones de sano disfrute.


Al cabo, la protagonista fallece sola, de un infarto, porque al haber situado el mojado gabán en el salón –ahorra también en luz- piensa que un ladrón ha entrado en la casa. Ser austeros para no ser carga de nadie en el futuro es una gran idea. Vivir pobre para morir rica, errada decisión


lunes, 27 de octubre de 2014

HITLER Y CHURCHILL


ANDREWS, ROBERT (2002): Hitler y Churchill. Los secretos del liderazgo, Taurus


Algunos siglos pueden ser encuadrados más por personas que por sucesos. En el siglo XX sucedió esto. Las elegidas por Andrews son, sin duda, dos aparentes opuestos. En realidad, Hitler y Churchill –sugiere el autor- se parecían mucho más de lo que a primera vista pudiera parecer. Tanto, que durante lo juicios de Nuremberg –esto lo omite el autor-, el británico confiaba a su segundo:
            -Si llegamos nosotros a haber perdido la guerra, cómo habríamos acabado…
Bien sabía el empedernido bebedor y fumador de puros que bastantes de los crímenes que estaban conduciendo a la horca a los nazis también los habían cometido ellos. Entre otros, el bombardeo indiscriminado e innecesario a efectos bélicos de población civil. 
Algunas sugerencias de Andrews son relevantes. Por ejemplo, la apertura de mente que genera viajar. Despreciar lo que uno no conoce es un triste modo de actuar propio de un gañán. Hitler lo hizo con frecuencia. De forma particularmente destacada cuando al entrar Estados Unidos en guerra, el cabo austriaco brindó asegurando que los norteamericanos no alterarían para nada el curso de los acontecimientos.
Aunque la obra está mucho más centrada en Churchill que en Hitler aporta reflexiones novedosas sobre ambos.

lunes, 20 de octubre de 2014

LA PLAYA


Título: La Playa

Director: Danny Boyle

Intérpretes: Leonardo DiCaprio, Tilda Swinton, Virginie Ledoyen, Guillaume Canet, Robert Carlyle, Paterson Jospeh.

Año: 1999

Temas: Discriminación. Intraemprendizaje. Juntas de accionistas. Muerte. Obediencia. Refugio afectivo. Selección de personal. Sentido del trabajo. Socios. Valores. Violencia.


            El desencanto de la profesión lleva a Richard (DiCaprio) a buscar nuevos modos de vivir la vida. Ese algo que se busca siempre, que dé razón del propio quehacer, pretende encontrarlo en un viaje por Oriente, siguiendo la pista de tantos europeos que se lanzaron “to feel the road” en Thailandia, en la década de los setenta, tal vez por la desilusión ante aquel movimiento parisino que tanto había prometido y que se disolvió como un azucarillo en anís.

            No sin ironía explicita una voz en off en qué queda muchas veces esa ansia de búsqueda de novedades: en ver la televisión en la habitación de un hotel en un país en el que uno no conoce a nadie. Y es que el downsizing no es sencillo: no basta con afirmar que el trabajo no lo es todo, es preciso descubrir qué hacer con el propio tiempo libre, para que matarse en el trabajo no sea sucedido por un intento de matar un tiempo que se ignora a qué dedicar.

            Como en otros trabajos precedentes (A tumba abierta: la búsqueda de la felicidad en el dinero; Trainspotting: al mismo objetivo, pero gracias a la droga), Danny Boyle sigue señalando la necesidad de encontrar esa plenitud. Lástima que sus intentos (en este caso mediante la adaptación del libro de Alex Garland) sigan sin dar resultados plenamente satisfactorios.

            En la situación de desasosiego mencionada se encuentra nuestro protagonista al comienzo del metraje -a decir verdad, peor que la descrita-, porque el hotel es un hostal de mala muerte, donde no hay televisión y el ruido de fondo está formado por el retozar de una pareja de franceses, el monótono ruido de un ventilador de techo, con la posibilidad de observar cómo docenas de cucarachas corren en todas direcciones. 

            De repente, otro compañero de sudores irrumpe en su vida, con promesas profundamenta halagüeñas: la búsqueda de la perfección, la posibilidad de aprender a controlar las propias sensaciones, el lugar perfecto en el que es posible hacer “lo diferente”... Todos los componentes de la utopía van encontrando su lugar en la conversación: una colectividad perfecta y reducida, la exclusividad, el secreto, la respuestas a las necesidades profundas de la persona. DiCaprio añade un elemento más: su vocación es la búsqueda del placer (desconociendo la enseñanza de Joubert: que el placer es la felicidad, pero sólo de una parte del cuerpo).

            De acuerdo con la pareja que “le dio la noche”, y tras el suicidio de quien prometía tantos bienes, se lanzan a la búsqueda del sentido de su propia vida, con un lema que es altamente significativo y muy útil para lo que se refiere al conocimiento práctico:

            -Si no lo intentamos, no lo sabremos.

            Durante el acercamiento al “paraíso”, y tras un incidente protagonizado por sus acompañantes, se señala que entonces, como en muchas otras circunstancias:

            -Ahora es tarde para volver atrás.

            Y ese razonamiento sirve para acelerar el esfuerzo y llegar hasta la isla. Pero una vez en ella, no resulta sencillo alcanzar “la playa”, y en una escena que no tiene desperdicio, mientras los hombres discuten sobre tonterías es la chica la que vuelve a demostrar que sólo quien está dispuesto a arriesgar supera obstáculos aparentemente insalvables.

            La sociedad a la que llegan tiene aparentes ventajas: un entorno envidiable, la presencia voluntaria de todos, el sentimiento de pertenencia a un “club” de privilegiados... Pero la persona –tal como ha sido pacíficamente aceptado también en lo intelectual hasta el siglo XVIII- tiene semejantes necesidades, anhelos y deseos, independientemente de las coordenadas espacio-temporales. La existencia “sin reglas” es impensable, y pronto van siendo puesto de manifiesto en la película. Entre otras, destaca una fundamental y particularmente bien tratada: el valor de la fidelidad.

            En una sociedad como ésa a la que DiCaprio y sus compañeros franceses se han incorporado, es evidente que es particularmente fácil que “los cruces” sexuales se multipliquen. Y así es. Curiosidad: también la “infidelidad” tiene sus reglas. Una de ellas es la discreción. Todo podría hacerse mientras los otros no se enteren. Otra: cada uno justifica su propia deslealtad, pero se afea al contrario la suya. En el mundo de la empresa, también se viven habitualmente estas –en apariencia- sorprendentes situaciones: un directivo puede cobrar verdaderas barbaridades (totalmente desproporcionadas), pero ¡ay de aquel que gaste unas pesetas de más del material de la compañía, aunque su sueldo por las circunstancias que sean resulte radicalmente injusto por escaso!

            Las enseñanas van sucediéndose en esta misma línea: DiCaprio asesinará a un miembro de la colectividad, pero cuando las tornas cambien y sea él el amenazado hará un alegato en defensa de la propia vida como el que hubiera hecho el pobre desgraciado con quien él acabó poco antes; la apariencia de libertad se ve marcada por la autoridad dictatorial de quien se ha erigido en representante...

            A pesar del cierto caos narrativo y de lo irregular del guión, los mensajes van apareciendo en muchos momentos. Por ejemplo, la necesidad de practicar un buen sistema de “socialización” en una organización, porque la gente, en el fondo, lo que desea es sentirse integrado. Así lo dicen: creo en el paraíso. Lo importante no es dónde vas, sino cómo te sientes al formar parte de algo. Ese momento es para siempre.

            Ese deseo permanentemente repetido de que nadie estropee su paraíso, de que nada perjudique su diversión, se ve finalmente enturbiado por un conjunto de circunstancias, que pueden resumirse en la carencia de determinadas habilidades directivas en los miembros del grupo: generosidad, discreción, esfuerzo, etc. Quizá han ido a buscar el paraíso demasiado lejos y deberían haberlo procurado más bien en su puesto de trabajo, realizado sin el ansia descarnada del mercantilismo imperante.