lunes, 27 de diciembre de 2010

Los límites del Compromiso


La gestión del compromiso fue un tema muy de moda en los años de bonanza económica. Se quería habitualmente significar que los empleados debían sentirse plenamente implicados en el proyecto común. También, de forma recíproca, se hablaba la necesidad de que las organizaciones estuvieran comprometidas con su gente.


Llegó la crisis, y el concepto saltó por los aires. No sólo por parte de los subordinados, sino fundamentalmente desde las propias estructuras, que, en su mayor parte, pensaron sólo –con perversa expresión- en soltar lastre.


En los últimos meses ha vuelto a aparecer la expresión en diversos foros. Se trata, sin duda, de una buena señal, porque parece que dentro de algunos meses irá cumpliéndose el dicho, referido en esta ocasión a la recesión económica, de que ‘nunca llovió que no escampó’.
Antes de que lleguen los tiempos de la aplicación práctica, ojalá con modelos tan eficaces como los desarrollados por profesionales como los de MSR (multinacional franco alemana que ha puesto en marcha unas aplicaciones destacables al respecto para toda Europa), merece la pena reflexionar sobre los límites que el compromiso debe tener.


Reclamar una entrega plena a un proyecto suena bien, pero por encima de ese compromiso tiene que brilla el pensamiento personal. Es decir, la capacidad que cada individuo ha de tener de juzgar con objetividad las cuestiones que tiene por delante. A lo largo de la historia descubrimos múltiples ejemplos de cómo el compromiso es un valor. Sin embargo, puede convertirse en contra valor si colisiona con otros de mayor tasación. Lo explicaré espigando tres situaciones paradigmáticas, procedentes de siglos diferentes.


Corría el mes de enero del año 49 a.d.C.: Julio César diseñaba el paso del Rubicón como el medio imprescindible para lograr sus objetivos políticos. Muchos de sus mandos le siguieron ciegamente. Tito Acio Labieno, que había dirigido a los équites en prácticamente toda la guerra de las Galias, se negó a hacerlo.


No era Labieno un cualquiera. Entre otras, la derrota de los galos en Lutecia, fue en buena medida fruto del genio militar del Comandante. Enviando cinco cohortes a la retaguardia, y cruzando el Secuana (el actual Sena), engañó a las tropas enemigas. Pensando que había dividido a su ejército en tres partes también ellos actuaron así. Sólo para descubrir que los romanos no se habían fraccionado. Tras rodearlos, Labieno aniquiló a los galos.


Pues bien, a pesar de ser el único comandante citado por Julio César en la Guerra de las Galias, Labieno no quiso renunciar a sus principios por el supuesto compromiso con un superior. Su razonamiento era que Julio César había sido cegado por la ambición, frente a lo que debía ser la evolución razonable de la República.


Quienes apoyen la ciega respuesta a las órdenes de un jefe, o la confianza empecinada en una estructura organizativa condenarán el comportamiento del oficial romano. Quienes pensamos que existen principios superiores, empezando por el de la propia conciencia, apoyamos y aplaudimos el comportamiento de Labieno.


Saltando los siglos, tropezamos en el XX con el comportamiento cerril de Joseph Goebbels. Ofuscado por la personalidad del cabo austriaco, llegó a escribir: “Ahora sé que él, el líder, ha nacido para ser el Führer. Estoy dispuesto a sacrificarlo todo por este hombre. La historia da a los pueblos los más grandes hombres en los momentos de necesidad máxima”. De su fatua obsesión, que él calificaba de compromiso incondicional, habla el asesinato de sus hijos por parte de su esposa, Magda, tan alucinada (otros la denominarían comprometida) con quien condujo a Alemania al mayor desastre que ha vivido ese país en la historia.


Un último ejemplo. En este caso, del siglo XVI, cuando el Dr. Martin Lutero comenzó su predicación contra las estructuras, eclesiásticas y políticas que imperaban en Centro Europa. Su movimiento, descrito insuperablemente por García-Villoslada, requería afección total. El mismo que negaba a otros la posibilidad de contemplar como positiva la relación con los valores representados por la Roma de entonces reclamaba radical compromiso con las verdades por él propuestas.


Su imposición fue tan violenta que a quien se le enfrentaba lo descalificaba con los peores insultos que alguien haya escrito. Cabría decirle al reformador que el compromiso no se genera con imposición, sino convenciendo. Muchos, entre otros Karlstadt, por periodos uno de sus más estrechos colaboradores, pagaron con duras afrentas el haberse atrevido a pensar por cuenta propia. Entre otras cosas, desde 1525, Lutero atacó de forma violenta a Karlstadt, prohibiéndole predicar o editar sin su permiso explícito. Tras esto, Lutero hizo pública la "Carta a los Príncipes de Sajonia", en la que calificaba a Karlstadt de peligroso sectario con inclinaciones revolucionarias.


El compromiso es necesario con las organizaciones y con sus líderes. Pero no a costa de renunciar a la propia conciencia, al propio pensamiento. Cuando una organización o una persona reclaman adhesiones inquebrantables, los juramentos de fidelidad incondicionada se tornan perversos. Renunciar a pensar por cuenta propia no es signo de compromiso, sino de mediocridad. El punto de equilibrio entre la lealtad y la pataleta ausente de fundamentos sólo puede ser señalizado por el sentido común abonado con una profunda formación.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Historias griegas: Las mentiras en la negociación


El ejemplo de los Sofistas, de Arión, Arquelao, Bato y otros.

El término sofista (sophistes) surgió en el siglo V antes de Cristo. Inicialmente significaba sencillamente sabio (sophos), o también experto o poeta. Con el tiempo comenzó a ser empleado para designar personas que enturbiaban el conocimiento, incluyendo esa denominación en los aerópagos, con el sentido negativo que desde entonces arrastra.

Inicialmente -y a pesar de que es impreciso calificarlos como un grupo unitario-, los sofistas fueron profesores particulares, dedicados a la retórica, la lógica, la gramática, la ética, la política, la física, la metafísica, e incluso las ciencias militares. Posteriormente centraron su atención no tanto en su posible aportación a la ciencia o al bien de sus alumnos, sino en las ventajas que obtenían sus bolsillos. Y, aplicando ante litteram el principio marxista de que el fin justifica los medios, unificaron sus esfuerzos en lo que era más rentable: enseñar a defender cualquier argumento -prescindiendo de su verdad o falsedad- se convirtió en un lucrativo negocio. Tal vez no fueron los primeros, pero sí los más famosos, de ese tipo de empresarios que han separado radicalmente la ética de la técnica: lo que era posible hacer -defendían- no había razón para no llevarlo a cabo, siempre que fuera crematísticamente rentable.

Entre sus primeras tesis se encontraba la distinción entre naturaleza (physis) y la ley y costumbres de cada ciudad o colectivo (nomos). Poco más querían los interesados, porque con esta distinción utilizaban la physis como arma arrojadiza contra la necesidad de obedecer las normas. Bien tramados los silogismos, tranquilizaban las conciencias de quienquiera deseaba saltarse a la torera la legislación. (Hay que añadir que lo que ellos proponían como physis, y sobre la que hacían pilotar su sistema, no era la ley natural, ni nada que se le pareciera, sino más bien intereses biologicistas. He abordado esta cuestión en “Aprender la libertad”, dentro de mi libro Sobre el Hombre y la Empresa ).

Las conclusiones de sabor nihilista que extraían, herían la sensibilidad de los mayores, pero fascinaban a una juventud, cada vez más individualista y cínica. Poco les importaba esto a los sofistas mientras cobrasen sus sabrosas dietas: porque eso sí, las facturas no eran de risa.
Entre los representantes de este lucrativo negocio de la mentira destacó Protágoras (490-420 a.d.C), quien tanto en conferencias públicas, como en congresos o cursos privados -cualquier foro valía si la remuneración era suficiente- se dedicó a expandir sus destructivos principios.
Falsificando todos los conceptos que caían en su entorno, se postuló como defensor de la virtud, asegurando que quienes le escuchaban y seguían su doctrina volvían a casa convertidos en mejores personas. Este agnóstico de lo humano y lo divino, afirmó en el comienzo de una de sus obras: "nada sé acerca de los dioses, si existen o no, o cuáles sean sus características. Muchos aspectos imposibilitan su conocimiento, entre otros, la obscuridad del tema y la brevedad de la vida humana". Y no es que Protágoras fuese ateo, es que veneraba a otro dios -el dinero-, que imposibilitaba compatibilizar con ninguna otra creencia.

Relativista redomado, afirmaba que es el hombre centro y medida de la realidad. Con esto apoyaba su proceso de relativización de cualquier afirmación o conocimiento. Lo único absoluto eran sus facturaciones...

No fue Protágoras hombre de altos vuelos intelectuales, ni se le admitió en las sedes donde se gestionaban entonces conocimientos. Fue más bien mercenario de cursos y cursillos, robertito de seminarios intranscedentes, meretriz de la sabiduría... Sócrates, Platón, Aristóteles..., todos los grandes de la época y posteriores sintieron por él, en fin, lástima. La fortuna acumulada por Protágoras tal vez le llevó a ser uno de los más ricos del cementerio, pero nunca traspasó el umbral de los intelectualmente mediocres.

Muchos hay en las empresas que copian estos comportamientos. Nada hay verdad ni mentira, sólo los resultados. Las cuentas de explotación se convierten para demasiados en las nuevas tablas de la ley, con las que dictaminan justicia sobre la valía de unos y de otros.
Pero, como se menciona en otros lugares, el uso de la mentira es grave particularmente para quien la emplea, porque la consecuencia de falsear es que uno se torna doble. A veces, esa consecuencia antropológica tiene también otras, como la pérdida de la fama, al descubrirse que alguien tiene más de una cara (a veces muchas).

Era Arión un honrado trabajador, músico en Lesbos. Periandro, gobernador de Corinto -su empleador- le permitió dedicarse durante un tiempo a la actividad de freelance, recorriendo la Magna Grecia y Sicilia, cantando.

Al cabo, para regresar a su ciudad de origen, negoció con ciertos marineros el transporte. Éstos, envidiosos del dinero que sosprecharon tenía, aceptaron que subiera a bordo, pero con la perversa intención no de cobrarle como pasajero -honorable transacción mercantil-, sino de aprovecharse del desdichado. Arión algo sospechó y se previno, porque el mentiroso es habitualmente traicionado por lo torvo de su mirada: rara vez miran a los ojos.
Así, cuando al fin salió a la luz la falsía de aquellas alimañas que se habían presentado como honrados empresarios, Arión solicitó un último favor antes de ser arrojado al mar: cantar en esas circunstancias postreras. A ese melodioso grito de ayuda, acudieron los delfines (de cuyos orígenes míticos se habla en estas páginas). Fiándose de su suerte -fortuna audaces audivat, debió de pensar-, saltó sobre el lomo de uno de aquellos, que le condujo hasta Ténaro.
Ya en tierra firme, y tras adorar a Apolo, a quien agradeció su salvación, se dirigió a Corinto. Narró allí sus malaventuras.

Llegado el barco a puerto, Periandro preguntó por Arión. Continuando con la serie de mentiras, alegaron:
-Murió durante la travesía, no aguantó hasta llegar a tierra...
Apareció entonces Arión, según lo previsto por su gobernante.
Los asesinos -porque no sólo se mata con las armas, demasiadas veces se hace con las palabras que, aunque parezca sorprendente, es peor- fueron condenados a la crucifixión. Otros dicen que acabaron empalados. Lo mismo da para el caso: antes o después se descubre al traficante de mentiras.
Para recordar aquellos sucesos, Apolo transformó en constelación la lira de Arión y el compasivo delfín.

El infortunio acecha a todos, particularmente a los más rectos, a quienes cuesta pensar que sus interlocutores son gentes sin honorabilidad. Era Arquelao hijo de Témeno, y por tanto uno de los descendientes de Heracles. Tras dejar la ciudad de Argos a causa de algunos malentendidos con sus hermanos, se dirigó a Macedonia. Allí fue recibido por Ciseo, el rey, que en aquel momento atravesaba un momento difícil, pues se hallaba a punto de quebrar (es decir, de ser aniquilada su ciudad por los enemigos que la tenían rodeada).

En esta difícil situación, prometió su hija a Arquelao, si éste les libraba de aquella inminente amenaza: los mentirosos actúan de manera zalamera para atraerse la voluntad de quienes pueden ayudarles....

Con la formación que tenía y su esfuerzo, salió airoso de aquella dificultad, y restableció el orden en un solo combate (en un ejercicio volvió a los beneficios, diríamos). Salvado Ciseo, y tomando en consideración a ciertos consejeros malvados, negó la recompensa al esforzado Arquelao. No contento con esto, pensó que el mejor modo de acabar con los "problemas" era asesinar a su redentor. (Muchas veces los retorcidos sienten vómito sólo de ver a quienes de manera honesta y sin otras pretensiones que la del trabajo bien concluido se mueven en su entorno).
Sin atreverse a ir de frente, como sucede con quienes han hecho de la doblez una profesión, hizo preparar un foso, que llenó de brasas ardientes. Recubierto con ramas ligeras, se dispuso a lanzar a Arquelao a aquella trampa mortal.

Pero, como casi siempre, los buenos cuentan con la ayuda de gentes más desinteresadas: un empleado de Ciseo reveló a Arquelao las trapacerías orquestadas por aquel que le debía la vida. Así, fue el mentiroso quien acabó cayendo en su propia trampa. Arquelao, por si acaso, abandonó aquel clima poco aconsejable y se estableció en Ege, también en Macedonia. Pasa por ser uno de los antecesores del mismísimo Alejandro Magno.

Otro ejemplo nos aporta la cultura griega: Apolo, locamente enamorado de Himeneo, hijo de Magnes, descuidaba la custodia del ganado. Y ya hay aquí una primera lección, que algunas empresas se aplican: no admitir amores entre miembros de la misma, principalmente por dos motivos:

1.- Estarán más preocupados por su mutuo cariño que por los intereses de la Compañía. Eso llevará, cuanto menos, a que pierdan tiempo en conversaciones, miradas, "escapadas", etc.
2.- Si surgen problemas, se defenderán mutuamente con ahínco frente a cualquier "ataque" externo.


Sea como fuere, el caso es que Hermes, aprovechando aquellos románticos momentos por los que atravesaba Apolo (¡la normalidad con que aceptaban los griegos la homosexualidad!), se dedicaba a robarle reses. Las trasladaba entonces a Ménalo, en el Peloponeso.
Por allí residía Bato, un anciano. Temeroso Hermes de que aquel vejete hablara, le prometió una ternera si sellaba sus labios. Aceptado el compromiso, quiso Hermes confirmar la solidez moral de aquel que tan prontamente se había predispuesto a colaborar.
Disfrazándose, regresó por aquellos lares, y preguntó al mismo Bato por cierto ganado. Lógicamente prometió algún regalo a quien colaborase en la búsqueda. Infiel a la promesa previamente realizada Bato cantó la gallina. Indignado, Hermes lo transformó en roca.
Búcolo, por su parte, era hijo de Colono de Tanagra (en Beocia). Ocne, su hermana, era notablemente pizpireta, y pretendió a Eunosto, muchacho bien formado y honesto, que se negó a seguir las inmodestas proposiciones. Acudió al expediente de mentir, acusando al pobre chaval de haber intentado violarla. Los crédulos hermanos de la trapacera mataron a Eunosto. Al cabo, sin embargo, Ocne, consumida por los remordimientos, confesó su maldad. Los hermanos tuvieron que huir, porque el padre de Eunosto pasó de timorado padre a ansioso vengador. La desvergonzada acabó por suicidarse.
Por citar un último paradigma, hablemos de Cafena. Era ésta una mozuela de la ciudad de Críaso (zona de Caria). Guiados por Ninfeo, se había establecido por allí una colonia de griegos procedentes de Melos. Sin poner límites a la fecundidad, se habían ido convirtiendo en un núcleo poderoso.
Los residentes en Críaso comenzaron a temer por su seguridad y, haciendo empleo de la mentira, invitaron a los griegos a una fiesta. Era su plan asesinarlos en plena celebración. Cafena, localmente enamorada de Ninfeo, no estaba dispuesta a que eso sucediese. Le comunicó la conspiración.
Aceptaron los atenienses las formalidades, pero pusieron como condición que también acudieran sus mujeres. Así, llegados a los festejos, iban ellos desarmados, pero sus esposas llevaban oculta una espada debajo del traje. Cuando los carios se lanzaron a la carga, tomaron éstos las armas que sus esposas habían transportado, y mataron a sus traidores anfitriones. Luego, arrasaron la ciudad, y construyeron una nueva, denominada Críaso la Nueva.
Casaron los enamorados Cafena y Ninfeo, y les fueron concedidos notables honores en agradecimiento por haberles salvado la vida. Y es que muchas veces, cuando se miente, aunque a corto plazo las cosas parezcan ir bien, a medio y largo todo se enreda notablemente.
***********************************
Una anécdota
Era Ticio hombre inmerso en el mundo de los negocios. No había para él verdad ni mentira, sólo incrementos en la cuenta de explotación.
Dispuesto a cualquier cosa para lograr sus objetivos tenía un sistema de negociación consolidado. Siempre que llamaba a un proveedor, disponía sobre su mesa una oferta semejante, presuntamente elaborada con el mismo objetivo por una empresa de la competencia.
Para escenificar el engaño, se hacía llamar por alguna secretaria o colaborador durante el proceso de negociación. De ese modo, el interlocutor podía, con cierto disimulo, echar un vistazo sobre aquella información. Solía cambiar notablemente su actitud, especialmente si estaba presionado por su Compañía para cerrar la operación.
Alguno de sus socios le había afeado su conducta, pero no entendía este empresario (?) de lo que el denominaba "escrúpulos" en el mundo mercantil.
-Ésas son cosas de mujercillas, resumía despectivo a quien le hacía ver que aquello no era en absoluto correcto.
Pasado el tiempo, sucedió que una de las personas con las que negociaba -en este caso era la puesta en marcha de una franquicia-, había sido precisamente director comercial de una empresa proveedora en ese momento de Ticio. Cayó en sus manos por casualidad una de aquellos falsificados documentos.
Bromeó el otro sobre la cuestión, pero el potencial franquiciado abandonó aquellas relaciones comerciales porque quien miente una vez lo vuelve a repetir siempre que le resulta posible (quien hace un cesto, hace ciento).

Otros miembros de la organización, con fama de gente honesta, siguieron haciendo negocios mucho tiempo después. Aquel que se apoyaba siempre en la mentira, tuvo que dejarlos, porque se labró la suficiente fama como para que nadie quisiera trabajar con él. No llegaba a entenderlo, porque seguía considerándose el palico de la gaita. Y quien no capta los intereses de los demás, empezando por sus propios socios y compañeros, difícilmente tendrá un recorrido profesional largo.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Cine y Empresa: Acción Civil


Título: Acción Civil
Director: Steven Zallian
Interpretes: John Travolta, Robert Duvall, Stephen Fry, James Gandolpini, Dan Hedaya.
Año: 1999

Aplicable a: Asesoramiento jurídico. Ayuda a los necesitados. Capitalización empresarial. Experiencia profesional. Financiación bancaria. Liberalismo. Motivación. Responsabilidad Social Corporativa.

Tomando como punto de referencia sucesos de la década de los ochenta en Nueva Inglaterra, descritos por Jonathan Harr en una novela, se narran en el largometraje las venturas y desventuras de un abogado empeñado en reclamar en un caso en el que unos niños fallecieron por leucemia. La causa más probable de aquella enfermedad fue la ingestión de agua contaminada.

John Schlichtmann (John Travolta) es un jurista aparentemente bueno que desea triunfar a toda costa (al inicio, es más malo que los malos). No gestiona bien el cronos: su propia prisa le traiciona. Luego, sin embargo, al tocar de cerca el dolor, la incertidumbre, la realidad de la muerte... va redimiéndose paulatinamente para ganar un pleito en el que, al mejor estilo de Hollywood, algunos malos siguen siendo perversos hasta el final.

El inicuo de la película es el gran capital, siempre interesado en mejorar las cuentas de resultados, aun a costa de que en el camino queden heridos, o incluso –como es el caso- muertos. El defensor de esa visión del mundo es, en esta ocasión, Robert Duvall.

Son muchos los aspectos de esta película aprovechables en la formación jurídico-empresarial. Entre otros:

1.- Es necesario contar con la capitalización necesaria para emprender cualquier tipo de empresa, incluida la defensa de gente inocente: no por el hecho de que un negocio sea bueno éticamente precisa de menos medios para alcanzar sus objetivos. Parte de los negocios que se hunden –incluidos los que tienen por meta la difusión de algún bien: por ejemplo, la creación de empleo, o la enseñanza de la juventud- lo hacen no porque no fuesen buenos, sino porque hay que seguir alimentando la locomotora durante bastante tiempo antes de que ésta alcance la velocidad de crucero. En el momento denominado umbral de rentabilidad las cosas podrán hacerse de otra manera, pero no antes. Considerar que alguien llegará regalando medios, o que el éxito llamará rápidamente a la puerta es una ingenuidad.

2.- La experiencia y el estudio son fundamentales para enfrentarse con éxito a las dificultades del mundo empresarial. Quien cierra los libros, quien no se prepara para los sucesivos asaltos, será derrotado. Hay que alimentar continuamente la propia capacidad de ampliar la visión del mundo para lograr metas valiosas y duraderas. Cualquier actividad empresarial hay que profesionalizarla.

3.- Los bancos –salvo excepciones- sólo prestan dinero a quien ya lo tiene o a quien lo tendrá a corto plazo (no basta tampoco tener propiedades: por lo general, las entidades financieras no quieren quedarse con inmuebles, sino que aspiran a ver su dinero de vuelta, y multiplicado). Las utopías raramente son objeto de un crédito. También el banco es un negocio en el que algunos venden su dinero a la entidad para que ésta ‘trabaje’ con él y obtenga rentabilidad. Lo mismo que nadie regala sillas (si vende muebles), tampoco una entidad financiera puede donar el contante. En ocasiones, sin embargo, la radicalidad hace perder el norte. No es imprescindible que los bancos ganen cada año más para justificar su existencia en el mercado. Apretar a los clientes puede ser rentable, pero introducir algo de humanidad en las relaciones mercantiles es una asignatura pendiente.

4.- Es posible trampear durante cierto tiempo con las entidades financieras, pero al final ellas triunfan (casi siempre). Su capacidad de informarse, su acceso a las autoridades públicas, sus exigencias de avales..., todo lleva a que estén preparadas para defender sus intereses.

5.- Resulta más que improbable la posibilidad de mantener una correcta ética empresarial si no se procura vivir en lo personal. Quien en su existencia no adquiere hábitos de control, tampoco será capaz de medirse en lo profesional. En sentido estricto no hay más que una ética: aquella que nos ofrece las coordenadas de posibilidad de una vida honorable. A partir de ahí, habrá que aplicar en cada área de nuestra existencia esa normativa que no encorseta, sino que libera.

6.- Casi todo el mundo sabe mucho más de lo que parece, pero es preciso ofrecer confianza y vivir la empatía para que la información salga a relucir. No hay gente impenetrable, pero sí bastantes que han optado por la discreción. De todas formas, nadie puede vivir sin alguien a quien confiarse, siquiera parcialmente. Encontrar a la persona adecuada (¡un buen coach!) es punto importante.

7.- Los equipos de colaboradores están habitualmente más interesados por su calidad de vida que por los objetivos de la organización. Esto, cuando no se logra motivarles con el proyecto. Pero eso no puede hacerse si quien dirige la iniciativa piensa en su propio beneficio más que en el de los demás. A veces sucede que quien gobierna es bien remunerado, y no entiende que quienes reciben migajas no reaccionen con entusiasmo ante las propuestas que realiza el dirigente, con loca energía. Esto indica falta de sentido común, y desdichadamente es frecuentísima esa ausencia en el mundo de las relaciones mercantiles.

8.- Hay que evitar el papanatismo de considerar que los demás no piensan: si se desea lealtad hay que posibilitar la participación. Imponer líneas de actuación y hacer oídos sordos a lo que otros aportan conduce a que los ‘vagones’ vayan consolidándose como ‘vagones’, y que se extiendan rutinas paralizantes en la organización, que luego será arduo modificar.

9.- Quien se encuentra habitualmente solo en medio de la multitud, o quien considera que todos los que tiene alrededor son ineptos, quizá debería mirarse con más frecuencia al espejo, e incluso hacer una visita al psiquiatra. Cuando una persona –o una organización- considera que todo el mundo de equivoca, quizá sea uno mismo el que no sabe discernir lo real.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Agenda Diciembre


El mes de diciembre es habitualmente un periodo de reflexión y diseño. La celebración de la venida del Niño Dios a la tierra hace que toda realidad, tanto profesional como personal, pueda ser contemplada con mayor perspectiva.

En este 2010, mi mes de noviembre concluyó con dos encuentros muy relevantes. Uno, en la sede de Expansión, y con presencia de su director General: el I Congreso Nacional de Top Ten Business Experts: una maravilla encontrar al centenar de miembros de los exclusivos Clubs que acogen a la flor y nata de los profesionales españoles del Management, el coaching, el marketing, los RR.HH., además de las más destacadas Consejeras independientes y los mejores conferenciantes del área de economía y empresa del país.

Por otra parte, el día 30 pronuncié una conferencia sobre los fundamentos de la Responsabilidad Social Corporativa, en Caixaforum para un numerosísimo grupo de directivos y empresarios convocados por la Fundación la Caixa con ocasión de la entrega de sus premios Incorpora. Casi trescientas personas completaban el aforo para aplaudir a las doce empresas premiadas por haber sabido acoger a personas de difícil inserción laboral por diversos motivos.
El día 1 me encontró en Valladolid para impartir una conferencia sobre el libro La soledad del directivo. Acaba de aparecer su quinta edición revisada. A esa obra, que escribí hace algunos años junto a José Aguilar, le concedieron hace un lustro, en Gran Bretaña, el premio al mejor libro europeo de gestión. Los temas que en ella abordamos son de grandísima actualidad. Quizá renovada por este largo periodo de crisis en la que seguimos inmersos.

El resto del mes estaré dedicado a trabajar con pequeños grupos o individualmente con miembros de comités de dirección de media docena de compañías públicas y privadas tanto de Madrid como de otras Comunidades Autónomas. El tiempo de estudio, que es mi principal objetivo diario durante todo el año se verá incrementado también, al celebrarse todas las reuniones en Madrid. A la vez, iré preparando las conferencias que están ya comprometidas el año 2011 en diversos países de América (EE.UU., Panamá, Ecuador, etc.) y en diversas ciudades españolas.

Además, y más importante que todo esto, serán días de compartir más intensamente la vida familiar con mi esposa y prole, además de con ese entorno familiar más amplio y grato que son los respectivos progenitores, hermanos, cuñados, sobrinos…

Vaya ya desde ahora mi más sincera felicitación para esta Navidad ya tan próxima.

lunes, 29 de noviembre de 2010

El inicio de mi camino 2.0

Hace años que muchas personas, fundamentalmente amigos o conocidos de organizaciones que cuentan con mi asesoramiento, me vienen insistiendo en su deseo de que ponga en marcha mi propio blog. Me he resistido en múltiples ocasiones a sus amables requerimientos. Impulsado ahora por un buen amigo, doy el salto al ruedo en este ámbito de conversación con el deseo de acudir a una cita voluntaria con los interesados en mi trabajo, al menos cuatro veces al mes.
Procuraré reflexionar sobre cuatro cuestiones diferentes con la periodicidad señalada: enseñanzas del cine para la toma de decisiones, reflexiones sobre cómo la historia y la mitología de la Grecia clásica puede ayudarnos a mejorar nuestro modo de actuar y de vivir, una breve agenda de mis actividades del mes que comience y un breve apunte, en fin, sobre alguna de las cuestiones de actualidad que en cada momento llame particularmente mi atención.
Confío en que con este ritmo, sobrio pero exigente a la vez, pueda responder siquiera en parte a las cordiales solicitudes de quienes siguen mi pensamiento y propuestas en diversos países del mundo. Gracias desde ahora a todos, no sólo por su empuje, sino también por las sugerencias que deseéis hacer en torno a los temas que iré proponiendo.
Es Aristóteles, muy especialmente con su obra Ética NIcómaco (de la que preparé una versión actualizada para la editorial LID), inspirador de muchos de mis trabajos. De ahí el nombre de este blog que hoy arranca. Dedicada a su hijo, el estagirita planteó en esa obra, o al menos esbozó, la práctica totalidad de las cuestiones que un buen padre desearía trasladar a sus vástagos, o un buen maestro a sus discípulos.
Cuando aún no he cruzado el umbral de la quinta década de mi existencia –y sin sentirme maestro de nadie- me embarco en esta nueva bitácora que ojalá contribuya a que muchos Nicómacos puedan mejorar en alguna medida su grado de felicidad. Es ese el propósito que me mueve.
Espero y deseo que os resulte interesante y que podamos aprender y compartir juntos muchas reflexiones.