lunes, 13 de diciembre de 2010

Cine y Empresa: Acción Civil


Título: Acción Civil
Director: Steven Zallian
Interpretes: John Travolta, Robert Duvall, Stephen Fry, James Gandolpini, Dan Hedaya.
Año: 1999

Aplicable a: Asesoramiento jurídico. Ayuda a los necesitados. Capitalización empresarial. Experiencia profesional. Financiación bancaria. Liberalismo. Motivación. Responsabilidad Social Corporativa.

Tomando como punto de referencia sucesos de la década de los ochenta en Nueva Inglaterra, descritos por Jonathan Harr en una novela, se narran en el largometraje las venturas y desventuras de un abogado empeñado en reclamar en un caso en el que unos niños fallecieron por leucemia. La causa más probable de aquella enfermedad fue la ingestión de agua contaminada.

John Schlichtmann (John Travolta) es un jurista aparentemente bueno que desea triunfar a toda costa (al inicio, es más malo que los malos). No gestiona bien el cronos: su propia prisa le traiciona. Luego, sin embargo, al tocar de cerca el dolor, la incertidumbre, la realidad de la muerte... va redimiéndose paulatinamente para ganar un pleito en el que, al mejor estilo de Hollywood, algunos malos siguen siendo perversos hasta el final.

El inicuo de la película es el gran capital, siempre interesado en mejorar las cuentas de resultados, aun a costa de que en el camino queden heridos, o incluso –como es el caso- muertos. El defensor de esa visión del mundo es, en esta ocasión, Robert Duvall.

Son muchos los aspectos de esta película aprovechables en la formación jurídico-empresarial. Entre otros:

1.- Es necesario contar con la capitalización necesaria para emprender cualquier tipo de empresa, incluida la defensa de gente inocente: no por el hecho de que un negocio sea bueno éticamente precisa de menos medios para alcanzar sus objetivos. Parte de los negocios que se hunden –incluidos los que tienen por meta la difusión de algún bien: por ejemplo, la creación de empleo, o la enseñanza de la juventud- lo hacen no porque no fuesen buenos, sino porque hay que seguir alimentando la locomotora durante bastante tiempo antes de que ésta alcance la velocidad de crucero. En el momento denominado umbral de rentabilidad las cosas podrán hacerse de otra manera, pero no antes. Considerar que alguien llegará regalando medios, o que el éxito llamará rápidamente a la puerta es una ingenuidad.

2.- La experiencia y el estudio son fundamentales para enfrentarse con éxito a las dificultades del mundo empresarial. Quien cierra los libros, quien no se prepara para los sucesivos asaltos, será derrotado. Hay que alimentar continuamente la propia capacidad de ampliar la visión del mundo para lograr metas valiosas y duraderas. Cualquier actividad empresarial hay que profesionalizarla.

3.- Los bancos –salvo excepciones- sólo prestan dinero a quien ya lo tiene o a quien lo tendrá a corto plazo (no basta tampoco tener propiedades: por lo general, las entidades financieras no quieren quedarse con inmuebles, sino que aspiran a ver su dinero de vuelta, y multiplicado). Las utopías raramente son objeto de un crédito. También el banco es un negocio en el que algunos venden su dinero a la entidad para que ésta ‘trabaje’ con él y obtenga rentabilidad. Lo mismo que nadie regala sillas (si vende muebles), tampoco una entidad financiera puede donar el contante. En ocasiones, sin embargo, la radicalidad hace perder el norte. No es imprescindible que los bancos ganen cada año más para justificar su existencia en el mercado. Apretar a los clientes puede ser rentable, pero introducir algo de humanidad en las relaciones mercantiles es una asignatura pendiente.

4.- Es posible trampear durante cierto tiempo con las entidades financieras, pero al final ellas triunfan (casi siempre). Su capacidad de informarse, su acceso a las autoridades públicas, sus exigencias de avales..., todo lleva a que estén preparadas para defender sus intereses.

5.- Resulta más que improbable la posibilidad de mantener una correcta ética empresarial si no se procura vivir en lo personal. Quien en su existencia no adquiere hábitos de control, tampoco será capaz de medirse en lo profesional. En sentido estricto no hay más que una ética: aquella que nos ofrece las coordenadas de posibilidad de una vida honorable. A partir de ahí, habrá que aplicar en cada área de nuestra existencia esa normativa que no encorseta, sino que libera.

6.- Casi todo el mundo sabe mucho más de lo que parece, pero es preciso ofrecer confianza y vivir la empatía para que la información salga a relucir. No hay gente impenetrable, pero sí bastantes que han optado por la discreción. De todas formas, nadie puede vivir sin alguien a quien confiarse, siquiera parcialmente. Encontrar a la persona adecuada (¡un buen coach!) es punto importante.

7.- Los equipos de colaboradores están habitualmente más interesados por su calidad de vida que por los objetivos de la organización. Esto, cuando no se logra motivarles con el proyecto. Pero eso no puede hacerse si quien dirige la iniciativa piensa en su propio beneficio más que en el de los demás. A veces sucede que quien gobierna es bien remunerado, y no entiende que quienes reciben migajas no reaccionen con entusiasmo ante las propuestas que realiza el dirigente, con loca energía. Esto indica falta de sentido común, y desdichadamente es frecuentísima esa ausencia en el mundo de las relaciones mercantiles.

8.- Hay que evitar el papanatismo de considerar que los demás no piensan: si se desea lealtad hay que posibilitar la participación. Imponer líneas de actuación y hacer oídos sordos a lo que otros aportan conduce a que los ‘vagones’ vayan consolidándose como ‘vagones’, y que se extiendan rutinas paralizantes en la organización, que luego será arduo modificar.

9.- Quien se encuentra habitualmente solo en medio de la multitud, o quien considera que todos los que tiene alrededor son ineptos, quizá debería mirarse con más frecuencia al espejo, e incluso hacer una visita al psiquiatra. Cuando una persona –o una organización- considera que todo el mundo de equivoca, quizá sea uno mismo el que no sabe discernir lo real.

2 comentarios:

  1. muy buena critica..un exelente analisis...

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  2. Muchas gracias, Paola, por tu amable comentario. Muchos de esos temas lo he abordado más ampliamente en el reciente libro ROMA, ESCUELA DE DIRECTIVOS.
    Javier Fernández Aguado

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