lunes, 10 de enero de 2011

Cine y Empresa: Algunos Hombres Buenos


Título: Algunos hombres buenos
Director: Rob Reiner
Intérpretes: Tom Cruise, Jack Nicholson, Demi Moore, Kevin Bacon, Kiefer Sutherland, Kevin Pollak, James Marshall, J.T. Walsh, Christopher Guest, J.A. Preston.
Año: 1992
Aplicable a: Asesoramiento jurídico. Dirección Por Amenazas. Obediencia. Poder y liderazgo. Profesionalidad. Sinceridad. Valores.


El Teniente Daniel Kaffee (Tom Cruise) es un abogado poco bregado a quien le es adjudicada la defensa de dos soldados acusados del asesinato de un compañero. La Comandante Gallowey (Demi Moore) intentará establecer la verdad del caso, pero ambos tropiezan con el orgulloso Coronel Nathal R. Jessep (Jack Nicholson), quien no está especialmente interesado en el esclarecimiento. Los acusados afirman que cumplían órdenes de Jessep y que la muerte de su compañero fue un accidente.

En torno a este argumento van abordándose diversas cuestiones sobre la jerarquía en las organizaciones, el sentido del deber, los límites de la obediencia, las estructuras no formales, los implícitos en las decisiones, etc. Por ejemplo: no se habla de castigos físicos personales en las ordenanzas, pero tampoco de la existencia de un determinado número de comedores, y los hay. El refugio en la letra escrita puede servir en una defensa jurídica, pero nunca ante uno mismo cuando actúa incorrectamente. El escudo de una legislación apabullante o de una palabrería vacua nunca aplaca el clamor de la conciencia.

El marine Martínez, de origen hispano, está harto de sufrir humillaciones de sus superiores. Acude a algo que en una organización como el ejército –y también en otras instituciones- es grave delito: poner en conocimiento de los superiores que hay mandos intermedios que se comportan incorrectamente. Esto, que sin desmentir la autoridad de nadie, debería ser cauce habitual para evitar abusos, se torna motivo de escarnio. Jessep ordena-consiente que le sea aplicado un código rojo, es decir, una pena corporal por parte de sus conmilitones. Éstos, por exceso de celo en el cumplimiento, acaban con la vida de Martínez. A partir de ahí todo se vuelve una inmensa mentira en la que cada uno intenta salvar su propio interés. En algunos casos, bajo el aparente altruismo de evitar que el ejército se vea salpicado por un hecho tan poco explicable. Otras organizaciones, obsesionadas igualmente por su buena imagen, también dañan gravemente a aquellos a quienes dijeron defender.

Quizá puede señalarse que el único error de Martínez haya sido comprometerse a revelar quién cometió el grave error de disparar innecesariamente contra los cubanos (la acción se desarrolla en una base marine en ese archipiélago).

El razonamiento de Jessep parece inapelable:
-Ha muerto porque no tenía código, no tenía honor.
Se encuentra convencido de estar defendiendo los intereses de Occidente, frente al salvaje comunismo. Declara sin ambages que él no puede bajar la guardia cuando:
-A 400 metros de distancia se encuentran miles de cubanos adiestrados para matarme.
Algo de clarividencia debe quedarle, porque, a la hora de la verdad, en vez de reconocer los hechos, acude a la mentira. Afirma que la orden de traslado había sido dada, cuando es falso.
Su código es radical: Unidad, Cuerpo, Dios, Patria. Con esas coordenadas, la penalización de cualquiera que no respete las indicaciones y normativas es lo adecuado. Nos encontramos ante un caso de fundamentalismo, entendiendo por éste la creencia ciega en el funcionamiento de un sistema en el que lo más importante no son las personas, sino el cumplimiento de lo indicado.
Muchas son las enseñanzas para el gobierno de las organizaciones. Entre otras:
1.- La obediencia no debe ser ciega. Existen valores y principios que están por encima de las imposiciones. Nadie tiene por qué renunciar a sus convicciones. En esta película, al igual que en Vencedores y vencidos, está apuntándose a la existencia de una ley natural que se encuentra por encima de los reglamentos, aunque éstos vengan dictados con apariencia de autoridad.
2.- Con frecuencia, los responsables de las decisiones, cuando éstas se revelan equivocadas, acuden al expediente de lavarse las manos, como si no fuese con ellos. Muchos especialistas hay en escabullir el bulto cuando son puestos al descubierto. Aquí, los intentos de Jessep de hacerlo así acaban en fracaso, por prepotencia.
3.- El mundo admite ser contemplado desde perspectivas diversas. No cuestionarse que la propia puede ser errada es un modo de limitar las posibilidades de profundizar en el análisis de la realidad.
4.- En muchas ocasiones, las instituciones pueden estar dispuestas a renunciar a la verdad en pro de la defensa de su imagen pública.
5.- La obsesión por la jerarquía no debería exceder ciertos límites (nada fácil, por cierto, de ser definidos). Entre poner en tela de juicio todo lo que se indica, y aceptar pasivamente cualquier orden, por irracional que ésta sea, hay alternativas.
6.- Motivar a la gente es uno de los retos más importantes de cualquier organización. Triste es que la solución de ese desafío, sea tan patéticamente simplificado como:
-Aquí, u obedeces o haces el petate.
La Dirección Por Amenazas-DPA puede llevar a comportamientos adiestrados, pero difícilmente logra arrancar deseos de movilización por encima de lo estrictamente debido.
7.- La jerarquía aquí propuesta es simplona: mi comandante, y Dios... Invertir ese orden, podría, para empezar, facilitar la recuperación del sentido común.
8.- El proceso es ganado gracias a pequeños detalles: los que van surgiendo de las contradicciones internas en la declaración de Jessep. Si no se hubiera atendido a esas ‘pequeñeces’, el juicio probablemente habría quedado resuelto en contra de los defendidos.
Sorprende en este metraje, como en tantos otros, la capacidad de autocrítica de los norteamericanos Desmerece la falta de soluciones. Quizá su pragmática formación les permite ser claros en lo que denuncian, pero menos espabilados a la hora de encontrar propuestas.

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