domingo, 2 de enero de 2011

Enero 2011

El año que comienza será, desde muchos puntos de vista, de transición. En vez de esperar a que sucedan cosas, es aconsejable procurar –en la medida de lo posible- que estás acaezcan. Por eso, los cambios, tanto desde el punto de vista personal como profesional, deberían pillarnos trabajando. Entre otros motivos, porque a quien no rema se lo lleva la corriente.


Todo esto, para decir que es un periodo que reclamará esfuerzo y no rutinas agoreras; ilusión y no cinismo; juventud mental y no artrosis neuronal…


Para mí, enero va a ser, Dios mediante, un tiempo de mucho trabajo intelectual y práctico. De un lado, para preparar la inminente presentación en Madrid de La Soledad del directivo (de cuya fecha concreta informaré en cuanto yo mismo la conozca). Reuniones con comités de dirección de media docena de empresas, el mes se verá salpicado también por la intervención ante un grupo de directivos de una multinacional americana en un Master que les lleva de Varsovia a Nueva York pasando por Talayuela (y no es broma, sino dato fehaciente y alentador para una de nuestras industrias patrias).


Intervenciones en Zaragoza, Murcia y otras ciudades de España están pendientes de última confirmación, porque el paréntesis Navideño parece hibernar momentáneamente los proyectos.


Además, espero poder dar los últimos toques al libro que llevo tres años preparando sobre enseñanzas de la Roma clásica para las organizaciones contemporáneas.


¡Qué tengamos todos un buen 2011!

3 comentarios:

  1. Primera carta a Javier Fernández Aguado
    Sant Cugat, 9 de enero de 2011

    Caro Javier,
    ¡Salud y mis mejores deseos en este nuevo año!

    Estos días los periódicos publican balances de casi todo. Para mí el 2010 ha sido un buen año por el gran salto que hemos dado al organizar EXPOELEARNING en Madrid y Lima. Como todos ha tenido cosas mejorables, algunas mucho más que otras tanto en lo profesional, como sobre todo en lo personal que bien conoces, pero al final en nuestras vidas queda lo bueno que sale siempre a flote y deja hundido lo malo en el fondo del olvido.

    Sin duda quizá lo mejor del año fue poder organizar el SYMPOSIUM que lleva tu nombre. Un evento singular, inédito en España, que nos ocupó, como bien sabes, muchas horas y arduo trabajo y que tanta satisfacción nos produjo. Para mí fue una gran alegría y enorme satisfacción, quizá la mayor de mi carrera profesional, haber promovido un claro y rotundo reconocimiento público a tu trabajo de tantos años. Ver a tantos profesionales de altísimo nivel en aquel Auditorio de la Feria de Madrid fue impresionante, pero sobre todo lo más me alegró fue ver a tu familia (que crecerá este año), amigos y colegas que te aplaudían con sincera amistad. Ahí queda recogida en el libro -magníficamente editado- y en el e-book que puede verse en www.aefol.com lo que fue el I SYMPOSIUM sobre tu trabajo.

    Ahora que has estrenado tu Blog, ¡muchas felicidades y grandes éxitos!, podemos seguir, si te parece bien, trabajando y comentando las muchas ideas y comentarios de los ponentes y conclusiones de una actividad que no terminó aquel inolvidable 25 de febrero.

    Pretendo, querido Javier, seguir comentando contigo muchas de tus ideas y pensamientos vertidos en tus libros y artículos, la experiencia de tu trabajo y dedicación diaria al servicio de tantas personas, ese fue el objetivo del SYMPOSIUM que sigue estando vivo y por eso pretendo, con tu ayuda, mantener encendida las brasasde aquel evento que marcó todo un estilo y nueva forma de hacer en España, reconociendo el excelente trabajo de nuestros pensadores.

    Estas cartas, ahora posts en nuestros Blogs, pretenden recuperar uno de los viejos géneros literarios: el epistolar, pero en su versión moderna como post en tu Blog y en el mío. Hablaremos de lo que nos parezca, de lo divino y lo humano y por supuesto de todo lo que pueda ayudar a ser éticamente mejores a las personas que tengan la amabilidad de leernos o incluso de participar con sus comentarios. Porque lo más me atrae de tu obra es la sabia combinación de lo siempre clásico y eterno con la modernidad, es por eso que ahora también podemos demostrarlo con estas epístolas en Internet que comienzan hoy.

    Sigue con salud,

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  2. Caro José

    El año 2010 ha sido, efectivamente, intenso desde muchos puntos de vista. El Symposium que decidiste promover, y con el que mostraste que también en España es posible superar la envidia, incluso entre intelectuales, ha quedado para muchos como un hito. Contemplar a aquellos más de 600 profesionales llegados de una docena de países para reflexionar sobre mi trabajo fue algo especial.

    Gracias por tu capacidad de iniciativa y tu buen hacer, a pesar de las dificultades logísticas. En estos meses, en conferencias impartidas tanto en España como en otros países, se me han acercado personas para decirme: ¡yo también estuve en el Symposim! ¿Y qué decir de los innumerables correos electrónicos recibidos desde los cuatro puntos cardinales?

    Nunca he pretendido, ni antes ni ahora, ser famoso. Mi único objetivo es, en la medida de lo posible, proporcionar a otros hombres y mujeres pensamientos, reflexiones o experiencias que puedan ayudarles quizá a vivir mejor la vida. Porque una de las peores cosas que a alguien puede pasarle es que en vez de vivir, se limite a durar.

    El 2011 promete ser también apasionante. Uno de los motivos, estas cartas que has decidido comenzar, y que con todo gusto recibo y respondo. ¿Quién sabe si con el paso de los meses merecerá la pena que aparezcan en formato libro?

    Marta, mi esposa, suele repetir que mi existencia –frente a lo que pudiera parecer a quien sólo conocen mis investigaciones sobre el management- tiene mucho de aventura. Repite que pocas personas han vivido tantas cosas, tan diversas y en tantos países como yo. Obviamente hay algo de exagerado, por fuerza del cariño, en esas afirmaciones. Con todo, es cierto que en los casi cincuenta años que llevo en esta tierra, además de haber contemplado la muerte muy de cerca en varias ocasiones (me siento en periodo de prórroga desde hace mucho tiempo), he tenido la fortuna de vivir experiencias y de conocer a personas de las que he aprendido muchísimo. Y eso, tanto en Europa, como en América, África y Asia. Tú eres una de esas personas a las que me refiero.

    Por eso, frente a obras académicas, acojo con gusto tu reto de abrir un poco más mi experiencia a los posibles interesados. Siempre, eso sí, respetando esos ámbitos de intimidad que nunca deben descubrirse, salvo en los entornos más íntimos. Hay cuestiones que sólo después de la desaparición física de alguien deben salir a la luz.

    Como apasionado estudioso, procuraré comentar contigo, y gracias a ti, las cuestiones que vayan surgiendo en esta conversación, probablemente con la ayuda de los clásicos. Y un consejo hoy para los posibles interesados: de la docena larga de libros que he leído en estas semanas navideñas, selecciono uno: Escipión el Africano, de Javier Cabrero. Es una obra documentada, rigurosamente histórica, y fácil de leer.

    Si te parece oportuno, en cada ocasión incluiré la referencia de alguno de los libros que en ese momento tenga entre manos y que merezca la pena recomendar.

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  3. La lectura reposada de estas epístolas me sugieren, entre otras muchas cosas, el singular compromiso con las ideas que vivían los autores del antiguo testamento. Para que Amós pudiera profetizar cómo Israel renegaba de Dios, como quién es abandonado por la esposa a quién se entrego, él mismo -en su vida real- era abandonado por su esposa. Trayectoria vital e intelectual iban de la mano. A menudo he pensado que esto mismo nos pasa a todos. En otras palabras: adelante con está Bitácora que muestra en las buenas ideas el olor de una peripecia personal igualmente remarcable. Saludos intensos. Gabriel Ginebra

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