lunes, 14 de febrero de 2011

El ejemplo de Hipodamia y los concursos públicos


Hipodamía era hija de Enómao, rey de Pisa (Élide). Era su madre la pléyade Estérope, aunque otros afirman que fue la danaide Eurítoe o Evarete, hermana de Leucipo.
Todos se hacían lenguas de la hermosura de aquella señorita, y muchos habían sido los pretendientes. Sin embargo, su padre no tenía intención ninguna de darla en casamiento, al parecer porque había recibido avisos fehacientes de que su yerno lo mataría. Mejor era -pensaba- no arriesgarse. Prevenir es siempre mejor que curar. ¿Para qué asumir riesgos graves sin necesidad ninguna?, se preguntaba.
Había diseñado un concurso público, y también varios sistemas para que nadie lo venciese. Se trataba de una carrera de carros. El candidato a novio, junto con la pretendida, iban en el primero. Su padre tenía que alcanzarlos, no sin antes sacrificar un carnero a Zeus. Entre el peso, las distracciones al contemplar a aquella hermosa mozuela y que los caballos del potencial suegro habían sido regalados por Ares y eran por tanto de carácter divino, los novios eran prontamente alcanzados y, en cualquier caso, no llegaban al altar de Poseidón, en Corinto, meta de la apuesta. El castigo era también ejecutado con presteza: consistía en degollar al derrotado; luego, su cabeza era colocadas en la puerta sobre una lanza para desanimar a otros concursantes. Trece habían sido los malhadados: Mermno, Hipótoo, Euríloco, Automedonte, Pélope de Opunte, Acarnán, Eurímaco, Lasio, Calcón, Tricorono, Alcátoo hijo de Portaón, Aristómaco y Crólato.
La llegada de Pélope modificó sustancialmente la situación. Hipodamía quedó esta vez prendada de la belleza del recién llegado, y contando con la complicidad de Mirtilo (auriga del progenitor), introdujo variaciones en el plan habitual. En concreto, hizo cambiar las clavijas del carro de su padre por otras de cera. Se produjo un accidente fatal, pues al quedar Enómao enredado en las riendas fue arrastrado por los caballos. ¿Quién sabe si no fue el propio Pélope el que lo remató?
Como toda colaboración tiene un precio, parece ser que el de Mirtilo fue el pasar una noche con la hija del asesinado. Duro es pensar que se entregase en manos del instrumento del parricidio, pero la experiencia muestra que una vez que se ha disipado del panorama el sentido común, y es la pasión la que toma el timón, todo es posible. La ceguera que producen los hábitos operativos negativos es tremenda. La realidad deja de ser tal y el desgraciado comienza a crear unas coordenadas independientes que le sirvan para justificar sus comportamientos.
Tiempo más tarde, fuese porque el auriga se sobrepasase, o porque quien lo intentase fuera Hipodamía y honesto el auriga, el caso es que denunciado el caso, murió Mirtilo a manos de Pélope.
Que no era Hipodamía de fiar ya lo hemos visto. Pero aún hay otras pruebas: fue la principal responsable en pergeñar la muerte de Crisipo (hijo o yerno de Hipodamía). Como Atreo y Tiestes (hijos de la instigadora) no estuvieran por la labor, ella misma se encargó de hacerlo, con la espada de Layo (que no era por cierto un ejemplo de virtudes pues era al parecer amante del mismo Crisipo, e "inventor" del amor contra natura), que luego moriría, por su parte, a manos de su hijo Edipo.
Agonizante aún Crisipo reveló la verdad, a pesar de que la astuta Hipodamía había dejado la espada de Layo junto al cadáver para despistar sobre la autoría: o mejor dicho, para que Layo fuese el acusado. Descubierto el crimen, Pélope desterró a su esposa, que fallecería tiempo después en Midea (Argólide).
Interesa especialmente para el caso la primera parte de la historia. Son las subvenciones y los concursos públicos, mundos acotados, con mil trampas y trucos, muchas veces diseñados a propósito para ahuyentar a los ingenuos que por aquellos lares se aproximan.
Mucho mejor sería reducir en buena medida ese amplio tinglado de funcionarios e instituciones estatales y paraestatales que vegetan con la excusa de repartir prebendas. Si estos medios, y esas gentes, estuvieran batallando en el libre mercado, superiores serían probablemente los frutos. Con tantas subvención, y tanto concurso público, se deteriora siquiera una parte de la corriente económica del país. El Estado debería regular algunas ayudas, pero sólo en casos de extrema necesidad, no sustituyendo a la sociedad en su labor, sino cumplimentando -subsidiariedad- lo que ésta no llegase a cubrir.
Se enturbia más aún la cosa cuando viene a saberse que, desafortunadamente, incluso partes de aquellas ayudas no son siquiera destinadas a la finalidad para la que fueron diseñadas. Y de serlo, pasan muchas veces a través de personajes que, como los perros de caza, se quedan siempre buenos trozos entre los dientes.
Proporcionar de nuevo claridad y transparencia a los concursos públicos sería uno de los modos de dar confianza a los esforzados contribuyentes. Porque triste es que para pagar seamos todos Hacienda, pero para recibir, unos sean más beneficiados que otro sin existencia de motivos objetivos.
Estos procesos son semejantes en muchos niveles. La endogamia -es decir, el reparto entre amiguetes que sólo tienen, por ejemplo, que falsificar pliegos de condiciones- ha ido extendiéndose de manera muy peligrosa y rápida. De tal forma que en no pocas ocasiones, las personas que se presentan a unas oposiciones ignoran que algunos de sus compañeros conocen las cuestiones que van a preguntarse con semanas o meses de anticipación.
Esos comportamientos rompen los ritmos de comunicación y también la claridad necesaria en las relaciones interpersonales. Para muchos entrar en ese ambiente cerrado y oscuro será el único modo de sacar una plaza.
La recuperación de un aire puro en las organizaciones públicas pasa por un período de regeneración que en ocasiones supondrá el transcurso de varios años. En los numerosos viajes realizados por países del Centro y Este de Europa, llegué a la conclusión de que en algunas naciones controladas por el comunismo, será preciso el paso de una generación para que vuelva a soplar purificado el aire de la libertad. ¿Qué hacer en aquellos lugares donde debería respirarse limpieza y sin embargo el ambiente se encuentra injustificadamente cargado?

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Una anécdota
Cayo, experto empresario, no estaba dispuesto a que se le escapase ni una sola oportunidad de medrar, sea por la vía privada sea por la pública. Muchas eran sus habilidades. Entre otras, consiguió que los responsables de las ayudas para determinadas actividades socio-económicas, le pusieran a disposición con anticipación no sólo el pliego de condiciones, sino que se brindaran a publicar en el correspondiente boletín el que él redactase, para que ya desde el primer momento quedase bien claro quién iba a ser el que ganaría el concurso.
No lo hicieron por nada. Habilidoso como era, puso a disposición de aquellas personas un despacho en su propia empresa: la excusa era un alquiler a precio razonable para aquellas instituciones. La realidad era tener bajo su dirección (o al menos bajo su vista) las ayudas públicas.
Ni corto ni perezoso encargó a sus colaboradores la preparación del documento. ¿Que podían intervenir empresas no fundadas en su ciudad? Condición: que sólo fuesen admitidas las presentes en esa localidad. ¿Que podrían presentarse con posibilidades de éxito compañías fundadas recientemente? Condición: no sería tramitado ningún expediente de entidades con menos de cinco años de existencia. ¿Que aún había otros que competirían? Condición: el capital social plenamente desembolsado con meses de anticipación (imposible en cualquier caso de cumplir) debería ser ....
Poco a poco fueron saliendo verdaderas perlas de aquella máquina de hacer pliegos de condiciones. Se imposibilitó que nadie que no fuese su Compañía accediese a aquel concurso, pues de tal manera lo pergeñó que ninguna otra cumplía, ni de lejos, los condicionamientos que había ido planteando: no por casualidad sino, como acaba de decirse, con el afán de presentarse en solitario.
Al cabo, ironías del destino, a pesar de lo bien diseñado del proyecto y de haber estimulado a algunos funcionarios, no llegó aquello a ponerse en marcha.
Podía perfectamente haber triunfado a corto plazo, pero... Antes o después todo viene a saberse. Y a quien precede la fama de listillo pocos querrán acercársele. Y quien lo haga será porque considera que es lo suficientemente habilidoso no sólo como para no dejarse engañar, sino para sorprender al otro en su... mala fe.

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