lunes, 28 de marzo de 2011

QUOS VULT IUPITER PERDERE DEMENTAT PRIUS

Júpiter comienza por volver locos a los que desea perder… Así expresaban los romanos su percepción de que quien se conduce hacia el precipicio en lo personal o en lo profesional previamente ha dejado por el camino el sentido común.

Las noticias que se arraciman en los medios de comunicación en las últimas semanas, tanto en España como en otros países, parece que siguen reflejando la actualidad del adagio de los latinos. Me limito a espigar dos ejemplos particularmente sangrantes.

Cuando los trabajadores de una empresa pública claman por sus supuestos inalienables derechos y anuncian huelgas que dañarán a una de las escasas industrias nacionales que tira de nuestra renqueante economía, cabe enumerar, cuando menos, a dos perfiles de perturbados. De un lado, a esos sindicalistas que por salvaguardar egoístas intereses personales están dispuestos a arrasar con miles de puestos de trabajo. Parecen clamar aquello de pereat mundus (¡perezca el mundo!). Pero en este caso no anteponen a su frase el Fiat Iustitia (Cúmplase con la justicia), sino más bien, respeten mis beneficios personales (sean o no legítimos). Lo demás… les trae sin cuidado.
No son los únicos desquiciados. Junto a ellos, en el banquillo de los despropósitos habría que sentar a los políticos que no logran ponerse de acuerdo para elaborar lo antes posible una ley de huelga que impida actitudes demenciales como las que hemos sufrido durante demasiados años.
Los sindicatos son imprescindibles, pero no los conformados por una banda de paniaguados, mantenidos por el Estado (que no por sus afiliados), que juegan al escondite con el mismo gobierno del que reciben sustanciosas prebendas. Urgente es refundar los sindicatos para evitar que–salvadas honrosísimas, y no pocas excepciones- un país esté en manos de malandrines.
Pero Júpiter parece haberse cebado últimamente con quienes deberían ser ejemplos de rectitud, precisamente por dedicarse a atender a la cosa pública (Res-publica, aunque la nuestra sea una monarquía). ¿Cómo es posible que una persona bajo la sombra de la sospecha -por decirlo con suavidad- encabece una lista electoral del partido que se propone como el renovador técnico y ético? ¿Qué credibilidad puede generar quien va a la peluquería, en horario laboral, en coche oficial y con escolta? ¿Qué confianza forja quien gasta cantidades ingentes en despachos y salas de juntas palaciegos mientras retrasa pagos a inocentes proveedores a quienes está arruinando?

Habría que pedirle a Júpiter que, por favor, después de haber conducido a la chifladura a quienes durante años vienen pilotando la nave de España, tenga compasión de los sufridos navegantes y no permita que otros enloquecidos tomen el timón. En algún caso habrá que cambiar a las personas, pero en otros habrá que cambiar de personas. ¡Júpiter nos atienda!

miércoles, 16 de marzo de 2011

22 de marzo, un día especial

Tal como comentaba en un post precedente, el 22 de marzo, a las 18:00, en el Salón de actos de la EOI (Gregorio del Amo, 6 / Madrid) se presentará el libro editado con ocasión del I Symposium Internacional promovido por Aefol en 2010 sobre mi pensamiento. Como algunos saben, asistieron más de 600 profesionales procedentes de doce países de Europa y América. Quienes deseen asistir a la presentación del libro, es aconsejable que reserven su plaza en http://www.eoi.es/portal/guest/evento/1430/presentacion-del-libro-i-symposium-internacional-sobre-el-pensamiento-de-javier-fernandez-aguado/inscribir

Son bastantes las personas –entre ellas, varios Directores Generales- que me han comentado que ese día asistirán a ese acto, tan entrañable para mí.

María Teresa Sáenz, directora de Observatorio de RR.HH. y editora del libro será la coordinadora de la presentación, que realizarán, además de un representante de la EOI, profesionales tan destacados como José Lozano, presidente de AEFOL; Eugenio de Andrés, socio-director de Tatum; y Joaquín Oset, Director de Capital Humano de Grupo Gesfor y Director de Sunion. Todos los ponentes hablarán de proyectos nuevos en los que, de un modo u otro, estoy involucrado.

Aún quedan plazas –el aforo es amplio y grato- para quienes deseen asistir.

lunes, 14 de marzo de 2011

LA ATENCIÓN SOCIAL. El ejemplo de Pericles


El empleo de fondos públicos fue objeto de discusión ya en el comienzo de la organización de las polis. Desde entonces -y desafortunadamente casi siempre con cierta carga de razón-, se ha contemplado con cierta desconfianza el comportamiento de los administradores públicos. En ocasiones, porque éstos se han hecho acreedores de esas sombras de sospecha. Otras veces, porque los críticos estaban deseando, sencillamente, echar al que ocupaba la poltrona para ocuparla ellos y dedicar ese poder y ese dinero para los objetivos que les parecieran más relevantes.


Como muchos dictadores -que obligan a los demás a vivir a su dictado-, una de sus primeras ocupaciones fue la de engrandecer la propia tierra, o aquella de la que se llega a ocupar el poder.


En este caso, las críticas le llegaron a Pericles por lo que se consideraba un dispendio de los fondos que los aliados de Atenas -la liga ateniense- proporcionaba. Eso que algunos criticaban, otros lo exaltaban, pues consideraban que era de justicia que se embelleciese la que de hecho era la capital de aquella amplia gama de entidades asociadas entre sí. Estas posiciones contrapuestas dieron lugar a no pocos debates, especialmente entre los que tenían una mayor orientación hacia la democracia y consideraban que aquellas inversiones revertían en bien del pueblo; y los oligarcas, que no acaban de entender aquellos gastos que a ellos particularmente en nada beneficiaban. Entre los "objetos" causantes de aquel agrio debate se encontraba el mismísimo Partenón, pues surgieron numerosos rumores de que habían circulado comisiones (como ahora en prácticamente todas las partes del mundo: ¡qué poco hemos cambiado!) en torno a la persona a la que Pericles había encargado aquellas obras: Fidias.

Los asociados a Atenas tenían que sufrir, principalmente, el pago de tributos, la presencia de representación oficial ateniense y las imposiciones jurídicas que llegaban desde la capital. Por otro lado -y por eso deseaban permanecer habitualmente en la confederación-, era comúnmente aceptado que esa alianza les hacía ganar en seguridad y en prosperidad, al agilizar transacciones comerciales.

En Atenas no faltaban tampoco dos facciones contrapuestas: unos a favor y otros en contra. Pero el sentimiento mayoritario se inclinaba hacia el mantenimiento de ese sistema, que a la vez que reforzaba su poder militar, incrementaba los negocios.

El intento de Tucidides de desbancar a Pericles acabó en fracaso. En consecuencia, y tal como era más o menos costumbre, fue condenado al ostracismo, en el año 443.

Que también Protágoras y Anaxágoras fueran acusados de estar conchabados con Pericles, demuestra cuanto menos el tipo de personas con los que el gobernante se relacionaba: nolis velis se trataba de la flor y nata de la intelectualidad de la época. Y eso, independientemente de lo que se piense de sus tendencias filosóficas, demuestra un cierto nivel en el punto de partida.

Aunque Pericles siguió comportándose con un desapego notable y ejemplar de los medios que tenía a su alcance, en un permanente guiño a las clases más desfavorecidas, fue adoptando medidas protectoras, que enseguida veremos. Una de las razones de aquella aparente dedicación a los más necesitados procedía de considerar que los barcos de guerra, movidos por remos, eran esenciales para la supervivencia de la Liga. Atender a las justas reivindicaciones -presentes o futuras- de los remeros, le pareció prudencial. Introdujo -probablemente fue el primer gobernante que lo hizo en la historia de la humanidad- un salario estatal (misthosis) para esta primera clase funcionarial que, como tal, se conoce en Grecia (aunque también hay que aclarar que existen rastros de fenómenos semejantes en pueblos precedentes).

Paralelamente -o probablemente con un poco de anticipación- estableció que también debían recibir una remuneración los miembros de los juzgados (dikasteria) en los que se había ido distribuyendo la justicia unificada precedente. Esos jurados populares eran elegidos por sorteo de entre seis mil ciudadanos con más de treinta años de edad. El pago quedó establecido en dos olos, que pasarían a ser tres en torno al 425. También decidió establecer retribución para quienes trabajasen el el Consejo (boule). Otras fuentes aseguran que ya desde el 439 recibían salarios los miembros de la jerarquía militar e incluso los directivos de lo que hoy denominaríamos "cuerpo de funcionarios".

Muchos alabaron por razonables estas medidas, pues beneficiaban a toda la estructura social. Además, se democratizaba el ejercicio de la justicia y el ascenso a la carrera pública. Aunque, como no dejó de señalar Tucídides, esos abonos fueran insuficientes para atraer a los mejores, arrastrando más bien a gentes sin oficio ni beneficio y/o a jubilados.
El comienzo del subsidio a los más necesitados supuso también el arranque de críticas despiadadas. Entre otras, las de Platón que afirmó que el pago estatal realizado hacía de los atenienses gente baja, más que resolver problemas promovía vagos, bullangueros, avariciosos...

Éste y otro tema, conceptual y financieramente cercano, pesaron mucho en las discusiones a favor y en contra de Pericles: a partir de entonces sólo recibirían la ciudadanía quienes naciese nde padres que la poseyesen y siempre que lo hiciesen en la propia ciudad. Era un modo de evitar que se diluyese -y por tanto se valorase menos- el hecho de ser ateniense. Conceptualmente es claro, financieramente se entiende, porque desde el año 454 al 440, la cifra de subsidiados había crecido hasta la fantástica cantidad -para la época en que nos encontramos- de 20.000 personas.

Sucesos, en fin, como su apoyo a la guerra del Peloponeso, cuyo futuro en el caso de no haber fallecido Pericles permanece en el ámbito de los posibles hasta el momento en que nos sea dado conocerlo en el valle de Josafat, fueron también motores de importantes polémicas.
Desde aquellos tiempos hasta los nuestros sigue siendo objeto de debate la conveniencia o no de ayudar a quienes por el motivo que sea -siempre que no sea una descarada pereza- precisan de cierto apoyo de la sociedad para abrirse camino.
Muchas veces las radicales críticas a cualquier tipo de ayuda social, por bien argumentadas e instrumentadas que parezcan, proceden de personas que no han tenido la "fortuna" de necesitarlas. Choca que ciertos banqueros que no se han visto nunca en situaciones personales o familiares de carencia, se permitan desaforadas condenas a ese tipo de actuaciones.

Es fácil despreciar a otros -si no en cuanto personas si las situaciones por las que atraviesan- cuando se ha tenido desde la cuna acceso a todo tipo de medios. O cuando circunstancias como las relaciones establecidas, o la inteligencia, o la fortuna, u otras causas -más o menos confesables-, han situado lejos de la indigencia.

Resulta escandaloso que quien acumula millones en sus cuentas bancarias, o sus anotaciones en cuenta de acciones suman cantidades nada despreciables, prediquen en contra de la ayuda a los desfavorecidos, proclamando en línea con Platón que eso sólo sirve para entorpecer el desarrollo de la sociedad. O, como también sucede, que funcionarios -y por tanto sueldos asegurados de por vida- lancen venablos envenenados contra un cierto proteccionismo. Creeré en esos sermones liberales cuando quienes los formulan renuncien definitivamente a su puesto en el escalafón o entreguen su fortuna y se pongan a luchar como tantos otros en las trincheras del esfuerzo diario para llegar a fin de mes. Lo otro son malabarismos propios de sofistas, avezados en la tergiversación de la terminología con fuerte sabor liberal.


Javier Fernández Aguado
Catedrático de foro europeo
Socio Director de MindValue

lunes, 7 de marzo de 2011

ANTZ


Directores: Eric Darnell y Tim Johnson.
Actores: (voces) Woody Allen, Sharon Stone, Sylvester Stallone, Gene Hackman.
Año: 1998
Temas: Amor y trabajo. Poder y liderazgo. Psicoanálisis. Sentido del trabajo.

Aunque la versión de “Antz” (u “Hormigaz”) estrenada en España impida disfrutar de las voces originales de Woody Allen, Sharon Stone o Sylvester Stallone, el metraje se ve con gusto. Los mensajes son nítidos.


Z-4195 es una hormiga obrera enamorada de la princesa Bala (Sharon Stone). Ese romance es imposible a causa del clasismo que impera en la colonia. Tendrá que llegar el soldado hormiga Weaver (Sylvester Stallone) para que la meta sea viable, contribuyendo a que Z-4195 se convierta en un héroe capaz de enfrentarse al malvado general Mandible (Gene Hackman). Logrado eso, conquistará a su princesa.

El metraje, a pesar de ser para adultos, también mantiene la atención de los más pequeños.
Aporta sugerencias interesantes al mundo de las organizaciones. Entre otras:

1.- Con demasiada frecuencia, quienes ejercen la potestas (los ejecutivos) no tienen interés por las necesidades de sus subordinados. Esa carencia de empatía hace que vivan en una realidad ajena a la real. En muchas ocasiones, la perplejidad de quienes mandan sobre la pasividad de quienes son sus subordinados procede de una ignorancia radical: qué es lo que lleva a la acción a cada persona. Si no hay empatía, será imposible motivar a otros.

2.- La Alta Dirección -que en este caso representa también la auctoritas- se encuentra ocupada en otras funciones que no le permiten atender a lo importante: las condiciones de posibilidad de una buena producción que respete a la vez la vida digna de los subordinados. Cuando se olvida que lo más importante es centrarse en lo importante, acaba por imponerse la rutina como norma, donde sólo hay hueco para el egoísmo de quienes gobiernan.
La perspectiva no es un capricho, es una necesidad. En la Roma clásica, a quienes habían aniquilado a los enemigos, durante el triunfum que se les ofrecía en el foro, un esclavo les repetía:
Respice post te! Hominem te esse memento! Memento mori! A saber: Mira atrás y recuerda que sólo eres un hombre. Recuerda que vas a morir.
Una perspectiva global permite tomar decisiones más acertadas para el medio y el largo plazo, y también para el corto.

3.- El trabajo a destajo por un fin superior, más aún de carácter colectivista, acaba produciendo desconcierto. Se animaliza a los implicados, y el trabajo subjetivo (lo que sucede en cada uno cuando trabaja) desaparece del panorama. Es éste el motivo fundamental por el que intentos como los de Mao, Stalin, Hitler, Castro y otros lamentables dirigentes que en el mundo han sido o son, se encuentran necesariamente condenados al fracaso. La ignorancia antropológica en la que se fundamentan no puede sino llevar a la sima a personas y colectivos.

4.- El psicoanálisis puede ser un mal remedio para las necesidades de descubrimiento de la propia identidad. Suele ser más eficaz desarrollar una sana afectividad. La dedicación al trabajo en la empresa es conveniente equilibrarla con un benéfico ocio. Es preciso descansar del modo correcto. Es decir, buscando interlocutores que nos permitan contemplar el mundo desde nuevos ángulos. Perder del tiempo ante la televisión es un triste modo de alienarse.

5.- Las masas -en una ciudad, en un país o en una empresa- necesitan crear siempre un mito que genere ilusión. Mitos y metáforas mueven a los grupos humanos. Acertar en el mito y en la metáfora es esencial. Si uno comete el error de seguir un mito errado, acabará en el camposanto o en el cinismo. Las organizaciones –independientemente del fin que pretendan- que mienten, acaban por generar personalidades enfermas entre sus seguidores. ¡Cuántos ejemplos hay en la historia y también cuando se escriben estas líneas! Incluyendo algunas instituciones que se creen por encima del bien y del mal.

6.- La potestas, para mantener su ejercicio, necesita recurrir frecuentemente a la violencia física o psíquica. No así la auctoritas, que se impone por las propias capacidades del líder. Potestas, lo he dicho muchas veces, es el poder que uno tiene en función del puesto que ocupa en una organización. Auctoritas es la pleitesía que una persona genera independientemente de su potestas.

7.- Toda civilización -cualquier colectivo en general, también el empresarial- necesita creer en un más allá. En este caso se trata de insectopia, en otros es el desarrollo ilimitado de la producción. Pero el verdadero más allá -son sublimes las escenas últimas de la película- exige perspectivas trascendentes que quienes están demasiado pegados al terreno nunca descubren.
Las críticas a los sistemas colectivistas y a un capitalismo puro y duro se reparten por igual en esta película que, como hemos señalado, se dirige mucho más a gente con experiencia que a niños.
Aunque parezca aparentemente contradictorio, tanto el comunismo como el liberalismo radical tienen los mismos fundamentos intelectuales. Los cimientos culturales de Engels y Hayek, por mencionar a dos de los máximos representantes de las dos Escuelas económicas que se han enfrentado en el siglo XX tienen más en común de lo que parece. Las dos –lo he explicado ampliamente en alguno de mis libros- se fundamentan en Darwin. Y es que, por decirlo a vuelapluma, quien no cree en la causalidad, tiene necesariamente que poner su fe en la casualidad.

Antz, sin entrar en detalles conceptuales, ayuda a reflexionar sobre la conveniencia de replantear las relaciones laborales en un mundo en el que se ha distorsionado gravemente el sentido del trabajo y también del ocio.


Javier Fernández Aguado
Catedrático de foro europeo
Socio Director de MindValue