lunes, 9 de mayo de 2011

Attila


Título: Attila
Director: Dick Lowry.

Intérpretes: Gerard Butler, Powers Boothe, Simmone Mackinnon, Tim Curry, Reg Rogers, Alice Krige, Steven Berkoff, Tommy Flanagan, Pauline Lynch, Liam Cunningham, Andrew Pleavin y Jolyon Baker.
Año: 2001
Temás: Acoso sexual. Alianzas Estratégicas. Despotismo. Estrategia. Liderazgo y ejemplo. Poder y liderazgo.

Atila (a. 406-453) queda sólo en el mundo tras el ataque de una tribu de hunos contra aquella a la que pertenecía su padre. Ya desde pequeño dio muestras de valentía, pues se negó a arrodillarse ante quienes han perpetrado la matanza. Huye y es acogido por un hermano de su padre. Desde entonces se vuelca en conseguir la unidad de los pueblos hunos, siguiendo los consejos de su progenitor.
Aunque acusa sus orígenes –haber sido diseñada para una suntuosa miniserie de televisión-, la película resulta interesante. Acumula, eso sí, dos defectos: es lenta en el desarrollo de la narración y le sobran minutos.
Atila, enfrentado a los visigodos por ayudar a los romanos, con quienes se alía, acaba acudiendo a la Urbe, donde aprende las técnicas empleadas por quienes han conquistado el mundo. Allí conoce también el ambiente degenerado que coadyuvaría a la conclusión de aquel imperio.
Muchas son las enseñanzas que esta película ofrece para la dirección de organizaciones. Entre otras:
1.- Las instituciones –y en general las civilizaciones- precisan de gente entregada por la causa para ir adelante. Cuando el objetivo final se vuelve gozar, o el mero statu quo, lo conseguido hasta el momento va disolviéndose.
2.- El ejemplo de la Alta Dirección es básico. En este caso, ni el emperador –Valentiniano III- ni Atila lo son de comportamiento para sus seguidores. Aunque exteriormente no quede sino bajar la cabeza, interiormente cada uno procura organizarse lo mejor posible.
3.- Quien a hierro mata, a hierro muere, reza el refrán. Aquí, el general romano que encabeza la lucha contra Atila, Aecio, emplea las peores armas para superar a sus enemigos; al final será él quien caiga víctima de aquel a quien intentó manipular.
4.- Rara vez se cometen daños sin ser reparados tiempo después. Cuando un directivo impresentable (en la película es malvado, normalmente suelen ser patanes) actúa contra sus propios subordinados, acaba siendo puesto en evidencia y ridiculizado por aquellos mismos a quienes ofendió. Cambiar todo en una organización y asegurar que nada ha variado produce hilaridad para los ajenos, y también para los propios que aún tengan sentido común.
5.- Quien está excesivamente ‘sexualizado’ difícilmente se encuentra en condiciones de gobernar. Tanto Atila como el emperador romano parece que piensan más con la entrepierna que con la cabeza. Los dos demuestran su vulnerabilidad.
6.- Todo el mundo está dispuesto a entregar lo que no es suyo para sacar adelante los proyectos. Cuando es preciso rascarse el bolsillo surgen mil excusas para evitar actuar como se debería. ¡Ay del Senado romano!
7.- El líder, se repite con insistencia, tiene que ir por delante. Cuando la gente ve que tiene miedo, que no vive lo que propone, acaba perdiendo su posición y es relegado a posiciones secundarias.
8.- Las subidas y las bajadas en el mundo profesional deberían importar menos de lo que habitualmente lo hacen. Los puestos de mando sólo resultan imprescindibles para quienes no tienen suficiente consistencia antropológica para poder vivir sin ellos. ‘Nolentibus dantur’: debería sólo confiarse el gobierno a quienes no tienen interés por tener cargos.
9.- Ir por la línea directa no es siempre el camino más corto. Las batallas más sencillas son ganadas así, pero las realmente complicadas exigen estrategias y tácticas definidas.
10.- Quien gobierna tiene que estar dispuesto a inmolarse. Quien es inmaduro, juguetón, frívolo..., no debería ocupar nunca un puesto de responsabilidad. Tampoco quienes sólo saben refrendar órdenes de sus superiores. La rigidez destroza personas y organizaciones.
11.- Repite el general romano en varios momentos:
-Hay que saber prescindir de todo lo que no es imprescindible para lograr las metas que se desean.
Esa pragmática y cruel afirmación le es repetida cuando –acabada su misión- el emperador acaba con su vida ante el resto de la corte. Enseñanza: cuando uno está en alza, todo el mundo quiere unirse. Si las cosas se tuercen, sólo los amigos –los de verdad- estarán cerca. Dentro del ámbito profesional, muy pocos. Y habitualmente son los más valiosos humana y profesionalmente.
Sorprende que quien impidió que Atila invadiese la capital de Imperio –el Papa León- no aparezca. Quizá por ignorancia del guionista o porque algunos no desean reconocer la positiva influencia que la Iglesia ha tenido en diversas encrucijadas.
La película concluye con una banalidad: asegurar que tras la desaparición de Atila Europa cayó en manos de una edad media oscurantista. ¡Ojalá los guionistas estudiasen un poco más antes de hacer el ridículo con afirmaciones tan irrespetuosas con la verdad histórica!
Aprender a gobernar es una ciencia artística. Quien ocupe un puesto de dirección ha de empeñarse por desarrollar el arte del buen gobierno. Algunas organizaciones –también de las que tuvieron reconocimiento- acaban en la mediocridad por culpa de mandos intermedios (y de otros que no lo son) que no cuentan con una preparación básica para gobernar, aunque se les llene la boca hablando de personas. La buena voluntad no es suficiente.

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