lunes, 16 de mayo de 2011

EL "PAGO" DE LA CULTURA. El ejemplo de Penia, Poro, Pluto y las Erinias


Nunca ha sido especialmente apreciada la ciencia en el mundo de la empresa. Quizá porque el día a día de la actividad comercial se come las energías precisas para que un pensamiento ahonde.

No tiene buena prensa la formación profunda. Se buscan más bien soluciones para lo inmediato. No interesan los porqués sino los cómos. Parecería que los primeros hacen perder el tiempo.
Quien así actúa no se da cuenta de que tal vez llegará a ser acaudalado, pero no sabrá siquiera para qué lo es.
Muchas veces se refirieron los sabios griegos a esta cuestión, desde ángulos complementarios.
Penia es la personificación de la Pobreza. Tanto que se le conoce un solo mito: haberse unido a Poro (hijo de Metis, que tiene recursos) tras un banquete en la mansión de los dioses. De aquel encuentro nació Eros, el Amor.

Pero , ¿quién es Eros? y ¿qué papel representa en el mundo de los intercambios mercantiles? ¿Es siquiera necesaria su presencia en un ambiente en que todo ha de consistir en comprar barato y vender lo más caro posible?

Anda siempre Eros, como la sabiduría, a la zaga de la contemplación del sentido global de la existencia. Y siempre, de una manera u otra, encuentra medios para profundizar, a pesar de las dificultades y obstáculos que de continuo se encuentra. No es la sabiduría -el Eros- un ser que quede satisfecho por mucho que logre. Siempre aspira a más. ¿No sería incorrecto identificar aquí amor -Eros- con sabiduría-inteligencia? No, porque al final, de verdad, se acaba conociendo lo que se quiere conocer.

Disfruta la sabiduría intranquilizando a quienes piensan que ya lo han alcanzado todo. Bajo su apariencia de niño inocente, que juega a las nueces (los bolos) con otras divinidades jóvenes, Eros está en condiciones de producir cuando lo desea notables heridas. Paralelamente, la sabiduría está también en condiciones de resolver las difíciles cuestiones que se plantean -no tanto desde el punto de vista táctico- como desde el estratégico, que exigen una visión más amplia de la realidad.
Así sucedió por ejemplo con Psique cuando, a pesar de las indicaciones del oráculo, encendió una lámpara para ver a aquel con quien compartía lecho. Al despertar Eros, huyó de su lado. Sin embargo, tras no pocas peripecias, la sabiduría -el Amor- volvió a convivir pacíficamente con Psique. Habían tenido los dos que demostrar paciencia para superar los obstáculos -que eso es ya Sabiduría-, y también inteligencia para no acudir a atajos que no solucionan seriamente las dificultades.
Cuando no se está dispuesto a rendir el imprescindible culto a la sabiduría, las sociedades degeneran. Las Erinias eran denominadas también Euménides (las Bondadosas, para adularlas y no provocar su cólera). Divinidades violentas, nacieron de la sangre que surgió de la herida provocada a Urano por su hijo Crono cuando le castró por sugerencia de su madre, Gea.
Estas fuerzas primitivas no aceptan ninguna autoridad. La única referencia para ellas son ellas mismas. Aunque no se excluye la existencia de más, se reconocen habitualmente tres: Alecto, Tisífone y Megera. Representadas como genios alados, con serpientes en su pelo y antorchas y látigos en sus manos, enloquecen a sus victimas. Son como perras adiestradas para dañar a los humanos. Al acabar su lamentable labor se recuperan en el Érebo, la Tiniebla de los Infiernos.

Valorar la sabiduría, frente a conocimientos meramente técnicos, es una asignatura pendiente en la sociedad contemporánea. Sólo se aprecia aquello que tiene un retorno crematístico a corto plazo. Triste es que sólo se considere lo accidental. Eso lleva a que en demasiadas ocasiones se parcialice la toma de decisiones, olvidando que hay que apostar siempre por el medio y largo plazo, y que ése se encuentra siempre del lado de la dignidad de la persona.

Parecería que tiene razón el mito de Pluto (la Riqueza). Pasaba éste por haber nacido en Creta, fruto de los amores de Deméter y Yasión. Figura en el cortejo de su padre, con los rasgos de un niño que en sus brazos sostiene el cuerno de la abundancia.

Poco a poco se convirtió Pluto en un rico "independiente": no en vano dinero llama dinero. Procuraba Pluto beneficiar a los buenos, a los sabios, a lo que algo aportaban, para que siguieran promoviendo el bien de la humanidad. Pero un día Zeus, no se sabe muy bien por qué (tal vez porque él mismo no se sentía especialmente "bueno"), decidió cegarle.

A partir de entonces, Pluto avanza por los caminos del mundo beneficiando a buenos y malos, con absoluta indiferencia hacia unos y otros.

A veces cabe pensar que no es real esa ceguera, porque sucede que son los ignorantes, los patanes, los insipientes, quienes más beneficios reciben en esa lluvia de regalos de bienes terrenos que Pluto proporciona. Eso provoca que salvo aquellos pocos que aman a la sabiduría por encima del rendimiento económico, la mayoría se lance a una loca carrera por poseer aunque sea a costa de no poseerse.

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