lunes, 13 de junio de 2011

DAR EL PELOTAZO. El ejemplo de la Atlántida, Hades, Éufrates, Camila y Dexicreonte


Habitaban los Atlantes una amplia isla frente a las Columnas de Hércules, junto a la salida del Mediterráneo hacia el Océano. Cuando los dioses se repartieron la tierra, Atenas cayó en suerte a Atenea y Hefesto (dios del fuego). Atlántida correspondió a Posidón.
Se encaprichó Posidón de Clito, una doncella huérfana (habían sido sus padres Evenor y Leucipe) de buen parecer. En la montaña central de la isla, donde residía la moza, le construyó Poseidón un estupendo Palacio, y allí se establecieron. Fue abundante la prole, porque en cinco sucesivos partos llegaron una decena de criaturas, todos por pares. Al mayor, Atlante, le concedió el dios la soberanía sobre aquel territorio, dividiendo el resto de la isla en diez partes, una para cada hijo.
Era aquella tierra -el sector empresarial- de extremada riqueza, tanto en flora como en fauna y minerales. Se encontraban a poca profundidad, tanto oro, como cobre, hierro... Incluso el oricalco, metal que brillaba como el fuego, se hallaba también con facilidad. Con aquellas riquezas fueron construyéndose estupendas ciudades. No eran muy ahorradores los Atlantes, ni tampoco pensaron en invertir en otros territorios (sectores). Estaban contentos con lo que tenían y no reflexionaron en cómo promover la ventaja competitiva.
Las medidas tácticas sí fueron eficaces. Consistían, entre otras cosas, en un sistema de gobierno de mutuo control. Anualmente se reunían en la capital en una ceremonia en la que de forma ritual se cazaba un toro y, tras degollarlo, bebían su sangre por riguroso orden. Se juzgaban después unos a los otros, revestidos con una gran capa azul oscura, durante la noche, sentados sobre las cenizas del holocausto recién ofrecido, y ya sin lámparas.
Habían hecho algún esporádico intento de conquistar el mundo, pero al haber sido vencidos por los atenienses, decidieron no arriesgarse nunca más y quedarse como estaban.
Sucedió, en fin, que, como ocurre en todos los nichos de mercado, llegó un cataclismo. Por culpa de la falta de previsión, por pensar que una vez dado el pelotazo ya no hay que volver a repensar el futuro, su isla y sus habitantes (los hermanos empresarios y sus empleados) fueron tragados por el terremoto.
Nada precavidos, algunos estaban incluso reformando sus casas cuando comenzó el hundimiento. También se cuenta del Titánic que, cuando estaba sumergiéndose en las aguas, algún marinero había empeñado en arreglar un reloj que no acababa de dar la hora con suficiente puntualidad.
¡Quejas había habido!
Hades, por su parte, recibía también el sobrenombre de Plutó, "el Rico", aludiendo a las riquezas inagotables que tiene la tierra, tanto las de la cultivada como las de las minas que encierra. Eso explica que se le presente sosteniendo un cuerno de abundancia, símbolo de la riqueza. Lástima que esos bienes no le produzcan la felicidad, porque más que tenerlos es tenido por ellos, y en ese mismo sentido rebajado.
Las riquezas no dan la sabiduría y tampoco permiten comprarla: encontró un día Éufrates a su hijo Axurtas junto a su esposa. Pensando que era un extraño -no prestó ninguna atención a los hechos porque demasiado ocupado andaba en frivolidades-, lo mató. Luego, al darse cuenta de lo que había hecho, acabó por tirarse al río Medo.
Los proyectos empresariales que aspiren a consolidarse exigen mucho más que unos márgenes suficientes. "Coge el dinero y corre" es un buen título para una película, pero no es un método concreto de avanzar en la vida profesional. Los "muertos" que se van abandonando en el camino de un rápido y poco consolidado (que suele ser también escasamente lícito) ascenso profesional, acaban por resucitar. Y cuando alguien considera que ha "dado el pelotazo", comienzan a surgirle los problemas alrededor.
Crear empresa es diseñar proyectos de viabilidad que darán perspectivas de futuro a las transacciones económicas de que se trate. Lo otro no es promover entidades mercantiles, es poner en marcha "negocietes", que al cabo de no mucho tiempo desaparecen, muchas veces dejando deudas importantes detrás.
Normalmente el habilidoso para "dar pelotazos" no es tan capaz de crear equipos a su alrededor. Se le aplicará aquello de pan para hoy (aunque se trate de caviar) y hambre para mañana. Era Camila hija de Méetabo de Priverno, rey de los volscos. Tras perder el trono (se le hundió la empresa) y a su mujer Casmila (los socios), huyó con la criatura, perseguidos por soldados (acreedores malhumorados ansiosos de cobrarse las deudas pendientes). Cerca ya de librarse (todo iba a ser archivado), fue detenido en las orillas del río Amaseno (a punto de cambiar de sector). Intentó salvar algo pidiendo ayuda a Diana, a quien prometió consagrar a su hija si se salvaba (participación en la nueva empresa). Así alcanzó la muchachita la otra orilla. Con sangre emprendedora como la de su progenitor, no se quedó quieta la chica, sino que comenzó a trabajar con denuedo.
A la joven le agradó aquel mundo más bien solitario, aunque inhóspito. Ya no quería ni deseaba asociarse con otros (ir a la ciudad). Colaboró en la lucha contra Eneas, pero siempre como freelance. Al final, como sucede habitualmente con los que van por libre, sin encuadrarse en un proyecto, y aunque les vaya bien, acabó sus días sin pena ni gloria a manos del héroe Arrunte (otro que tal baila).
"Dar el pelotazo" no es sencillo, pero mucho más meritorio es poner en marcha instituciones sólidas capaces de superar el paso del tiempo: la rutina es el mayor enemigo de cualquier iniciativa, porque resulta más costoso continuar en el camino emprendido que picotear de un lado y de otro, tratando de obtener dinero fácil.
Alguna vez da resultado “el pelotazo”. ¡Loores entonces para el triunfador! Era Dexicreonte mercader en Samos. De escala en Chipre, le aconsejó la diosa Afrodita que abandonando otras mercancías que tenía intención de transportar, se centrase en cargar la nave con todos los contenedores de agua que le resultase posible. Aquella sería -le fue revelado- la ocasión de su vida: ¡la gran oportunidad!
Atendió a la sugerencia, y haciéndose de nuevo a la mar, verificó que en medio de una impresionante e inesperada bonanza, los barcos precisaban del líquido elemento, y que estaban dispuestos a pagar por él lo que se les pidiese. Hizo el marino una gran fortuna, y como era agradecido, hizo erigir a su costa una gran estatua de la diosa.
Hay que tener en cuenta, sin embargo, que en este caso, como generalmente en los "pelotazos", es fundamental contar con información privilegiada que permita tomar decisiones. Otra cosa será analizar si esos datos que permiten llevar a cabo el negocio son obtenidos con una razonable licitud. Porque no es de extrañar que en ciertas operaciones -por ejemplo inmobiliarias- haya más de una y más de dos cuestiones que plantear a quienes se enriquecieron de forma meteórica. Bastaría ver en ocasiones a quién erigieron ellos una estatua (en forma de sobres repletos de euros...).

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