lunes, 29 de agosto de 2011

JMJ





Los días de agosto en que Madrid se convirtió en una fiesta juvenil no han sido vanos fuegos de artificio. Que más de un millón de chavales de todo el mundo se reúnan en torno a un intelectual de más de ochenta años, para que les reclamen esfuerzos y magnanimidad no entra dentro de la lógica racionalista.


El mensaje de Benedito XVI no ha sido complaciente, sino profundamente exigente. Y es que la inmensa mayoría de las personas se niegan a que su epitafio sea: ‘pudo haber sido’.


Todos precisamos que se nos rete. Y eso es lo que ha hecho el Papa: desafiar tanto a jóvenes como a mayores, para que seamos más conscientes de la necesidad de incrementar el balance de la generosidad.


Esos cientos de miles de peregrinos estaban indignados con la mediocridad. Vistos por la televisión parecían rebeldes dispuestos a transformarse a sí mismos, para de ese modo transformar la sociedad. Esa es la sana indocilidad eficaz y fructífera.



Revolucionarios son, demasiadas veces, quienes aspiran a cambiarlo todo menos a sí mismos. A mal fin conduce ese sendero.


Me apunto al grupo de los rebeldes.



Javier Fernández Aguado

lunes, 22 de agosto de 2011

Sociedades Abiertas

Las organizaciones son tremendamente semejantes, independientemente de la época, o del servicio o producto que comercialicen. Incluyo en esta reflexión no sólo a las organizaciones mercantiles o financieras, sino también a los partidos políticos, las ideologías u otras estructuras que ofrecen, por ejemplo, ‘servicios de salvación’. Salvo excepciones, entre las distinciones que pueden realizarse se encuentra la que diferencia entre sociedades abiertas y cerradas.

Las abiertas son las menos, porque la tendencia del ser humano se dirige a promover las cerradas. Un sistema cerrado–y sigo entre otros autores a Koestler- propone un método universal de pensamiento que aspira a explicar todos los fenómenos y ofrecer un remedio para todo lo que sucede. Es un régimen que no admite que los hechos modifiquen la teoría y por contra desarrolla las defensas precisas para contrarrestar cualquier impacto contrario. Además, es un paradigma en el que, en cuanto uno pone los pies dentro de su círculo de influencia, le priva de toda base en la que fundamentar su discernimiento.

El sistema cerrado excluye la posibilidad de cualquier argumentación objetiva, empleando dos procedimientos: a) se cancela todo valor probatorio a los hechos no coincidentes; b) se neutralizan las objeciones, desplazando el debate al motivo psicológico que provoca la objeción.
Un sistema cerrado se transforma en una especie deinvernadero emocional. La falta de objetividad de los debates es compensada por el fervor de la creencia en la perfección del propio modelo. El discípulo recibe un adoctrinamiento total en específicas metodologías de razonamiento.

Por todo esto, resulta relevante respirar ‘aire puro’. Aceptar ciegamente la bondad de una organización es un gran error.

El reto ha de ser siempre apostar por diálogos libres de dominio que permitan tomar decisiones autónomas, no mediatizadas por instituciones que –para cumplir sus objetivos- aspiran a paralizar la capacidad de reflexión del ser humano.


Javier Fernández Aguado

lunes, 15 de agosto de 2011

EL INTUITIVO EN LA EMPRESA. El ejemplo de Calcante, Casandra, Frasio, Faetonte, Hipócrates y Hestia.





Se produce en el mundo mercantil una difícil combinación entre arte y ciencia.


Crear y mantener empresas es ciencia por cuanto existen ciertas normas -en la vida en general y en la empresarial en particular- que de no ser aceptadas conducen indefectiblemente al desastre.


Alguna excepción se da, pero esas coordenadas existenciales tienen vigencia universal. A modo de ejemplo: nuera y suegra en la misma casa, bronca asegurada.


Pues bien, para la cuestión que nos ocupa, el plan de viabilidad no es un opcional que uno pueda o no desear. Se trata, en un altísimo porcentaje de casos, de un fundamental instrumento. No emplearlo, soslayarlo, no prestarle la debida atención tiende a conducir a corto plazo al fracaso del proyecto en el que se trabaje.

Junto a ese aspecto de ciencia, el mundo de la empresa es también arte, ya que no se conocen con certeza los frutos de la brega. A igual ilusión e idéntico esfuerzo, surgirán resultados diametralmente opuestos. La "verdad" de las empresas -al igual que la de las personas- se descubre en su hacerse: un laborar que no ha de ser arbitrario, pero en el que aparecerán situaciones imprevistas en períodos limitados de tiempo.

El intuitivo -el visionario- es un personaje peligroso para la empresa, pues aunque acierte durante algún tiempo, su carencia de rigor está abocada al fracaso, muchas veces antes de lo que él mismo se espera (mejor dicho, de lo que otros calculan, porque quien se considera profeta se juzga como infalible).
Dos realidades olvida habitualmente el intuitivo: la necesidad de contar con la experiencia, y la urgencia por incrementar en su propia vida el hábito operativo de la prudencia (puede verse a este respecto mi trabajo La prudencia como ventaja competitiva en las decisiones empresariales, en las Actas del Congreso del X Congreso de AECA).

Era Calcante (hijo del dios Téstor) un adivino de Micenas. Se consideraba dotado por Apolo del don de la profecía. No faltaron a lo largo de la guerra contra Troya intervenciones de nuestro personaje. Por ejemplo, cuando anunció que esa ciudad no sería tomada sin la participación de un muchacho. De ahí que Testis incluyera a su hijo entre las hijas del rey de Esciro. Más adelante, interpretó el presagio de que la ciudad sería conquistada en una década. Tras el fallecimiento de Paris, impulsó a los griegos para que capturasen a Héleno, pues era el único que podría ofrecer los datos oportunos para la ansiada conquista. Fue él, en fin, quien sugirió que, en vista de la inutilidad de los esfuerzos militares, debería de construirse el famoso caballo de madera con el que introducirse definitivamente en la ciudad. Y, pasando de las palabras a los hechos, él también se incluyó en aquel artilugio que permitió el triunfo.

Los intuitivos tienen puntos flacos: uno de ellos, tropezar con otro intuitivo. Como no se discute de datos sino de opiniones, las disputas serán eternas. Así le sucedio a Calcante. De retirada ya de la vencida guerra, se embarcó con Leonteo, Podalirio y Polipetes. También se sumó a la expedición Anfíloco (hijo de Anfiarao), de profesión adivino. La nave en que viajaban acabó por motivos no claros en Colofón, donde el "intuitivo" de turno era Mopso. Empezó el "choque de espadas" entre los dos vanidosos adivinos:

-¿Cuántos higos tiene esa higuera?, interrogó Calcante, en vez de detenerse a contarlas, como haría alguien que quiere controlar los stocks, y no se contenta con impresiones.

-Diez mil y un celemín y un higo de más, respondió rápidamente Mopso, que acertó, como se verificó una vez auditada oportunamente la cuestión.
Pasó entonces éste al ataque.

-¿Cuántas crías lleva dentro esa cochina y dentro de cuánto tiempo parirá?

Ignorando que como explicaría luego Aristóteles sobre el futuro, en sentido estricto, no hay verdad ni mentira. Clacante se pronunció muy seguro:

-Ocho.

Llegó una abrupta rectificación de Mopso:

-Nueve, todos machos. Parirá a la hora sexta de mañana.

Difícilmente conviven dos gallos en un gallinero, y Calcante murió de disgusto (según otros, se suicidó). Fue enterrado en Nocio, junto a Colofón.

Hija de Príamo y Hécuba tenemos otra intuitiva destacada: Casandra.


Dieron sus padres una fiesta en el templo de Apolo Timbreo (junto a las puertas de Troya) con ocasión de nacimiento. Algo de más debieron de libar los progenitores, porque al retirarse de la fiesta dejaron olvidadas a las criaturas. A la mañana siguiente, recuperados de la resaca, al ir por los hijos, vieron que dos serpientes les pasaban la lengua por los órganos de los sentidos, como para purificarlos. Ante los gritos paternos, los animales huyeron. Aquel paseo de las ofidios fue el origen de su capacidad de anticipar el futuro.

Muchas son las profecías adjudicadas a Casandra, casi todas referidas a la guerra de Troya. Cuando llega Paris, por ejemplo, anuncia que traerá la desgracia a la ciudad. También dio a conocer con antelación el regreso de Paris con la raptada Helena, y que aquello traería el fin de Troya, pero no fue escuchada. Y eso a pesar de que en ocasiones, a base de anunciar posibilidades, el intuitivo acierta. Muchas menos veces, desde luego, de las que definiría correctamente si utilizara adecuadamente el rigor.

También comunicó la vuelta de Príamo con los restos de Héctor, y se opuso a la entrada del caballo de madera que los griegos habían simulado olvidar. Pero Apolo envió serpientes (Porce y Caribea) que devoraron a Laocoonte (quien la había apoyado en aquellas advertencias) y sus hijos, y los troyanos se desentendieron de las advertencias.

Tras el desastre de la ciudad, fue entregada a Agamenón, a quien dio gemelos: Teledamo y Péolope. (¡Había sido virgen hasta ese momento a pesar de los numerosos pretendientes que la habían cortejado!). Nada bien sentó aquello a la mujer de Agamenón, que les esperaba en Micenas. Tan así, que mató a los dos. A la intuitiva, le suele faltar tacto para descubrir ciertos aspectos del negocio, cuya desatención conduce al desastre.

Frasio, por su parte, procedente de Chipre, se traladó a Egipto, durante tiempos de prolongada carestía. Predijo a Busiris, el rey, que aquella plaga quedaría resuelta si sacrificaba a algún extranjero anualmente:

-Tú serás el primero, respondió el Monarca.

Y así fue.

Muchos otros ejemplos tenemos. Faetonte, por ser hijo del Sol, pensó que, a diferencia de los otros, no necesitaba él más formación. Le bastaba con su experiencia y su intuición. Pidió a su padre que le dejase conducir un carro. Se negó el progenitor, pero, tras persistente insistencia, cedió, eso sí con mil recomendaciones. A éstas, a decir verdad, ni poca ni mucha atención prestó el muchacho, confiado en una pericia de la que en realidad carecía.

Se encaminó por el sendero que dirige hacia la bóveda celeste. Pero una vez en marcha, se aterrorizó porque nunca había ido nunca ni tan lejos ni solo. Abandonando las sugerencias de su padre y también la trocha que seguía, se precipitó sobre la tierra, y a punto estuvo de incendiarla. Sin preocuparse por informarse mejor, volvió otra vez a ponerse en marcha. Tan alto subió que los astros se molestaron y acudieron a Zeus. Cansado éste de tanto juego, lo precipitó al río Erídano, donde falleció. Sus hermanas se encargaron de las pompas fúnebres de quien había estado a punto de crear conflictos por no poner los medios que tenía a su alcance para conducir correctamente sus proyectos.

Frente a los poco rigurosos, se encuentran quienes poseen pondus, que no realizan afirmaciones sin haber sopesado cuidadosamente cada aspecto de la sentencia. Éste es el caso de Hipócrates.


Sus obras sobre el cuerpo y la naturaleza, sobre el hombre y la enfermedad, siguen siendo en muchos aspectos punto de referencia. Tal vez, y sobre todo, el denominado juramento hipocrático. Lo más importante del mismo es la solidez con la que se basa en una antropología realista y vivible, no fruto de actitudes visionarias sino de análisis científicos apurados.

Sorprende en este sentido cómo en aquella época se unió ética y técnica sin falsas rupturas como las que luego se han vivido periódicamente a lo largo de los siglos, llegando hasta el momento actual. El objetivo final -por recordar el ejemplo por él utilizado- es curar no matar. Por eso, prácticas como la eutanasia o el aborto, aunque en un primer vistazo parezcan recomendables para situaciones límites, son rechazadas de plano por el médico griego como horrendas, especialmente para quienes se han preparado para ayudar a otros en su salud.

Es bueno desconfiar -valga esta irónica consideración final- de quien escribe prometiendo hacer rico a los lectores. Si él suspira por eso, y supiese cómo llegar, ya lo sería y no redactaría libros. En el mundo de la empresa, hay negocios peores y mejores, pero lo que no existen ya -salvo una excepción entre un millón- son mirlos blancos. Y menos frecuenta aún resulta que esos mirlos blancos se anuncien a los cuatro vientos. En la raíz de muchos fracasos empresariales -y personales- se encuentra el enfrentamiento entre el sentido común y el obrar.

Ese "sentido común" también lo representó la mitología griega. Hestia es la primera hija de Crono y Rea, y hermana de Zeus y Hera. Pese a haber recibido insinuaciones de Apolo y Posidón, fue bendecida con el don de la virginidad por Zeus.

Mientras los demás dioses recorren el mundo, Hestia permanece impasible en el Olimpo. Del mismo modo que el hogar doméstico es el punto de referencia de la morada; Hestia es el centro del sentido común -y de la espiritualidad- en la mansión divina.

Su dedicación a la contemplación facilita que proporcione oportunos consejos cuando son necesarios. Frente a la agitación de quienes corren sin saber a dónde van, Hestia está en condiciones de aportar soluciones, para dar el toque inteligente y certero que evite carreras hacia ningún sitio.

Cuando falta ese sentido común para observar la realidad empresarial y personal con un poco de amplitud, se crea una charca inmunda donde el cadáver de la Hidra de Lerna (nacida de Tifón y Equidna) impide sobrevivir a cualquier persona honesta. Puesta la mira en la obtención inmediata de resultados económicos, el intuitivo no ve más allá del polvo de sus zapatos. Todos los peces que se saquen de esa laguna (de ese ambiente empresarial) están muertos. Mala ponzoña que no tiene fácilmente remedio, la de quienes son incapaces de contemplar la realidad de manera global, sin encerrarse en pequeños y egoístas caparazones.


Javier Fernández Aguado

lunes, 8 de agosto de 2011

CASABLANCA



Título: Casablanca
Director: Michael Curtiz
Intérpretes: Humphrey Bogart, Ingrid Bergman, Paul Henreid, Claude Rains, Sidney Greenstreet, Peter Lorre.
Año: 1943

Filmada en 1943, Casablanca es un metraje inmortal. La primera grata sorpresa procede de su acertada visión del mundo que le rodeaba. Muchas veces la historia exige tiempo para ser juzgada. En este caso, el paso de los decenios no ha servido sino para confirmar las propuestas allí realizadas sobre la actuación alemana, italiana, francesa... en la Segunda Guerra Mundial.
Richard Blaine (Humphrey Bogart) dirige el Rick’s Café Americain. Allí es ‘omnipotente’. Nadie duda de su capacidad de decisión. Es hombre duro, resuelto, cortante. Algunas escenas son antológicas, como cuando dirigiéndose a un ladronzuelo de poca monta, espeta:

"Si pensara en ti alguna vez, sería para despreciarte"



En el fondo, sin embargo, es un sentimental, que se derrite nada más ver a Ilse Lund (Ingrid Bergman), con quien tuvo un breve romance en París. Ignoraba entonces Blaine (y ella también, porque consideraba fallecido al marido en un intento de fuga de un campo de concentración) que Ilse estaba casada. Estalla el conflicto entre sentimientos y conciencia de lo correcto, que será resuelto con gran maestría. ¡Pocos saben hacer películas como éstas ahora, donde lo biológico parece demasiadas veces el único argumento válido!


Por el Rick’s Café Americain (reconstruido de algún modo en el Hyatt de Casablanca, y caro como pocos), pasan todos: los buenos y los menos buenos. Ugarte (Peter Lorre) es uno de los habituales. Ha logrado hacerse (tras matar a dos alemanes en un tren) con salvoconductos. Eso, para quienes se encuentran en una ciudad de paso, que les ha de permitir seguir viaje a Lisboa y luego a Estados Unidos, es un lujo al que se le puede sacar mucho fruto.

Victor Laszlo (Paul Henreid), marido de Ilse, es un importante jefe de la Resistencia checoslovaca. El oficial alemán Strasser (Conrad Veidt) tiene como objetivo detenerle.
El juego con los estereotipos es intenso. El francés es un enamoradizo (por no decir algo peor); el italiano, un ‘fantasma’; el alemán, un hombre ordenado, rígido, pero no especialmente brillante; los americanos (y aquí el director se autodenuncia), los mejores hombres del planeta, dispuestos a sacrificarse desinteresadamente por la tierra y sus habitantes.
Numerosas son las enseñanzas aplicables al mundo de la empresa en esta inolvidable película.


Entre otras:

1.- Con relativa frecuencia veces la autoridad juega sucio con los ciudadanos. En este caso, y ante la imperiosa orden de Strasser, el capitán Louis Renault (Claude Rains) ordena clausurar el local, porque, según ‘acaba de saber’, allí se juega.
Mientras sus subordinados cumplen la disposición, un empleado del Café que todavía no ha oído nada, se le acerca:
-Sus ganancias, Señor, dice, mientras le entrega un fajo de billetes ganados precisamente en la ruleta.

2.- El valor, la audacia, es una característica envidiada por la mayoría, pero asumida por pocos.

3.- Los sistemas autoritarios no se limitan a aplastar a la gente. Cuando les resulta viable, prescinden de ella sin especial escrúpulo. Así, tras matar a Ugarte, toda la cuestión que se plantea es si se dirá que se suicidó o que estaba intentando escaparse.

4.- Por mucho que los sentimientos tengan fuerza, hay que defender las instituciones. Así, Blaine da un ejemplo excelente cuando, tras engañar a Ilse, que ya ha perdido la cabeza y el sentido común, se juega la existencia para defender aquel matrimonio legítimo.

5.- La libertad es un valor por el que merece la pena apostar en serio. Victor Laszlo así lo hace en múltiples ocasiones.

6.- Quien parece de hierro, tiene alguna debilidad (o sencillamente ‘corazoncito’). Blaine se deshace para ayudar a las personas en peligro, porque quiere a una de ellas. Está dispuesta a perder todo lo que tiene para no defraudar a quienes en él han puesto la confianza.

7.- Incluso los más aparentemente materialistas y narcisistas (de nuevo, Blaine) son capaces de tomarse en serio algunos ideales. Lo relevante es descubrir cuáles son aquéllos por los que están dispuestos a cambiar sus rutinarias y aburguesadas costumbres.

8.- Los subordinados no son sólo gente de quita y pon, elementos indiferenciados de una cadena de producción. Cuando el local es clausurado, la primera preocupación del dueño es asegurar el salario de aquellos a los que ocupa. De otro lado, Sam (Doodley Wilson) está dispuesto a arrostrar un enfado de su superior, porque pretende ayudarle precisamente a defenderse de sí mismo, de su fragilidad, en este caso en forma de bebida alcohólica descontrolada.
Pépé-le-Moko (1937), de Julien Duvivier, y la norteamericana Argel (1938), de John Cronwell, son precedentes de Casablanca. Sin embargo, como los Oscars que ganó reconocieron (particularmente el de ‘Mejor Película’), Casablanca es una obra de arte que no debe faltar en las dvdtecas de los aficionados al séptimo arte.

lunes, 1 de agosto de 2011

El mes de agosto



El mes de agosto me encuentra en la playa con la familia. Días de tranquilidad, paseos, lectura, largas conversaciones…, y también de preparación de los próximos compromisos profesionales.

A mediados de mes, Dios mediante, volaré a América en el primero de los cinco viajes que tengo previstos al otro lado del Atlántico de aquí a final de 2011. Unas jornadas, las de agosto, en las que impartiré un seminario sobre El Idioma del Liderazgo para altos directivos de una de las más relevantes multinacionales de ese apasionante Continente.