lunes, 22 de agosto de 2011

Sociedades Abiertas

Las organizaciones son tremendamente semejantes, independientemente de la época, o del servicio o producto que comercialicen. Incluyo en esta reflexión no sólo a las organizaciones mercantiles o financieras, sino también a los partidos políticos, las ideologías u otras estructuras que ofrecen, por ejemplo, ‘servicios de salvación’. Salvo excepciones, entre las distinciones que pueden realizarse se encuentra la que diferencia entre sociedades abiertas y cerradas.

Las abiertas son las menos, porque la tendencia del ser humano se dirige a promover las cerradas. Un sistema cerrado–y sigo entre otros autores a Koestler- propone un método universal de pensamiento que aspira a explicar todos los fenómenos y ofrecer un remedio para todo lo que sucede. Es un régimen que no admite que los hechos modifiquen la teoría y por contra desarrolla las defensas precisas para contrarrestar cualquier impacto contrario. Además, es un paradigma en el que, en cuanto uno pone los pies dentro de su círculo de influencia, le priva de toda base en la que fundamentar su discernimiento.

El sistema cerrado excluye la posibilidad de cualquier argumentación objetiva, empleando dos procedimientos: a) se cancela todo valor probatorio a los hechos no coincidentes; b) se neutralizan las objeciones, desplazando el debate al motivo psicológico que provoca la objeción.
Un sistema cerrado se transforma en una especie deinvernadero emocional. La falta de objetividad de los debates es compensada por el fervor de la creencia en la perfección del propio modelo. El discípulo recibe un adoctrinamiento total en específicas metodologías de razonamiento.

Por todo esto, resulta relevante respirar ‘aire puro’. Aceptar ciegamente la bondad de una organización es un gran error.

El reto ha de ser siempre apostar por diálogos libres de dominio que permitan tomar decisiones autónomas, no mediatizadas por instituciones que –para cumplir sus objetivos- aspiran a paralizar la capacidad de reflexión del ser humano.


Javier Fernández Aguado

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