martes, 27 de septiembre de 2011

COLOMBIA



En 1991 volé por primera vez a América. Desde entonces, he viajado docenas de veces en ese Continente, siempre por motivos laborales. He recorrido muchos países, desde Canadá a Chile, dando conferencias, impartiendo cursos de doctorado para profesores de Escuelas de Negocios y Universidades, asesorando empresas…


En 1992 visité por primera vez Colombia. Estuve en Bogotá y en Cali. No había regresado hasta hace pocos días.


Invitado por el Ministerio de Economía, el pasado viernes, 23 de septiembre, me encontraba en Medellín con más de ochocientos empresarios y altos directivos de la administración pública del país. La reunión tuvo lugar en la Caja de Madera, como conocen en la ciudad de la eterna primavera a su Palacio de Convenciones.


He regresado entusiasmado. ¡Qué potencia en los directivos y empresarios, dispuestos a tirar de su país hacia arriba! ¡Qué políticos, volcados en apoyar a su clase empresarial!


Tuve ocasión de charlar con el Ministro de Economía, quien hizo luego en televisión un detallado y bien elaborado resumen de mis propuestas. También me reuní con Juan Manuel Santos, actual presidente.


Es más que probable que regrese pronto a ese maravilloso país. Con un crecimiento del 6%, piensan en desarrollarse, en crecer, no en la crisis. Rechazan actitudes perezosas y rutinarias. Se plantean mejoras y avances. Dan por hecho que el esfuerzo será imprescindible. Se aprontan a él.


Da gusto verificar que en muchas partes de este mundo nuestros hay políticos y funcionarios que conocen bien su función, y responden a ella. Y empresarios y directivos que entienden cuál se su trabajo y lo realizan acabadamente.


Mucho que aprender tenemos aún en este viejo Continente. Además, en Colombia, como parte de su idiosincrasia, lo enseñan de forma dulce.


Javier Fernández Aguado

lunes, 19 de septiembre de 2011

ALGUNOS POLÍTICOS ¿SON AVIESOS O SENCILLAMENTE MENTECATOS?



Hace pocos días tuve ocasión de leer en un periódico progubernamental unas declaraciones de José María Barreda. No suelo dedicar tiempo ni atención a la política contemporánea. Me aburre soberanamente por su falta de perspectiva y profundidad. En esta ocasión lo hago porque, de ser ciertas las palabras recogidas en ese Medio, difícilmente puede plantearse otra alternativa: o estamos en manos de inicuos o de majaderos.

La pregunta formulada era la siguiente:
- Durante su mandato, Castilla-La Mancha se convirtió en la comunidad con más déficit.

La respuesta (cito literalmente):
- Yo soy un presidente autonómico, no un contable, y no afronto la política con esa mentalidad.

Hay que lograr la sostenibilidad del sistema pero cuando llegué a la Junta, Castilla-La Mancha tenía un déficit histórico más importante. Somos la comunidad con más déficit pero también la que más ha invertido en educación, la que mejor sanidad pública tiene, la mejor comunicada por autovías, la mejor en atención a la dependencia... He dejado una comunidad mucho mejor preparada para el futuro.

¿Alguien con sentido común podría aceptar que el director general de una Compañía afirmase: Yo soy presidente de una empresa, no un contable, y no afronto mi trabajo con esa mentalidad?
¿Alguien con dedo y medio de frente podría aceptar que un padre de familia dijese: Yo soy padre de familia, no un contable, y no afronto mi responsabilidad con esa mentalidad?
¿Cómo es posible que alguien deje en la ruina una organización y sacar pecho para afirmar que ha hecho lo correcto?

No hay que ser contable, sino poseer una mediana inteligencia (no excesiva) para saber que gastar lo que no se debe es un grave error. A veces, puede ser un delito, y cuando menos es una manifestación de insania.

Y se permite continuar el conspicuo personaje con las siguientes reflexiones: En 2008, cuando cayó abruptamente el sector inmobiliario, ese nivel de ingresos bajó y nos vimos afectados de la noche a la mañana, pero no renunciamos a mantener los proyectos emprendidos.

Lo que para un directivo sería indicio delito –emprender a sabiendas inversiones que con certeza no puede pagar-, algunos político lo asumen como lo más normal del mundo.

Sólo en un punto estoy de acuerdo con las nefandas declaraciones a las que me estoy remitiendo. En el punto en el que el político afirma: Me gustaría que se pusiera la lupa de la misma forma en Murcia o Valencia.

Javier Fernández Aguado

lunes, 12 de septiembre de 2011

LA AUDACIA PARA ASUMIR RIESGOS CONTROLADOS. El ejemplo de Ícaro



Era Ícaro hijo de Dédalo y de Náucrate, esclava de Minos (rey de Creta). Dédalo enseñó a Ariadna cómo podría Teseo hallar la salida de el Laberinto. Había sucedido que la hija de los reyes se había enamorado locamente de Teseo, llegado a la isla para luchar con el Minotauro. Era éste un monstruo con cabeza de hombre y cuerpo de toro. Su nombre real era Asterio, y era fruto de ciertos amores bestiales entre Pasífae y un toro enviado por Poseidón.



Avergonzado Minos por lo desvergonzado de aquella acción y el fruto de aquélla, que se la recordaba, había encargado a Dédalo un inmenso palacio, denominado, como hemos dicho, el Laberinto. En medio de aquellas complicadísimas estancias, sólo Dédalo estaba capacitado para orientarse. Cada tres años se le daba de comer al Minotauro. En concreto, siete jóvenes y siete doncellas, tributo que pagaba la ciudad de Atenas.


Teseo se había presentado voluntario a aquel holocausto, pero con la ayuda de Ariadna -gracias a su vez a la de Dédalo- había conseguido no sólo matar al fruto de aquellos amores bestiales sino también encontrar la salida del inmenso y embrollado local. Todo el truco había consistido en devanar un hilo para volver a la puerta de entrada... (a veces lo aparentemente más complicado se resuelve con métodos sorprendentemente sencillos).


La huida de Ariadna con Teseo se interrumpió en la isla de Naxos, pues allí el joven (amores de estudiantes flores de un día son) la abandonó. Al despertarse por la mañana y verse engañada no le duró mucho la preocupación a la muchacha, porque llegó Dionisio y su alegre cortejo. No se sabe con qué grado de claridad, se enamoró el rey de la juerga de aquella muchacha y se la llevó al Olimpo en su carro tirado por panteras.


Con todos estos sucesos no había quedado muy contento Minos, quien condenó a Dédalo y a su hijo Ícaro a permanecer encerrados precisamente en el Laberinto.


No era Dédalo hombre para quedar mano sobre mano. Puso en marcha su imaginación y como persona industriosa que era encontró la solución: si no se podía salir andando, habría que escapar volando. Y ésta es una lección importante en la vida empresarial: donde una puerta se cierra, otra se abre. Es improcedente limitarse al lamento. Cuando algo se estropea, habrá que poner los medios para solucionarlo. Con quejas nada se consigue. Trabajando, por el contrario, casi todo acaba por estar al alcance de la mano. Parafraseando a Gregorio Marañón, puede decirse: “no sé que pasa, pero cuanto más trabajo, más suerte tengo”.


Construyó Dédalo unas alas para sí mismo, y otras para el crío. Parte de las uniones estaban selladas con cera, y el padre aconsejó al hijo que tomase medidas de prudencia. Riesgo, sí, porque era imprescindible para salir de aquella situación (habitualmente habrá que contar con financiación ajena para comenzar o continuar negocios), pero no tales apuestas que se corriese el riesgo de precipitarse hacia la nada (y es que -aunque parezca una obviedad no lo es- se encuentra a veces en el mundo de los negocios a gentes que han olvidado que los créditos -o los préstamos- ¡hay que devolverlos! De hecho, a ese olvido juegan esos buitres carroñeros que conceden fáciles hipotecas a corto plazo, recibiendo los intereses por adelantado, sabiendo que en muchas ocasiones cobrarán en forma de inmuebles su aportación, pues muchos hay que calculan lamentablemente mal sus posibilidades de generar tesorería).


Ícaro no quiso hacer caso a las sensatas recomendaciones de su padre, y en vez de seguirle, para aprender, para hacer experiencia, para ir asentando los principios fundamentales, prefirió organizarse por su cuenta, prescindir del asesoramiento ajeno, pensar que los demás -en este caso su progenitor- era un timorato que desconocía las posibilidades de aquel negocio...


Orgulloso, pagado de sí mismo, cerrado a visiones sensatas de quienes le ayudaban, comenzó a elevarse hacia el sol. En su inconsciente contento, no sintió cómo todo el armatoste iba quebrándose. Cuando quiso poner solución a sus desvaríos era ya demasiado tarde, y se precipitó hacia el mar, cerca de la isla de Samos (a partir de entonces se denominó a aquél el mar de Icaria).


No todas las experiencias son tan épicas. De hecho, este mismo mito es recogido de otra manera por otros autores. Dícese que en la huida de la isla de Creta -que en esto sí coinciden-, padre e hijo tomaron diferentes embarcaciones: Dédalo -siempre la autorizada voz de la experiencia- había inventado el uso de la vela. El mozo, que en vez de aprender había preferido holgar, se encontró al poco superado por vientos y corrientes, y acabó volcando. Allí falleció ahogado.


Encontrado su cuerpo, Dédalo lo enterró en un cabo del mar Egeo. Erigió en aquel lugar dos columnas: una en honor de su hijo; la otra, con su nombre, en las islas del Ambar. Más tarde, y para seguir recordando la memoria de su hijo, muerto por exceso de audacia e insuficiencia de prudencia, representó en las puertas del tempo de Cumas (dedicado a Apolo) el lamentable fin de un emprendedor que quiso ir por libre, sin fiarse de opiniones más maduras.


No acabaron así las aventuras de Dédalo, pues Minos -prescindiendo del dolor que le hubiera causado a su antiguo empleado la muerte del hijo- seguía dispuesto a la venganza. Llegado a Cumas, tuvo que seguir huyendo, yendo a ocultarse a Camico (Sicilia), protegido por el rey Cócalo.


Era también Minos hombre de recursos, y sospechando de la presencia de Dédalo en aquella tierra, puso medios para descubrirle. Se le ocurrió lo siguiente: pasearse con una concha de caracol y un hilo, ofreciendo importante recompensa a quien fuese capaz de hacer pasar el hilo por las espirales del caparazón.


Nadie lograba solucionar aquella dificultad. Y Cócalo cayó de pleno en la trampa. Planteó la dificultad a su huesped, que le sugirió que atase la cuerdecilla a una hormiga. De ese modo hizo pasar el fino cordel por aquel difícil laberinto. No tardó Minos en sacar a Cócalo la información que deseaba, pues bien sabía que sólo Dédalo con su ingenio y experiencia habría resuelto aquella cuestión.


A pesar de haber confesado, no quiso Cócalo entregar a Dédalo, y contravenir así las sagradas leyes de la hospitalidad. Así pues, encargó a sus hijas que escaldasen a Minos en la bañera, sustituyendo el agua por pez hirviendo. Quizá, incluso, a instancias del mismo Dédalo, que había puesto en marcha un nuevo sistema de tuberías.


Tal vez es la experiencia más lenta que esos impulsos ansiosos de los bisoños, pero es casi siempre más eficaz. Para llegar a algún sitio hay que saber dónde se va, con qué medios de cuenta, qué apoyos será posible convocar... Avanzar a tontas y a locas, despreciar lo que otros han vivido son los primeros pasos hacia un rotundo fracaso.



Javier Fernández Aguado
Catedrático
Foro Europeo. Escuela de Negocios de Navarra

lunes, 5 de septiembre de 2011

CIELO DE OCTUBRE



Título: Cielo de octubre
Director: Joe Johnston
Intérpretes: Jake Gyllenhaal, Chris Cooper, William Lee Sott, Chris Owen, Chad Lindberg, Natalie Canerday, Laura Dem.
Música: Mark Isham
Fecha: 1999

La vida es dura en un pequeño pueblo de América donde las perspectivas son, cuando más, heredar la profesión del padre: con toda probabilidad, la de minero. Nos encontramos en la década de los cincuenta. Un suceso conmueve a esa comunidad: los rusos han puesto en órbita el satélite Sputnik.

Para la mayor parte, no es sino un momento de entretenimiento o incluso de desarrollo de temores frente a los enemigos de la postguerra. Para Homer Hickman (Jake Gyllenhaal), hay mucho más. Con una mezcla de motivos patrióticos -¡América no puede quedarse atrás!-, profesionales -¡qué horror pasarse la vida picando piedra en las entrañas de una montaña!-, de amistad -¡otros pueden cambiar también su existencia!-, etc., se lanza a la aventura de desarrollar científicamente el lanzamiento de cohetes.

Como a cualquiera que procura salirse de la norma, de lo –hasta cierto punto- mediocre, todo se le tornan problemas. Los más graves surgen en su propio hogar. John Hickman (Chris Cooper), su padre, es jefe de capataces en la explotación. Su vida se encuentra centrada en su trabajo y en sus hombres. Cualquier perspectiva que no sea ésa le parece una lamentable pérdida de tiempo. Es una enfermedad grave la de quienes no pueden percibir más que su propio y endogámico mundico.

Los diálogos entre el progenitor y su hijo son duros, descarnados, y muestran a la perfección el choque generacional. Para quien no está dispuesto a admitir la sorpresa, lo novedoso, todo lo que hace aquel vástago, sólo tiene una definición: inutilidad. Sólo quien admite que no está enrocado en la verdad puede progresar. Los excesivamente seguros de sus principios se limitan a menospreciar a los demás.

Como en cualquier iniciativa, empresarial o no, los comienzos nunca son fáciles. Los experimentos iniciales son un fracaso seguido de un fiasco. Llega incluso el caso de que los emprendedores son acusados de incendio de un bosque cercano. Eso les supone el ostracismo de muchos de sus compañeros. Algo después se demostrará que era infundada la acusación, pero sigue flotando en el ambiente la desconfianza ante aquellos inventores “de pacotilla”. Pocos creen en ellos, y son menos aún los dispuestos a ayudarles.

Los tres amigos-socios de Homer Hickman son seguidores natos. Sin líder no habrían pasado de mineros. De hecho, en varias ocasiones son tentados por el deseo de abandonar aquella iniciativa. Dirigidos por Homer, se convierten también ellos en héroes. Destaca especialmente la figura del empollón, que no era tan raro como los demás pensaban, sino que sencillamente vivía demasiado centrado en su genialidad, sin hacer partícipes a los demás. Tanto éste como otro de los implicados, con un padre borracho y desaprensivo, y el tercero, más gris, son personajes con vida, no de plástico. Aportan visiones sobre la realidad diversas y complementarias.

Muchas son las enseñanzas de esta película para el mundo de la empresa. Entre otras:

1.- Nada resulta sencillo. Quien considere que algo es fácil probablemente nunca lo ha intentado.

2.- Pueden empezarse proyectos de forma aislada, pero contar con socios es en bastantes ocasiones conveniente.

3.- Nunca nadie nos está esperando. Para la gente normal –sin grandes apellidos o herencias-, la vida se desarrolla en función del trabajo que se desempeña. A raíz de éste, a veces –no siempre-, surgirá la suerte.

4.- Si uno se cansa a la primera, o a la segunda, o a la tercera, los proyectos no salen. Es esencial insistir una y otra vez, hasta lograr los objetivos. Por decirlo con una expresión: “perseverar para alcanzar”.

5.- En la vida es importante contar con un coach que, aunque no sepa mucho de lo que cada uno

lleva entre manos, tenga la sabiduría suficiente para proporcionar esas orientaciones que tantas veces salvan la vida. En este caso ese papel corresponde a una profesora, la Señorita Riley (Laura Dern).

6.- Frecuentemente, las madres tienen más agudeza que los padres. En este caso es Elsie Hickman (Natalie Canerday) quien saca las castañas del fuego en uno de los momentos más arduos del proyecto.

7.- Quienes abandonan en los momentos malos, tornan corriendo cuando husmean vacas gordas. Los últimos lanzamientos de los coheteros ya no es un tema de minorías, sino algo que pertenece a todo el pueblo. Antes sólo comentaban con escepticismo; a la hora de la gloria nadie quiere ser acusado de haber puesto en solfa la valía de sus conciudadanos-inventores

8.- Los proyectos raramente son lineales. A veces se gana y a veces se pierde. No vale desanimarse, hay que seguir adelante.

9.- En ocasiones es preciso aparcar el propio proyecto, porque hay que sacar adelante a la familia. En este caso, cuando John Hickman se encuentra convaleciente por un accidente en la mina, es su hijo inventor quien lo hace. El liberalismo es un sistema feroz. El capataz, que ha sido herido en el desarrollo de su trabajo, corre el riesgo de perder casa y enseres (son de la Compañía), si alguien no toma el relevo. Es su hijo Homer quien lo hará, mientras el hermano continúa con sus estudios.

La historia narrada podría parecer una nueva versión de la Cenicienta, pero no lo es. Responde a hechos acaecidos, y recientemente narrados por el ingeniero-líder que –como la película recoge- trabaja en la actualidad para la NASA. El sueño americano es plasmado en la pantalla con un sabor real, nada ñoño. Se combina nostalgia y deseos de triunfo, pero en ningún momento se cae en la complacencia de ciertas películas de Hollywood.


Javier Fernández Aguado
Catedrático
Foro Europeo. Escuela de Negocios de Navarra

jueves, 1 de septiembre de 2011

El mes de septiembre



Recién llegado de Querétaro (México), donde he impartido un seminario para altos directivos de una de las mayores multinacionales de Hispanoamérica (150.000 empleados), comienza un retador mes de septiembre.

Espigo algunos de los compromisos adquiridos: mi actividad docente me llevará a Pamplona, para atender actividades de mi Cátedra en la Escuela de Negocios de Navarra, entre las que se incluyen un seminario para profesores de Foro Europeo.

El día 19, en las cercanías de Madrid, daré una conferencia para la Alta Dirección y directores de Centros de la más prestigiosa cadena de residencias de mayores de España. Será el kick off de su convención anual.

El 21, también en las cercanías de Madrid, me encontraré con una treintena de altos directivos de una de las principales entidades financieras del mundo. El tema será ‘Liderazgo enfocado a personas’.

El 22 por la mañana, en formato de desayuno de trabajo, pronunciaré una conferencia de carácter abierto –bajo invitación- para directores de RR.HH. y posiciones afines. El tema: ‘Liderazgo para la postcrisis’. Si alguien está interesado, puede dirigirse a LID Conferenciantes -pedro.romeral@lideditorial.com- para verificar si quedan plazas disponibles, pues el aforo será, como digo, abierto, pero limitado. El acto tendrá lugar en la zona de AZCA, en Madrid.

El 23 estaré, Dios mediante, en Zamora, con directivos del Ministerio de Economía y Hacienda, para unas sesiones sobre el valor de lo público, que imparto desde hace años dentro de mi colaboración con el Instituto de Estudios Fiscales.

A lo largo del mes se celebrarán también la media docena de sesiones de los procesos de coaching que en la actualidad dirijo.

Omito otras conferencias, sesiones y actividades para no aburrir.


Un saludo.


Javier Fernández Aguado.