lunes, 5 de septiembre de 2011

CIELO DE OCTUBRE



Título: Cielo de octubre
Director: Joe Johnston
Intérpretes: Jake Gyllenhaal, Chris Cooper, William Lee Sott, Chris Owen, Chad Lindberg, Natalie Canerday, Laura Dem.
Música: Mark Isham
Fecha: 1999

La vida es dura en un pequeño pueblo de América donde las perspectivas son, cuando más, heredar la profesión del padre: con toda probabilidad, la de minero. Nos encontramos en la década de los cincuenta. Un suceso conmueve a esa comunidad: los rusos han puesto en órbita el satélite Sputnik.

Para la mayor parte, no es sino un momento de entretenimiento o incluso de desarrollo de temores frente a los enemigos de la postguerra. Para Homer Hickman (Jake Gyllenhaal), hay mucho más. Con una mezcla de motivos patrióticos -¡América no puede quedarse atrás!-, profesionales -¡qué horror pasarse la vida picando piedra en las entrañas de una montaña!-, de amistad -¡otros pueden cambiar también su existencia!-, etc., se lanza a la aventura de desarrollar científicamente el lanzamiento de cohetes.

Como a cualquiera que procura salirse de la norma, de lo –hasta cierto punto- mediocre, todo se le tornan problemas. Los más graves surgen en su propio hogar. John Hickman (Chris Cooper), su padre, es jefe de capataces en la explotación. Su vida se encuentra centrada en su trabajo y en sus hombres. Cualquier perspectiva que no sea ésa le parece una lamentable pérdida de tiempo. Es una enfermedad grave la de quienes no pueden percibir más que su propio y endogámico mundico.

Los diálogos entre el progenitor y su hijo son duros, descarnados, y muestran a la perfección el choque generacional. Para quien no está dispuesto a admitir la sorpresa, lo novedoso, todo lo que hace aquel vástago, sólo tiene una definición: inutilidad. Sólo quien admite que no está enrocado en la verdad puede progresar. Los excesivamente seguros de sus principios se limitan a menospreciar a los demás.

Como en cualquier iniciativa, empresarial o no, los comienzos nunca son fáciles. Los experimentos iniciales son un fracaso seguido de un fiasco. Llega incluso el caso de que los emprendedores son acusados de incendio de un bosque cercano. Eso les supone el ostracismo de muchos de sus compañeros. Algo después se demostrará que era infundada la acusación, pero sigue flotando en el ambiente la desconfianza ante aquellos inventores “de pacotilla”. Pocos creen en ellos, y son menos aún los dispuestos a ayudarles.

Los tres amigos-socios de Homer Hickman son seguidores natos. Sin líder no habrían pasado de mineros. De hecho, en varias ocasiones son tentados por el deseo de abandonar aquella iniciativa. Dirigidos por Homer, se convierten también ellos en héroes. Destaca especialmente la figura del empollón, que no era tan raro como los demás pensaban, sino que sencillamente vivía demasiado centrado en su genialidad, sin hacer partícipes a los demás. Tanto éste como otro de los implicados, con un padre borracho y desaprensivo, y el tercero, más gris, son personajes con vida, no de plástico. Aportan visiones sobre la realidad diversas y complementarias.

Muchas son las enseñanzas de esta película para el mundo de la empresa. Entre otras:

1.- Nada resulta sencillo. Quien considere que algo es fácil probablemente nunca lo ha intentado.

2.- Pueden empezarse proyectos de forma aislada, pero contar con socios es en bastantes ocasiones conveniente.

3.- Nunca nadie nos está esperando. Para la gente normal –sin grandes apellidos o herencias-, la vida se desarrolla en función del trabajo que se desempeña. A raíz de éste, a veces –no siempre-, surgirá la suerte.

4.- Si uno se cansa a la primera, o a la segunda, o a la tercera, los proyectos no salen. Es esencial insistir una y otra vez, hasta lograr los objetivos. Por decirlo con una expresión: “perseverar para alcanzar”.

5.- En la vida es importante contar con un coach que, aunque no sepa mucho de lo que cada uno

lleva entre manos, tenga la sabiduría suficiente para proporcionar esas orientaciones que tantas veces salvan la vida. En este caso ese papel corresponde a una profesora, la Señorita Riley (Laura Dern).

6.- Frecuentemente, las madres tienen más agudeza que los padres. En este caso es Elsie Hickman (Natalie Canerday) quien saca las castañas del fuego en uno de los momentos más arduos del proyecto.

7.- Quienes abandonan en los momentos malos, tornan corriendo cuando husmean vacas gordas. Los últimos lanzamientos de los coheteros ya no es un tema de minorías, sino algo que pertenece a todo el pueblo. Antes sólo comentaban con escepticismo; a la hora de la gloria nadie quiere ser acusado de haber puesto en solfa la valía de sus conciudadanos-inventores

8.- Los proyectos raramente son lineales. A veces se gana y a veces se pierde. No vale desanimarse, hay que seguir adelante.

9.- En ocasiones es preciso aparcar el propio proyecto, porque hay que sacar adelante a la familia. En este caso, cuando John Hickman se encuentra convaleciente por un accidente en la mina, es su hijo inventor quien lo hace. El liberalismo es un sistema feroz. El capataz, que ha sido herido en el desarrollo de su trabajo, corre el riesgo de perder casa y enseres (son de la Compañía), si alguien no toma el relevo. Es su hijo Homer quien lo hará, mientras el hermano continúa con sus estudios.

La historia narrada podría parecer una nueva versión de la Cenicienta, pero no lo es. Responde a hechos acaecidos, y recientemente narrados por el ingeniero-líder que –como la película recoge- trabaja en la actualidad para la NASA. El sueño americano es plasmado en la pantalla con un sabor real, nada ñoño. Se combina nostalgia y deseos de triunfo, pero en ningún momento se cae en la complacencia de ciertas películas de Hollywood.


Javier Fernández Aguado
Catedrático
Foro Europeo. Escuela de Negocios de Navarra

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