lunes, 30 de enero de 2012

CROMWELL


Director:   Ken Hughes
Intérpretes: Alec Guinnes y Richard Harris.
Año: 1970
Temas: Abuso de poder. Dictadura. Outdoor training. Poder y liderazgo. Profesionalidad. Totalitarismo.
Oliver Cromwell (Richard Harris) nació en Huntingdon en 1599. Puritano estricto, estudió en Cambridge. Más tarde fue miembro del Parlamento en dos periodos. Carlos I (Alec Guinnes) convoca el parlamento para lograr más medios para la guerra que mantenía con escoceses e irlandeses.
En 1642, ese mismo Parlamento despojó a Carlos de muchas de sus prerrogativas, colocando el ejército y la marina directamente bajo su égida. Carlos entró en la Cámara de los Comunes (el primer rey que se comportaba de ese modo), con el objetivo de detener a Juan Pym, líder del Parlamento y a otros cuatro conspiradores, pero éstos ya habían escapado gracias a un soplo dado por un espía.  Carlos viajó al norte para reclutar un ejército y levantó su estándar contra las fuerzas de los Parlamentos (Roundheads) en Nottingham, el 22 de agosto de 1642. Inglaterra se precipitaba en una nueva guerra civil.Cromwell agregó sesenta caballos a la causa de Roundhead cuando la guerra estalló. En aquella batalla, los defensores del Parlamento fueron derrotados. 

Eso llevó a Cromwell a realizar una preparación profesional del ejército. Demostró ser un líder militar de primer nivel. Así, en 1644, el ejército de Cromwell derrotó a los monárquicos,  en Naseby. En 1646, Inglaterra era ya gobernada únicamente por el Parlamento, aunque el rey no fue ejecutado hasta 1649. Cromwell sometió a la nobleza, y derrotó a  Leveller en Burford. El ejército de Cromwell masacró a más del cuarenta por ciento de los irlandeses por su condición de católicos.

En 1655, Cromwell disolvió su Parlamento nuevo, proclamando una dictadura, que él representaba (curiosamente, el motivo por el que justificó el derrocamiento de Carlos I). Dos guerras con los holandeses lastraron adicionalmente las finanzas de Cromwell. Hundido y odiado, Cromwell falleció el 3 de septiembre de 1658. Pretendió que su hijo Richard le sucediera en el poder, pero su deseo fue vano: la monarquía fue restaurada dos años más tarde.

Uno de los motivos del fracaso de Cromwell fue su contradicción interna: él pretendió en su vida lo mismo que había condenado en aquel contra quien se había rebelado.  Se ha escrito con acierto que el Parlamento no podía existir sin la corona, al igual que tampoco la corona sin el Parlamento. Cuando desapareció el mito de la corona, el Parlamento calló. Cuando Cromwell pretendió para sí lo que negaba para los otros, todos le negaron sus fantasiosas pretensiones.

El metraje que narra la vida de este peculiar personaje bien puede recibir el calificativo de panegírico. Cromwell es presentado como hombre de rectísima conciencia, frente a las maldades sin cuento de quienes le rodean. En su esfuerzo por el bien no le queda sino tomar algunas decisiones radicales, pero con total ausencia de mala voluntad.

            Esta reescritura de la historia es falaz. De algún modo se puede entrever en los últimos minutos del metraje, cuando aparece el ansia de Cromwell por el poder. Eso, de algún modo, estuvo presente desde el principio. Que sólo al final floreciera más claramente no disminuye los desafueros cometidos tanto contra los escoceses, como contra los irlandeses y contra los propios ingleses.
            A pesar –insisto- de la imprecisión histórica que lastra la película, son muchas las enseñanzas que pueden obtenerse, particularmente por lo que a cuestiones sobre el liderazgo se refiere. Entre otras:

            1.- Toda persona necesita una familia. Y esto por muchos que sean los triunfos. Así, Cromwell modera sus locuras mientras su mujer e hijos están más cercanos. En la medida en que asciende en el poder y se aleja de los suyos, la demencia va apoderándose cada vez más del gobernante.

            2.- Los irlandeses pedían sencillamente libertad de las imposiciones británicas. En buena medida, porque la apostasía de Enrique VIII, provocada por motivos sexuales, había conducido a los ingleses a una situación de esquizofrenía que hacía invivible estar sometido a su poder. En vez de atender aquellas justas reivindicaciones, se reacciona con violencia. Una vez más se mostró que quien no tiene la fuerza de la razón, acude a la razón de la fuerza.

            3.- El gobierno, al final, ha de ser ejercido en solitario. Así se desea al nuevo gobernante:
            -¡Qué puedas reinar con más felicidad que yo!
            Con frecuencia, sólo los inmaduros anhelan puestos de preeminencia.

            4.- Quienes se empeñan en alcanzar el gobierno muchas veces se escudan en los intereses de la patria. Luego, a la hora de la verdad, acaban defendiendo los propios. En este caso, por si fuera poco, intentando crear su propia estirpe.

            5.- Casi todo lo importante en la vida se aprende de los errores. Aquí, Cromwell se convierte en un verdadero estratega al verificar que sin entrenamiento las tropas no aguantan el primer ataque. A partir de ahí, hará las cosas con rigor.

            6.- Los aduladores están siempre en torno a quien consideran que está triunfando o va a triunfar. Luego, a la hora de la verdad, es decir, del fracaso, sólo quedan los buenos amigos. Le pasa a Carlos I, y también a Cromwell.

            7.- Como bien se explicita:
            -Quien culpa a sus hombres es un mal jefe.
            Quien, al tener un cargo de gobierno, considera que todo lo hace bien y que son sus subordinados quienes no responden adecuadamente, o no ha elegido bien a su gente o no ha sabido formarla. En cualquier caso, es suya la responsabilidad.

            8.- La rapidez y la sorpresa son elementos fundamentales para salir adelante en un mundo proceloso como el empresarial. Considerar que los demás se quedarán parados es un error.

            9.- La presencia del líder es fundamental en cualquier grupo humano. Cuando el jefe cae –o decae-, la gente tiende al desánimo.

           10.- El coste de ser líder es muchas veces una inmolación voluntaria. Aquí, es un hijo de Oliver quien muere. Como dicen los británicos: no pain, no gain: no hay grandes éxitos si no hay también sufrimientos en el camino. Quizá, porque el hombre aprende mucho más en el fracaso que en el tirunfo.
            11.- Los empeños relevantes exigen seriedad. No puede plantearse una guerra para los ratos libres, ni ser empresario o directivo para cuando no hay nada más que hacer. Ser emprendedor es apasionante, pero reclama la vida.
            12.- Las obsesiones no son buenas. La de Cromwell fue la de creer que todos los males procedían de la Iglesia Católica y que acabando con ella el mundo marcharía mejor. No consiguió el propósito –era imposible-, y que no era cierta la conclusión resulta evidente.

Señalo, en fin, dos momentos especialmente claves. En el minuto 1:08, y durante tres minutos, puede verse una escena en la que Oliver manipula a sus compañeros, quizá influido por la muerte de su hijo. Más adelante, entre el minuto 1:37 y el 1:50 manifiesta su liderazgo durante el juicio.

Útil, pues, este metraje. Más aún lo sería si hubiese respetado la verdad de los hechos. Pero eso es otra historia. 

lunes, 23 de enero de 2012

LA FUERZA DE LA RAZON. El ejemplo de Pólux y de Ares


Hijo de Posidón y rey de los bébrices (en Bitinia), era Amico uno de esos peculiares personajes que se encuentran en el mundo de los negocios, tal vez por enfermedad de la propia organización (véase Patologías en las organizaciones, LID)), quizá por falta de dominio de sí mismos.
            Incapaz de dialogar,Amicose dedicaba a imponer sus principios (si es que así pueden ser denominados) mediante la amenaza. Más dedicado al cultivo de los músculos (como los caballos) que de la cabeza (como los hombres), llegó a inventar el pugilato y el boxeo.
            Cualquiera que llegaba por su entorno (Bitinia) era objeto de sus chanzas y a continuación de sus bravatas. No contento con la burla, procuraba matarlos, para demostrar su superioridad. Incapaz de ejercer la fuerza de la razón, aplicaba a diario la razón de la fuerza. De forma semejante a como quienes fundamentan su sistema de gobierno no en ganarse a los demás mediante sistemas participativos, sino con la amenaza. Pobres gentes que, si no matan físicamente, sí lo intentan psíquicamente. Y los más dañados por sus tendencias brutales son ellos mismos, pues los empleados huyen de esos ejecutivos o empresarios amenazadores, que juegan a asustar.
            Si no pueden hacerlo corporalmente, porque no encuentran de momento otra alternativa laboral, lo hacen intelectual y volitivamente, desentendiéndose de los intereses de quienes son incapaces de liderar y tienen que esgrimir la potestas como si de un mazo se tratase.
            Desembarcaron en aquellas tierras los argonautas: aquellos cincuenta caballeros o poco más que acompañaron a Jasón, como asociados a éste, en busca del velloncino de oro. Entre los más famosos se encuentran Idmón, hijo de Sbante; Anfiarao; Mopso; Zetes y Calais (hijos de Bóreas); Cástor y Pólux (hijos de Zeus y Leda); Idas y Linceo (hijos de Afareo); Etálides (hijo de Hermes); Admeto (hijo de Feres); Acasto (hijo de Pelías); Periclímeno (hijo de Neleo); Asterio (hijo de Cometes); Polifemo (hijo de Élato); Corono (hijo de Ceneo); Éurito (hijo de Hermes); Augias (hijo de Helio); Cefeo (hijo de Aleo); Palemonio (hijo de Hefesto); Eufemo (hijo de Posidón); Peleo y Telamón (hijos de Éaco); Ifito (hijo de Náubolo); y Peante (padre de Filoctetes).
            El caso es que Amico les retó uno por uno, con idea de imponer su fuerza bruta. Aceptó Pólux el duelo y hacia el gigante se dirigió. La talla y fuerza de aquel personaje siniestro eran notables, pero, una vez más, la habilidad y agilidad del héroe le sirvió para no caer en manos de aquel abusón de poca monta. Vencido Amico, Pólux podía haber dispuesto su muerte, pues era ése precisamente el contenido de la apuesta. Sin embargo, el argonauta triunfador, dando muestra de su estilo se limitó a proponer al contrincante que de aquel momento en adelante dejase sus costumbres de violencia y se reformara para convertirse en alguien de provecho.
            Tras hacérselo jurar de forma solemne, siguieron los argonautas su camino.
            Nada se sabe sobre si Amico cumplió o no la promesa. Por la experiencia, sospecho que no, porque mucha es la debilidad humana y quien tiene hábitos operativos lamentables, como era el caso, es difícil que con una sola lección aprendan. Sin embargo, de poco hubiera servido que se le hubiera aplicado la condena, porque es demasiado evidente que es imposible que el mal deje de cometerse en el mundo: ¡sí resulta viable que no suceda a través de uno! Con su buen hacer, Pólux introdujo siquiera un poco de sensatez en el planeta.
            Tanto Pólux como su hermano Cástor pasaron a las leyendas romanas, por éstos y otros sucesos (a decir verdad no tan halagadores..., como el rapto de unas muchachas). Afirmaban los de Roma que los dos tomaron parte en la batalla del lago Regilo y que fueron a anunciar la victoria a los ciudadanos. Al hacerlo, dejaron abrevar a sus caballos en la fuente de Yuturna, junto al Foro. La ninfa de aquella fuente pasó a ser considerada hermana de los héroes.
            Por su hombría de bien (al menos en los aspectos aquí destacados) merecieron un templo en las cercanías del de Vesta.
            Se cuenta en fin que su casquivana madre, Leda, se había unido la misma noche a Zeus en forma de cisne y a su marido Tindáreo, rey de Lacedemonia. Salieron de tantos amores dos pares de gemelos. Los atribuidos a Zeus fueron Pólux y Helena; a Tindáreo, Cástor y Clitemestra. Por ser hijos de Zeus fueron denominados Dioscuros. Se convirtieron en los héroes dorios por excelencia.
            Ares ofrece también un perfil interesante. Identificado con el Marte romano, era hijo de Hera y Zeus. Al igual que Apolo, Hermes, etc., es de los de la segunda generación de los Olímpicos. A diferencia de Hebe e Ilitia (que son consideradas como divinidades secundarias), Ares se enumera entre los doce más grandes dioses.
            Dios de la guerra por excelencia, su objetivo principal es la batalla, no cuestionarse por quién ni por qué se lucha. Goza, como buen espíritu que es de cualquier guerrero sin escrúpulos, con el sufrimiento ajeno, con la sangre derramada. En Troya luchó habitualmente junto con los troyanos, pero no se cortó un pelo para cambiar de bando  cuando así le resultó oportuno.
            De talla sobrehumana, profiere gritos terroríficos, y al igual que los demás gallitos, tiene un cortejo de fanfarrones y pendencieros que le hacen la corte. En este caso, Deimo y Fobo (el Temor y el Terror), vástagos suyos. No faltan tampoco -como es lógico- Éride (la Discordia) y Enio (rey de Calidón y amigo del vino).
            Pero ya intuyeron los griegos que la fuerza bruta no siempre triunfa: aunque a corto lo logre, a medio y a largo es un fiasco.
            Sucedió, por ejemplo, que luchando junto a Héctor, se dio de bruces con Diomedes. Sin poder aguantar su impulsos, sobre él se lanzó. Pero Atenea (o también Minerva, para los romanos, hija de Zeus y Metis), invisible gracias al casco mágico de Hades, desvió la lanza de Ares, que fue entonces herido por Diomedes. Recuperado en el Olimpo, donde fue conducido por orden de Zeus, volvió luego al frente (porque quienes tienen como única arma la amenaza no saben hacer nada que no sea incordiar a quienes trabajan con honradez), y allí, una vez más, fue vencido por Atenea, que lo dejó aturdido a pedradas hábilmente lanzadas contra quien no contaba con otros argumentos que los de la violencia.
            Como aquellos que tienen tendencia a la paranoia agresiva, no fue Ares ejemplo de otras virtudes. Así, se le atribuyen numerosas aventuras adulterinas. La más conocida es su unión con Afrodita (la diosa del amor, identificada en Roma con Venus. Platón habló de dos diversas: una, la nacido de Urano -el Cielo-: Afrodita Urania, diosa del amor puro; y la hija de Diones: la Afrodita Pandemo -la Afrodita Popular-, diosa del amor vulgar). Además, cometió otros desvaríos. Como de tal palo tal astilla, sus hijos fueron violentos, amigos de la jarana, dedicados a amenazar a pacíficos ciudadanos, a quienes mataban o, en otras ocasiones, torturaban.
            Con Pirene, por ejemplo, tuvo tres criaturas: Cicno, Diomedes de Tracia (cuyas yeguas se decía se alimentaban de carne humana) y Licaón. Este trío  moriría a manos de Heracles.
            También se le atribuyó la paternidad de Meleagro y la de Driante, que participaron en la cacería de Calidón (héroe éste procedente de Etolia, en el norte del golfo de Corinto, hijo de Etolo y Prónoe).

martes, 17 de enero de 2012

RESCATAR LA JUSTICIA


En el siglo IV nacieron dos grandes pensadores. Uno en Oriente y otro en Occidente. Sus obras siguen siendo de rabiosa actualidad, como siempre sucede con los clásicos, aquellos autores a quienes me gusta describir como los capaces de atravesar el tamiz del tiempo sin desvirtuarse.

Con palabras de Agustín de Hipona, a quien he citado en ocasiones: Remotaitaqueiustitia, quid suntregnanisi magna latrocinia? Es decir, ¿si eliminamos la justicia, en qué se convierte una organización, sino en una cueva de ladrones?
Cuando muchos hablan de recuperación económica desde ángulos estrictamente técnicos, es preciso recordar que mientras no seamos capaces de restaurar el imperio de la justicia, la mera sistematicidad de los remedios tecnócratas no nos conducirá a la verdadera puerta de salida.

Algunos ejemplos de cuestiones que deben ser abordadas: ¿Cómo es posible que políticos que han conducido al país al borde del abismo, se regalen con desfachatez vacaciones de lujo a costa del contribuyente y la mayoría calle? ¿Cómo aceptamos que directivos de entidades financieras conducidas al descalabro se retiren de rositas con indemnizaciones inmorales (aunque recubiertas con una pátina de legalidad)? ¿Podemos aceptar que grupos de ciudadanos se eximan de normas básicas de urbanidad concediéndose el derecho de entrar en los servicios públicos sin pagar? ¿Es comprensible que quienes hasta hace poco dirigían organizaciones públicas o privadas, gobiernos de comunidades autónomas, ministros, etc. se presenten como si ellos no hubieran sido los responsables del desastre? ¿Es comprensible que responsables de grandes sindicatos que viven regaladamente a costa los impuestos de todos los ciudadanos se presenten como víctimas de la crisis…?
Quizá lo que hay que recuperar es sencillamente el concepto de decencia… Y dentro de ésta se incluye el no enmudecer ante la injusticia.

Javier Fernández Aguado

domingo, 8 de enero de 2012

¿CONOCES A JOE BLACK?



Director: Martin Brest
Intérpretes: Brad Pitt, Anthony Hopkins, Claire Forlani, Jake Weber, Marcia Gay Harden.
Año: 1998
Temas: Asesoramiento. Coaching. Comunicación. Consultoría. Muerte. Trabajo y familia. Workaholic.

Basándose en “Death plays a Holiday” (La muerte se toma unas vacaciones), de Alberto Casella, Martin Brest puso en marcha la no fácil tarea de hacer presente a la muerte (Brad Pitt), que es a la vez una especie de coach, en la vida de un empresario triunfador y honesto: Bill Parrish (Anthony Hopkins).

El argumento es interesante, y son muchas las enseñanzas que van surgiendo a lo largo de la cinta. Para empezar, la siguiente: una empresa es mucho más –explica Parrish en una tormentosa reunión del Consejo de Administración- que comprar por un dólar y vender por dos.


Está en juego no sólo una cuestión económica, sino sobre todo un proyecto de vida: el deseo de plasmar en una obra concreta –en este caso una entidad mercantil- las propias aspiraciones.

La necesidad de la sinceridad en las relaciones personales, sean económicas o afectivas, es esencial. El cuñado de Parrish, en un momento de confidencia, estimulado por el buen morapio, confiesa a la muerte que uno de los secretos del amor es precisamente la claridad. Refiriéndose a su esposa, afirma: “conoce lo peor de mí y no le importa”. La relevancia de conocer, aceptar, e incluso amar, las limitaciones de aquellos con quienes se convive o se trabaja no es poca cosa.

La presencia del “trepa” –Drew (Jake Weber)- es una amenaza permanente. No suele faltar en las organizaciones un Judas dispuesto a aprovecharse de la honradez y buen hacer de los demás. Al final queda al descubierto. Lástima que no lo fuese antes. Esto acaece no sólo en organizaciones industriales, sino también en otras que aseguran que venden servicios a terceros. Se cumple muchas veces en estas últimas el principio de que en casa del herrero, cuchillo de palo.

La mayor parte de la gente se deja arrastrar por los vientos que soplan: falta personalidad en demasiados para defender “principios”. La reunión clandestina del Consejo de Administración es una muestra de maquiavelismo por parte del traidorzuelo, en la que no falta la mentira, el interés crematístico puro y duro, y las medias verdades que se convierten en arma arrojadiza.


Resulta interesante la enseñanza, pues se repite en muchas instituciones que aseguran que trabajan con el denominado modelo de gobierno colegial. Al final, salvo excepciones, alguien mueve los hilos. Si es honesto, la cosa puede marchar. Si es un obseso del poder, conducirá al desastre a quienes dice servir.

Las fusiones son demasiadas veces fruto de una obsesión mercantilista, ajena a principios humanistas que ojalá estuviesen presentes en cualquier organización. El factor humano no debería ser tratado como un mero recurso. Eso exigiría –y es lo que Parrish propone reiteradamente- considerar una entidad mercantil como algo más que un mero sistema de ganar dinero. Además, y tal como se explicita a lo largo de la narración, la idea inicial es la de despedazar la empresa. No hay proyecto, únicamente deseo de enriquecimiento rápido.

No sólo Bill Parrish tiene preocupación por el proyecto en su sentido más amplio. Varios de los consejeros están dispuestos a disminuir la rentabilidad de sus acciones en defensa de las ideas. No son mayoría, pero...

La muerte es una realidad que no debería ser sistemáticamente escondida ni soslayada. Mirarla con paz, cara a cara, podría ser una buena meta para cualquiera. El ejemplo que en este sentido ofrece el empresario protagonista es relevante. Su existencia íntegra le permite enfrentarse con paz a ese momento fundamental para todo ser humano.

Las diversas explicaciones que se ofrecen sobre el sentido del amor son estupendas. Por ejemplo, cuando se define como confianza, responsabilidad, lealtad a los principios, deseo de llevarlo hasta la eternidad...

El amor paterno-filial hace acto de presencia cuando la muerte (Joe Black) desea caprichosamente llevarse también a la hija del emprendedor. Éste se enfrenta firmemente a las veleidades de esa frívola guadaña (claramente insuficiente el papel de Brad Pitt en este caso: no basta con tener “buena pinta” para transmitir realidades profundas). Al final, el afecto paterno se impone, y la hija recibe la oportunidad de seguir viviendo.

La necesidad del coaching está presente en el largometraje. Todo el mundo precisa de alguien con quien contrastar sus ideas, sus proyectos, sus ilusiones, y también sus carencias. Quien sirva de frontón ha de recordar que una ética natural, y nada puede justificar el no vivirla, reclama silencio absoluto sobre lo conocido en un proceso de coaching. Cuando una organización emplea la confidencialidad conocida como instrumento de control de sus miembros se torna perversa, generadora de vidas hipócritas.

En toda la película sólo desmerece la actuación de Brad Pitt, particularmente cuando se enamora de Sussan Parrish (Claire Forlani). Con una mejorable asunción del papel por parte de Brad Pitt, la película hubiera abordado de modo eficaz una temática que ofrecía muchísimas más posibilidades. Al menos, ha sido un intento. Lástima que no sea redondo.

Javier Fernández Aguado
Catedrático de Foro Europeo
Escuela de Negocios de Navarra

lunes, 2 de enero de 2012

Enero 2012


Arranca un nuevo año lleno de incertidumbres en diversos ámbitos. Me atrevo a decir que como casi todos, aunque quizá en esta ocasión somos más conscientes que en otros periodos. Para los creyentes, la confianza en la Providencia proporciona sosiego. Para quienes no lo son, tendrá que ser la estadística de que ningún mal duró cien años la que facilite el conveniente sosiego.

 Personalmente comienzo este año con notable intensidad, y con previsiones de numerosos viajes tanto a diversos países de Europa como de América. Tras haber recorrido ocho países en 2011, en 2012 es muy probable que me encuentre en algún momento en México, EE.UU., Gran Bretaña, Italia, Brasil, Panamá, Colombia, etc. En algunos casos, son proyectos confirmados; en otros, anuncio consistente de los mismos.
En enero, salvo novedades, no saldré de la península, aunque sí viajaré a Extremadura y Andalucía, cuando menos. Además de diversos comités de dirección y sesiones de coaching, cuento con dar el último empujón al libro que he escrito junto a Lourdes Molinero: La sociedad que no amaba a las mujeres. Dios mediante estará en librerías a final de este mes o comienzos de febrero.

En diciembre de 2011, se publicó tanto una nueva edición especial de 1010 Consejos para Emprendedores, como regalo navideño de una gran Compañía Consultora, y Roma, Escuela de directivos. La presentación de este último reunió en la sede central de Steelcase, en Madrid, a muchas docenas de grandes profesionales de diversas Compañías nacionales y multinacionales, e instituciones públicas.

Ahora, en paralelo y como fundamento de las numerosas conferencias y seminarios que me esperan, trabajo en una nueva obra, y en la reedición de otras agotadas hace tiempo. Iré dando noticia oportuna de una y otras a lo largo del año.

En enero, en fin, no participaré en ningún acto ‘abierto’, pero sí en febrero. Lo anuncio ya para quienes deseen reservarse esa fecha. El 23 de febrero, en Ifema, dentro del marco del congreso de Capital Humano, impartiré la conferencia de clausura. Antes, Enrique Sueiro hablará sobre la evolución de mis investigaciones desde el Symposium de 2010 (al que asistieron más de 600 profesionales de doce países, quizá también bastantes de los lectores de estas líneas) hasta el momento actual. Quien lo desee puede ir contactando con Aefol, promotores del acto.