Intérpretes: Alec Guinnes
y Richard Harris.
Año: 1970
Temas: Abuso de
poder. Dictadura. Outdoor
training. Poder y liderazgo. Profesionalidad.
Totalitarismo.
Oliver
Cromwell (Richard Harris) nació en Huntingdon en 1599. Puritano
estricto, estudió en Cambridge. Más tarde fue miembro del Parlamento en dos
periodos. Carlos I (Alec Guinnes) convoca el parlamento para lograr más medios
para la guerra que mantenía con escoceses e irlandeses.
En 1642, ese
mismo Parlamento despojó a Carlos de muchas de sus prerrogativas, colocando el
ejército y la marina directamente bajo su égida. Carlos entró en la Cámara de
los Comunes (el primer rey que se comportaba de ese modo), con el objetivo de
detener a Juan Pym, líder del Parlamento y a otros cuatro conspiradores, pero
éstos ya habían escapado gracias a un soplo dado por un espía. Carlos viajó al norte para reclutar un
ejército y levantó su estándar contra las fuerzas de los Parlamentos (Roundheads)
en Nottingham, el 22 de agosto de 1642. Inglaterra se precipitaba en una nueva
guerra civil.Cromwell
agregó sesenta caballos a la causa de Roundhead cuando la guerra estalló. En
aquella batalla, los defensores del Parlamento fueron derrotados.
Eso llevó a
Cromwell a realizar una preparación profesional del ejército. Demostró ser un
líder militar de primer nivel. Así, en 1644, el ejército de Cromwell derrotó a
los monárquicos, en Naseby. En 1646,
Inglaterra era ya gobernada únicamente por el Parlamento, aunque el rey no fue
ejecutado hasta 1649. Cromwell
sometió a la nobleza, y derrotó a
Leveller en Burford. El ejército de Cromwell masacró a más del cuarenta
por ciento de los irlandeses por su condición de católicos.
En 1655,
Cromwell disolvió su Parlamento nuevo, proclamando una dictadura, que él
representaba (curiosamente, el motivo por el que justificó el derrocamiento de
Carlos I). Dos guerras con los holandeses lastraron adicionalmente las finanzas
de Cromwell. Hundido y odiado, Cromwell falleció el 3 de septiembre de 1658.
Pretendió que su hijo Richard le sucediera en el poder, pero su deseo fue vano:
la monarquía fue restaurada dos años más tarde.
Uno de los motivos del fracaso de Cromwell fue su
contradicción interna: él pretendió en su vida lo mismo que había condenado en
aquel contra quien se había rebelado. Se
ha escrito con acierto que el Parlamento no podía existir sin la corona, al
igual que tampoco la corona sin el Parlamento. Cuando desapareció el mito de la
corona, el Parlamento calló. Cuando Cromwell pretendió para sí lo que negaba
para los otros, todos le negaron sus fantasiosas pretensiones.
El metraje que narra la vida de este peculiar personaje
bien puede recibir el calificativo de panegírico. Cromwell es presentado como
hombre de rectísima conciencia, frente a las maldades sin cuento de quienes le
rodean. En su esfuerzo por el bien no le queda sino tomar algunas decisiones
radicales, pero con total ausencia de mala voluntad.
Esta reescritura de la historia es falaz. De algún modo
se puede entrever en los últimos minutos del metraje, cuando aparece el ansia
de Cromwell por el poder. Eso, de algún modo, estuvo presente desde el
principio. Que sólo al final floreciera más claramente no disminuye los
desafueros cometidos tanto contra los escoceses, como contra los irlandeses y
contra los propios ingleses.
A pesar –insisto- de la imprecisión histórica que lastra
la película, son muchas las enseñanzas que pueden obtenerse, particularmente
por lo que a cuestiones sobre el liderazgo se refiere. Entre otras:
1.- Toda persona necesita una familia. Y esto por muchos
que sean los triunfos. Así, Cromwell modera sus locuras mientras su mujer e
hijos están más cercanos. En la medida en que asciende en el poder y se aleja
de los suyos, la demencia va apoderándose cada vez más del gobernante.
2.- Los irlandeses pedían sencillamente libertad de las
imposiciones británicas. En buena medida, porque la apostasía de Enrique VIII,
provocada por motivos sexuales, había conducido a los ingleses a una situación
de esquizofrenía que hacía invivible estar sometido a su poder. En vez de
atender aquellas justas reivindicaciones, se reacciona con violencia. Una vez
más se mostró que quien no tiene la fuerza de la razón, acude a la razón de la
fuerza.
3.- El gobierno, al final, ha de ser ejercido en
solitario. Así se desea al nuevo gobernante:
-¡Qué puedas reinar con más felicidad que yo!
Con frecuencia, sólo los inmaduros anhelan puestos de
preeminencia.
4.- Quienes se empeñan en alcanzar el gobierno muchas
veces se escudan en los intereses de la patria. Luego, a la hora de la verdad,
acaban defendiendo los propios. En este caso, por si fuera poco, intentando
crear su propia estirpe.
5.- Casi todo lo importante en la vida se aprende de los
errores. Aquí, Cromwell se convierte en un verdadero estratega al verificar que
sin entrenamiento las tropas no aguantan el primer ataque. A partir de ahí,
hará las cosas con rigor.
6.- Los aduladores están siempre en torno a quien
consideran que está triunfando o va a triunfar. Luego, a la hora de la verdad,
es decir, del fracaso, sólo quedan los buenos amigos. Le pasa a Carlos I, y
también a Cromwell.
7.- Como bien se explicita:
-Quien culpa a sus hombres es un mal jefe.
Quien, al tener un cargo de gobierno, considera que todo
lo hace bien y que son sus subordinados quienes no responden adecuadamente, o
no ha elegido bien a su gente o no ha sabido formarla. En cualquier caso, es
suya la responsabilidad.
8.- La rapidez y la sorpresa son elementos fundamentales
para salir adelante en un mundo proceloso como el empresarial. Considerar que
los demás se quedarán parados es un error.
9.- La presencia del líder es fundamental en cualquier
grupo humano. Cuando el jefe cae –o decae-, la gente tiende al desánimo.
10.- El coste de ser líder es muchas veces una inmolación
voluntaria. Aquí, es un hijo de Oliver quien muere. Como dicen los británicos: no
pain, no gain: no hay grandes éxitos si no hay también sufrimientos en el
camino. Quizá, porque el hombre aprende mucho más en el fracaso que en el tirunfo.
11.- Los empeños relevantes exigen seriedad. No puede
plantearse una guerra para los ratos libres, ni ser empresario o directivo para
cuando no hay nada más que hacer. Ser emprendedor es apasionante, pero reclama
la vida.
12.- Las obsesiones no son buenas. La de Cromwell fue la
de creer que todos los males procedían de la Iglesia Católica y que acabando
con ella el mundo marcharía mejor. No consiguió el propósito –era imposible-, y
que no era cierta la conclusión resulta evidente.
Señalo, en fin, dos momentos especialmente claves. En el
minuto 1:08, y durante tres minutos, puede verse una escena en la que Oliver
manipula a sus compañeros, quizá influido por la muerte de su hijo. Más
adelante, entre el minuto 1:37 y el 1:50 manifiesta su liderazgo durante el
juicio.
Útil, pues, este metraje. Más aún lo sería si hubiese
respetado la verdad de los hechos. Pero eso es otra historia.

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