lunes, 23 de enero de 2012

LA FUERZA DE LA RAZON. El ejemplo de Pólux y de Ares


Hijo de Posidón y rey de los bébrices (en Bitinia), era Amico uno de esos peculiares personajes que se encuentran en el mundo de los negocios, tal vez por enfermedad de la propia organización (véase Patologías en las organizaciones, LID)), quizá por falta de dominio de sí mismos.
            Incapaz de dialogar,Amicose dedicaba a imponer sus principios (si es que así pueden ser denominados) mediante la amenaza. Más dedicado al cultivo de los músculos (como los caballos) que de la cabeza (como los hombres), llegó a inventar el pugilato y el boxeo.
            Cualquiera que llegaba por su entorno (Bitinia) era objeto de sus chanzas y a continuación de sus bravatas. No contento con la burla, procuraba matarlos, para demostrar su superioridad. Incapaz de ejercer la fuerza de la razón, aplicaba a diario la razón de la fuerza. De forma semejante a como quienes fundamentan su sistema de gobierno no en ganarse a los demás mediante sistemas participativos, sino con la amenaza. Pobres gentes que, si no matan físicamente, sí lo intentan psíquicamente. Y los más dañados por sus tendencias brutales son ellos mismos, pues los empleados huyen de esos ejecutivos o empresarios amenazadores, que juegan a asustar.
            Si no pueden hacerlo corporalmente, porque no encuentran de momento otra alternativa laboral, lo hacen intelectual y volitivamente, desentendiéndose de los intereses de quienes son incapaces de liderar y tienen que esgrimir la potestas como si de un mazo se tratase.
            Desembarcaron en aquellas tierras los argonautas: aquellos cincuenta caballeros o poco más que acompañaron a Jasón, como asociados a éste, en busca del velloncino de oro. Entre los más famosos se encuentran Idmón, hijo de Sbante; Anfiarao; Mopso; Zetes y Calais (hijos de Bóreas); Cástor y Pólux (hijos de Zeus y Leda); Idas y Linceo (hijos de Afareo); Etálides (hijo de Hermes); Admeto (hijo de Feres); Acasto (hijo de Pelías); Periclímeno (hijo de Neleo); Asterio (hijo de Cometes); Polifemo (hijo de Élato); Corono (hijo de Ceneo); Éurito (hijo de Hermes); Augias (hijo de Helio); Cefeo (hijo de Aleo); Palemonio (hijo de Hefesto); Eufemo (hijo de Posidón); Peleo y Telamón (hijos de Éaco); Ifito (hijo de Náubolo); y Peante (padre de Filoctetes).
            El caso es que Amico les retó uno por uno, con idea de imponer su fuerza bruta. Aceptó Pólux el duelo y hacia el gigante se dirigió. La talla y fuerza de aquel personaje siniestro eran notables, pero, una vez más, la habilidad y agilidad del héroe le sirvió para no caer en manos de aquel abusón de poca monta. Vencido Amico, Pólux podía haber dispuesto su muerte, pues era ése precisamente el contenido de la apuesta. Sin embargo, el argonauta triunfador, dando muestra de su estilo se limitó a proponer al contrincante que de aquel momento en adelante dejase sus costumbres de violencia y se reformara para convertirse en alguien de provecho.
            Tras hacérselo jurar de forma solemne, siguieron los argonautas su camino.
            Nada se sabe sobre si Amico cumplió o no la promesa. Por la experiencia, sospecho que no, porque mucha es la debilidad humana y quien tiene hábitos operativos lamentables, como era el caso, es difícil que con una sola lección aprendan. Sin embargo, de poco hubiera servido que se le hubiera aplicado la condena, porque es demasiado evidente que es imposible que el mal deje de cometerse en el mundo: ¡sí resulta viable que no suceda a través de uno! Con su buen hacer, Pólux introdujo siquiera un poco de sensatez en el planeta.
            Tanto Pólux como su hermano Cástor pasaron a las leyendas romanas, por éstos y otros sucesos (a decir verdad no tan halagadores..., como el rapto de unas muchachas). Afirmaban los de Roma que los dos tomaron parte en la batalla del lago Regilo y que fueron a anunciar la victoria a los ciudadanos. Al hacerlo, dejaron abrevar a sus caballos en la fuente de Yuturna, junto al Foro. La ninfa de aquella fuente pasó a ser considerada hermana de los héroes.
            Por su hombría de bien (al menos en los aspectos aquí destacados) merecieron un templo en las cercanías del de Vesta.
            Se cuenta en fin que su casquivana madre, Leda, se había unido la misma noche a Zeus en forma de cisne y a su marido Tindáreo, rey de Lacedemonia. Salieron de tantos amores dos pares de gemelos. Los atribuidos a Zeus fueron Pólux y Helena; a Tindáreo, Cástor y Clitemestra. Por ser hijos de Zeus fueron denominados Dioscuros. Se convirtieron en los héroes dorios por excelencia.
            Ares ofrece también un perfil interesante. Identificado con el Marte romano, era hijo de Hera y Zeus. Al igual que Apolo, Hermes, etc., es de los de la segunda generación de los Olímpicos. A diferencia de Hebe e Ilitia (que son consideradas como divinidades secundarias), Ares se enumera entre los doce más grandes dioses.
            Dios de la guerra por excelencia, su objetivo principal es la batalla, no cuestionarse por quién ni por qué se lucha. Goza, como buen espíritu que es de cualquier guerrero sin escrúpulos, con el sufrimiento ajeno, con la sangre derramada. En Troya luchó habitualmente junto con los troyanos, pero no se cortó un pelo para cambiar de bando  cuando así le resultó oportuno.
            De talla sobrehumana, profiere gritos terroríficos, y al igual que los demás gallitos, tiene un cortejo de fanfarrones y pendencieros que le hacen la corte. En este caso, Deimo y Fobo (el Temor y el Terror), vástagos suyos. No faltan tampoco -como es lógico- Éride (la Discordia) y Enio (rey de Calidón y amigo del vino).
            Pero ya intuyeron los griegos que la fuerza bruta no siempre triunfa: aunque a corto lo logre, a medio y a largo es un fiasco.
            Sucedió, por ejemplo, que luchando junto a Héctor, se dio de bruces con Diomedes. Sin poder aguantar su impulsos, sobre él se lanzó. Pero Atenea (o también Minerva, para los romanos, hija de Zeus y Metis), invisible gracias al casco mágico de Hades, desvió la lanza de Ares, que fue entonces herido por Diomedes. Recuperado en el Olimpo, donde fue conducido por orden de Zeus, volvió luego al frente (porque quienes tienen como única arma la amenaza no saben hacer nada que no sea incordiar a quienes trabajan con honradez), y allí, una vez más, fue vencido por Atenea, que lo dejó aturdido a pedradas hábilmente lanzadas contra quien no contaba con otros argumentos que los de la violencia.
            Como aquellos que tienen tendencia a la paranoia agresiva, no fue Ares ejemplo de otras virtudes. Así, se le atribuyen numerosas aventuras adulterinas. La más conocida es su unión con Afrodita (la diosa del amor, identificada en Roma con Venus. Platón habló de dos diversas: una, la nacido de Urano -el Cielo-: Afrodita Urania, diosa del amor puro; y la hija de Diones: la Afrodita Pandemo -la Afrodita Popular-, diosa del amor vulgar). Además, cometió otros desvaríos. Como de tal palo tal astilla, sus hijos fueron violentos, amigos de la jarana, dedicados a amenazar a pacíficos ciudadanos, a quienes mataban o, en otras ocasiones, torturaban.
            Con Pirene, por ejemplo, tuvo tres criaturas: Cicno, Diomedes de Tracia (cuyas yeguas se decía se alimentaban de carne humana) y Licaón. Este trío  moriría a manos de Heracles.
            También se le atribuyó la paternidad de Meleagro y la de Driante, que participaron en la cacería de Calidón (héroe éste procedente de Etolia, en el norte del golfo de Corinto, hijo de Etolo y Prónoe).

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