martes, 17 de enero de 2012

RESCATAR LA JUSTICIA


En el siglo IV nacieron dos grandes pensadores. Uno en Oriente y otro en Occidente. Sus obras siguen siendo de rabiosa actualidad, como siempre sucede con los clásicos, aquellos autores a quienes me gusta describir como los capaces de atravesar el tamiz del tiempo sin desvirtuarse.

Con palabras de Agustín de Hipona, a quien he citado en ocasiones: Remotaitaqueiustitia, quid suntregnanisi magna latrocinia? Es decir, ¿si eliminamos la justicia, en qué se convierte una organización, sino en una cueva de ladrones?
Cuando muchos hablan de recuperación económica desde ángulos estrictamente técnicos, es preciso recordar que mientras no seamos capaces de restaurar el imperio de la justicia, la mera sistematicidad de los remedios tecnócratas no nos conducirá a la verdadera puerta de salida.

Algunos ejemplos de cuestiones que deben ser abordadas: ¿Cómo es posible que políticos que han conducido al país al borde del abismo, se regalen con desfachatez vacaciones de lujo a costa del contribuyente y la mayoría calle? ¿Cómo aceptamos que directivos de entidades financieras conducidas al descalabro se retiren de rositas con indemnizaciones inmorales (aunque recubiertas con una pátina de legalidad)? ¿Podemos aceptar que grupos de ciudadanos se eximan de normas básicas de urbanidad concediéndose el derecho de entrar en los servicios públicos sin pagar? ¿Es comprensible que quienes hasta hace poco dirigían organizaciones públicas o privadas, gobiernos de comunidades autónomas, ministros, etc. se presenten como si ellos no hubieran sido los responsables del desastre? ¿Es comprensible que responsables de grandes sindicatos que viven regaladamente a costa los impuestos de todos los ciudadanos se presenten como víctimas de la crisis…?
Quizá lo que hay que recuperar es sencillamente el concepto de decencia… Y dentro de ésta se incluye el no enmudecer ante la injusticia.

Javier Fernández Aguado

No hay comentarios:

Publicar un comentario