lunes, 20 de febrero de 2012

CUBE

Título: Cube
Director: Vicenzo Natali
Intérpretes: Maurice Dean Wint, Nicole De Boer, Nicky Guadagni, David Hewlett, Andre Miller, Julian Richings, Wayne Robson.
Año: 1997
Temas: Constancia. Equipos. Esfuerzo. Esperanza. Poder y liderazgo.
 
No muchas películas dejan una sensación tan extraña en el espectador como ésta. Un grupo de personajes, reunidos no se sabe por qué misterios del azar, se encuentran en un ambiente desconocido y hostil. Una serie de cubos interconectados entre sí parecen llenos de trampas. Pasar de uno a otro puede suponer un riesgo importante: nadie sabe los peligros que pueden alzarse tras la siguiente ventana.
El metraje, de 97 minutos, mantiene en vilo permanentemente, con una mezcla de terror, aventura, drama...
Lento en su desarrollo, se ofrecen oportunidades de reflexión sobre ese sutil sendero por el que camina la persona, en el que a veces se siente inclinada a realizar actos de sublime heroísmo, para caer en el más simplón de los egoísmos un poco más tarde.
Así se van describiendo los personajes, que reflejan modos diversos de contemplar el entorno, en función de la formación recibida y de los hábitos adquiridos antes de haberse incorporado a ese peculiar entorno.
Las dotes de liderazgo son necesarias para poner en marcha a aquellas personas, y no quedar abandonadas a un pasivo desánimo. Pero, una vez que se lanzan hacia delante, hay que ir pactando. Al final uno tomará la decisión, pero deben de tenerse en cuenta las perspectivas de los demás.
 Muchas son las enseñanzas que pueden obtenerse de este casi-documental:
            1.- Para salir adelante, es fundamental que se establezcan cauces de colaboración.
            2.- En las batallas siempre algunos caen. No es aconsejable dejarles abandonados, tanto desde un punto de vista humanitario, como también por una causa práctica: si los demás ven que quien tiene dificultades no es ayudado, procurarán cubrirse las espaldas para cuando ellos tengan problemas.
            3.- La vida es una lucha permanente. En ocasiones hay periodos de calma, pero son más frecuentes los de agitación. En el transcurrir de los años, es preferible que los golpes lleguen pronto, porque es más fácil asimilarlos, y predispone para, en el futuro, actuar de mejor manera.
            4.- Lo que uno sabe, le es útil en un ámbito muy definido. Sacado de ese entorno, cualquiera siente que debe reinventar todo lo que hasta ese momento sabía. En esas circunstancias de tensión se descubre realmente lo que cada uno es, arrancada ya la máscara que se ha ido construyendo para desenvolverse en un determinado ámbiente o trabajo.
            5.- El destino no está escrito. Pueden diseñarse los esquemas por los que a uno le agradaría que su existencia se desarrollase, pero no es extraño que periódicamente surjan situaciones en las que lo aprendido no es útil para acertar en el siguiente paso.
            6.- Los conocimientos previos, aunque no sean directamente empleables, pueden servir para encontrar soluciones. En este caso es la experiencia matemática de Leaven lo que podría quizá sacarles del embrollo... El resto hay que verlo.

Una película, en fin, que merece la pena, no como distracción, sino como ocasión de catarsis. Quizá, por ponerle un pero, se carga demasiado la mano en una visión negativa y ceniza de la realidad: también hay momentos buenos, y gente estupenda, y circuntancias en las que las trochas son particularmente andaderas.

La película fue merecidamente reconocida con el premio a la mejor película y el mejor guión del 98 de cine fantástico en el "Festival de Sitges".

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