lunes, 27 de febrero de 2012

PROGRESISTAS Y CONSERVADORES

Con frecuencia, se emplean expresiones que parecen inapelables, como si un término cubriese de bondad cualquier tipo de decisión. Es el caso del término progresista. Frente a él, el calificativo de conservador es un insulto del que el acusado deberá defenderse, si es que puede…

En realidad, lo nuevo no es bueno por ser nuevo. Ni lo antiguo es malo por proceder del pasado. La conveniencia o no de determinadas opciones no depende del momento en el que fueron propuestas, ni tampoco de que algunos las califiquen –a veces fruto de la ignorancia y con más frecuencia de la mala fe- de progresista o de conservadora.
En estos últimos meses, para tratar de calificar decisiones políticas y/o estructurales están empleándose a fondo los demagogos. ¿Es conservadora una reforma laboral que lo que pretende es precisamente desembarazarse del anquilosamiento paternalista-franquista, que luego fue curiosamente asumido por sindicatos autoproclamados de izquierdas? ¿Es conservador, y en consecuencia recusable, defender la vida de un inocente y proponer a la madre medios para que desee llevar adelante su embarazo?
¿Es conservador, y por tanto menos merecedor de respeto, un juez que pretende defender el Estado de Derecho mediante la aplicación de la ley? ¿Quién ha dicho que sea progresista que alguien campe por sus respetos sin aceptar los límites que la Constitución ofrece?
¿Fue Stalin progresista por condenar a millones de campesinos soviéticos a la muerte por hambre? ¿Fue Mao progresista por hacer lo mismo en China? ¿Fue Hitler conservador al provocar una de las peores guerras de la historia de la humanidad? Fueron los tres, sin más, perversos dirigentes a los que un calificativo no puede tratar de redimir.
Antes de aplicar o aceptar un calificativo, sería bueno dedicar un minuto a la reflexión. Desafortunadamente, para muchos, políticos o no, el único tiempo del que no disponen es el que deberían aplicar a ese objetivo que nos convierte en humanos y no en seres gregarios. Como tantas veces se ha dicho: ¡Piensa lo que quieras, pero piensa! ¡Que no nos vivan la vida!
Javier Fernández Aguado

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