lunes, 19 de marzo de 2012

CHAPLIN


Título: Chaplin
Director: Richard Attenborough
Guión: William Boyd, Bryan Forbes y William Goldman
Actores: Robert Downey jr., Dan Akroyd, Geraldine Chaplin, Kevin Dunn, Anthony Hopkins, Milla Jovovich.
Año: 1992
Temas: Acoso sexual. Emprendizaje. Esfuerzo. Iniciativa. Profesionalidad.

La figura de Charles Chaplin (representado acertadamente por Dan Akroyd en casi la totalidad del metraje) es mundialmente conocida y admirada. Sus múltiples obras han sido ocasión de disfrute para muchas generaciones de chavales, y de reflexión para los no tan jóvenes. Chaplin no era sólo un genial actor, sino también, dentro de una caótica vida personal, un lúcido crítico de su tiempo. Manifestó en muchas de sus obras haber captado mejor la realidad que bastantes de sus contemporáneos, incluso aquellos que por su posición –políticos, empresarios, economistas, etc.- deberían haber sido capaces de vislumbrar sucesos que Chaplin “anticipó”: recuérdese, por ejemplo, su sensacional y profunda parodia de Hitler. 

Pero no es sólo esto lo interesante del metraje que comentamos. Chaplin pasó por casi todas las etapas profesionales posibles hasta llegar a ser un prohombre del mundo del espectáculo. Sus orígenes fueron modestos. Trabajando por cuenta ajena, con sueldos de hambre, fue saliendo adelante. Muchos –quizá la mayoría- siguen pasando hoy por esa misma fase en su incorporación al mundo del trabajo: innumerables horas de brega, a cambio de una remuneración insuficiente.

Insatisfecho de la situación en que se encontraba, buscó nuevas oportunidades: en su caso, también  artísticas. Con buen ojo, optó por lo que era en ese momento un mercado emergente: la cinematografía. Nueva enseñanza: en la medida de lo posible, hay que optar por aquellos sectores con futuro, porque se encuentren en su nacimiento o en su desarrollo. Empeñarse en nichos que ya huelen a podrido no es conveniente en el mundo de los negocios. Como se recuerda en “Con el dinero de los otros”, la última fábrica de látigos para caballos debió acaparar casi todo el mercado, pero aquello era triste, porque su decadencia estaba anunciada, y su fallecimiento próximo.

Decidido, pues, a salir adelante a costa de lo que fuese, Chaplin se adentra en el “universo” del cine. Fueron precisos esfuerzos grandiosos para llamar la atención de sus primeros empleadores. Poco a poco, sin embargo, descubrieron la genialidad de aquel subordinado. Cuando descubrieron que era fuente importante de ingresos, cambiaron las tornas. Pero, era demasiado tarde...

Siguiendo el principio de que un posible ideal para una vida es primero trabajar para otros; luego, para uno mismo; y al final que otros lo hagan para uno; Chaplin decidió convertirse en empresario. A pesar de las seguridades que tenía en una carrera seriamente asentada, “dio el salto” y se transformó en emprendedor. Buena experiencia ésta también: casi siempre es mejor lanzarse a crear la propia empresa tras haber pasado un tiempo razonables –¡años!- laborando por cuenta ajena. De ese modo se conocen las entrañas de los negocios en general y, si es posible, de aquel al que uno va a dedicar en el futuro sus propias energías. 

Ser empresario tampoco fue sencillo para Chaplin. Cada uno sabe hacer algo en la vida (y ni siquiera bien, en demasiadas ocasiones). El fuerte de Chaplin era su arte para atraer a las masas en aquellas geniales comedias, dramas o tragedias, pues ante nada se paraba. 

Cuando la estrella profesional de Chaplin parecía dirigirse hacia el cenit, los envidiosos –que nunca faltan- malmetieron para que (tal vez con una pizca de razón) fuese acusado de connivencia con los socialistas, y de otras maldades políticas y personales (la sucesión de señoras y señoritas que pasaban por su alcoba no fue su mejor publicidad). Luego, aunque rehabilitado ante el mundo entero, y específicamente ante el público norteamericano, nunca acabó de sobreponerse de aquel sufrimiento y pérdida de imagen.

Como emprendedor, tuvo Chaplin –y el metraje lo recoge con acierto- significativas intuiciones. Pero siguiendo el principio de que una empresa es una sucesión de obstáculos en la que lo único claro es que no se sabe en qué consistirá el siguiente, se equivocó nuestro protagonista en no pocas ocasiones. Principalmente, porque no acertó a descubrir que el futuro del cine no sería reproducir el teatro en celuloide, sino que había mucho más. Junto a esto, su empeño por mantenerse dentro del “mudo” (salvo escasísimas excepciones no salió de él) le cerraron puertas. Las visiones de antaño se habían vuelto en su ancianidad, como en ocasiones sucede, cerrazón para ver lo que otros estaban en condiciones de detectar. 

La película que comentamos reproduce con aceptable fidelidad la vida de Chaplin. Entre las ficciones se encuentra la de las charlas con un interlocutor (Anthony Hopkins). Al no ser muchas las interrupciones, cumplen bien su función de apoyo, y también de amortiguación para algunos cambios de época o escenario.

La experiencia ajena es un grado. En este metraje, además de gozar con el recuerdo de Chaplin, los emprendedores –y en general cualquiera, incluso aquellos que comienzan su vida profesional- podrán verse reflejados. Al final de la jornada, como también es usual, su soledad (la de verdad, aun rodeado de gente) fue enorme. 

Javier Fernández Aguado

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