lunes, 28 de mayo de 2012

RENOVAR LA UNIVERSIDAD

En las últimas semanas he tenido ocasión de charlar con un buen número de catedráticos de universidades públicas y privadas. La mayoría son profesionales de primer nivel, dispuestos a superar con trabajo y esfuerzo las actuales dificultades que a todos afectan. Algunos, por el contrario, se encuentran no solo desanimados, sino desanimantes: trasladan a sus alumnos y  a otros colegas las propias inquietudes y mediocridades.
También he tenido ocasión de oír a un catedrático de derecho mercantil de una universidad privada madrileña que, insatisfecho con su remuneración, ha decidido crear una empresa para la realización de informes. Escucharle me produjo sonrojo. No sólo mintió descaradamente ante un tribunal, sino que manifestó un profundo desconocimiento de la materia de la que se le supone experto. Una persona de gran experiencia profesional en la materia que también le escuchó se preguntaba: ¿qué enseñará este personaje a sus alumnos…?
Resulta imprescindible promover una profunda renovación en la Universidad española. La multiplicación de centros superiores por toda España no ha sido positiva. No coincido con la propuesta de Unamuno de que bastarían tres en todo el país, pero de eso a lo que sucede en la actualidad…
En el ámbito sacrosanto de la sabiduría y el conocimiento se han introducido personajes que desmerecen de lo que la Universidad debería ser. Con su mal comportamiento dañan a otros colegas que vienen dando lo mejor de sí mismos desde hace años. Llega el momento de volver a separar el trigo de la paja, aunque resulte doloroso. De otro modo, difícilmente la Universidad volverá a ser generadora de creatividad, innovación y mejora social.
Definir un nuevo sistema de selección eficaz, exigente, meritocrático, no endogámico sería un primer paso.
Javier Fernández Aguado

domingo, 20 de mayo de 2012

EL DÍA MÁS LARGO


Título: El día más largo
Directores: Ken Annakin, Andrew Marton, Bernhard Wicki y Gerd Oswald.
Intérpretes: Richard Burton, Sean Connery, Mel Ferrer, Henry Fonda, John Wayne, etc.
Año: 1962
Temas: Constancia. Coordinación. Equipos. Esfuerzo. Estrategia y tácticas. Motivación. Poder y liderazgo.

Muchas veces se ha comparado la actividad mercantil con una guerra en la que también se suceden las batallas. Y, aunque con algún posible matiz, no falta razón a la comparación, porque las tácticas y estrategias que han de aplicarse en mucho coinciden: descubrir las iniciativas de la competencia (enemigos), medición del músculo financiero (de los escuadrones de reserva), capitalizar razonablemente (prepararse para nuevas oleadas de ataque), etc.

El día más largo mereció dos Óscars en 1962, y desde entonces ha sido reiteradamente puesto de ejemplo. Aunque adolece de algunos de los males del género -fundamentalmente cuando tiene cuño americano-, como es presentar a los alemanes como si fueran atontados, y a los americanos como llaneros solitarios que restauran libertades perdidas, son abundantes las enseñanzas que para la empresa pueden obtenerse:
1.- Es fundamental que los equipos se encuentren motivados. Sólo cuando esto sucede,podrá contarse realmente con ellos en los momentos menos buenos. En el caso que nos ocupa, no retrasando más la puesta en marcha de las opericiones, porque la inanición puede provocar un destensamiento difícil de recuperar.
2.- La seguridad de que no se abandonará a la gente, como si de un kleenex se tratara, ayuda a que todos se consideren apoyados. El servicio médico funcionando desde los primeros momentos, y la audacia de quienes se encargan de los heridos son realidades básica para que todos sepan que cuando ellos pasen por un mal momento, también serán ayudados.
Pocas cosas hay más desmotivadoras en una organización que contemplar que quien precedió en el puesto, o el de al lado, o nosotros mismos, no es sino un tornillo más de un sistema, en el que el cambio puede ser realizado de manera casi instantánea.
3.- Es preciso llevar a cabo procesos de empowerment. El exceso de control produce rigideces y personalidades patológicas, siempre pendientes del gesto de quien en ese momento ocupa la poltrona.
4.- Hay que diseñar estrategias, y también tácticas concretas para poner por obra sucesivamente aquellos pasos que conducirán a la meta anhelada.
5.- La discreción es fundamental para que la competencia no descubra cuáles serán las siguientes maniobras.
6.- Emprender iniciativas de despiste del contrario es importante. En el caso de las entidades mercantiles, el límite sería la licitud de estas actuaciones. Empresarios hay que llegan a falsificar hasta ofertas de otros competidores. Quizá en ocasiones salgan triunfantes, pero la falta de ética se acaba por pagar, antes o después: casi siempre, antes.
7.- Es preciso tener una razón para hacer las cosas. En este caso, la insistencia en la recuperación de la libertad para Europa es el motor principal que lleva a luchar hasta quedar extenuados. Se verifica una vez más que son los poetas quienes mueven a los pueblos: esa ilusión llevó a muchos a perder su vida.
8.- El dinero –en general el exceso de bienes o, mejor dicho, el apegamiento a ellos- hace que la gente tenga más miedo en la lucha. En una magistral interpretación, uno de los soldados, enriquecido en juegos de cartas, decide deshacerse de lo obtenido, en parte por darse el gustazo de apostar sin límites, pero también para que eso no le frene.
En el mundo de la empresa, la excesiva atención a la propia imagen daña, porque hay quienes –incluso emprendedores noveles- consideran que si no disponen de grandes despachos, de llamativos coches, no pueden trabajar... Faltan voluntades y sobran abalorios en muchas organizaciones tanto públicas como privadas.
9.- Los aprovisionamientos son fundamentales en cualquier organización. En el caso del desembarco de Normandía, era obvio que la batalla la ganarían los aliados, aunque sólo fuese por la cantidad de recursos de los que podrían ir disponiendo, frente a unas reservas mermadas para los alemanes. Traducido a nuestro tema: la capacidad de financiación es fundamental para aguantar el tirón. Sólo quien cuenta con medios suficientes soporta períodos de crisis. La falta de capitalización es una de las causas de muchos hundimientos empresariales: se olvida que habitualmente los ingresos son menores que los presupuestados, y los gastos mayores...
10.- La creencia en el líder tiene ventajas, pero también grandes inconvenientes. Con palabras del profeta, podría repetirse –y particularmente en este caso-, aquello de maledictus qui posuit spem suam in homine: ‘maldito quien pone su esperanza en un hombre’.
En parte a causa de su personalidad, y en parte con amenazas sin cuento, Hitler consiguió que las autoridades civiles y militares alemanas le bailaran el agua. Para entender este proceso de despersonalización y alienación –que con tanta frecuencia se da en las organizaciones- puede leerse el trabajo (en dos volúmenes) realizado por el profesor británico Ian Kershaw, de la Universidad de Sheffield.
Como en casi todas las películas, alguna ‘errita’ se ha colado también en ésta. En concreto, poco antes que se inicie el ataque de paracaidistas, los ayudantes de un general alemán le regalan un pastel por su cumpleaños, en el que se lee claramente: "To General ..... - Happy Birthday - 6th June 1944". ¿No es evidente que dicha dedicatoria habría sido escrita en alemán?

           


domingo, 13 de mayo de 2012

LA DISCRECION EN EL GOBIERNO. El ejemplo de Anquises, del peluquero de Midas, Anquises, Dión, Filoctetes y Herse

Parte importante de la acción directiva es controlar la propia lengua: a saber, decir lo que hay que decir, a quien debe hacérsele saber, cuando hay que transmitirlo, en el momento oportuno y en el modo adecuado. Que a alguien se le caliente la boca es mala cosa, porque de esa incontinencia verbal brotan muchos males: algunos inesperados, otros previsibles. Una vez que se ha ofendido a alguien, resulta complicado arreglar las cosas. Difícilmente todo volverá a ser como antes, porque se habrán infligido heridas en el alma, que son más arduas de curar que las del cuerpo.
Entre los que han hablado de la importancia de dominar el afán por comunicar lo que se sabe (y a veces también lo que se ignora), encontramos este texto del siglo I:  “si ponemos frenos en la boca de los caballos para que nos obedezcan, y así dirigimos todo su cuerpo; y si también en las naves –aunque sean grandes y las empujen vientos fuertes- un pequeño timón las dirige adonde quiere la voluntad del piloto, del mimo modo, la lengua es un miembro pequeño, pero va presumiendo de grandes cosas. ¡Ved qué poco fuego basta para quemar un gran bosque! Así también la lengua es un fuego, un mundo de iniquidad; es ella, de entre nuestros miembros, la que contamina todo el cuerpo y, encendida por el infierno, inflama el curso de nuestra vida desde el nacimiento.
Todo género de fieras, aves, reptiles y animales marinos puede domarse y de hecho ha sido domado por el hombre; sin embargo ningún hombre es capaz de domar su lengua”.
Sucedió que el rey Midas deambulaba errante por los bosques (mala cosa la de andar perdiendo el tiempo, pues es origen de muchas complicaciones). Transitaba cerca del monte Tmolo en el momento en el que el dios de la montaña acaba de pronunciar una sentencia, consistente en proclamar a Apolo vencedor de cierta lid.
Metiéndose donde no le llamaban (y éste fue un segundo y profundo error, porque cada uno debería dedicarse a lo suyo -zapatero a tus zapatos-, ya que los problemas empiezan cuando  uno, en mala hora, decide salir de su habitación, es decir, de las ocupaciones que le son propias), se atrevió Midas, en su complejo de gobernante -ignaro de que cada uno tiene su ámbito de influencia-, a dictaminar que aquella sentencia era injusta y desproporcionada.
Apolo, molesto porque Midas aspirase a cambiar el sentido  del premio, adjudicándoselo a Marsias, optó por castigarle haciéndole crecer unas importantes orejasde asno. Fue aquello -con perdón de los burros- manifestación de que quien se mete donde no le llaman es más un animal que un racional.
Bajo una tiara, procuró el Monarca ocultar aquella miseria que patentizaba su afán por meterse donde nadie le había convocado. Sólo el peluquero estaba al tanto de aquellos hechos, y para estimular su discreción se le amenazó con la muerte en el caso de que se fuera de la lengua. Pero, abrumado por la "relevancia" de lo  que sabía, y carente del hábito de la discreción, se vio tentado a transmitir a alguien aquello que él conocía. Muchas veces el correr la voz de ciertas informaciones confidenciales responde a un factor de vanidad: considerar que otros se quedaran perplejos de los datos de los que uno dispone, frente a la ignorancia de los mismos por parte de otros.
Ni corto ni perezoso, haciendo un agujero en el suelo, confió a la Tierra que el rey Midas -el hombre poderoso y envidiado- también tenía sus defectos (nadie hay grande para su mayordomo). El secreto de las orejas monstruosas fue puesto en la palestra, pues, de forma inmediata, unas cañas que crecían por allí comenzaron a proclamar: Midas, el rey Midas, tiene orejas de asno... El viento que por allí pasaba fue convertido en altavoz de aquel peculiar fenómeno.

Hoy hubiesen sido los medios de comunicación de masas los encargados de proclamar en todas las direcciones del universo lo apenas susurrado por alguien. Pero es que no puede solicitarse discreción a nadie si uno no ha sabido ejercitarla. Difícil equilibrio éste, por otra parte, porque la amistad se basa precisamente en el intercambio de intimidades. El radicalmente reservado es prácticamente imposible que se encuentre en condiciones de calar fuertemente en la amistad. Pero quien todo lo comunica es como si no fuese amigo de nadie. Una vez más, el correcto equilibrio se manifiesta como un difícil reto para cualquiera. Más aun, sabiendo que en el mundo de los negocios, "cantar" más de la cuenta puede dañar gravemente una organización.
¿Quién no sabe que rumorear que determinada sociedad está en problemas dificultará sus relaciones con proveedores -que no querrán mantener y mucho menos ampliar el crédito-, con bancos -que no permitirán incrementar las líneas de descuento-, con clientes, que aspirarán a aprovecharse de los momentos de debilidad que atraviesa la entidad?
También Anquises sufrió las consecuencias de no haber sabido callar. Sucedió lo siguiente: era él padre de Eneas e hijo de Capis y Temiste. Amado por Afrodita, que lo había visto cerca de Troya mientras Anquises se dedicaba a su trabajo -apacentar el ganado-, se hubiera resistido si aquella hubiese ido de frente. Por eso, con armas que las mujeres saben esgrimir a la perfección, se acercó simulando lo que no era: se presentó como hija de Otreo, rey de Frigia. Hizo surgir la lástima en Anquises proclamando que había sido raptada por Hermes, quien la había transportado luego a los prados del Ida.
Olvidado de la fidelidad que debía a Eripis, su esposa, de quien ya había tenido algunas hijas, entre otras Hipodamía (en honor de la cual Pélope instituyó en Olimpia una celebración quinquenal relacionada con Hera, diosa del matrimonio), se unió a la amante oportunista.
Conseguido su propósito, reveló entonces la perversa quién era en realidad, a la vez que solicitaba discreción ahora del violado, pues si Zeus llegaba a saber que el muchacho era hijo de una diosa, lo aniquilaría.
Bajo los efectos del vino -que es uno de los más radicales estimulantes contra la defensa de lo que no debe ser transmitido-, Anquises se jactó de sus amores: mala combinación la de la vanagloria y las libaciones: si es difícil ser discreto, resulta prácticamente imposible en esas circunstancias.
Faltó tiempo para que Zeus supiera de aquello, y de un rayo dejó cojo (según otros, ciego) a quien no había sido capaz de mantener en silencio lo que de no haberse sabido hubiese beneficiado a muchos, empezando por él.
Era Dión un rey laconio, casado con Anfítea (hija de Prónax). De su amor surgieron tres hijas: Orfe, Lico y Caria. Apolo, de paso por Laconia, había sido recibido en esa casa con todo afecto y confianza. A cambio de la atención recibida, el dios prometió a las hijas el don de la profecía, pero con la condición de que no traicionasen a los dioses ni tampoco pretendiesen averiguar lo que no era de su competencia (¡magna petición ésta!).

Cayó también Dionisio por aquella casa y se enamoró perdidamente de Caria, quien no le hizo ascos. Cuando volvió a pasar por allí, las otras hermanas estaban altamente escamadas, y -a pesar de las advertencias perentorias de Apolo y Dionisio- triunfó su curiosidad y espiaron cuanto pudieron. El castigo llegó en forma de transformación en rocas. Caria quedó libre de aquella penalización, y fue convertida en nogal fructífero, pasando a rendírsele culto bajo el nombre de Artemis Cariatis.
Filoctetes, en fin, fue solicitado por Heracles para que le ayudase a quemar la pira del Eta. Le pidió además que no comunicase a nadie el lugar. Filoctetes juró eterno silencio. Más tarde, sin embargo, al ser interrogado, acabó cantando la gallina, no directamente, pero sí golpeando con el pie en tierra en el sitio en que habían tenido lugar los hechos. Sin pronunciar palabras -muchas veces se reconocen los hechos sin abrir la boca-, faltó al juramento. Fue castigado por ello con una terrible herida en un pie, causada probablemente como venganza por Heracles, al permitir que le cayera en el pinrel una flecha envenenada (empapada en la sangre de la hidra de Lerna) de la aljaba. Y es que hablar más de la cuenta trae siempre consecuencias: cuanto más habla la gente, menos piensa...
Herse, en fin, era una de las hijas de Cécrope y Aglauro, de la familia real de Atenas. A sus hermanas Pándroso y Aglauro, les fue confiada la custodia de Erictonio. Pecaron de indiscreción las tres hermanas, al parecer acuciadas por Herse. Atenea, en justo castigo por aquella malsana curiosidad las volvió locas y el trío se precipitó desde lo alto de las rocas de la Acrópolis.

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Una anécdota
Era Ticio un joven emprendedor, con multitud de contactos conseguidos con el apoyo de cierto personaje convertido en su ángel protector. Para asegurar su futuro, su "padrino" le facilitó la llegada a una titularidad universitaria (era él catedrático de esa materia y en esa facultad, y se saltó toda la lista de pretendientes para sacar adelante a su hombre). Tras eso, le facilitó una empresa ya constituida.
Ticio, que no era tonto, sacó provecho de aquello, y estaba ya razonablemente consolidado tanto en el mundo universitario como a través de sus clases (que hacía que otros facturasen: los impuestos, ya se sabe, aunque luego se las diese de gran puritano y asegurase que había que pagar hasta el última euro) en una entidad privada, además de dirigir proyectos en ésos y en otros ámbitos.
Muchas eran las ofertas que le llegaban de colaboración, y como era trabajador y esforzado, gentes había que acudían a él en busca de Alianzas Estratégicas.
Pero Ticio tenía -y tiene- un gran vicio. Es un eterno correveidile, un alcahuete reconocido, casi con profesionalidad. No hay palabra que se le diga que no sea empleada, muchas veces incluso en contra del confidente. Desde su pedestalillo disparaba venablos ofensivos con datos que a él habían llegado por medio de otros, que a su vez habían logrado esa información con promesa de no transmitirlos.
Aquel que podía ser persona de relevancia, en cuanto es conocido su afán por ser un metomentodo, produce "alergia". Pocas cosas hay más desagradables que verificar que lo que se dijo bajo promesa aceptada de reserva es prácticamente publicado al poco tiempo. Ese demencial defecto incapacita para el gobierno. Y si el afectado por él es precisamente un directivo, vale la pena retirarse cuanto antes de aquel ambiente malsano, que daña a quienes se acercan, porque el mal de la indiscreción es pegajoso y enturbia las aguas más limpias.

Del caldo de cultivo de una vanidad sin control y una lengua afilada surgen virus dañinos para la convivencia. Hasta la mejor de las atmósferas se transforma en aire irrespirable cuando las personas que allí se mueven carecen de los hábitos precisos para una convivencia sensata.

Javier Fernández Aguado