lunes, 28 de mayo de 2012

RENOVAR LA UNIVERSIDAD

En las últimas semanas he tenido ocasión de charlar con un buen número de catedráticos de universidades públicas y privadas. La mayoría son profesionales de primer nivel, dispuestos a superar con trabajo y esfuerzo las actuales dificultades que a todos afectan. Algunos, por el contrario, se encuentran no solo desanimados, sino desanimantes: trasladan a sus alumnos y  a otros colegas las propias inquietudes y mediocridades.
También he tenido ocasión de oír a un catedrático de derecho mercantil de una universidad privada madrileña que, insatisfecho con su remuneración, ha decidido crear una empresa para la realización de informes. Escucharle me produjo sonrojo. No sólo mintió descaradamente ante un tribunal, sino que manifestó un profundo desconocimiento de la materia de la que se le supone experto. Una persona de gran experiencia profesional en la materia que también le escuchó se preguntaba: ¿qué enseñará este personaje a sus alumnos…?
Resulta imprescindible promover una profunda renovación en la Universidad española. La multiplicación de centros superiores por toda España no ha sido positiva. No coincido con la propuesta de Unamuno de que bastarían tres en todo el país, pero de eso a lo que sucede en la actualidad…
En el ámbito sacrosanto de la sabiduría y el conocimiento se han introducido personajes que desmerecen de lo que la Universidad debería ser. Con su mal comportamiento dañan a otros colegas que vienen dando lo mejor de sí mismos desde hace años. Llega el momento de volver a separar el trigo de la paja, aunque resulte doloroso. De otro modo, difícilmente la Universidad volverá a ser generadora de creatividad, innovación y mejora social.
Definir un nuevo sistema de selección eficaz, exigente, meritocrático, no endogámico sería un primer paso.
Javier Fernández Aguado

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