lunes, 24 de septiembre de 2012

EL IDIOMA DEL LIDERAZGO Y LA JUBILACIÓN DE MI MUSA


En estos días confluyen dos circunstancias a las que deseo hacer mención. De un lado, la aparición del libro El idioma del liderazgo (LID editorial), que está llegando a las librerías. He depositado gran ilusión en ese trabajo, pues en tiempos de incertidumbre como los actuales es más preciso que nunca contar con líderes y no con meros gestores. En el texto se aportan mil consejos para lograr la conversión de administrador de personas a líder de las mismas.

El otro suceso al que es a la jubilación de uno de los directivos-patanes que me han servido de musa para ese y otros escritos. La mayoría de los profesionales que conozco son admirables. Sin embargo, también he tenido ocasión de tratar a directivos-payaso de los que he aprendido muchísimo. Fundamentalmente, todo lo que no debe hacerse cuando se accede a un puesto de poder.

La celebración de los subordinados que durante tres largos lustros han tenido que soportar pacientemente a mi ‘inspiración’ ha sido de las que hacen historia. No es consciente el patético personaje del daño que ha realizado, pero muchos le debemos agradecimiento. Unos, porque huyeron de esa empresa al incorporarse él, y casi todos han llegado más lejos de lo que nunca hubieran pensado. En mi caso, porque me ha servido de iluminación para saber lo que es tirar por la ventana gran parte de una vida, limitándose a provocar hilaridad entre quienes le han tratado.

Son múltiples los ejemplos al respecto. En cierta ocasión, un grupo de profesores norteamericanos preguntaba a uno de los esclavizados súbditos cómo era capaz de aguantarse las carcajadas al oír fantasear a aquel gañán sobre sus supuestos conocimientos de energía nuclear, eólica, eléctrica, etc., cuando era tan patente su ignorancia…

-Es que tengo gran dominio de mí mismo, respondió con sorna el interrogado.

Sólo así se entendía, efectivamente.

Descanse, en fin, en su jubilación, quien además de no hacer otra cosa se preciaba de que ningún día dejaba de abroncar a alguien, con razón o sin ella, porque de ese modo ‘espabilaban’, aseguraba.

Quien quiera saber más sobre sus hazañas, puede encontrarlas en el capítulo “El directivo saltimbanqui”, del citado libro El idioma del liderazgo.

 

 

lunes, 17 de septiembre de 2012

ENEMIGO A LAS PUERTAS


Título: Enemigo a las puertas

Directores: Jean-Jacques Annaud

Intérpretes: Jude Law, Ed Harris, Joseph Fiennes y Rachel Weist.

Año: 2001

Temas: Dirección por Amenazas. Marketing. Poder y liderazgo. Violencia.

 

            Vassili Zaitsev (Jude Law, de El Talento de Mr. Ripley y Media noche en el jardín del bien y del mal) es un soldado ruso que llega como refuerzo a la ciudad de Stalingrado, donde los alemanes han plantado cerco, y esperan entrar a sangre y fuego.

            Los rusos han hecho de esa ciudad, también por el nombre, el símbolo de lo que no caerá, y están dispuestos a resistir a cualquier precio. El drama está servido, y las docenas de miles de muertos que allí se produjeron es la prueba clara del empecinamiento con el que se enfrentaron entre sí dos ejércitos igualmente decididos.

            Al poco de llegar, Vassili Zaitsev es lanzado a una carga desesperada contra posiciones alemanas. Tanto la llegada a Stalingrado como esta escena son de antología. Era imposible que         lograran su propósito, pero a los dirigentes comunistas les traía sin cuidado que hubiera que realizar sacrificios humanos por costosos que éstos fueran. Estaba más que nada en juego su propia credibilidad ante Stalin, plenamente dispuesto a no transigir con quienes no contribuyesen a costa de lo que fuese con el mantenimiento de la ciudad en sus manos.

            Joseph Flennes, un comunista convencido hasta la medula (al menos así lo parece), decide convertir a Vassili en el héroe del momento, para elevar la moral de la tropa. La escena en que propone a la autoridad comunista que no se trata de castigar, sino de estimular merece ser puesta en cualquier Escuela de Negocios, para que la repasen todos esos directivos-patanes que sólo saben motivar a base de amenazas...

            Aunque tras el sensacional comienzo, va perdiéndose la grandiosidad de las imágenes al centrarse en la historia cruzada de Vassili con el tirador alemán Konig (Ed Harris), son muchas las enseñanzas que pueden aplicarse al mundo de los negocios:

            1.- La existencia de mitos es inevitable. Muchas veces es conveniente que los haya en las organizaciones. No debería cargarse la mano, pero es bueno que se planteen puntos de referencia algo ocultos y admirables que sirvan de motivación para los demás. En este caso, el mito es en parte real, en parte creado, exagerando sus logros.

            2.- Existe un liderazgo verdadero y uno falso. En el metraje queda claro que Stalin sólo es capaz de gobernar mediante el terror. Al igual que su opositor, siempre está bien protegido. ¡Qué mueran otros!, parece ser su lema. Se cuenta que en el caso de Hitler, la única vez en que vio heridos de guerra, bajó la persiana de su lujoso tren, para no tener que contemplar aquella miseria humana que él había provocado.

            3.- El amor dentro de las organizaciones lleva a cometer injusticias. En este caso, cuando el propagandista se enamora de la misma chica (Rachel Weist, La Momia) que Vassili, está dispuesto a que éste muera con tal de quedarse con ella.

            4.- El pasado de muchos mitos es rigurosamente falso. Vassili no fue un gran héroe de la estepa desde la infancia. En realidad, cuando debía haber cazado su primer lobo tuvo miedo y su padre hubo de sacarle del apuro. Eso sí, el animal puesto para atraer a la alimaña pagó con su vida  la flaqueza del luego héroe.

            5.- La mayor parte de la gente no valora el dolor ajeno. En ese caso, Ed Harris no está interesado en lo que ocurre a su alrededor. Desea una buena vida y realizar su trabajo profesionalmente: lo que debería hacer para mejorar la situación de los demás no ocupa su atención. Es más, le resulta casi molesto.

            6.- En las victorias, todos quieren estar presentes. Así, Jospeh desea aparecer en las fotos cuando Vassili está en su apogeo. Luego, prefiere quitarse de en medio.

            7.- La esperanza es lo que más mueve. Como ya se ha señalado líneas arriba, es ése el argumento que propone el propagandista para elevar la moral de la tropa. Castigar o amenazar con llevarse a la familia a Siberia obliga a luchar, pero sólo mientras uno no pueda encontrar escapatoria. Por el contrario, plantear metas atractivas hace que la gente se sienta dispuesta a entregarse por un ideal mucho más allá de lo que sería estrictamente preciso en justicia.

            8.- Hay héroes que pasarán como desconocidos a la historia. Así, el chico que ayuda a Vassili en el largo duelo que mantiene con el alemán, acaba pagando con su vida la audacia. Muere ahorcado, pero puede entenderse que feliz, por haber defendido sus ideales.

            9.- Las batallas, en las guerras y en las empresas, algunas veces son definitivas y hay que poner toda la carne en el asador. En este caso, Stalingrado fue uno de esos momentos fundamentales de la historia, en los que un grupo de personas supo entregar su vida por el ideal de una patria libre. Lástima que esa libertad fue durante años pisoteada por un sistema –el marxista- que tantas promesas había formulado, y tantas expectativas había creado.

            En las organizaciones pueden y deben pedirse esfuerzos suplementarios, pero, para no defraudar, los jefes han de implicarse también seriamente en esas circunstancias, sin abandonar a su suerte a los subordinados.

            Unas torpes escenas entre la enfermera y el héroe desmerecen dentro del tono general de la película. Si de eso se prescinde, es éste uno de esos metrajes que compensa tener a mano para sacar nuevas conclusiones en las sucesivas escenas, que permiten diferenciar bien qué es un líder de un aprovechado; un soldado de un mercenario; alguien entregado por su patria de un frío aplicador de órdenes llegadas desde instancias superiores; etc.

lunes, 10 de septiembre de 2012

LOS INFALIBLES. Los ejemplos de Anteo y Aquiles


- Admito todo, menos que se me lleve la contraria- fue el comentario de un empresario, al que vi cómo se le "calentaba" la boca al tratar a un subordinado.

            Gentes hay en la empresa que no han tenido la fortuna de tropezar con el fracaso. Eso les lleva a adoptar unas posturas de seguridad en sus propias opiniones que resultan grotescas. Pero mientras ellos ostentan el poder ¡ay de aquel que se atreva a llevarles la contraria!

            Puede darse el caso incluso en quienes han tenido la oportunidad de paladear que no siempre han estado en lo correcto o que cayeron en algún momento de su trayectoria: si están inmersos en una desmesurada confianza en sí mismos, el peligro de tornar a las andadas es tremendo.

            Era Anteo un buen mozo, nacido de alta alcurnia en Halicarnaso. Vivía como rehén en la corte de Fobio, tirano de Mileto.

            La esposa del dictador, Cleobea, no era mujer recatada. Fuera de toda justicia y sentido común, solicitó los amores de Anteo. Éste, más realista y respetuoso de su cuerpo y de su espíritu, se negó a las pretensiones.

            Reiteradas las solicitudes -¡hay que ver cómo se ponen ciertas mujeres!- no le quedaba más remedio al bueno de Anteo que inventar nuevas excusas:

            -Tengo miedo a que seamos descubiertos y castigados, alegaba.

            Cuando veía que ese argumento no causaba el efecto deseable, utilizaba otros:

            -Me parecería traicionar la hospitalidad que Fobio (no se atrevía siquiera a decir: tu marido, para no molestarla) me ofrece.

            Al comprobar que no lograba su objetivo, decidió, sin venir a cuento, vengarse. En realidad, el resentimiento más que contra Anteo iba dirigida contra sí misma, porque de algún modo era consciente de su miserable condición y de la grandeza de aquél al que pretendía.

            Cierto día, arrojó a un pozo una copa de oro de su propiedad. Ante su solicitud de rescate, no dudó el prisionero, y descendió para cumplir con el mandato de su ama.

            En ello estaba, cuando la cruel señora dejó caer sobre él una gran piedra, que le aplastó.

            Quienes están plenamente seguros de sus opiniones, sólo abren los ojos a la realidad cuando han destruido la organización y a un grupo de gente con ella. En ese momento, pasan de la arrogancia al hundimiento, y a veces a la desesperación y al llanto. Así fue también en este caso, y de forma radical,

            Cleobea, al ser consciente del mal cometido, se ahorcó. Tanto fue el sufrimiento de su marido, que algo debía de olerse, que cedió el trono a Frigio.

            Aquiles, por su parte, es habitualmente contrapuesto por su actitud violenta, esclava de sus bajas pasiones -entre las que se cuenta el orgullo-, a la prudencia de Ulises.

            Fue bañado de joven Aquiles por su madre. No se trataba de un chapuzón cualquiera, sino de volverle invulnerable. El agua elegida fue la del Éstige, el río infernal. Aquella corriente tenía la peculiaridad de hacer inmoral a quien allí se remojase. Sucedió, sin embargo, que en su afán de proteger de manera tan rígida y eficaz a su vástago, olvidó Tetis el talón, por el que sostenía a la criatura. Aunque se creyese perfectamente infalible, quedó el muchacho expuesto al error, como los demás, aunque sólo en ese lugar. Aquello tenía ventajas, pues le hacía menos frágil que los otros. El inconveniente era formentar en él la presunción, precisamente por considerarse diferente de los demás hombres, sus iguales.

            Pendenciero, no hubo guerra, disputa o polémica en la que Aquiles no figurase.

            Quirón trató de educarle en principios que le dieran solidez: el desprecio a los bienes del mundo, el horror a la mentira, la moderación, la resistencia a las malas pasiones, la disposición para soportar el dolor físico y moral... Junto a eso, se le alimentó con las entrañas de leones y jabalíes, con la esperanza de que se le comunicase el vigor de esos animales. También se le proporcionó médula de oso. Y por último, aunque con menos éxito, miel, para que consiguiese dulzura y persuasión.

            Entre otros hechos adjudicados a Aquiles, se cuenta que se dedicó al bandolerismo y a la piratería (¡cuántos negocios hay que se parecen a estafas, y cuántas estafas se parecen a negocios! ¡qué difíciles a veces la delimitación de fronteras entre unas y otros!), particularmente contra las islas y ciudades de Asia Menor. Uno de los objetivos principales de sus incursiones fue Tebas de Misia, que al final fue tomada por él. El rey Eetión, padre de Andrómaca, murió a sus manos, al igual que sus siete hijos. Y es que el "infalible" suele ser cazurro en sus decisiones, le faltan luces para rectificar y se empeña en llevar hasta el final ciertos propósitos de los que gentes más sensatas le aconsejan desistir.

            Junto con su gran amigo Patroclo, del que hablamos en estas páginas, se propuso realizar una razia contra los bueyes que en el Ida apacentaba Eneas.

            Acababa nuestro personaje de rechazar una nueva salida de los troyanos. Apolo se le acercó y le indicó que se retirase, que ya volvería en otra ocasión. Obstinado, se negó Aquiles a seguir una voluntad que no fuese estrictamente la suya: ¡tan seguro estaba de sus opiniones, que la de cualquier otra le parecía sin relevancia!

            Paris, el arquero, aprovechó esos momentos de tonta discusión (y es que la competencia nunca descansa por pequeña o insignificante que la piense el empresario), y disparó su arco. El propio Apolo dirigió la flecha al punto en el que Aquiles no era invencible. Aquel hombre cruel, que disfrutaba con el daño de los demás -las torturas y muerte de los prisioneros troyanos-, acabó pereciendo precisamente por no haberse dejado aconsejar por quien no buscaba más que su propio bien. Pero eso son incapaces de reconocerlo quienes más se obcecan en sus opiniones, sin aceptar que los demás tienen puntos de vista valiosos.

            Muchas veces lo mejor, en esas circunstancias será alejarse de esos personajillos para no verse arrastrados por las situaciones a las que les conducen sus fatales demostraciones de arrogancia, que algo tienen de pseudomesianismo.

**************************************

Anécdota

            Ticio era hombre bien formado. Tras sus estudios inciales, había completado en Estados Unidos la preparación más estrictamente empresarial.

            Después de trabajar como ejecutivo en una empresa constructora salió de allí, con alegría por parte de sus compañeros, que no soportaban la increíble arrogancia de aquel pedagogo metido a ejecutivo. Entre las muchas lindezas que debieron aguantarle, se encontraba la siguiente: en cierta reunión con el jefe de su jefe, y cuando éste último intentaba -como es lógico- demostrar lo bien que funcionaba su departamento, espetó:

            -Eres un sinvergüenza y un aprovechado. Soy yo el que valgo aquí, quien resuelve los principales trabajos, que tú sólo aprovechas para tu beneficio, sin tener en cuenta que yo soy quien se encarga de todo, y tú me explotas para tus trapicheos.

            Aquél nunca más se lo perdonó, como es lógico, porque, aunque fuese verdad -que no lo era- esa reacción sólo es propia de quien tiene algún serio problema de connotaciones psiquiátricas.

            Salió adelante con una empresa constructora en los momentos de expansión del sector en España en los años ochenta. Con los pingües beneficios que de allí obtenía se dedicó a comprar favores y, en la medida de lo posible, también amistades. Poderoso caballero es don dinero, y gentes hubo que se dejaron deslumbrar por los oropeles de aquel a quien sus empleados soportaban sólo hasta que encontraban otro trabajo al que irse.

            Los buenos tiempos acabaron y también sus trampas, sus compras de alcaldes o de concejales, sus regalos despampanantes para conseguir obras, etc.

            Dejó sin pagar empleados, colaboradores, socios, y hasta los coches de sus hijos, que habían elegido marcas y modelos totalmente desproporcionados para quien no pasaba de ser un pequeño empresario de provincias que había tenido suerte. El manejo de dinero en aquel quinquenio había trastornado aún más sus aires de grandeza. Y quien debía millones a porrillo por media península (y también en las islas), puso a nombre de sus hijos una nueva casa, sin tener para pagarla ni una décima parte de su valor. Era evidente que ya debía tanto que no le importaba encontrar nueva gente a la que también adeudar. Todo menos reconocer su fracaso y ajustar su nivel de vida. Como le gustaba repetir:

            -No puedo vivir con menos de un millón y medio de pesetas al mes.

            Lógico es, con las mariscadas con que le gustaba regalarse y regalar esporádicamente a sus "amigos" para demostrar su enorme capacidad adquisitiva. (Sólo en tarjetas de crédito era perseguido judicialmente por más de cinco millones de pesetas...).

            Con apariencias de grandeza aprendidas en la capital desde su llegada de una pobre ciudad de provincias del sur, se empeñó en orientar a otros en sus negocios. Lástima que sus colaboradores no supiesen los precedentes de aquel enfermo. No se aprecian totalmente las patologías hasta que no se contemplan de cerca.

            Estaba empeñado en lo fantásticamente que funcionaría cierto negocio de venta de perecibles. Analizado aquello con un poco de sentido común, no había manera de entender lo que su imaginación patrañera se empeñaba en creer, pero no estaba dispuesto a dar su brazo a torcer bajo ninguna circunstancia.

            Supe después que aquel que se las daba de hidalgo había tenido que salir por piernas de España, perseguido por los acreedores. Y ahora sus hijos siguen el mismo camino, sembrando tras de sí deudas en aquellos ingenuos que se dejan impresionar por que las cosas se afirmen con gran rotundidad o por una mariscada en un buen restaurante. ¡Pobrecillos!, tener que convivir siempre con su lamentable fanfarronería. ¿Cuándo serán capaces de darse cuenta de que son falibles? ¿Cómo hacerles ver que su genialidad sólo se encuentra en sus sueños? Tal vez no caigan en terrenos más sólidos que su fantasía hasta que acaben en la cárcel. Algunos tienen esa fortuna, y allí cuentan con la oportunidad de reflexionar sobre la vacuidad de una vida dedicada a huir hacia adelante, haciendo daño a quienes se cruzaron con ellos.

lunes, 3 de septiembre de 2012

SEPTIEMBRE 2012

Tras el largo periplo americano del mes de agosto, septiembre arranca poblado de compromisos. En América, tres: los días 18 y 19 estaré en Cartagena de Indias con el objetivo de impartir la conferencia de clausura del congreso iberoamericano de directores de RR.HH. promovido por ACRIP. Desde allí viajaré hasta Guatemala, para impartir la conferencia de clausura del Congreso de Directores de RR.HH. en ese país Centroamericano.
El día 26 estaré de nuevo en México para dos semanas de trabajo con una de las principales empresas de ese país.
Los días que pasaré en España estarán repletas de procesos de coaching y de sesiones formativas con directivos de diversas entidades financieras y mercantiles.
Ya está, en fin, a punto de llegar a las librerías El idioma del liderazgo. 1.000 Consejos. Como todos los últimos, será publicado por LID en la colección que hace tiempo crearon con mi nombre.
También aparecerá en breve un libro de Christopher Smith titulado El management del siglo XXI. En esa obra, una veintena de relevantes autores, entre los que se encuentran Eduardo Punset (Redes), Edward Arroyo (EE.UU.), Marcos Urarte (Pharos), Rolando Armuelles (Panamá) o Luis Huete (IESE) aportan sus reflexiones sobre mi pensamiento.
Javier Fernández Aguado