lunes, 22 de octubre de 2012

EQUIPO A LA FUERZA



Título: EQUIPO A LA FUERZA
Director: Howard Deutch
Intérpretes: Kenau Reeves, Gene Hackman, Brooke Langton, Orlando Jones, Faizon Love, Rhy Ifans.
Año: 2000
Temas: Equipos. Liderazgo y servicio. Poder y liderazgo. Retribución.
           





 La falta de acuerdo sobre el aumento de sueldo, lleva a los titulares de un equipo de fútbol americano a ir a la huelga. El presidente acude a un entrenador, Jimmy McGinty (Gene Hackman), despedido tiempo atrás, para que intente recomponer el equipo y así seguir jugando en los importantes encuentros que se avecinan. Recuperando a antiguos deportistas fracasados, va relanzándose el proyecto. 

Lo más difícil no es que sepa cada uno jugar su parte, sino lograr que todos alcancen una unidad de voluntades y de intenciones que les permita conjuntarse y triunfar. El anhelo es más difícil de lo que parece. Precisamente en el momento en el que el entrenador les anima a dejarse de sus preocupaciones pasajeras, es cuando más aporta el metraje. La descripción de cómo es preciso siempre un líder, y gente que apueste de verdad, se desarrolla en torno al minuto 60’.

Uno de los argumentos que se proporciona a los desanimados jugadores cuando se encuentran desilusionados, porque los contrarios están mejor preparados, es:

            -El dolor es pasajero, la gloria es eterna.

Shane Falco (Keanu Reeves) es el encargado de aglutinar a gente muy diversa. De hecho, en el último partido antes de la conclusión de la huelga, su presencia se revela fundamental para que el éxito sea posible. Todos están dispuesto a dar mucho por un líder, pero muy poco por un engreído que está más preocupado por el seguro de su Ferrari que por el bien de sus compañeros. Bien se lo dicen a Falco:

            -Eres el primero en quien veo que se preocupa más por su gente que por él mismo.

Bastantes son las enseñanzas que se suceden en esta película para el mundo de las orgnizaciones:

1.- Casi siempre hay una segunda oportunidad de volver a la lucha. Nunca hay que desanimarse porque las cosas no salieron demasiado bien la primera vez. En este caso, es una huelga lo que saca del tedio a un grupo de hombres que pueden dar mucho más de sí cuando realmente se les solicita.

2.- La presencia de un líder es imprescindible en toda organización. Sin él, las fuerzas se diluyen. Por él, las personas están dispuestas a hacer lo que hasta ese momento consideraban superfluo. Las últimas escenas, cuando el equipo maltrecho y cansado cierra filas en torno a su Falco son muy interesantes y realistas.

3.- El líder necesita dos cosas:

            i.- Creer en sí mismo como alguien capaz de llevar al éxito el proyecto del que se trate. La falta de confianza en uno mismo enseguida se trasluce a los subordinados y/o colaboradores y puede fácilmente matar los impulsos de llegar a metas más altas.

            ii.- El líder necesita inmolarse. No basta decir dónde hay que ir: el tiene que ser el primero en emprender la senda, cuesta arriba. Como repite insistentemente el entrenador:

            -Sólo los triunfadores agarran la pelota.

                Los demás, a la hora de la verdad, escabullen el bulto.
           
 4.- Las organizaciones –en este caso el presidente- están demasiado inclinados a dejar en la cuneta a quienes se esforzaron por la entidad, siempre que en ese momento les resulte más adecuado contar con otra persona.
            En este caso, la defensa del entrenador respecto a Falco carece de suficiente convicción. Quizá el propio instructor tenga miedo de que si da demasiado la cara por su gente eso pueda implicar su destitución.

5.- Cuando no quedan muchas oportunidades –aquí, ninguna, porque, como bien se dice, los suplentes no tienen mañana- la gente está muchas veces dispuesta entregarse más y mejor. Sin duda esto sucede frente a quienes tienen tantos intereses (coches, negocios a parte, etc.) que no están preparados para arriesgar demasiado por un nuevo proyecto.

6.- La mercantilización anula muchos ímpetus. En este caso, el exceso de sueldos –y el deseo de que se incrementen aún más- no lleva a esforzarse más, sino a medir cuidadosamente los esfuerzos. Se indica un tema que está pendiente desde hace mucho tiempo: el ajuste (a la baja, en la mayor parte de las nóminas) de quienes por el hecho de mover bien un balón cobran fortunas. No sólo se dañan a sí mismos, sino también al entorno social, que pasa a valorar que lo importante es enriquecerse mucho y pronto, y que el trabajo ordinario es sólo para los mediocres.

Desafortunadamente, Howard Deutch (Discordias a la carta, La extraña pareja otra vez) acude con profusión a lugares comunes, muchos de ellos soeces. Esto hacer perder fuerza a la película. ¿Qué necesidad habría, por ejemplo, de poner como presidente a una persona que no sabe hablar sino suelta una retahíla de palabras mal sonantes? ¿Por qué las chicas que entretienen en el juego han de hacer gestos como si se tratase de un grupo de lesbianas en acción?

Tal como está planteada, se salvan los minutos del equipo en plena sesión de motivación y algunos dispersos comentarios sobre la necesidad de entregarse a fondo para hacer realidad proyectos valiosos.

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