lunes, 29 de octubre de 2012

QUE PAGUEN LOS OTROS


Tras años de locura y sinsentido en el ámbito económico, llegó el momento de pagar la fiesta. Quien más quien menos disfrutó de la misma: viajes largos, coches excesivos, casas desproporcionadas, innumerables caprichos varios… Cuando el crédito no sólo era fácil, sino que las entidades financieras se empeñaban en que todo el mundo se endeudara, solo una pequeña proporción de ciudadanos se negaron a entrar en la perversaespiral del gasto. ¡Qué pocos, al pasar por un mercado, recordaban la expresión del clásico: “cuántas cosas de las que prescindir”!

Al cabo, como en la fábula del rey desnudo, alguien –en este caso alemán- denunció el enredo. Tinglado en el que, por cierto, también los germanos habían tenido culpa, porque formaban parte de la cadena de potenciación del crédito. No por nada, sino porque ellos se enriquecían; y muchos tampoco vieron más allá de los resultados del trimestre.

Cuando resplandecieron las verdades, comenzó una curiosa proclama: quien venga detrás que arree. Esta egoísta expresión fue enunciada también de otra forma: que paguen los otros.

Así, los funcionarios claman por los beneficios perdidos. Quienes llevan sus hijos a la enseñanza pública gritan también. Quienes tienen un negocio de ocio, gruñen contra la subida de un impuesto que a ellos afecta. Quienes realizan películas que a nadie interesan, refunfuñan por la disminución de subvenciones. Los policías exigen que a ellos no se les pida el esfuerzo. Lo mismo piden los bomberos. Determinadas comunidades autónomas señalan como culpables a las otras. Y si no se les hace caso, como niño consentido y enrabietado, aseguran: ‘pues me voy de casa’.

Todos estos colectivos, y muchos más, agitados por personas cuya única preocupación real, en determinados casos,es que ya no recibirán tantas subvenciones como antaño. Cada grupúsculo encuentra razones para que sean otros quienes contribuyan. Y… los sindicatos citan para una huelga tan inopinada como dañina para el interés general.

El mal que afecta a nuestro mundo no es meramente económico. No avanzaremos hasta que todos y cada uno, empezando por la justamente denostada clase política,reconozcamos que lanzando improperios a otros nada se resuelve. Es preciso volver a repartir riqueza y no disputar por la miseria. Para lograrlo, sustituir egoísmo y pequeñez por magnanimidad y generosidad es imprescindible. Muchas veces se ha logrado en el pasado. Ojalá volvamos pronto al sendero del sentido común. Una nueva holganza general no ayuda a salir del hoyo, sino que acrecienta la profundidad del desatino.

2 comentarios:

  1. ¡Cuánta razón! Y si trabajamos todos un poco más en los conceptos de respeto y responsabiliad también nos iría mejor....

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  2. Uno de los libros de cabecera que me ayudó a mantener la calma tanto en la época dorada como en la actualidad es "Meditaciones" de Marco Aurelio.

    Para el que le interese le pego un enlace donde puede encontrar el texto http://www.imperivm.org/cont/textos/txt/marco-aurelio_meditaciones.html

    "De mi abuelo Vero: el buen carácter y la serenidad" ....

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