lunes, 19 de noviembre de 2012

ERIN BROCKOVICH


Título: Erin Brockovich
Director: Steven Soderbergh
Intérpretes: Julia Roberts, Albert Finney, Aaron Eckhart, Marg Helgenberger, Peter Coyote.
Año: 2000
Temas: Afectividad. Capitalismo salvaje. Confianza. Corrupción. Desempleo. Emprendizaje. Esfuerzo. Iniciativa. Trabajo y familia.  

 En línea con películas como Legítima defensa o Acción civil, Erin Brockovich (Julia Robert) narra la historia real de la lucha entre un pequeño bufete, dirigido por Ed Masry (Albert Finney) -un ¡honrado! abogado cercano ya a la jubilación- y una gran empresa norteamericana que no ha respetado las mínimas normas de seguridad, perjudicando a cientos de personas. Erin, madre de tres hijos y con dos divorcios a sus espaldas, logra ser contratada como archivera del bufete. Entre legajos y archivos casi olvidados descubre un caso, al que pone ruedas.

 La malvada empresa, por ahorrar costes, ha causado daños graves a la salud de muchos ciudadanos de la ciudad de Hinckley. La compañía ha intentado echar tierra sobre el asunto, para no responder de las graves irregularidades. Desde el primer momento, y con técnicas que recuerdan en algún momento a “El acorazado Potemkin”, la “empresa” es presentada en el metraje como desalmada: las tomas son lejanas, con vallas, los empleados son seres anónimos con uniformes anodinos, siempre se habla de terceras personas... Más importante aun: lo impersonal de las actuaciones de la empresa, donde al parecer el único criterio válido es la rentabilidad.

 El deseo de Erin es sacar adelante a sus chavales. Su mayor capacidad, la cercanía real a la gente. En este punto, se contrapone su valía como comunicadora a la actitud distante y “ortodoxa” de una abogada “de verdad”. Lástima que esa “cercanía” se confunda en demasiadas ocasiones con la mala educación, como es el caso de una Erin Brockovich carente de los mínimos referentes de comportamiento en público.

 Aunque el desarrollo es bastante previsible –ganan los buenos a los malos-, la narracción es correcta, sin bajadas en el ritmo, como sucede en otros metrajes de este género.

 La aproximación a la vida familiar es paradójica. Por un lado, se hacen guiños a la necesidad de una correcta afectividad, tanto para los padres, como para sus hijos. Por otra, se ofrece como alternativa meras relaciones biológicas.

 Muchas son las enseñanzas posibles para el mundo de la empresa:

            1.- Licenciados hay que no saben hacer la “o” con un canuto, y gente sin estudios, pero con voluntad y decisión, que abren nuevos caminos, y descubren renovadas oportunidades de negocio.

            2.- El apoyo de alguien que escuche es necesario. En este sentido, la actuación de Aaron Eckhart, el bondadoso motero que atiende a los chavales cuando Erin está en plena batalla, resulta muy creíble. Él, por su parte, también se desmorona cuando Erin no le atiende.

            3.- Los hijos necesitan de sus madres, ¡y de sus padres!, incluso cuando éstos o aquéllas andan metidos en grandes operaciones financieras o jurídicas. No siempre lo dicen explícitamente, pero a veces basta sencillamente con mirarles a los ojos.

            4.- El fundamento de los negocios es la confianza. Los implicados no desean hablar con quien más sepa, sino con quien mejor les atiende. En este sentido, la actuación de Julia Roberts es convincente: no se interesa por los casos, sino por las personas, y conoce con detalle la situación de cada uno, no las generalidades.

            5.- La gente aspira a ser tratada como personas, no como elementos de una lista (aunque sea de clientes preferentes).

            6.- La soledad es una realidad insufrible, incluso para quienes han alcanzado un triunfo espectacular. No es posible vivir de espaldas a los demás, es imprescindible compartir éxitos y fracasos. Sin fiesta, no habrá buen trabajo.

            7.- Los jueces son personas de carne y hueso. La decisión en primera instancia está claramente influida por la cercanía del togado al lugar de los hechos, pues piensa que él y los suyos habrían podido sufrir aquella situación.

            8.- Los abogados de la parte contraria, siempre parecen seres fríos, sin sentimientos.

            9.- Los trucos en las negociaciones son fundamentales. Así, Albert Finney viste de letrados a dos pasantes, para que le acompañen en uno de los encuentros con la parte contraria, para no resultar menores en número.

            10.- La ilusión es fundamental (sin Erin no se habría ido adelante), pero es importante tener una buena formación, pues de otro modo el proceso hubiera quedado detenido, no por falta de fundamento, pero sí de capacidad por presentarlo del modo preciso. Si no se actúa con el suficiente rigor, llega a decirse, podrían enterrar en papeles incluso a aquel que tiene la razón (quizá especialmente a éste).

            11.- La confianza es fundamental en el mundo de los negocios, porque las frías relaciones mercantiles son insuficientes incluso en los aparentemente más sencillos (un elemento fundamental de una Alianza Estratégica es cómo se lleven los directivos implicados).

            12.- El trabajo es fundamental para lograr cualquier objetivo valioso. Podría decirse, con expresión castrense, que “entre el día y la noche no hay frontera”. Algunos de los descubrimientos más interesantes del caso sólo se alcanzan tras innumerables horas de estudio, lectura y análisis. También su primer paso está marcado por el esfuerzo de buscar un trabajo con el que alimentar a sus churumbeles.

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