lunes, 12 de noviembre de 2012

LA PACIENCIA EN LOS NEGOCIOS. Los ejemplos de Anticlea, Antinoo y Penélope


Hija de Autólico, el más astuto de los hombres, era Anticlea madre de Ulises y esposa de Laertes (hijo, por su parte, de Arcisio y Calcomedusa, perteneciente por tanto a la raza de Deucalión a través de su abuelo Deyón). Habiendo robado su padre algunas reses al mismísimo Sísifo, acudió éste a su casa para recuperarlas. Tonterías de la juventud, se le entregó en secreto Anticlea, poco antes de casarse con Laertes (a quien el tema no debió de gustar, como es lógico). De ahí que Ulises es considerado en ocasiones hijo de Laertes y otras de Sísifo (aunque suele calificarse a Ulises como hijo único, en realidad tuvo una hermana: Ctímene).

Para lo que ahora nos interesa, Anticlea, cansada de esperar a Ulises al hogar, cayó en la desesperación y se suicidó. No disponer de suficiente paciencia le hizo perder la vida, y con ella un montón de posibles alegrías, entre otras el regreso de su vástago.

En línea con esa imprudente impaciencia se encuentra Antínoo.Era éste jefe de los pretendientes de Penélope.En ausencia de Ulises, invadieron la casa. Como buen impaciente -hay siempre en la vida un círculo vicioso o un círculo virtuoso-, era violento, brutal, orgulloso, radical, inconsiderado... Entre sus lindezas se encuentran el haber intentado eliminar a Telémaco (hijo único del matrimonio del héroe con su legítima), el robar las propiedades de Ulises en ausencia de éste, insultar a Eumeo (siempre se mantuvo fiel a su señor este hijo del rey Ctseio, de la isla de Siria) cuando el viejo porquerizo (todo ello de acuerdo con los consejos de Atenea) introduce a Ulises en el palacio, excitar al desvergonzado mendigo Iro contra el señor de la casa, etc.

Como toda persona que no ha sabido encontrar su lugar en el ciclo de la vida, acaba mal. En este caso, muerto por la primera flecha de Ulises nada más comenzada la escena del reconocimiento, cuando  estaba a punto de saborear un nuevo trago de vino. Tal vez de ahí procede el dicho: "hay mucha distancia desde la copa a los labios". Para esa misma expresión existe otro origen que hace al caso: había plantado Calcante una viña en el bosque sagrado de Apolo, junto a Mirina (en Eólide). Un habitante de aquellas tierras le anunció que no llegaría a beber el fruto de esa viña. La reacción fue de burla y desprecio.

Creció aquella viña, y el día en que se iba a celebrar con el vino producido por ella, Calcante invitó a su residencia a gentes de los alrededores. Se incluyó también en aquella ceremonia al adivino, como medio formal de desprestigiarle. Cuando iba a saborear la copa, el profeta repitió su afirmación de antaño. Tal fue el acceso de risa de Calcante, que se ahogó  entre carcajadas sin alcanzar a probar el licor.

Frente a esos ejemplos de impaciencia, brilla con luz propia el de Penélope. Esta hija de Icario (nieta de Tindáreo, Leucipo y Afareo), tuvo por madre a Peribea.

Cuando Menelao visitó a los pretendientes de Helena para hacerles cumplir el juramento de venganza, Ulises trató de hacerse el loco. No era la carencia de audacia, sino el exceso de amor lo que le retraía de la guerra. Deseaba permanecer junto a su esposa y al hijo de ambos, Telémaco. No lo consiguió, porque la prueba en la que se le puso para verificar su locura hubiera implicado un daño para su vástago, importante motivo precisamente de su deseo de no partir hacia la aventura.

Confiando su casa y esposa a Mentor (hijo de Alcimo, residente de Itaca. Atenea adoptará en diversas ocasiones la figura de Mentor para acompañar a Telémaco y para apoyar a Ulises en la reconquista de su hogar), se dirige al frente, en el que llegará a permanecer veinte años.

De manera innoble, todos los jóvenes de los entornos pretendieron a Penélope.Ella, paciente y fiel, los rechazaba. Entonces, con la razón de la fuerza, ocuparon la casa de Ulises, y se dedicaron a malgastar sus bienes. De nada servía ni el comportamiento recto de Penélope ni la objetividad de sus reivindicaciones: cuando las malas pasiones ciegan la visión sólo un castigo proporcionado devuelve la claridad a la vista.

Harta de inventar cada día una excusa, acudió Penélope a la estratagema de plantear su disposición para elegir pretendiente -aceptando, claro está, el fallecimiento de Ulises-, el día en que concluyese de preparar la mortaja de Laertes.

Así, durante el día aparentaba trabajar con pleno afán. Por la noche, a hurtadillas, deshacía los tejidos. Con ese inocente truco retrasaba tan molesta decisión, porque el corazón le aseguraba que Ulises seguía vivo.

Al cabo de tres años -las malquerencias llegan frecuentemente de las propias filas y causan más daño que los feroces ataques de la competencia-, una criada traicionó a su ama dando publicidad a las actividades nocturnas.

Llegado Ulises, a quien Penélope no reconoció de entrada, permaneció ésta en su aposento, sumida en un sueño profundo, durante la reconquista del hogar por parte de su marido. Al cabo, reconoció a aquel por quien se había esforzado en ser fiel.

En forma de premio, Atenea prolongó la noche sucesiva, para permitir el razonable holgar del matrimonio y para que mutuamente se narrasen los sucesos de dos décadas.De aquellos jubilosos encuentros nació Ptoliportes.

La triste muerte de Ulises a manos de Telégono (el hijo que había tenido con Circe) no es imputable sino a la ambición del muchacho, que había acudido a hacerse con parte del ganado que pertenecía a su padre. Al ser defendida la propiedad por el propio progenitor, el hijo le hirió con una lanza que llevaba espinas de raya. Tras el parricidio, el muchacho lloró el crimen.Penélope acompañó al cadáver hasta la isla de Circe.Tras eso, ya libre de sus compromisos matrimoniales, acabó por casar con el propio Telégono, de cuyos amores nacería Italo.

Gente hay que piensa que la empresa es algo así comoveni, vidi, forravi (perdónese la burla etimológico-ortográfica). Habitualmente sucede, más bien, que es preciso esforzarse una y otra vez en la misma dirección antes de "consolidar posiciones". No hay atajo sin trabajo. El único método conocido para desarrollar una vida -una Compañía- con "pondus" es el trabajo esforzado. Nada se consigue estirando los brotes hacia arriba, si no es dañar lo sembrado.

En el mundo de los negocios hay que poner todos los medios a diario, pero hay que esperar. No brotan los frutos de repente (salvo raras excepciones). Ni siquiera es bueno que lleguen de esa forma, porque corre el riesgo el emprendedor de pensar que siempre y para todos es así.Y cae en la arrogancia de considerar que en su siguiente negocio triunfará de nuevo.Triste engaño que lleva a veces a crecer desmesuradamente.Cuanto más rápido y menos consolidado, más estrepitoso el fracaso, y más costoso volver a levantar cabeza.

Hay que darle tiempo al tiempo. Asimilar nuevos conceptos, conocer sectores, establecer relaciones, exige sudores y jornadas de duro trabajo.Intentar sortear eso llevaría a no consolidar. Cuando las tormentas aparezcan -y llegarán antes o después- salen adelante en el proceloso mar de los negocios quienes tienen esa ciencia de la paz, de bregar, sin ir a mirar también a diario si ya han brotado los frutos. También por esto no es bueno comenzar empresas si no se tiene un mínimo "colchón" económico, por si aquel gran negocio no va adelante tan fructíferamente como se esperaba.

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Una anécdota

 Tuve ocasión de conocer a Ticio a través de uno de sus empleados. Todas las alabanzas eran pocas para aquel joven empresario que en pocos años había puesto en marcha un complejo empresarial de dimensiones espectaculares: hasta cincuenta compañías, de sectores totalmente diferentes -ocio, formación, medicina, hostelería, seguridad...- formaban ese gigante.

 Contraté, por cuenta de una entidad para la que entonces trabajaba, los servicios de una de aquellas empresas. Allí conocí y charlé con el potentado, a quien los empleados ensalzaban como si de un dios se tratase. Sólo me sorprendió una cosa: siempre tenía en mente un nuevo proyecto. No consolidaba, porque consideraba que sus ideas irían cuajando, y que si no lanzaba una tras otra alguien se le adelantarían.

  Un año más tarde fui invitado a la sede social del grupo. Ocupaba un impresionante edificio en una de las principales vías de la capital. Hasta jugué al golf en uno de los locales que habían sido instalados en aquel lugar. Quien me invitó ya no hablaba de su jefe tan bien como doce meses antes. Al parecer, se habían producido algunos retrasos en ciertos pagos, y se había racaneado con algunas comisiones que estaban pendientes de abono.Incluso algún alto directivo había abandonado la empresa.

 Un trimestre después tuve nuevas noticias. Aquel empresario que tanto había corrido, salió entre empujones e insultos de la sede central: sin luz -había sido cortada-, sin teléfono -igual-, sucios los mármoles, robadas algunas sillas...

 Muchas fueron las explicaciones que se dieron en la prensa económica sobre aquel fiasco.Una -la deuda pendiente de las administraciones públicas por valor de millones de euros de contratas- parecía bastante razonable. Para mí, había otra: el excesivo crecimiento con insuficiente capitalización. Amen los empresarios los riesgos, pero han de ser tendencialmente controlables. Aunque los resultados sean menos aparentes, el futuro será más sólido.

 Hace años que no se ha vuelto a saber nada de aquel empresario. Es muy probable que ahora ya haya aprendido la lección de la paciencia... Me agradaría volver a verle, aunque sólo fuese para conocer cómo ha vivido esa experiencia antropológica insustituible del fracaso.

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