domingo, 29 de diciembre de 2013

UN LIBRO QUE AYUDA A DECIDIR


Todos los mercados son complejos. No resulta sencillo discriminar. Por eso, iniciativas como las de Olga Valera son de agradecer. En un texto que resulta accesible de forma gratuita gracias a la colaboración de Iniciativa Pyme, Valera ha realizado una selección de quienes ella considera asesores esenciales a la hora de tomar decisiones en diversos ámbitos de la empresa. No están todos los que son, pero sí son todos los que están. Aquí va el link para quienes puedan estar interesados: http://blog.iniciativapymes.com/?p=3399

 

martes, 17 de diciembre de 2013

QUINCE AÑOS RESUMIDOS A BORBOTONES

Hace pocos días, el 7 de diciembre de 2013, recibí un mail de un antiguo alumno. Nada había sabido de él en esa década y media. Tras solicitarle permiso, lo reproduzco literalmente a continuación. De los 3 lustros dedicados hasta el momento a la formación, diez de ellos en una Universidad privada, lo mejor sin duda ha sido lo que he aprendido de mis alumnos. Es una satisfacción verificar que en esa gozosa conversación intelectual que es una clase, también ellos se llevan algo. Nada he cambiado de ese mensaje escrito con el corazón en la mano, como podrá verificar quien lo lea. Es motivo de ilusión, y motor para mi trabajo, constatar que sigue habiendo gente maravillosa.
Buenas tardes profesor,
Desgraciadamente el pasado martes no fue posible finalmente reencontrarnos. Ocurrido esto, tenía dos opciones, dejar pasar el tiempo esperando otra oportunidad, o hacer lo que me dispongo a hacer, escribirle unas palabras para no dejar más tiempo pendiente mi deuda hacia con usted.
Estoy seguro de todas formas que ese cara a cara llegará más temprano que tarde, de una manera más informal o formal, pero hoy quería adelantarle unas humildes palabras de gratitud de un antiguo alumno a su siempre profesor. Acabo por cierto de leer ahora mismo su cuenta de twitter, y creo que llamarle profesor sigue siendo aún más necesario.
Usted profesor, nos regalaba en sus clases lecciones de vida que siempre me han acompañado. Pequeños tesoros que quedaron en mi interior de una forma mucho más profunda de lo que yo mismo podía imaginar en aquellos momentos. Prometo profesor, que estos han sido posteriormente llaves fundamentales para resolver muchas cuestiones vitales a lo largo de mi existencia. Han sido esenciales para poder ser el hombre que hoy soy. 
Le debo muchas cosas. Contarle hoy toda mi vida no toca, yo no soy el protagonista de este escrito, pero, de forma muy breve decirle por ejemplo, que estudié posteriormente ciencias del trabajo por usted y que sus enseñanzas de vida fueron de gran ayuda para gestionar adecuadamente situaciones desagradables que he ido encontrando en distintas empresas y con distintas personas. Decirle que usted me ayudó con su sabiduría a reconducir algo tan importante como la relación con mi padre, volviendo este a ser el superman que era para mí de pequeño, y así, otras tantas y tantas cosas que han marcado mis últimos quince años de vida. 
No quisiera parecer exagerado o increíble simplemente es la verdad. Para algunos de mis compañeros sus frases eran a veces simples bromas o cuentos que usted nos contaba, pero para mí, no se quizá si por una mayor y verdadera capacidad de escuchar, aquellas frases eran puras gotas curativas llenas de sabiduría, que me hacían dejar de estar ciego en ese mismo momento o en algún momento posterior de mi vida. 
Usted profesor deposito en mí "algo" que durante los quince años posteriores fue creciendo y creciendo, "algo" que fue fundamental para que siguiera dando pasos, para aún sin saber exactamente cual era la meta final de ese camino no parar, seguir avanzando y seguir hacerme preguntas a ala vez.
Por todo ello, gracias, muchas, muchas gracias.
Gracias porque a día de hoy creo que ese joven bastante corriente que usted conoció se ha convertido al menos en un principio de hombre. El final del año pasado y este 2013 han sido muy importantes para mi, donde todo ese proceso que yo denomino de mutación personal comenzó su fase final. Decidí lo primero parar mi última aventura no acometida de forma totalmente voluntaria, una oposición, y decidí dejar de ser aquella persona que mi familia, pareja y amigos esperaban que fuera para pasar a ser yo mismo, para empezar a tomar las riendas de mi vida. Dejé de ser una persona que cumplía por inercia, sin una verdadera y propia motivación, para empezar a ser yo. Puse en orden mis relaciones familiares, de pareja, de amistad y empecé a vivir de forma plena. Afortunadamente además, y añado un tono de broma pero muy cierto, todos supimos llevar este proceso de la mejor forma posible y nadie acabó con ninguna patología que hiciera necesario acabar con alguien en el psicólogo o psiquiatra.
En lo relacionado con lo profesional, esa otra pata de la vida tan importante de la que no he hablado aún, pues poco diré, reitero que me niego a aburrir hoy con historias que no son las verdaderas protagonistas. El curriculum es el que es. Algo se intentó hacer y sobretodo aprender durante esos 15 años llenos de preguntas existenciales. A pesar de esa falta de lo que yo denomino, motivación plena, siempre tuve claro que había que trabajar y esforzarse. En cada una de mis experiencias he intentado observar y aprender, sacando conclusiones positivas. Hasta de la última, donde ha sido la única vez que he sido despedido. En el año 2008 sufrí un accidente de moto donde casi pierdo la vida gracias a una buena señora que se saltó un stop, y a mi vuelta tras una recuperación de 6 meses me recibieron con una bonita carta de despido al haberme sustituido ya por alguien más barato. Hasta en esa situación sus enseñanzas fueron una vez más utilizadas y la salida acabo siendo cordial gracias a una gestión adecuada.
Soy plenamente consciente que mi trayectoria  podía  ser mejor, más brillante, pero es la que es dadas las circunstancias que fueron. He preferido en mi vida quizá un ritmo más lento siendo más de pensar que de hacer por hacer como hacían tantos a mi alrededor. Ahora solo puedo y debo centrarme en el presente y en el futuro. Con la formación y experiencia que tengo, con la brújula personal afinada, tengo que lanzarme a los mares del mercado laboral, intentando tener esa valentía que tenían nuestros grandes navegantes. Ilusión, sentido común e incluso una prudencia bien entendida serán también mis acompañantes. La formación continua, las ganas de aprender, de mejorar, el saber escuchar, observar, perseverar, comunicar, humildad, constancia, gestionar la tensión y otras emociones, serán siempre aplicadas en mi día a día. No busco encontrar la organización perfecta ni a personas perfectas porque dudo que existan, yo mismo no soy perfecto. Me gustaría eso si, trabajar para personas y con personas, desarrollarme junto a ellas. Dar y recibir, recibir y dar. Aportar valor a la organización y a las personas. La motivación que a veces me faltó, ahora por fin, está ahí, donde debe de estar, bien entendida y en su justa medida. Tengo ganas de trabajar, no de jubilarme como le ocurre a unos cuantos que conozco de mi edad. El dinero para mí no es un fin, es una herramienta, y antes que preguntar, cuanto voy a ganar, preguntaré, cuanto voy a poder aprender y aportar. Y por encima de todo siempre, mi ética, mis principios, mis valores, mi libertad y mi decencia, que no han estado nunca en venta ni lo estarán. Al igual que usted yo tampoco creo en un mundo perfecto ni creo que yo pueda cambiarlo. Debo ser por supuesto responsable de mi existencia, de mis actos, mejorando todo lo que pueda mi micromundo. Si consigo eso a lo largo de mi existencia creo que habrá merecido la pena vivir. 
En fin, como ve profesor, tengo mucho que agradecer, y por todo ello, una vez más, gracias. Muchas, muchas gracias por sus enseñanzas y su ejemplo. Mi admiración y mi amistad profesor, no una amistad de placer, ni de utilidad, sino una amistad de excelencia, como tan adecuadamente clasifico Aristóteles. Con esto voy a ir terminando porque no seria justo robarle más tiempo, y porque mi mujer me reclama, y ante eso poco hay que hacer, ella manda. Solo añadir, que además de dar tanto las gracias, en estas fechas tengo pensado compensar mis deudas con usted de una forma un poco más práctica, comprando dos de sus libros, uno para mi padre y otro para mi mujer. Como bien dice usted, los libros hay que leerlos y comprarlos.
Este escrito en realidad, podría haber sido resumido en, gracias profesor por su sabiduría, por su humanidad, y por su humildad. 
Espero verlo pronto y transmitirle ese día todo esto de una forma mucho mas rápida, a través de un apretón de manos y de una sincera mirada. 
Un abrazo

domingo, 15 de diciembre de 2013

LA LEY DEL SILENCIO



Título: La ley del silencio


Director: Elia Kazan

Intérpretes: Marlon Brandon, Eva Marie Saint, Lee J. Cobb, Rod Steiger, Karl Malden.

Año: 1954

 

         
   Una serie de reportajes escritos para el “ New York Sun” por Malcolm Johnson a raíz de dos asesinatos de contratistas portuarios cometidos en Nueva York en 1948, y que supusieron la obtención del premio Pulitzer para su autor, proporcionan argumento a este largometraje. El mismísimo Elia Kazan, el director, tuvo que declarar ante la Comisión de Actividades Antiamericanas.

            La película narra la historia de un ex-boxeador (Marlon Brandon) reconvertido a estibador. Allí se enfrenta a la mafia de los muelles, violando un anti ético código de silencio: sólo logra trabajo quien se deja manipular descaradamente por los perversos sindicalistas. Fue la gran triunfadora de los Oscar del año 1955 al obtener ocho, después de haber sido nominada para todas las especialidades; su éxito pronto halló eco en festivales como el de Venecia.

            Marlon Brandon realiza la interpretación magistral de un personaje ingenuo y sentimental. Su gran corazón le lleva a no ceder ante lo que considera actitudes abusivas por parte de quienes en realidad deberían defenderles, y más bien les esclavizan.

            Desde el punto de vista de la formación empresarial, muchos son los palillos que se tocan. Entre otros, los siguientes:

1.- La gente se comporta como masa hasta que alguien remueve sus conciencias; unos pocos tienden a sacar ventaja gracias a la omertà de la mayoría, el líder tiene que estar dispuesto a enfrentarse a la verdad sobre sí y sobre el mundo si quiere vivir en paz consigo mismo (aunque eso le suponga romper con convencionalismos),

2.- Los sindicatos no siempre ayudan a quienes aseguran que lo hacen, la guita es un instrumento eficaz para acallar conciencias...

            3.- La amenaza, la coacción, los abusos empresariales y sindicales... no son historias pasadas, sino que forman -de una u otra forma- parte del día a día de muchas entidades. Contemplarlo de forma tan cruda como lo hace la película que mencionamos, es una buena enseñanza y un estímulo para esa necesaria clarificación del mundo del dinero a la que tantos aspiran.

 

 

domingo, 8 de diciembre de 2013

LA VANAGLORIA EN LA EMPRESA. El ejemplo de Aedón y Palamedes.


Vivir con sentido de la mesura no es sencillo. Fácilmente, particularmente cuando el empresario -o el ejecutivo o el político- tiene la "mala suerte" de que todo le vaya bien, es fácil que pierda la cabeza, que se sienta por encima del bien y del mal. Afortunadamente las desgracias no suelen andar lejos.Tal vez más cuanto más confiadamente se vive. La deshumanización de los momentos de gloria se paga después. Es por eso bueno prepararse para el futuro: vivir al día, pero "como de prestado", sin depositar excesiva confianza en lo conseguido, porque luego aterrizan como de golpe  las sorpresas.

Aedón era mujer de Politecno e hija de Pandáreo (éste robó el perro destinado a custoridar el santuario de Zeus, en Creta. Lo dejó al cuidado de Tántalo en el monte Sípilo, en Lidia. Luego, al regresar, lo reclamó. Tántalo negó haberlo visto. Zeus castigó a los dos: a Pandáreo convirtiéndolo en zorra, y a Tántalo enterrándolo en el monte Sípilo).

Vivía feliz la pareja en Colofón (también en Lidia). Como matrimonio bien avenido, pronto tuvieron descendencia: Itis.

Todo sonreía a esa pareja: felicidad en los negocios, contento en la vida familiar, alegría en la prole. En esas circunstancias, en vez de agradecer a los dioses por lo recibido, cayeron en uno de los vicios menos gratos en Atenas: el orgullo. Se consideraron por encima de todos y de todo.

En su ingenua vanagloria blasfemaron de los dioses, afirmando por doquier que estaban más unidos incluso que Zeus y Hera.Nada gustó esto. Y la venganza fue sibilina: recibieron a Éride, portadora de la discordia. Para lograr sus objetivos, ésta introdujo en ellos el afán de emulación: dejó el alma herida de soberbia. Fue quizá, el mayor daño que pudo haberles hecho.

En vez de disfrutar de su existencia planteándose el oportuno rightsizing, cayeron en un hiperactivismo  sin orientación.

Se dedicó Politecno a construir un carro (hoy afirmaríamos que concentró su interés en la puesta en marcha de una empresa). Ella se centró en en un telar (aceptó un teletrabajo excesivamente honeroso por el número de horas que le exigía y sobre todo porque, perdido el norte, lo que ambos pretendían era "quedar" por encima del otro). Ya estaba perdido el sentido de la unidad, la disposición de servicio, la capacidad de entender al contrario..., todo, en fin, lo que hace grata la existencia.

Por si poco fuera, se plantearon una apuesta: quien primero no consiguiese los objetivos que se habían marcado porporcionaría al otro una persona para su servicio.

Aedón, sin cortarse un pelo, solicitó la colaboración de Hera (la más grade de las diosas del Olimpo, hija primogénita de Crono y Rea; hermana por tanto de Zeus). Con semejante ayuda, cubrió objetivos mucho antes que su marido. Éste, dominado por los afanes de figurar, optó por la venganza (y es que normalmente el descontrol en algún aspecto esencial del difícil equilibrio en el que vive la persona humana afecta a toda la estructura psico-psicológica).

Fue, pues, Politecno a Efeso, y con permiso del suegro, se llevó a Quelidón, hermana de su esposa. La excusa -como siempre el malvado no tiene ningún reparo en acudir a la mentira- era precisamente visitar a Aedón.

En su larga y frenética carrera de desvaríos, violó a Quelidón, la endosó un vestido de esclava, la cortó el cabello y la amenazó de muerte en el caso de que narrara lo sucedido. Llegados a casa le entregó a su hermana como sierva. Aedón, metida también de lleno en "sus cosas", incapaz de preocuparse por algo que no fuera de su estricto interés personal no reconoció a quien también llevaba su sangre.

Pero las mentiras tienen las piernas cortas.Tiempo más tarde, mientras Quelidón se lamentaba de las desgracias padecidas, su hermana la oyó. Al reconocimiento fraternal sucedió el deseo de venganza, como si no hubiesen sido suficientes los malos ratos. De nuevo pagó el pato un inocente, pues Itis fue asesinado por las hermanas y lo sirvieron en forma de apetitoso plato a su padre, a la sazón, esposo de Aedón. Sospechando que aquello no quedaría así, pusieron pies en polvorosa y se dirigieron a Mileto.Eso sí, narran los mitógrafos que, indiscretas, comentaron con algún vecino lo realizado. Y a aquél le faltó tiempo para informar a Politecno.

En plena persecución, reconcomido por el deseo de revancha, fue detenido por criados de Pandáreo, el padre de las muchachas. No se andaron éstos con chiquitas y, oportunamente atado, fue untado con miel y abandonado en la pradera para que su muerte estuviese acompañada por el sufrimiento de ser cruelmente picado por moscas, mosquitos...

El corazón de una mujer no permanece mucho tiempo endurecido y Aedón se acercó a su marido para ahuyentar aquellos animales.Pero la misericordia no es siempre bien vista por todos. Tanto, que su propio padre y sus hermanos estaban dispuestos a matarla por aquella buena acción en pro de un moribundo, del que había estado locamente enamorada y al que había sido siempre fiel.

En esa situación, Zeus se apiadó de tanta desgracia y transformó en aves a los implicados. Pandáreo acabó en forma de águila marina. Harmótoe, madre de Aedón y de quien no consta ninguna intervención ni a favor ni en contra de las diversas actuaciones, fue hecha alción. Politecno, en recuerdo del regalo que Hefesto le hizo deun pico fue transformado en picamaderos. El hermano de Aedón apareció ya como abubilla y la propia Aedón fue a partir de entonces ruiseñor. Su hermana Quelidón, por especial detalle de Artemis, a quien acudió la violada en los peores momentos de aquellos abusos, se convirtió en golondrina, pero con permiso para convivir con los hombres.

Así, la felicidad de los comienzos, que podía haber llegado a su zenit con una vida cumplida, se vio interrumpida por los malos deseos del orgullo. Y es que en las entidades mercantiles (y en la política) es preciso estar atento para que los triunfos -siempre pasajeros por cargados de importancia y apariencia que se presenten- no cieguen a quienes, vuelvo a insistir, tienen la mala fortuna de no conocer el fracaso. Asumir esta realidad facilita y predispone a una sana ironía. Los mismos que aplauden hoy -recita un tango- mañana de ti se habrán olvidado. Permanecer pendiente de opiniones ajenas es un modo de negarse una vida plena. Por lo demás, lo que sucede en la mayor parte de los casos es que los comportamientos, éxitos, o panegíricos no merecen ni el aplauso ni el desprecio de los observadores, sino sencillamente el olvido. Triste cosa angustiarse por algo que otros tardarán escasos momentos en archivar en lo más recóndito del baúl de los recuerdos.

La vangloria, no está de más insistir, va comúnmente unida a la envida. El vanidoso no admite que nadie haga algo valioso, si no es él mismo. La eficacia de alguno de los colaboradores de quien padece esta grave enfermedad implica su perdición.

Obligó Ulises a un troyano a escribir una carta falsa, supuestamente enviada por Príamo. Se deducía de aquello que Palamedes estaba traicionando a los griegos. Sobornó luego Ulises a un esclavo, para que escondiese oro en la tienda de su amo. Hizo circular aquella información. Llegada a oídos de Agamenón, hizo lapidar al presunto culpable. Fue el ejemplo por excelencia de la muerte de un inocente (su expulsión de la empresa), sencillamente por valer más que los patanes que en ese momento detentaban el poder.

No admite el mediocre en puesto de mando que nadie dé sombra sobre su supuesta eficacia. Por eso no está de más del consejo italiano: è meglio farsi il morto che ti ammazzino: es mejor hacerse el muerto que esperar a que otros te maten.

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Una anécdota

            Hablar con Cayo, mando intermedio en una Universidad privada, era todo un prodigio de paciencia. A su edad -no era todavía anciano-, y según él, no había sector empresarial en el que no hubiera prestado relevantes servicios. Se consideraba eminente en todas las actividades empresariales, no sólo en su país sino allende las fronteras. Nada había de lo que se hablara en lo que no se considerara especialmente dotado para pronunciar graves sentencias ex-catedra. Quien no entendiera sus fantásticas consideraciones no era digno siquiera de estar cerca de él.

            Cada día eran más años y más importantes los sillones ocupados en Consejos de Administración, en puestos de confianza, y más los países que habían quedado subyugados ante su ciencia. Al principio, cuando Ticio le conoció, quedó deslumbrado, como quienquiera que se acercaba por aquellos lares.

            -¿Cómo era posible que aquella persona tuviese tantos estudios, hubiese realizado tantos postgrados, fuese un empresario tan afamado, y nunca hubiese oído hablar de él? ¿Cómo era comprensible que la prensa económica no se ocupase con frecuencia de aquel ser prodigioso, prócer en múltiples ciencias? ¿Cómo se entendía que hablase de personajes ilustres con una confianza notable, como si su trato con aquellos -ellos, sí, muy conocidos- fuese diario? ¿Cómo sus conclusiones sublimes no se encontraban traducidas a otras lenguas para que así una nueva generación de ejecutivos pudiese formarse? ¿Cómo era viable, a la vez, que sus empleados dijesen que cuando hablaba de lo que alguno de ellos sabía sólo decía simplezas y generalidades? y ¿cómo, en fin, que todos tuviesen esa misma percepción? ¿Y que los clientes estuviese mucho más descontentos desde la llegada de aquel que había anunciado profundas reformas y mejoras en el servicio?

            Ésas y otras preguntas se hacían algunos cuando charlaban sobre aquel recién incorporado.

            Algunos no prestaron más atención al peculiar caso, pero otros indagaron entre gentes del sector -perdón, de los sectores- en los que aquel fanfarrón afirmaba ser un figura.

            Fueron llegando respuestas:

            -Ni le conocemos, dijeron los más.

            -¡Ah, sí, ése se caracteriza por sus balandronadas y por la paciencia que ha tenido con su jefe anterior, a quien por cierto ha rendido pleitesía durante décadas!

            -Uno del montón, resumió otro.

            -Un payaso, espetó el último.

            Cuando se acumularon esas respuestas, muchos no podían creer que se tratase de la misma criatura. Algún error había de haber. Tal vez una coincidencia de nombre. Quizá no haber pronunciado con exactitud sus apellidos, por lo demás vulgares...

            Pero sí, lo era. Su mayor valor era no saber de lo que hablaba, contradecirse en periodos que no llegaban a los cinco minutos. Y todo eso en medio de un pavoneo que provocaba la risa. Aunque nadie se atrevió nunca a carcajearse, no por falta de ganas, sino porque en el fondo aquel esperpéntico personaje les daba lástima.Además, en medio de su hozar orgulloso en historias nunca sucedidas, era sumamente vulnerable. Cualquier alabanza facilitaba que los empleados que de él dependían pudiesen, en el fondo, hacer lo que quisieran. Bastaba comenzar ensalzando las gloriosas decisiones -en realidad simplezas-, para que lloviesen permisos, prebendas, beneficios sociales, vacaciones... Paralelamente, cuando ordenaba cosas complicadísimas y aseguraba:

            -Yo también lo haré, para que todos veáis que es posible.

            Aquellas promesas duraban pocas semanas, a veces días. Y, en periodos cortos de tiempo todo volvía o a ser como antes o a simplificarse aún más, porque ni siquiera se llegaban a cumplir aquellos requisitos que los mandos precedentes habían impuesto.

            Los responsables de aquel contrato, medio avergonzados, medio sorprendidos, no quisieron tomar cartas en el asunto. Y dejaron a aquél en esa posición mediocre -pero excesivamente bien remunerada: tal había sido la capacidad de engaño del vanidoso- hasta que por fin se jubiló. Su recuerdo siguió provocando irónicas miradas, como aquel gran rey que vestido de aire se presentó -engañado por sí mismo, con la ayuda de su sastre- ante la corte del reino. Pobre hombre que iba luciendo impúdicamente su flácido badajo en porreta. Y pobre esposa que tendría que haber aguantado aquellas mismas historietas fantásticas. (O, ¿tal vez las contaba a los empleados porque su mujer no estaba dispuesta a soportar tanta fanfarronería?).

           

lunes, 25 de noviembre de 2013

Ecos de Murcia

Disfruto recorriendo mundo para impartir conferencias o asesorar organizaciones públicas y privadas. Me resulta difícil especificar en qué lugar de la geografía me encuentro más a gusto. Desde Canadá a Hong Kong pasando por cincuenta países de cuatro Continentes, no hay ninguno en el que aterrice con desazón.

Debo reconocer también que hay algunas plazas que por sus peculiaridades se me hacen especialmente apetecibles. Una de ellas es Murcia. En esa ciudad española lidié mis primeros seminarios sobre emprendizaje y management hace casi veinte años.

El pasado jueves 14 de noviembre estuve de nuevo allí, para cocelebrar el 35 aniversario de Inforges, empresa líder de la Región, con actividad en muchos otros lugares. Impartir la conferencia en ese cumpleaños fue todo un placer. Gracias, José Antonio, por haber querido contar conmigo.

He aquí algunos ecos en los principales medios de información de Murcia:







domingo, 17 de noviembre de 2013

LEGÍTIMA DEFENSA




Título: Legítima Defensa


Director: Francis Ford Coppola

Intérpretes: Matt Damon, Claire Danes, Danny de Vito, Jon Voight, Mary Kay Place, y Mikey Rourke, Roy Shneider, Virginia Madsen, Teresa Wright.

Año: 1997

 
 
 

La película es una crónica de buenos y malos, donde los primeros -pobres y débiles-, se enfrentan a los malos, ricos y fuertes. Los buenos son un joven recién licenciado en derecho encarnado por Matt Damon (El indomable Will Hunting), y un picapleitos con demasiada experiencia, interpretado por Danny de Vito. El joven abogado se enfrentan a Great Benefit (el propio título ya habla del capitalismo salvaje que encarna), una importante y poderosa compañía de seguros que se niega a pagar un trasplante de medula que salvaría una vida.

En el bando de los perversos, Jon Voight al frente de un grupo de prestigiosos letrados. No falta la angelical abuelita puesta en escena por Teresa Wright.

            Como es frecuente, el comportamiento de los buenos no escapa de esos paradigmas paradójicos tan al gusto moderno. Si el fin es bueno, los medios no lo son tanto. Si en lo profesional son impecables, no puede decirse lo mismo de otros aspectos de su vida privada.

            En cualquier caso, un buen instrumento para analizar las dificultades de navegación en el mundo empresarial. Aunque deje el amargo regusto de parecer que si uno no actúa en cierto modo como ellos (los declaradamente malos), es poco hacedero salir adelante.

            Algunas enseñanzas para el mundo de la empresa son:

            1.- Hay que actuar con profesionalidad si se quiere ir técnicamente adelante, sea éticamente reprobable o aplaudible.

            2.- Contar con la voz de la experiencia tiene un valor incalculable. Gran parte de la ‘verdad’ se encuentra en los libros, pero hay enseñanzas no indiferentes que sólo se logran pateando calle, hasta el punto de que en no pocas ocasiones el mejor master es precisamente el que se realiza en la calle, y no aquellos que se desarrollan en las Escuelas de Negocios.

            3.- En ocasiones hay confabulaciones, pero para dormir tranquilo lo mejor es que cada uno cumpla honestamente con su deber. Si las cosas van bien, fenomenal; si no van tan bien, no hay que hundirse.

            4.- En los momentos de gloria, muchos son los que se acercan; en los de fracaso, casi todo el mundo mira para otro lado. También aquellos que prometieron fidelidades eternas mientras uno les servía para generar algún tipo de beneficio. Muchas veces quien menos promesas realizó es quien más eficazmente ayuda en el momento preciso. Es una prueba más de la inmensa contradicción que se ocultan en personas y organizaciones.

            5.- Hay que implicarse en los negocios, pero no tanto que se limite la capacidad de un juicio objetivo.

domingo, 10 de noviembre de 2013

LA FIDELIDAD DE LOS SOCIOS. El ejemplo de Artabazo, Pausiano, Céfalo y Ligis.


 

Tras los sucesos de la batalla de Maratón, en la que los espartanos ni siquiera se dignaron aparecer en la batalla (eso son la mayoría de las relaciones comerciales: enfrentamientos dentro de una guerra por incrementar la cuota de mercado), los atenienses no les miraban con especial simpatía. Las cosas fueron cambiando: ya se sabe que el dinero no entiende habitualmente de grandes lealtades ni desealtades: o mejor dicho lo que promueve es un pragmatismo ciego para los fines que cada uno se propone.

Efectivamente, los también narrados sucesos de la batalla de Termópilas y el enfrentamiento naval de Salamina, pusieron a Atenienses y Espartanos en la senda de la reconciliación y la renovada colaboración. Una enseñanza es inmediata: no hay que enfrentarse con nadie, porque quien ayer aparecía como contrincante mañana (tras una fusión, una adquisición....) puede convertirse en jefe, compañero o subordinado. Sobre todo en los dos primeros casos valdrá la pena que no se hayan incubado resentimientos en relaciones previamente mantenidas.

Jerjes había dejado casi treinta mil hombres antes de retirarse en dirección a Asia Menor. Y aquel ejército hacía que Atenienses y Espartanos mantuviesen la mosca detrás de la oreja. Mardonio, el general en jefe de esa guarnición persa intentó socavar la colaboración entre Espartanos y Atenienese, por medio del rey Alejandro I de Macedonia, pero ni promesas ni amenazas sirvieron para nada. La guerra estaba a punto de recomenzar.

Ni corto ni perezoso, marchó Mardonio contra Ática y después entró de nuevo en Atenas, ciudad fantasma y ocupada por los persas en el estrecho período de diez meses. Los espartanos, cansados de tanta arrogancia, salieron en ayuda de los atenienses. Bajo la dirección de Pausanio, cuarenta y cinco mil soldados se aprestaron contra los invasores. Al cabo, se establecieron en Plateas (Beocio) dispuestos en orden de batalla, con los refuerzos de ocho mil atenienese, cinco mil corintios, y otros. En total, ciento diez mil hombres procedentes de veinticuatro ciudades de la confederación griega.

Durante muchos días permanecieron los campamentos a punto del enfrentamiento, pero siempre se retrasaba. Un movimiento de aparente repliegue llevó a los persas al ataque: llegaba el momento de la fusión (por ejemplo).

Mardonio pagó con su vida el intento, y su gente se retiró de manera desordenada, siendo muchos aniquilados.

¿Todos? No, porque un contingente se salvó de aquella borrachera de sangre. Se trataba de Artabazo. Era éste segundo de a bordo del fallecido, pero ni él ni ninguno de sus hombres padeció daño alguno. Fundamentalmente, porque no llegó a entrar en batalla. Poco después se retiró sano y salvo junto con los suyos vía Tracia. Si hubiera entrado en batalla, probablemente hubiese modificado sustancialmente la orientación que tomó el triunfo.

En demasiadas ocasiones se olvida que el mayor enemigo de una entidad comercial no se encuentra en la competencia. Se halla, más bien, dentro de las propias filas de la empresa. La envida, la ira o la sencilla malquerencia de quienes se encuentran a nuestro alrededor son los mayores riesgos que se presentan para la propia vida profesional y para el futuro de la compañía o departamento.

 Demasiados poco escrupulosos deambulan por el mar de las relaciones económicas. Buenas palabras llevan, pero eso no debe hacer bajar la guardia, pues quienes aparentan mejores intenciones se convertirán en lobos feroces cuando las transacciones vayan mejor, los beneficios apunten cifras con suficiente número de ceros, etc.

 Es imposible comprar la lealtad, y la traición es mercancía de cambio excesivamente presente. Estar preparado para ella es el mejor de los lenitivos.

¿Confiar en los hombres? Sí, pero con matices.

Antes de depositar nuestra fe en nadie, será bueno informarse con detalle: muchos medios existen (pueden verse a este respecto mi trabajo Franquicia: selección de franquiciados, selección de franquiciador, en Técnica Económica, nº 160, septiembre de 1997, pp. 31-44). Merecerá la pena -¡siempre!- conocer con más detalle a aquel proveedor, cliente, potencial socio, etc., antes de embarcarse en relaciones mercantiles más profundas.

            Mucha gente tiene una exclusiva fidelidad, aquella que se refiere a sí mismo y a su bolsillo. Superar ese primer obstáculo no es sencillo, porque el vicio está profundamente arraigado, entre aquellos menos valiosos que, con tal de sobresalir (¿para qué, si no tienen nada que decir?), están dispuestos a dejar en el arroyo a quienes habían prometido "amor eterno".

La selección de socios para cualquier aventura (empresarial, política, profesional en general) no debe hacerse de manera intuitiva o bajo el lema de "Todo el mundo es bueno". No es así. Demasiados aprovechados vagan por nuestras calles ante el desamparo de los honrados y la indolencia de quienes teniendo obligación de poner coto a esos desaprensivos, miran hacia otro lado.

 Tropezamos con Pausiano, el gran héroe, que cae en desgracia tiempo después. Y es que Grecia (recuérdese a Milcíades o a Temístocles de Grecia, o a Cleómenes I, entre los espartanos), como tantos lugares hoy día, no acepta que destaquen las individualidades. Se prefiere seleccionar mediocres, gentes de bajo perfil que como nuevos burócratas comiencen la labor de los Epsilones que Huxley describió en su Un mundo feliz.

El final de Pausiano no fue feliz, asediado se le dejó morir de hambre: pero como estaba refugiado  en lugar santo se le sacó arrastras de allí justo antes de padecer, para que ni siquiera la satisfacción de haber fallecido en tierra sagrada: cuando la venganza se desata con saña no se para en marras; todo es poco para castigar a aquel a quien antes se alabó. Tampoco los espartanos salieron en su ayuda, lo abandonaron como chivo expiatorio. Una vez más se verificó que los triunfos de ayer no sirven para justificar los del mañana y que la versatilidad de las gentes es tan grande que de un día para otro quien fue ensalzado pasa perfectamente a ser denigrado sin el menor rubor de los tornadizos espectadores.

Nadie evita que esto suceda, pero hay un modo de prevenirlo en parte: solicitar detallada información de aquellos con quienes uno se embarca. La persona tiende a formar un todo en su existencia (aunque sin excluir la posibilidad de cambios): quien ha estafado a otros volverá a repetirlo con nosotros; quien se ha comportado honestamente con precedencia será más fácil que lo siga haciendo en el futuro. Tomar precauciones nunca está de más. Una muestra: jamás tenga firma solidaria quien se encarga de contabilidad; menos aún si también es responsable de los arqueos. Ayudar a otros a comportarse rectamente es un buen modo de empezar.

 Muchas veces los problemas surgen no de complejidades reales sino de malentendidos, que habría que resolver lo antes posible para evitar que los males se hagan mayores. El caso de Céfalo es paradigmático. Locamente enamorado de Procis, un día -sin saber bien por qué- comenzó a tener dudas de la fidelidad de su esposa (del socio, diríamos aquí). Cuando ella lo creía ausente, entró disfrazado, prometiendo regalos si la dama se le entregaba. La mujer aguantó mucho tiempo pero (y es que con fuego no debe jugarse) al final aceptó. Momento éste en el que el tentador se dio a conocer como su marido.

  Procis, profundamente molesta, a la vez que avergonzada, huyó de la casa. Céfalo salió detrás de ella, y poco después se abrazaban tras reconocer cada uno el mutuo mal comportamiento que habían tenido.

Tornaron las aguas a su cauce (es decir, la empresa volvió a dedicarse a sus actividades de producción ordinarias), hasta que fue Procris la asaltada por los celos. Como su marido salía de caza, comenzó a sospechar si no tendría algún amorío con las ninfas de la montaña. Un criado, pérfidamente interrogado, aseveró:

            -Al concluir la cacería, tu marido invoca a una misteriosa Brisa, y le solicita que mitigue su ardor.

 Procris no necesitó saber nada más. Profundamente ofendida, se propuso descubrirle en medio de sus amores culpables. Así, el primer día de caza, siguió a Céfalo. Él, al oír ruido entre los matorrales, lanzó una jabalina que -como los modernos misiles- estaba dotada de la rara propiedad de acertar a la víctima. Así, cometió un homicidio involuntario en la persona de su desconfiada esposa. El dolor de la muerte de ésta fue menguado porque ahora ya sabía que su marido no la engañaba, sino que invocaba a la brisa, es decir, al viento.

Alguien podría pensar que visto lo visto sería mejor emprender aventuras empresariales en solitario, cuando resulta que es tan frecuente encontrar el desastre cuando se va en compañía. No debe responderse así para todos y siempe (véase mi estudio La selección de socios, en Capital Humano, abril de 1999, nº 121, pp. 60-66), porque muchas veces contar con socios es conveniente.

Ligis era hermano de Alebión. Cuando Heracles volvió de la patria de Geriones (gigante que poseía tres cabezas y cuyo cuerpo era triple hasta las caderas), tuvo que atravesar el sur de Galia. Intentó Ligis robar el rebaño del héroe. A punto de ser derrotado, acudió Heracles a su padre (su socio), quien con una lluvia de piedras rechazó fácilmente a los injustos atacantes. Se dice que el llano de la Crau testimonia, con una gran cantidad de piedras en la zona, lo eficaz de la colaboración frente a las fuerzas externas.

 

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Una anécdota

            Sempronio y Ticio constituyeron una empresa de alta tecnología. Profundamente amigos como eran, lo hicieron al 50 por ciento. Los primeros dos años, como acaece en tantas aventuras mercantiles, fueron de permanente esfuerzo. Cada uno trabajaba más que el otro, y las manifestaciones de mutuo interés y aprecio eran constantes.

            Atravesaron momentos difíciles, etapas de sufrimiento y desesperanza donde parecía que el proyecto se iría al traste, pero en el comienzo del tercer año de facturación ya estaba correctamente encauzado.

            En éstas, Sempronio dijo a Ticio:

            -Hace tiempo que manifiestas tu deseo de casarte. ¿Por qué no aprovechas ahora que todo comienza a ir? Es más, si quieres, tómate tres semanas para realizar ese viaje por Asia que has mencionado.

            Así fue. Al cabo de poco tiempo, ya casado, Ticio -narrador de esta historia- salía de viaje de luna de miel con dirección a Thailandia.

            Ese mismo día, cumpliendo los requisitos jurídicos, se convocaba Junta General Extraordinaria para poner en marcha una operación arcordeón a cuenta de ciertas pérdidas acumuladas. No faltaron los anuncios en prensa, en el boletín oficial, las comunicaciones según preveían específicamente los estatutos... Hasta se convocó a un notario para que levantase acta de que "incomprensiblemente" Ticio no acudía a la importantísima reunión, celebrada con todas las bendiciones y exigencias legales.

            Culminada ya la operación, volvió el ya ex-socio de Sempronio, dispuesto a recomenzar su labor de dirección en la empresa. No se le dejó ni entrar en la sede de la empresa...

            -¿Qué haces aquí?, le preguntó con fingida sorpresa el traidor.

            -Acabo de volver, respondió con asombro el recién llegado.

            -¿No te enteraste de la convocatoria extraordinaria que tuvimos que hacer?, ironizó cruelmente el torticero, regodeándose en su maldad.

            -¿Qué...?, preguntó aún incrédulo el recién convertido en intruso.

            La perfección legal de lo ejecutado hizo inútil cualquier intento  de reclamación. Pasado el tiempo, puso Ticio en marcha otra empresa, pero ahora ya sin socio alguno. Triste es que sucesos como éste enturbien el mundo de los negocios.

martes, 5 de noviembre de 2013

10 AÑOS DE MINDVALUE

MINDVALUE (www.mindvalue.com), firma profesional especializada en servicios de asesoramiento y formación para altos directivos y para Directivos de Alto Potencial, acaba de cumplir diez años. Constituida por José Aguilar y por mí, MINDVALUE ha contribuido a la formación de directivos en más de quinientas organizaciones públicas y privadas, de cuarenta y cinco países de cuatro Continentes.

MINDVALUE apostó desde el inicio por un Management de factura española, con modelos propios de diagnóstico y transformación: Gestión de lo imperfecto, Patologías en las organizaciones, Feelings Management, Will Management, Dirección por Hábitos y Liderazgo en tiempos de incertidumbre. Estos modelos han sido empleados por numerosísimas organizaciones

Entre las instituciones que han acudido a los servicios de MINDVALUE se incluyen: Coca-Cola, Hertz, Mapfre, CompassGroup, Grupo Santander, la Caixa, Swiss Re, Groupama, Ericsson, Hedonai, Movistar, Ono, SFB, BBVA, Pemex, MC Hoteles, Toyota, Daimler Chrysler, Alcampo, Bankinter, Deloitte, KMPG, Accenture, Gobierno de Colombia, etc.

José o yohemos pronunciado conferencias o asesorado a empresas de Estados Unidos, Gran Bretaña, México, China, Filipinas, Chile, Brasil, Costa Rica, Suiza, y un largo etcétera.  MINDVALUE ha licenciado sus modelos de gestión a firmas nacionales (Pharos, Tatum, Elogos) e internacionales de Consultoría (CGI, MSR, Brandsmith).

Hemos publicado en estos años obras como La soledad del directivo; Egipto, escuela de directivos; Patologías en las organizaciones; 1010 consejos para un emprendedor, y muchas otras.

Para 2014, tenemos previstos proyectos en una docena de países de Europa y América.

Mil gracias a todos los que nos habéis facilitado el camino. Citar a todos resultaría prolijo. Bien saben los interesados cómo reconocemos su apoyo, sugerencias o indicación de áreas de mejora.

No puede faltar, con todo, la mención a profesionales y amigos de la talla de Marcos Urarte, Josep Lozano, Rodrigo Jordán, Christian Santos, Aldo Boitano, Luis Poblador, FranckSibille, Chema Díez, Carlos Espinosa, Carlos Sánchez, Josep Jordán, Fernando Moroy, Rogelio Leal, Luis Rico, Emilio Molinero, José Antonio Carazo, Federico Fernández de Santos, Pilar Gómez-Acebo, Joaquín Oset, Maite Sáenz, Luis Huete, Fernando Lanzaco, Sandra Ibarra, María Subrá, José Manuel Casado, Nuria Chinchilla, Cristina Varadé, Mª Eugenia Otaduy, José Ramón Lacosta, Mariano Baratech, José Ignacio Rivero, Francisco Segrelles, Mariano Vilallonga, Juan Carlos Marín, Blanca Fernández-Galiano, Mariano Zúñiga, Enrique Sueiro, Juan Carlos Lozano, Erika Bauer, Pilar Moncayo, Yleana Corredor, Laura Elena Calvache, Marcelino Elosúa, Nuria Coronado, Laura Díaz, Iñigo Flórez o Daniel Primo.

Ruego disculpas, una vez más, por las numerosas pero inevitables omisiones.

Eugenio de Andrés, además de un buen amigo, ha sido el impulsor eficaz para que me introdujese en el proceloso entorno de las redes sociales. Gracias también por eso, Eugenio
 
Javier Fernández-Aguado

lunes, 28 de octubre de 2013

PENSADORES POR EL MUNDO

Hace tres semanas, fue presentado en Santiago de Chile “Management para un mundo hiperconectado. Reflexiones sobre el pensamiento de JFA”, coordinado por Rodrigo Jordán y Marcelino Garay.

En esa obra, la mundialmente admirada Karla Wheelock, coautora, hace referencia al libro “Pensadores por el mundo”. A raíz de ese comentario, he recibido solicitudes de información sobre cómo conseguir ese texto.

“Pensadores por el mundo” es una obra reciente y de libre acceso promovida por Iniciativa Pymes. Ofrezco aquí el link para que quien lo desee pueda disfrutar de las aportaciones de los 11 profesionales invitados:
 
 
Javier Fernández Aguado

jueves, 17 de octubre de 2013

EL 22 DE OCTUBRE EN EL MANAGER BUSINESS FORUM EN MADRID


El próximo martes, 22 de octubre, se celebra en IFEMA el Manager Business Forum, principal encuentro de directivos de España. En esta ocasión, impartiré una conferencia con el título: “Ética y negocios ¿realidad o utopia?”. Tendrá lugar a última hora de la mañana. La entrada es gratuita, pero es preciso inscribirse en la web de Interban Network.
Esa misma mañana tendrá lugar la entrega del premio de mejor speaker del año a Enrique Sueiro. Mi más sincera felicitación por ese galardón al director general de Top Ten Management Spain.
En esta ocasión, echaremos en falta al tradicional y extraordinario coordinador, Eugenio de Andrés, que se encuentra en América impartiendo un ciclo de conferencias por varios países.
 
Javier Fernández Aguado

domingo, 13 de octubre de 2013

LA JUNGLA DE ASFALTO


Título: La jungla de asfalto 

Director: John Huston
 
Intérpretes: Sterling Hayden, Louis Calhern, Jean Hagen, James Whitmore, Sam Caffe, John McIntire.

Año: 1950

 

           
 
 
Doc Riedenschneider (Sam Jaffe), un ex-convicto, sale de la carcel. El tiempo transcurrido entre rejas no le ha servido para mejorar su percepción del mundo, y se dispone enseguida para un nuevo robo en el que –asegura- todos los implicados sacarán suficiente para vivir el resto de sus vidas. La historia, procedente de una novela de W.R. Burrnett, fue adaptada por John Huston y Ben Maddow.

Para llevar a cabo sus perversos propósitos, Doc precisa de un buen equipo. No sirven unos cualquiera. Tienen que ser los mayores expertos porque de otra forma el ‘negocio’ podría estropearse. Comienza así –prescindiendo ahora del fin para el que se realiza- una estupenda selección de personal. Hay que demostrar conocimientos y experiencia. Van pasando las pruebas los mejores, aquellos con quienes se puede contar para que el proyecto marche.

En buena medida se encuentran allí, porque les han faltado otros puntos de referencia. Se desahoga uno de ellos:

            -¡Qué suerte tener una familia!

            Responde otro, con cinismo:

            -Sí, pero da muchas preocupaciones.

Para llevar adelante el reclutamiento es preciso contar con medios económicos, y también con alguien que se encargue como intermediario de dar salida a las joyas que se robarán. Todo eso lo buscan en un abogado aparentemente adinerado. Enseguida sabremos que en realidad es absolutamente pobre y que pretende -¿por qué pintarán casi siempre a los abogados con doble intención?- apropiarse de lo que no es suyo.

Toda la corrupción del ambiente va saliendo a flote. También la de un policía que deja hacer a cambio de una participación en beneficios de las actividades ilegales que llevan a cabo sus ‘protegidos’.

La preparación del asalto se realiza en todos sus detalles. Nada queda a la improvisación. ¡Cuántos jóvenes emprendedores deberían aprender del rigor con que actúan otros, quizá llevados de no tan insignes propósitos! Se dedican horas y medios para decidir cuáles serán las pequeñas cosas que pueden llevar a convertirse en éxito la operación planteada.

Los vicios, como es bien sabido, no suelen ir aislados: Doc no es sólo una ladrón profesional, también es un viejo verde, que se avergüenza de serlo. Así, se entretiene  mirando carteles indecentes, pero cuando alguien se acerca, se aparta con toda dignidad.

Doc es un alemán templado. Ante las dificultades no se deja arredrar. Es, sin ninguna duda, un buen líder, aunque no sea un líder bueno. Su meta es clara: en vez de enredarse en muchos pequeños robos, pretende retirarse con uno sólo. El principio empresarial de que los ingresos deben ser ‘pocos muchos’ y ‘muchos pocos’, no lo acepta: para él lo relevante es que con uno el futuro quede arreglado. Su convencimiento es grande:

            -¡Es un golpe único! ¡Lo leeréis en los periódicos!

Las cosas, como era previsible, nunca resultan fáciles, ni para los buenos ni para los malos. Cuando algunos se quejan de que intentando comportarse de modo adecuado no siempre logran sus metas, bien puede respondérseles que los malos también lo pasan mal...

Comienzan los problemas cuando uno de los miembros del equipo de asaltantes es herido por la policía. Su clamor es grande:

            -¡Llévame a casa!

Una vez más queda claro que en los momentos de dificultad el refugio es siempre el propio hogar... Y eso que cuando el triunfo de hace presente, parece que es precisamente con los ‘amigotes’ con quienes más se disfruta.

Cuando llegan al abogado, todo empieza a descubrirse. Doc le increpa, malhumorado:

            -Usted no tiene más que fachada.

 ¡Cuántas veces vienen deseos de gritar eso mismo a la cara de muchos directivos pequeñitos!

Doc no se para, sigue recriminando a su socio leguleyo:

            -Quiere ser un ladrón y le faltan agallas. ¿Qué le mantiene en vida?

Dos no se detiene, y comienza a pensar en alternativas. Incluso, la de que sea el seguro quien pague por la recuperación.

Van saliendo los sentimientos profundos, y corruptos, de unos y de otros:

            -¡Me cegó la codicia!, confiesa alguno.

El abogado acude al más cobarde de los expedientes. Sin atreverse a dar la cara por sus errores pasados, se suicida. Poco antes, su esposa, que nada sabe de la doble vida del marido, no manifiesta otra preocupación que el tipo de bañador que empleará.

Esta película, nominada al oscar al mejor guión, al mejor actor de reparto y al mejor director, recoge con acierto muchos puntos de lo que debe ser una selección de personal, y también de cómo ha de llevarse adelante un proyecto. ¡Ojalá que sea de fines nobles! De otra forma, independientemente del tipo de ‘robo’ (sea a mano armada o de guante blanco), cabrá afirmar lo que se señala en el metraje: que se tienen instintos de fiera, sin entrañas ni corazón.

El maniqueismo –la división radical entre buenos y malos- es un grave error, porque todos llevamos dentro algo de sublime y también algo de abyecto. Aprender a gestionarnos bien, y sacar lo mejor de nosotros mismos, es la gran apuesta que tenemos por delante.