lunes, 20 de mayo de 2013

Glengarry Glen Ross. (Éxito a cualquier precio).


Título: Glengarry Glen Ross. (Éxito a cualquier precio).

Director: James Foley.

Interpretes: Al Pacino, Jack Lemmon, Alec Baldwin, Ed Harris, Jonathan Pryce, Alan Arkin, Kevin Spacey.

Año: 1992


            Desde la central de la empresa, envían a un ‘motivador’ para que estimule al equipo de ventas para que mejore sus resultados, que hasta el momento no están siendo los mejores. Las corrosivas conversaciones reflejan crudamente el lenguaje de la empresa, muy especialmente en aquéllas gestionadas por gente con escasa formación humana. Todo colabora al desarrollo de un drama psicológico, en el que la lucha por la supervivencia, con una competitividad salvaje y en medio de una sociedad sin valores, se concreta en que sólo uno triunfará (recibirá un Cadillac y la confirmación de su puesto de trabajo), y no hay lugar para el segundo: los perdedores acabarán inexorablemente en el paro. Las reglas son claras: vence quien vende más que los demás, no importa cómo.
            La película narra las angustiosas venticuatro horas en las vidas de esos agentes inmobiliarios obligados a desbancarse entre sí, colocando terrenos en el desierto. La crítica del sueño americano es mordaz: se  muestra una de las caras más crudas del capitalismo salvaje.
            El formador llegado de la matriz es implacable:
            -No les deseo buena suerte, porque ustedes no sabrían qué hacer con ella...
            El robo de unas fichas de potenciales clientes que teóricamente valen una fortuna, y que para uno de los presionados empleados podrían quizá significar la salvación, desencadena un situación dramática en la que unos hombres se enfrentan no sólo a una investigación policial, sino a su propia conciencia: lo que está realmente en juego es el propio sentido de su trabajo y, en el fondo, de su vida entera.
            El inmoral, pero eficaz en la venta, Ricky Roma es representado por Al Pacino. Jack Lemmon, recién fallecido cuando se escriben estas líneas, encarna a un trabajador curtido, Shelley Levine. A ellos se suman Alec Balwin y Ed Harris en la lucha por un triunfo que los cuatro buscan a cualquier precio.
            Este metraje puede ser provechosamente empleado en labores de formación, pues recoge aspectos que a diario se viven en el mundo de las entidades mercantiles: la necesidad de ingeniar nuevos sistemas para motivar al personal, la exigencia de la formación, los diferentes modos de captar clientes, cómo dirigir eficazmente a los propios empleados, etc.
            El deseo de mostrar descarnadamente el mundo de la empresa -y más específicamente los departamentos de ventas- cae en cierta grosería en la sesión de motivación. Luego, sin venir mucho a cuento, un monólogo de Al Pacino -forzado e innecesario- eleva un canto a comportamientos inmorales, que él mismo desmiente en buena medida con su actuación ante sus compañeros en los momentos de tensión. Esa concesión a lo chabacano hace desmerecer un tantico este instrumento de Consultores y Profesores.

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