domingo, 29 de diciembre de 2013

UN LIBRO QUE AYUDA A DECIDIR


Todos los mercados son complejos. No resulta sencillo discriminar. Por eso, iniciativas como las de Olga Valera son de agradecer. En un texto que resulta accesible de forma gratuita gracias a la colaboración de Iniciativa Pyme, Valera ha realizado una selección de quienes ella considera asesores esenciales a la hora de tomar decisiones en diversos ámbitos de la empresa. No están todos los que son, pero sí son todos los que están. Aquí va el link para quienes puedan estar interesados: http://blog.iniciativapymes.com/?p=3399

 

martes, 17 de diciembre de 2013

QUINCE AÑOS RESUMIDOS A BORBOTONES

Hace pocos días, el 7 de diciembre de 2013, recibí un mail de un antiguo alumno. Nada había sabido de él en esa década y media. Tras solicitarle permiso, lo reproduzco literalmente a continuación. De los 3 lustros dedicados hasta el momento a la formación, diez de ellos en una Universidad privada, lo mejor sin duda ha sido lo que he aprendido de mis alumnos. Es una satisfacción verificar que en esa gozosa conversación intelectual que es una clase, también ellos se llevan algo. Nada he cambiado de ese mensaje escrito con el corazón en la mano, como podrá verificar quien lo lea. Es motivo de ilusión, y motor para mi trabajo, constatar que sigue habiendo gente maravillosa.
Buenas tardes profesor,
Desgraciadamente el pasado martes no fue posible finalmente reencontrarnos. Ocurrido esto, tenía dos opciones, dejar pasar el tiempo esperando otra oportunidad, o hacer lo que me dispongo a hacer, escribirle unas palabras para no dejar más tiempo pendiente mi deuda hacia con usted.
Estoy seguro de todas formas que ese cara a cara llegará más temprano que tarde, de una manera más informal o formal, pero hoy quería adelantarle unas humildes palabras de gratitud de un antiguo alumno a su siempre profesor. Acabo por cierto de leer ahora mismo su cuenta de twitter, y creo que llamarle profesor sigue siendo aún más necesario.
Usted profesor, nos regalaba en sus clases lecciones de vida que siempre me han acompañado. Pequeños tesoros que quedaron en mi interior de una forma mucho más profunda de lo que yo mismo podía imaginar en aquellos momentos. Prometo profesor, que estos han sido posteriormente llaves fundamentales para resolver muchas cuestiones vitales a lo largo de mi existencia. Han sido esenciales para poder ser el hombre que hoy soy. 
Le debo muchas cosas. Contarle hoy toda mi vida no toca, yo no soy el protagonista de este escrito, pero, de forma muy breve decirle por ejemplo, que estudié posteriormente ciencias del trabajo por usted y que sus enseñanzas de vida fueron de gran ayuda para gestionar adecuadamente situaciones desagradables que he ido encontrando en distintas empresas y con distintas personas. Decirle que usted me ayudó con su sabiduría a reconducir algo tan importante como la relación con mi padre, volviendo este a ser el superman que era para mí de pequeño, y así, otras tantas y tantas cosas que han marcado mis últimos quince años de vida. 
No quisiera parecer exagerado o increíble simplemente es la verdad. Para algunos de mis compañeros sus frases eran a veces simples bromas o cuentos que usted nos contaba, pero para mí, no se quizá si por una mayor y verdadera capacidad de escuchar, aquellas frases eran puras gotas curativas llenas de sabiduría, que me hacían dejar de estar ciego en ese mismo momento o en algún momento posterior de mi vida. 
Usted profesor deposito en mí "algo" que durante los quince años posteriores fue creciendo y creciendo, "algo" que fue fundamental para que siguiera dando pasos, para aún sin saber exactamente cual era la meta final de ese camino no parar, seguir avanzando y seguir hacerme preguntas a ala vez.
Por todo ello, gracias, muchas, muchas gracias.
Gracias porque a día de hoy creo que ese joven bastante corriente que usted conoció se ha convertido al menos en un principio de hombre. El final del año pasado y este 2013 han sido muy importantes para mi, donde todo ese proceso que yo denomino de mutación personal comenzó su fase final. Decidí lo primero parar mi última aventura no acometida de forma totalmente voluntaria, una oposición, y decidí dejar de ser aquella persona que mi familia, pareja y amigos esperaban que fuera para pasar a ser yo mismo, para empezar a tomar las riendas de mi vida. Dejé de ser una persona que cumplía por inercia, sin una verdadera y propia motivación, para empezar a ser yo. Puse en orden mis relaciones familiares, de pareja, de amistad y empecé a vivir de forma plena. Afortunadamente además, y añado un tono de broma pero muy cierto, todos supimos llevar este proceso de la mejor forma posible y nadie acabó con ninguna patología que hiciera necesario acabar con alguien en el psicólogo o psiquiatra.
En lo relacionado con lo profesional, esa otra pata de la vida tan importante de la que no he hablado aún, pues poco diré, reitero que me niego a aburrir hoy con historias que no son las verdaderas protagonistas. El curriculum es el que es. Algo se intentó hacer y sobretodo aprender durante esos 15 años llenos de preguntas existenciales. A pesar de esa falta de lo que yo denomino, motivación plena, siempre tuve claro que había que trabajar y esforzarse. En cada una de mis experiencias he intentado observar y aprender, sacando conclusiones positivas. Hasta de la última, donde ha sido la única vez que he sido despedido. En el año 2008 sufrí un accidente de moto donde casi pierdo la vida gracias a una buena señora que se saltó un stop, y a mi vuelta tras una recuperación de 6 meses me recibieron con una bonita carta de despido al haberme sustituido ya por alguien más barato. Hasta en esa situación sus enseñanzas fueron una vez más utilizadas y la salida acabo siendo cordial gracias a una gestión adecuada.
Soy plenamente consciente que mi trayectoria  podía  ser mejor, más brillante, pero es la que es dadas las circunstancias que fueron. He preferido en mi vida quizá un ritmo más lento siendo más de pensar que de hacer por hacer como hacían tantos a mi alrededor. Ahora solo puedo y debo centrarme en el presente y en el futuro. Con la formación y experiencia que tengo, con la brújula personal afinada, tengo que lanzarme a los mares del mercado laboral, intentando tener esa valentía que tenían nuestros grandes navegantes. Ilusión, sentido común e incluso una prudencia bien entendida serán también mis acompañantes. La formación continua, las ganas de aprender, de mejorar, el saber escuchar, observar, perseverar, comunicar, humildad, constancia, gestionar la tensión y otras emociones, serán siempre aplicadas en mi día a día. No busco encontrar la organización perfecta ni a personas perfectas porque dudo que existan, yo mismo no soy perfecto. Me gustaría eso si, trabajar para personas y con personas, desarrollarme junto a ellas. Dar y recibir, recibir y dar. Aportar valor a la organización y a las personas. La motivación que a veces me faltó, ahora por fin, está ahí, donde debe de estar, bien entendida y en su justa medida. Tengo ganas de trabajar, no de jubilarme como le ocurre a unos cuantos que conozco de mi edad. El dinero para mí no es un fin, es una herramienta, y antes que preguntar, cuanto voy a ganar, preguntaré, cuanto voy a poder aprender y aportar. Y por encima de todo siempre, mi ética, mis principios, mis valores, mi libertad y mi decencia, que no han estado nunca en venta ni lo estarán. Al igual que usted yo tampoco creo en un mundo perfecto ni creo que yo pueda cambiarlo. Debo ser por supuesto responsable de mi existencia, de mis actos, mejorando todo lo que pueda mi micromundo. Si consigo eso a lo largo de mi existencia creo que habrá merecido la pena vivir. 
En fin, como ve profesor, tengo mucho que agradecer, y por todo ello, una vez más, gracias. Muchas, muchas gracias por sus enseñanzas y su ejemplo. Mi admiración y mi amistad profesor, no una amistad de placer, ni de utilidad, sino una amistad de excelencia, como tan adecuadamente clasifico Aristóteles. Con esto voy a ir terminando porque no seria justo robarle más tiempo, y porque mi mujer me reclama, y ante eso poco hay que hacer, ella manda. Solo añadir, que además de dar tanto las gracias, en estas fechas tengo pensado compensar mis deudas con usted de una forma un poco más práctica, comprando dos de sus libros, uno para mi padre y otro para mi mujer. Como bien dice usted, los libros hay que leerlos y comprarlos.
Este escrito en realidad, podría haber sido resumido en, gracias profesor por su sabiduría, por su humanidad, y por su humildad. 
Espero verlo pronto y transmitirle ese día todo esto de una forma mucho mas rápida, a través de un apretón de manos y de una sincera mirada. 
Un abrazo

domingo, 15 de diciembre de 2013

LA LEY DEL SILENCIO



Título: La ley del silencio


Director: Elia Kazan

Intérpretes: Marlon Brandon, Eva Marie Saint, Lee J. Cobb, Rod Steiger, Karl Malden.

Año: 1954

 

         
   Una serie de reportajes escritos para el “ New York Sun” por Malcolm Johnson a raíz de dos asesinatos de contratistas portuarios cometidos en Nueva York en 1948, y que supusieron la obtención del premio Pulitzer para su autor, proporcionan argumento a este largometraje. El mismísimo Elia Kazan, el director, tuvo que declarar ante la Comisión de Actividades Antiamericanas.

            La película narra la historia de un ex-boxeador (Marlon Brandon) reconvertido a estibador. Allí se enfrenta a la mafia de los muelles, violando un anti ético código de silencio: sólo logra trabajo quien se deja manipular descaradamente por los perversos sindicalistas. Fue la gran triunfadora de los Oscar del año 1955 al obtener ocho, después de haber sido nominada para todas las especialidades; su éxito pronto halló eco en festivales como el de Venecia.

            Marlon Brandon realiza la interpretación magistral de un personaje ingenuo y sentimental. Su gran corazón le lleva a no ceder ante lo que considera actitudes abusivas por parte de quienes en realidad deberían defenderles, y más bien les esclavizan.

            Desde el punto de vista de la formación empresarial, muchos son los palillos que se tocan. Entre otros, los siguientes:

1.- La gente se comporta como masa hasta que alguien remueve sus conciencias; unos pocos tienden a sacar ventaja gracias a la omertà de la mayoría, el líder tiene que estar dispuesto a enfrentarse a la verdad sobre sí y sobre el mundo si quiere vivir en paz consigo mismo (aunque eso le suponga romper con convencionalismos),

2.- Los sindicatos no siempre ayudan a quienes aseguran que lo hacen, la guita es un instrumento eficaz para acallar conciencias...

            3.- La amenaza, la coacción, los abusos empresariales y sindicales... no son historias pasadas, sino que forman -de una u otra forma- parte del día a día de muchas entidades. Contemplarlo de forma tan cruda como lo hace la película que mencionamos, es una buena enseñanza y un estímulo para esa necesaria clarificación del mundo del dinero a la que tantos aspiran.

 

 

domingo, 8 de diciembre de 2013

LA VANAGLORIA EN LA EMPRESA. El ejemplo de Aedón y Palamedes.


Vivir con sentido de la mesura no es sencillo. Fácilmente, particularmente cuando el empresario -o el ejecutivo o el político- tiene la "mala suerte" de que todo le vaya bien, es fácil que pierda la cabeza, que se sienta por encima del bien y del mal. Afortunadamente las desgracias no suelen andar lejos.Tal vez más cuanto más confiadamente se vive. La deshumanización de los momentos de gloria se paga después. Es por eso bueno prepararse para el futuro: vivir al día, pero "como de prestado", sin depositar excesiva confianza en lo conseguido, porque luego aterrizan como de golpe  las sorpresas.

Aedón era mujer de Politecno e hija de Pandáreo (éste robó el perro destinado a custoridar el santuario de Zeus, en Creta. Lo dejó al cuidado de Tántalo en el monte Sípilo, en Lidia. Luego, al regresar, lo reclamó. Tántalo negó haberlo visto. Zeus castigó a los dos: a Pandáreo convirtiéndolo en zorra, y a Tántalo enterrándolo en el monte Sípilo).

Vivía feliz la pareja en Colofón (también en Lidia). Como matrimonio bien avenido, pronto tuvieron descendencia: Itis.

Todo sonreía a esa pareja: felicidad en los negocios, contento en la vida familiar, alegría en la prole. En esas circunstancias, en vez de agradecer a los dioses por lo recibido, cayeron en uno de los vicios menos gratos en Atenas: el orgullo. Se consideraron por encima de todos y de todo.

En su ingenua vanagloria blasfemaron de los dioses, afirmando por doquier que estaban más unidos incluso que Zeus y Hera.Nada gustó esto. Y la venganza fue sibilina: recibieron a Éride, portadora de la discordia. Para lograr sus objetivos, ésta introdujo en ellos el afán de emulación: dejó el alma herida de soberbia. Fue quizá, el mayor daño que pudo haberles hecho.

En vez de disfrutar de su existencia planteándose el oportuno rightsizing, cayeron en un hiperactivismo  sin orientación.

Se dedicó Politecno a construir un carro (hoy afirmaríamos que concentró su interés en la puesta en marcha de una empresa). Ella se centró en en un telar (aceptó un teletrabajo excesivamente honeroso por el número de horas que le exigía y sobre todo porque, perdido el norte, lo que ambos pretendían era "quedar" por encima del otro). Ya estaba perdido el sentido de la unidad, la disposición de servicio, la capacidad de entender al contrario..., todo, en fin, lo que hace grata la existencia.

Por si poco fuera, se plantearon una apuesta: quien primero no consiguiese los objetivos que se habían marcado porporcionaría al otro una persona para su servicio.

Aedón, sin cortarse un pelo, solicitó la colaboración de Hera (la más grade de las diosas del Olimpo, hija primogénita de Crono y Rea; hermana por tanto de Zeus). Con semejante ayuda, cubrió objetivos mucho antes que su marido. Éste, dominado por los afanes de figurar, optó por la venganza (y es que normalmente el descontrol en algún aspecto esencial del difícil equilibrio en el que vive la persona humana afecta a toda la estructura psico-psicológica).

Fue, pues, Politecno a Efeso, y con permiso del suegro, se llevó a Quelidón, hermana de su esposa. La excusa -como siempre el malvado no tiene ningún reparo en acudir a la mentira- era precisamente visitar a Aedón.

En su larga y frenética carrera de desvaríos, violó a Quelidón, la endosó un vestido de esclava, la cortó el cabello y la amenazó de muerte en el caso de que narrara lo sucedido. Llegados a casa le entregó a su hermana como sierva. Aedón, metida también de lleno en "sus cosas", incapaz de preocuparse por algo que no fuera de su estricto interés personal no reconoció a quien también llevaba su sangre.

Pero las mentiras tienen las piernas cortas.Tiempo más tarde, mientras Quelidón se lamentaba de las desgracias padecidas, su hermana la oyó. Al reconocimiento fraternal sucedió el deseo de venganza, como si no hubiesen sido suficientes los malos ratos. De nuevo pagó el pato un inocente, pues Itis fue asesinado por las hermanas y lo sirvieron en forma de apetitoso plato a su padre, a la sazón, esposo de Aedón. Sospechando que aquello no quedaría así, pusieron pies en polvorosa y se dirigieron a Mileto.Eso sí, narran los mitógrafos que, indiscretas, comentaron con algún vecino lo realizado. Y a aquél le faltó tiempo para informar a Politecno.

En plena persecución, reconcomido por el deseo de revancha, fue detenido por criados de Pandáreo, el padre de las muchachas. No se andaron éstos con chiquitas y, oportunamente atado, fue untado con miel y abandonado en la pradera para que su muerte estuviese acompañada por el sufrimiento de ser cruelmente picado por moscas, mosquitos...

El corazón de una mujer no permanece mucho tiempo endurecido y Aedón se acercó a su marido para ahuyentar aquellos animales.Pero la misericordia no es siempre bien vista por todos. Tanto, que su propio padre y sus hermanos estaban dispuestos a matarla por aquella buena acción en pro de un moribundo, del que había estado locamente enamorada y al que había sido siempre fiel.

En esa situación, Zeus se apiadó de tanta desgracia y transformó en aves a los implicados. Pandáreo acabó en forma de águila marina. Harmótoe, madre de Aedón y de quien no consta ninguna intervención ni a favor ni en contra de las diversas actuaciones, fue hecha alción. Politecno, en recuerdo del regalo que Hefesto le hizo deun pico fue transformado en picamaderos. El hermano de Aedón apareció ya como abubilla y la propia Aedón fue a partir de entonces ruiseñor. Su hermana Quelidón, por especial detalle de Artemis, a quien acudió la violada en los peores momentos de aquellos abusos, se convirtió en golondrina, pero con permiso para convivir con los hombres.

Así, la felicidad de los comienzos, que podía haber llegado a su zenit con una vida cumplida, se vio interrumpida por los malos deseos del orgullo. Y es que en las entidades mercantiles (y en la política) es preciso estar atento para que los triunfos -siempre pasajeros por cargados de importancia y apariencia que se presenten- no cieguen a quienes, vuelvo a insistir, tienen la mala fortuna de no conocer el fracaso. Asumir esta realidad facilita y predispone a una sana ironía. Los mismos que aplauden hoy -recita un tango- mañana de ti se habrán olvidado. Permanecer pendiente de opiniones ajenas es un modo de negarse una vida plena. Por lo demás, lo que sucede en la mayor parte de los casos es que los comportamientos, éxitos, o panegíricos no merecen ni el aplauso ni el desprecio de los observadores, sino sencillamente el olvido. Triste cosa angustiarse por algo que otros tardarán escasos momentos en archivar en lo más recóndito del baúl de los recuerdos.

La vangloria, no está de más insistir, va comúnmente unida a la envida. El vanidoso no admite que nadie haga algo valioso, si no es él mismo. La eficacia de alguno de los colaboradores de quien padece esta grave enfermedad implica su perdición.

Obligó Ulises a un troyano a escribir una carta falsa, supuestamente enviada por Príamo. Se deducía de aquello que Palamedes estaba traicionando a los griegos. Sobornó luego Ulises a un esclavo, para que escondiese oro en la tienda de su amo. Hizo circular aquella información. Llegada a oídos de Agamenón, hizo lapidar al presunto culpable. Fue el ejemplo por excelencia de la muerte de un inocente (su expulsión de la empresa), sencillamente por valer más que los patanes que en ese momento detentaban el poder.

No admite el mediocre en puesto de mando que nadie dé sombra sobre su supuesta eficacia. Por eso no está de más del consejo italiano: è meglio farsi il morto che ti ammazzino: es mejor hacerse el muerto que esperar a que otros te maten.

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Una anécdota

            Hablar con Cayo, mando intermedio en una Universidad privada, era todo un prodigio de paciencia. A su edad -no era todavía anciano-, y según él, no había sector empresarial en el que no hubiera prestado relevantes servicios. Se consideraba eminente en todas las actividades empresariales, no sólo en su país sino allende las fronteras. Nada había de lo que se hablara en lo que no se considerara especialmente dotado para pronunciar graves sentencias ex-catedra. Quien no entendiera sus fantásticas consideraciones no era digno siquiera de estar cerca de él.

            Cada día eran más años y más importantes los sillones ocupados en Consejos de Administración, en puestos de confianza, y más los países que habían quedado subyugados ante su ciencia. Al principio, cuando Ticio le conoció, quedó deslumbrado, como quienquiera que se acercaba por aquellos lares.

            -¿Cómo era posible que aquella persona tuviese tantos estudios, hubiese realizado tantos postgrados, fuese un empresario tan afamado, y nunca hubiese oído hablar de él? ¿Cómo era comprensible que la prensa económica no se ocupase con frecuencia de aquel ser prodigioso, prócer en múltiples ciencias? ¿Cómo se entendía que hablase de personajes ilustres con una confianza notable, como si su trato con aquellos -ellos, sí, muy conocidos- fuese diario? ¿Cómo sus conclusiones sublimes no se encontraban traducidas a otras lenguas para que así una nueva generación de ejecutivos pudiese formarse? ¿Cómo era viable, a la vez, que sus empleados dijesen que cuando hablaba de lo que alguno de ellos sabía sólo decía simplezas y generalidades? y ¿cómo, en fin, que todos tuviesen esa misma percepción? ¿Y que los clientes estuviese mucho más descontentos desde la llegada de aquel que había anunciado profundas reformas y mejoras en el servicio?

            Ésas y otras preguntas se hacían algunos cuando charlaban sobre aquel recién incorporado.

            Algunos no prestaron más atención al peculiar caso, pero otros indagaron entre gentes del sector -perdón, de los sectores- en los que aquel fanfarrón afirmaba ser un figura.

            Fueron llegando respuestas:

            -Ni le conocemos, dijeron los más.

            -¡Ah, sí, ése se caracteriza por sus balandronadas y por la paciencia que ha tenido con su jefe anterior, a quien por cierto ha rendido pleitesía durante décadas!

            -Uno del montón, resumió otro.

            -Un payaso, espetó el último.

            Cuando se acumularon esas respuestas, muchos no podían creer que se tratase de la misma criatura. Algún error había de haber. Tal vez una coincidencia de nombre. Quizá no haber pronunciado con exactitud sus apellidos, por lo demás vulgares...

            Pero sí, lo era. Su mayor valor era no saber de lo que hablaba, contradecirse en periodos que no llegaban a los cinco minutos. Y todo eso en medio de un pavoneo que provocaba la risa. Aunque nadie se atrevió nunca a carcajearse, no por falta de ganas, sino porque en el fondo aquel esperpéntico personaje les daba lástima.Además, en medio de su hozar orgulloso en historias nunca sucedidas, era sumamente vulnerable. Cualquier alabanza facilitaba que los empleados que de él dependían pudiesen, en el fondo, hacer lo que quisieran. Bastaba comenzar ensalzando las gloriosas decisiones -en realidad simplezas-, para que lloviesen permisos, prebendas, beneficios sociales, vacaciones... Paralelamente, cuando ordenaba cosas complicadísimas y aseguraba:

            -Yo también lo haré, para que todos veáis que es posible.

            Aquellas promesas duraban pocas semanas, a veces días. Y, en periodos cortos de tiempo todo volvía o a ser como antes o a simplificarse aún más, porque ni siquiera se llegaban a cumplir aquellos requisitos que los mandos precedentes habían impuesto.

            Los responsables de aquel contrato, medio avergonzados, medio sorprendidos, no quisieron tomar cartas en el asunto. Y dejaron a aquél en esa posición mediocre -pero excesivamente bien remunerada: tal había sido la capacidad de engaño del vanidoso- hasta que por fin se jubiló. Su recuerdo siguió provocando irónicas miradas, como aquel gran rey que vestido de aire se presentó -engañado por sí mismo, con la ayuda de su sastre- ante la corte del reino. Pobre hombre que iba luciendo impúdicamente su flácido badajo en porreta. Y pobre esposa que tendría que haber aguantado aquellas mismas historietas fantásticas. (O, ¿tal vez las contaba a los empleados porque su mujer no estaba dispuesta a soportar tanta fanfarronería?).