lunes, 27 de enero de 2014

LEYENDAS DE PASIÓN


Título: Leyendas de pasión
Director: Edward Zwick
 
Intérpretes: Brad Pitt, Anthony Hopkins, Aidan Quinn, Julia Ormand y Harry Thomas.
 
Año: 1994
 
Temás: Acoso sexual. Administración Pública. Afectividad. Competencia. Estabilidad en los negocios. Estafas. Legalidad y licitud. Patologías. Trabajo y familia.
 
El Coronel William Ludlow (Anthony Hopkins) abandonó el ejército decepcionado por el trato que el gobierno daba a los indios. No fue ése su último fiasco. Al cabo de no mucho tiempo, ya instalados en Montana, su mujer decide tornar a Europa, donde dice encontrarse más a gusto (como si ése pudiese ser el criterio definitivo de una decisión). Abandona así a la familia, a la que se dirigirá a partir de ese momento por carta, salvo esporádicas visitas. En una de esas misivas -¡increíble!- llega a acusar a su marido de ser demasiado responsable en la formación de los vástagos... Desde luego más que ella, que los abandona como si haberlos tenido no implicase el gustoso deber de prepararlos para la vida.
La ausencia de la madre se hace notar enseguida en el clan, porque el padre dominaba probablemente el arte de adiestrar soldados, pero de formar hijos sabía más bien poco: todo pretende resolverlo en función del ordeno y mando. Los hijos -el mayor, Alfred (Aidan Quinn), Tristan (Brad Pitt) y el pequeño, Samuel (Henry Thomas)-, cada uno a su estilo, van desarrollando su personalidad. En todos se aprecia la falta de un punto de referencia afectivo, y particularmente en el caso de Tristan. Su vida será el hilo conductor del metraje, que emplea la técnica de un narrador –el indio que atiende a la familia-, para explicar los amplios saltos temporales que van sucediéndose.
Tristan es, con mucho, el más fuerte. Dentro de sí, se nos explica, alberga (como todo el mundo, pero quizá un poco más radicalmente) dos voces: la propiamente humana y la del oso, que le llevará periódicamente a comportarse alógicamente, abandonando familia, compromisos, promesas...
Samuel, el más joven, se enamora de Susane (Julia Ormond), extraordinariamente frágil, quizá por haber quedado huérfana de pequeña. Llegada al rancho, la presencia del ‘salvaje’ Tristan hace cambiar las cosas. Como a toda mujer, la fuerza le agrada. Y, como a todas, le gusta gustar, cosa que consigue con el salvaje Tristan. Piensa, en su ingenuidad, que logrará domar aquella fuerza telúrica. Amargas serán, con el tiempo, sus sucesivas desilusiones.
No sólo se enamora Tristan, también Alfred, el mayor, ha quedado prendido de la chica. Antes de que nada pueda suceder, se lanzan a la aventura de participar en la primera Guerra Mundial, a pesar de la firme oposición de su progenitor. En el fondo, quizá, a éste tampoco le desagrada del todo que sus hijos se arriesguen, aunque hasta el último momento pretende detenerlos. También él tiene una clara preferencia, la de Tristan: es el más indomable, y eso le atrae.
Llegados al frente, una voz en off sigue leyendo las cartas que cruzan el Atlántico. Muy interesante: lo que se pensaba que podía ser razón de morir, decepciona grandemente a los hermanos más guerreros, el mayor y el menor. Sólo en el frente reconocen su ingenuidad, y se autoculpan por no haber hecho caso a su progenitor. ¡Cuántas veces sucede esto, que uno se da cuenta de la razón que tenían sus padres demasiado tarde...!
 En general, las guerras son una insensatez arracional en las que la humanidad purga los pecados de una generación... La Primera Guerra Mundial fue un ejemplo especialmente sangriento, pero seguimos sin aprender. Allí dejará su vida Samuel a pesar de los desesperados esfuerzos de Tristan por salvarle.
Mientras, padre y futura nuera procuran acercarse al hogar formado por los sirvientes, para hallar allí el calor de hogar que ellos solos no generan.
La vida sigue: el corazón de Samuel es enterrado de vuelta a casa, Alfred regresa con él y se enamora de la moza (y ésta le da calabazas inicialmente), Tristan opta por seguir sus tendencias y recorre el mundo en busca de un sentido para sí mismo. Todo eso, después de haber ‘conocido’ a la novia del hermano. Luego, la sangre salpicará a la familia también en Montana, porque el tráfico de alcohol con el que Tristan se gana la vida tiene demasiados competidores poderosos y dispuestos a todo.
Muchas son las enseñanzas de esta película para el mundo de la empresa:
1.- Cuando los negocios no se atienden, dejan de ir bien. Éste es el caso de la explotación ganadera de la familia, arruinada por la bajada de precios, y por las escasas dotes del padre para los negocios.
2.- En cualquier negocio –lícito o ilícito- alguien llegó antes. Y el que empieza ve con malos ojos el intento de desembarco de un competidor.
3.- La autoridad consiente los negocios irregulares de uno, pero no los de otro. Así, apoyan a la competencia de Tristan, pero a éste le ponen todas las dificultades.
4.- Para desarrollar un negocio con visos de estabilidad, es precisa un cierto equilibrio emocional. De lo contrario, en el momento más inesperado todo lo organizado puede saltar por los aires.
5.- Difícil resulta muchas veces encontrar un político honrado, porque los campos en los que se ve obligado a pactar rayan muchas veces –velis, nolis- con lo irregular. Así lo denuncia el coronel con gran amargura cuando su hijo Alfred se introduce por primera vez en política.
6.- Los lazos de la sangre, por muchas diferencias que puedan establecerse, tienen un grandísimo peso. Así, en los momentos de mayor dificultad, Alfred acabará saliendo en defensa de la familia, a pesar de los problemas que eso le provocará en su desarrollo profesional.
7.- Las explicaciones de ayer no siempre funcionan mañana. El coronel está empeñado, a causa de su experiencia, en que todos los que se acercan al gobierno son meros parásitos. Algo de razón no le falta, pero también se encuentran personas que hacen carrera política con honradez, sin afanes de injustas prebendas.
8.- La vida (la Providencia, en realidad) hace que la existencia acabe equilibrándose. Alfred triunfa en política y en los negocios, pero fracasa en la vida afectiva, en la que Tristan es un destacado profesional... Por eso, a nadie hay que envidiar.
Aunque la película tiene algunas explicaciones algo histriónicas, es un gran metraje, en el que contemplar el autodescubrimiento sucesivo de las personas. En el caso de Tristan, porque, tal como se explica (y sirve para todo el mundo, de una u otra forma), vivía entre este mundo y el otro.
 
 

lunes, 20 de enero de 2014

BEAUVOIR, SIMONE: LA CEREMONIA DEL ADIÓS.


Simone de Beauvoir y Jean Paule Sartre compusieron un peculiar dúo en el que ni la fidelidad mutua ni otros principios que suelen regir la vida de pareja estuvieron presentes. Marcaron, sin duda, una época, quizá por su genialidad unida a un caos existencial notable en el que no pocos sufrieron de sus incoherencias a la vez que otros disfrutaban de sus radicales denuncias.

 Siempre me ha parecido sublime la expresión de Sartre al comentar sus años en Auschwitch: “lo importante no es lo que nos hicieron, sino lo que cada uno de nosotros hemos hecho con lo que nos hicieron”. Junto a esos pensamientos nobles, muchas de sus actuaciones resultan abominables. En La ceremonia del adiós quedan bien reflejadas esas contradicciones de las que nadie es inmune y de las que ellos fueron relevantes paradigmas.

lunes, 13 de enero de 2014

LIBROS QUE ME HAN SERVIDO


A partir de este mes de enero de 2014, tengo intención de comenzar una nueva línea de sugerencias para los seguidores de esta Bitácora para Nicómacos.

Siempre he defendido que cada uno de nosotros somos los libros que leemos y los amigos que tenemos. Voy, por eso, a emprender una recomendación quincenal de textos que me han resultado sugerentes.

Como conocen mis mejores amigos, comencé a disfrutar intensamente del placer de la lectura con apenas una década de vida. Desde entonces, y han pasado cuatro más, he procurado no leer menos de 150 libros al año (tres por semana). No siempre lo he logrado, pero también es cierto que ha habido periodos en los que he incrementado notablemente esa media.

Calculo que, cuando escribo estas líneas, he disfrutado de la lectura de unos seis mil libros. Antes de comenzar un volumen, siempre he procurado informarme. De ese modo, he evitado en la casi totalidad de los casos abandonar uno de los que he abierto.

Me siento en una razonable posición de realizar una selección de libros que puedan ser de utilidad. Ojalá yo hubiera contado con una ayuda así años atrás.