lunes, 19 de mayo de 2014

NACIDA PARA EL MAL


Título: Nacida para el mal

Director: Nicholas Ray

Guión: George Oppenheimer, Ann Parrish, Charles Schnee, Robert W. Soderberg.

Interpretes: Mel Ferrer, Joan Fontaine, Joan Leslie, Robert Ryan, Zachary Scott, Harold Vermilyea, Virginia Farmer, Kathleen Howard y Dick Ryan.

Año: 1950

Temas: Ambición. Gestión del Cambio. Iniciativa. Lealtad. Sinceridad. Valores.


            Está preparándose una boda entre una biliotecaria y un multimillonario. Todo parece que marcha adecuadamente. Donna (Joan Leslie) y Curtis (Zachary Scott) hacen una pareja ideal. Nada podría estropear ese futuro feliz matrimonio. ¿Seguro? Chirstabel (Joan Fontaine) es la prima de Donna, a quien sustituirá una vez que está comience su nueva vida de rica con Curtis.

            Las cosas se complican, porque Christabel, tras su apariencia delicada y frágil, en realidad oculta una desmedida ambición: todo le parece poco para su egoísmo. Es más, la felicidad de su prima se le vuelve casi un insulto. Ella desea ser quien se lleve el gato al agua: o, mejor, Curtis y por supuesto también su fortuna.

            Los planes empiezan a funcionar, porque no sin hábil maldad, logra lo que resultaba prácticamente imposible: enemistar a los novios. Tras eso, aparece ella como salvadora de la felicidad del multimillonario.

            Sin embargo, como se ha repetido:

            -¿Hay algo peor que desear una cosa y no tenerla?

            La respuesta es:

            -Sí, desear una cosa y tenerla.

            Según las mejores tradiciones, quien está dispuesta a malmeter en un próximo matrimonio (o en cualquier otra relación en general), seguro que está en disposición de cometer otras tropelías. Así, la aparentemente bondadosa Christabel, una vez conseguido sus objetivos, se olvida también de una anciana pariente que durante años –desde que la chica quedó huérfana- la acogió en su casa.

            Parece que las maldades van pasando desapercibidas. En realidad, alguien sabe qué hay en el fondo de aquella cara bonita, pero Nick (Robert Ryan), un novelista, no está dipuesto a aclarar la situación porque está enamorada de Christabel, y la consiente todo, con el deseo de que ella acabe tirando todo por la borda para irse definitivamente con él.

            Como casi todo lo que mal empieza, peor concluye. Al final, Curtis se da cuenta del engaño: puede mentirse a alguien durante mucho tiempo, pero al final las verdades acaban saliendo a la superficie. Donna acabará recuperando a Curtis.

            Entre otras enseñanzas, cabe destacar las siguientes:

            1.- Al final, la bondad triunfa sobre el oportunismo. En el corto plazo no suele acaecer así, pero en el medio y el largo, las personas acaban prefiriendo vivir o trabajar con quienes ofrecen confianza y no con aprovechados de circunstancia.

            2.- Diferenciar entre el interés por una persona y por su cuenta corriente, no es habitualmente sencillo. La exigencia que sugiere la pérfida Christabel de que Donna firme una renuncia a la herencia que le pertencía entra dentro del género de lo muy perverso.

            3.- Con frecuencia se desea lo peor para los demás (en ese caso Christabell anima a regalar un pobre camafeo a Donna), pero cuando sea Curtis quien así le trata, le solicitará algo de más valía.

            4.- La excesiva ocupación al trabajo es muchas veces un refugio para quienes carecen de ámbito afectivo en correcto funcionamiento. Así, Christabell, una vez conseguida la fortuna del marido (o al menos su disponibilidad presente) pierde el interés por Curtis. Paralelamente, mantiene una intensa relación con el novelista.

            5.- Quien en su existencia desarrolla una vida tan doblemente pérfida, necesita buena memoria para seguir mintiendo a cada uno en los ámbitos en que originariamente lo hacía. Pero vivir así es complejo porque cuando los demás descubren la falsedad de las promesas, la desconfianza surge como la reacción normal y defensiva contra quien no tiene en su boca sino mentiras o actitudes pretenciosas prefabricadas.

            6.- Los subordinados puede parecer que de nada se enteran, pero muchas veces saben mucho más sobre los jefes de lo que éstos creen. En el caso de que los responsables actúen mal, la pérdida de prestigio –y consiguientemente de respeto- es ineludible.

            A pesar del título, no es verdad que haya personas que han nacido para el mal. Es obvio que el ambiente, las circunstancias, la formación, las amistades, etc., pueden inclinar hacia una determinada línea de comportamiento, pero la libertad siempre está presente para que se pueda modificar –aun con notable esfuerzo- esas actuaciones.

            Choca la ingenuidad del multimillonario. Es extraño que alguien con ese despiste llegue a serlo. Otro caso sería que lo hubiese heradado, pero en el metraje no se nos aclara.

           

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