lunes, 21 de julio de 2014

OJOS DE SERPIENTE


Título: Ojos de serpiente

Director: Brian De Palma

Intérpretes: Nicolas Cage, Gary Sinise, John Heard y Caria Gugino.

Año: 1993

Temas: Administración Pública. Amor y trabajo. Apariencias. Codicia. Ética en los Negocios. Lealtad. Profesionalidad. Refugio afectivo.

            A punto está de comenzar un combate de boxeo. Ha llegado Rick Santoro (Nicolas Cage), un detective corrupto, para controlar la situación. Conoce a muchos de los más peligrosos delincuentes. Entre otros motivos, porque con algunos de ellos es él mismo un buen socio.

            Para ver aquella lid, en el estadio de Atlantic City, llega el secretario de defensa de los Estados Unidos. De su serguridad es responsable el comandante de marina Kevin Dunn, íntimo amigo de Santoro.

            Al comienzo todo está en orden, pero de repente algo se tuerce. Una chica disfrada llega para hablar con el secretario de defensa, y otra moza de buen ver se aproxima. Kevin Dunn se dirige a la segunda, mientras Santoro se queda viendo la monumental batalla entre los dos colosos. De repente, un disparo, y un muerto: el político ha pagado con su vida. También la chica ha sido herida. El problema es que todos, los catorce mil espectadores, los dos boxeadores y hasta el cuerpo de seguridad, son sospechosos.

            Ese comienzo estupendo, dura algo más de quince minutos. Luego, poco a poco, el guión va perdiendo fuerza. Sin embargo, se suceden enseñanza para quienes desenvuelven su vida en el ámbito empresarial. He aquí algunas:

            1.- Un profesional, como es el caso de Santoro, que es llamado por su mujer, su hija y una amante en la misma noche, difícilmente es de fiar. No es preciso ser bueno en lo moral para serlo en lo profesional, pero un poquito sí ayuda el llevarse bien con uno mismo, para dar respuesta a los problemas que se presentan cada jornada.

            2.- Santoro parece despistado, pero en realidad está más atento a su negocio de lo que parece. Recuerda en cada momento los diferentes sucesos que han ido desarrollándose en esa complicada noche. Hilando cabos, podrá dar con los responsables.

            3.- Para el oficial de marina, que ha sido el promotor del asesinato del secretario de Estado, la única regla definitiva es que el fin justifica los medios. Cuando el político no quiere ayudar a desarrollar determinada arma a causa de los costes, la liquidación del obstáculo es la alternativa más sabia que se le ocurre.

            4.- La gente hace cosas malas -¡todos somos la gente!-, pero da vergüenza que se sepa. Así, el gordinflón del hotel que no hubiera tenido inconveniente en ser infiel a su esposa, cuando aquello puede ser descubierto, se defiende:

            -Estaba escribiendo a mi mujer..., explica con una absurda mentira.

            5.- El suicidio nunca es salida, como cree el militar traidor. Demuestra con ese acto que es consciente de que lo realizado ha sido una infamia, pero un desastre no se resuelve con una nueva calamidad aún peor.

            6.- Con demasiada frecuencia se emplea el argumento del bien de terceros para el propio enriquecimiento. Así, el desarrollo de un nuevo armamento costoso es la excusa de aquellos militares sin escrúpulos para llenarse ellos los bolsillos.

            7.- La debilidad de las personas, en este caso del boxeador, no procede de su falta de energía (en otros, de la ausencia de profesionalidad), sino de una libertad mal empleada. En el caso que nos ocupa, ser un ludópata le deja sin elementos de defensa: necesita dinero y está dispuesto a traicionar y a traicionarse a sí mismo para salir adelante. Una vez que se ha introducido en un pozo sin fondo, sigue escavando...

            8.- Algunos pragmáticos se aprovechan del idealismo de otros para lograr sus fines (a veces, pérfidos; otras veces, estupendos, pero que se tornan menos buenos por la manipulación a la que se somete a los instrumentos). Un palestino sin miedo a la muerte, y con ansias de venganza, es el medio empleado para asesinar. Luego, sin que él lo sepa (quien se mete en camisas de once varas acaba saliendo escaldado), es él el asesinado por aquellos pragmáticos que sólo están interesados en los bienes materiales. El idealismo del palestino ha sido sólo una arma más que podía y ha sido empleada.

            9.- En torno al minuto 90 del metraje puede escucharse una relevante conversación. Esa escena puede ser buena para una interesante discusión sobre las acciones de doble efecto y sobre la cooperación directa al mal. Si, como sugiere el militar, todo está permitido en función de un bien mayor, el cúmulo de traiciones necesariamente se multiplica, y el norte va difuminándose. Sorprendentemente, cuando se piensa así, lo que se defiende para los demás no es lo mismo que lo que se propone para uno mismo.

            En términos generales se trata, pues, de una película de interés para el mundo de la empresa. Debe criticarse, sin embargo, que –como ya se ha dicho- el guión flojea muchísimo a partir del primer cuarto de hora. Lástima que no se haya realizado el esfuerzo de concluir con más altura algo que podría haber dado mucho más de sí.

No hay comentarios:

Publicar un comentario