martes, 28 de abril de 2015

CUATRO NOVEDADES



El próximo 9 de junio, en la sede del ICO en Madrid, me entregan el Micro de Oro-2015 del FORO ECOFIN como mejor conferenciante español de Economía y Empresa, según valoración realizada por los asistentes al último Congreso ECOFIN. En mayo de 2014, recibí el premio a Mejor Asesor de Alta Dirección y Conferenciante de habla hispana (Grupo Ejecutivos). Agradezco tanto a ECOFIN como a Grupo Ejecutivos estos reconocimientos.

Por otra parte, en estos días ha llegado a las librerías la obra Hablemos sobre Felicidad (Editorial LID). En ese texto, Juan Ramón Lucas (ONDA CERO) recoge y glosa las conversaciones que él ha pilotado con maestría y durante mesesde Sandra Ibarra conmigo. La obra está disponible tanto en formato papel como en ebook en la web de la editorial. 

El día 11 de junio, y promovido por TATUM, se presentará el informe sobre Empresa Saludable y Salud de la Empresa española, para el que en buena medida han empleado la metodología por mí desarrollada: Terapias para patologías organizativas. Deseo felicitar a Eugenio de Andrés y su equipo por su extraordinario trabajo.

Por último, y para quien pueda interesar, he desarrollado dos nuevos seminarios aplicados a la situación actual de las organizaciones, con el empleo de numerosos ejemplos de diversas organizaciones contemporáneas y pasadas:

1.- Gestión en tiempos de incertidumbre
2.- Cómo mejorar la Cultura organizativa

Los realizados hasta ahora están alcanzado los objetivos deseados: reflexionar para la acción.



Javier Fernández Aguado


lunes, 27 de abril de 2015

SI YO FUERA RICO


Título: Si yo fuera rico

Director: Gerard Bitton

Intérpretes: Jean-Pierre Darroussin, Valeria Bruno-Tedeschi, Richard Berry, François Morel

Año: 2002

Temas: Ambición. Amistad. Competencia desleal. Dinero y felicidad. Ética. Medios y fines. Refugio Afectivo. Sentido común. Sentido de la vida.


En algunas Escuelas de Negocio proponen, a modo de ejercicio, la reflexión sobre qué haría cada uno de los asistentes a la sesión en el caso de que ganaran una significativa cantidad de dinero.

Es precisamente éste el arranque de la película Si yo fuera Rico. La situación de Aldo, el protagonista es más bien lamentable. En su trabajo como comercial no es ciertamente el mejor. La relación con Alice, su esposa, no es la más perfecta y, por si fuera poco, la llegada de un nuevo jefe complica la situación. Fundamentalmente porque se trata de un ‘depredador’ que pronto acaba en la cama con la esposa de nuestro hombre.

En medio de esa triste situación, en la que ni siquiera falta una importante multa por haber sido pillado hablando en el coche con el móvil, gana la bonoloto. De repente, diez millones de euros pasan a ser de su propiedad.

La reacción inmediata es probablemente la de muchos. No quiere que los demás se den cuenta pero pronto comienza a vivir como un nuevo rico. Además, olvida el principio de que cada uno es señor de sus silencios y esclavo de sus palabras: así, comenta con un amigo el premio recibido.

Aprender a gastar no es difícil. Siempre es más fácil dar un paso hacia arriba que hacia abajo. Pasar de un menú a un gran restaurante es algo que pronto se aprende. Allí reconduce sus pasos con frecuencia inusitada. El bancario que ni siquiera la hubiera mirado a la cara en otra situación, pasa a ponerse a su disposición de la forma más servil posible. En un momento, su asesor financiero personal le confiesa algo que es muy habitual:

-El pobre sigue siendo pobre, y el rico sigue siendo rico.

Y eso –añade- que estamos siendo conservadores en las inversiones…

Disponer de dinero hace que lo que hasta ese momento siempre la había parecido de otro planeta, pase a estar al alcance de su mano. No para de gastar, a la vez que sufre para que los demás no se den cuenta de su nueva condición. Uno de los motivos de su discreción es esperar al divorcio, para que los millones de euros no entren en la división.

Dijo Woody Allen en cierta ocasión que el dinero no da la felicidad, pero que proporciona una sensación tan parecida que hace falta ser un gran experto para diferenciar ambas situaciones. El cínico comentario puede ser cierto probablemente en los inicios. No en vano se multiplican los interesados en agradar al ganador de la bonoloto. Pero pronto descubre una realidad que tantas veces la riqueza o el trabajo excesivo o la vanagloria hacen olvidar, siquiera por una temporada: la felicidad en realidad procede de tener alguien a quien esperar y alguien que nos espere.

Dicho de otro modo: mientras no existe alguien a quien queramos de manera totalmente diferenciada y alguien que nos quiera de igual forma, es prácticamente imposible que podamos saborear lo único en que todos estamos de acuerdo: queremos ser felices.

Con dinero puede comprar los mejores vinos, comer en los restaurantes más lujosos, ser adulado por dependientes y bancarios, pero no puede lograr lo más importante: que alguien desinteresadamente se ocupe de él. En una escena sublime, incapaz de saborear los manjares de uno de los extraordinarios restaurantes a los que ya se ha acostumbrado, sólo piensa en una cosa, en recuperar el cariño de su mujer. Más aún, ni siquiera eso le importa, lo que más desea es que sea feliz aun a costa de que se vaya con su jefe. En eso consiste, en el límite, la verdadera amistad, en aspirar al bien del otro, aunque en nada nos beneficie. Ese acto de suprema generosidad no es nada sencillo y –a decir de Aristóteles- pocos consiguen saborear ese tipo de amistad.

Además de la relevante enseñanza sobre las causas de la felicidad, hay otras en este largometraje. En concreto, a poco de llegar el nuevo jefe comienzan los despidos. En una escena que desafortunadamente se repite, los viejos del lugar andan dudosos sobre su futuro. Algunos, más prepotentes, consideran que incluso aquello se convertirá en una oportunidad de ascenso, porque los nuevos necesitarán quienes les orienten. Aun así, confiesa uno de ellos:

-No tengo ninguna intención de enseñarles nada, porque si aprenden corro el riesgo de que me echen a mí.

Sucede así, en efecto, al cabo de muy poco tiempo.

Nuestro protagonista, que fue colega del nuevo directivo, interviene como mediador. El jefe le hace sentar, pero no en la silla del invitado, sino en la propia.

Le pregunta entonces:

-¿Qué ves?

Responde el sorprendido subordinado:

-Nada.

-Precisamente por eso, soy yo quien ocupa ese puesto y no tú.

De un lado, los directivos tienen que tener una mayor capacidad de vislumbrar la realidad, y el peso de tomar decisiones relevantes para la Compañía recae sobre ellos. Por otro, quien sólo ve números y no personas, acabará por perder también las cifras, pues las empresas son en buena medida sus personas.



lunes, 13 de abril de 2015

GESTIONAR LA IMPERFECCIÓN



Corría el año 2001. El presidente de uno de los grandes bancos me retó amablemente para que diseñase una jornada de trabajo en la que sus máximos directivos reflexionasen sobre las áreas de mejora de la entidad financiera. Me insistió en que –‘como ya habían visto de todo’- debía presentarles algo que les provocase atención y fuese efectivo.

Coincidió aquella propuesta con un viaje a Londres durante el cual, y gracias también a conversaciones con algunos directivos británicos de otros sectores con los que había ido a trabajar, fui elaborando el modelo de diagnóstico Gestión de lo Imperfecto.

En los años transcurridos, he tenido ocasión de emplear esa metodología de análisis en más de ciento cincuenta organizaciones de muy diversos países. En algunos casos yo solo, y en otros con la colaboración de José Aguilar o de Marcos Urarte. Los cimientos conceptuales son sensatamente sencillos. No por eso, sin embargo, son habitualmente tenidos en cuenta. 

Propuse distinguir entre dos tipos de imperfecciones: aquellas que de ningún modo pueden ser resueltas y aquellas sobre las que es posible actuar. En realidad, no he conocido ni una sola organización totalmente pulcra. Es más, una que observé con detalle porque se postula como un dechado de perfección me sirvió de crisol para muchas de mis propuestas. Esa instituciones quizá la más imperfecta de todas las que he analizado, pues carece del necesario componente de sentido común colectivo que sí se encuentra en otras del mismo sector.

Ante la imperfección irresoluble, caben tres actitudes: enfadarse, pactar o aprovechar la oportunidad.

Mucha gente se enquista ante lo que no puede ser de otro modo. Unos pocos logran adaptarse. Los más inteligentes buscan salidas donde otros únicamente vislumbran obstáculos.

Ante lo resoluble, quien tiene luces más claras se esfuerza por priorizar. No todo puede ser enfrentado a la vez con vigor. Por mero sentido común, compensa elaborar un elenco de prelaciones para lograr que nuestro esfuerzo sea realmente eficaz.

La imperfección permea las organizaciones, desde afuera hacia adentro. Distingo así el entorno, el modelo estructural, el tipo de personas que crea el ecosistema, uno mismo, los clientes y la comunicación tanto interna como externa.

Con estos mimbres, y otros elementos conceptuales que ahora soslayo, pueden detectarse con claridad las fuerzas sobre las que seguir construyendo, pero también cuáles son las áreas de mejora que reclamarían mayor atención para conseguir que la organización trabajase mejor.

Al igual que los seres humanos deberíamos acudir para someternos a una analítica con frecuencia, las organizaciones también habrían de realizar periódicamente un chequeo. De ese modo se logra que los problemas no vayan a más. Si bien es cierto que algunas dificultades pueden diluirse con el paso del tiempo, otras se agravan cuando no se actúa sobre ellas.

Cuento con seguir contribuyendo a que nacionales y multinacionales, grandes y pequeñas organizaciones públicas y privadas puedan lograr no sólo mejorar sus resultados, sino también –y a la vez- incrementar la calidad de vida de todos los grupos de interés (stakeholders).



jueves, 9 de abril de 2015

MADRID OCULTO

BESAS, MARCO & PETER (2009): Madrid oculto, 1 y 2, Ediciones la Librería

En ocasiones recorremos medio mundo para visitar una ciudad cuando ni siquiera conocemos las maravillas que se ocultan muchas veces cerca de nuestra casa. En este magnífico libro, dividido en dos volúmenes, se ofrecen pistas numerosas sobre muchas de las maravillas que pueden descubrirse en la capital de España.

El museo del romanticismo o los secretos de una iglesia luterana en la castellana…, son sólo dos de los muchos los detalles que esta obra desvela.



Javier Fernandez Aguado