miércoles, 10 de junio de 2015

PERSONAS VS. ORGANIZACIONES





Los extremos son habitualmente perversos. Quien de todo tiene miedo es un cobarde; quien nada teme, un desaprensivo. Encontrar el justo medio no es sencillo en ningún ámbito de la existencia. Tampoco en el difícil equilibrio que ha de establecerse entre personas y organizaciones.

En épocas de bonanza, las personas tienden a aprovecharse de las posibilidades del mercado para imponer sus avideces. En muchas ocasiones, excesivas. Por el contrario, en tiempos de vacas flacas como los presentes, las estructuras sacan pecho y procuran sacar provecho de profesionales que difícilmente podrían encontrar otra alternativa.

La armonía no es espontánea. Con más motivo, porque venimos lastrados por dos movimientos culturales más que económicos que han enfangado el siglo XX y colean en el XXI. De un lado, aquellos que conceden radical preeminencia a lo colectivo y consideran que cualquier interés privado ha de ser condicionado a un genérico grupo. Los nazis hablaban del Volk (el pueblo) y los bolcheviques de la clase proletaria. En el fondo, ambas ideologías empleaban un supuesto bien colectivo para lograr ventajas inmoderadas para las nomenklaturas  que se habían encaramado en el poder. En el otro bando se alinean quienes consideran que el hombre ha de ser lobo para el hombre y que de una lucha sin cuartel surgirán beneficios…

En la actualidad, no pocos dirigentes –sirve tanto para quienes se consideren de derechas como de izquierdas, agnósticos o creyentes, radicales o moderados- optan por escudarse tras los intereses de la organización para mantener bajo su férula a otros. Así, el bien de la organización exigirá despidos ingentes, mientras quienes así lo deciden se centran en seguir disfrutando de sus prebendas sin ceder en ninguna.

¿No es irracional e inmoral, por más que pueda ser legal, que en determinadas organizaciones algunos cobren cantidades de siete cifras mientras otros permanecen en términos de cuasi esclavitud? ¡Y encima lucen departamentos dedicados a promover la Responsabilidad Social Corporativa!

La incongruencia forma parte inseparable del ser humano, pero en no pocas ocasiones incluso amplios límites de tolerancia son superados inmisericordemente.

El bien de una organización ha de procurar alinearse con el bien de las personas que a ella se acercan. Y esto sirve para lo privado, lo público, lo sindical, lo religioso, lo industrial, los servicios… Sin embargo, pocas organizaciones resisten conceptualmente el asalto de la sensatez y ocultan tras aviesa palabrería comportamientos indignos. También –insisto- organizaciones que han hecho de la ética, de la religión o de la presunta defensa del proletario su bandera de captación de incautos.

Nos encontramos urgentemente necesitados de un esfuerzo extensivo e intensivo de autocrítica. Sólo mirándonos al espejo con sinceridad dejaremos de parapetarnos tras supuestos bienes ajenos para renunciar, cuando sea preciso, a egoísmos personales no sólo económicos, sino también del lamentable hábito de la indolencia.



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