lunes, 24 de agosto de 2015

ED TV

Título: ED tv

Director: Ron Howard

Intérpretes: Matthew McConaughey, Jenna Elfman, Woody Harrelson, Sally Kirkland, Martin Landau.
Año: 1999
Temas: Ambición. Ética. Medios de comunicación Patologías organizativas. Voluntarismo. Refugio Afectivo. Sentido común. Sentido de la vida.


Aunque la referencia inmediata para muchos sea El show de Truman, en realidad EDtv es un remake de la película canadiense Louis XIX Roi des ondes, realizada cinco años antes, en 1994.

Para los seguidores más o menos fieles de Gran Hermano y de programas semejantes, el argumento sonará conocido: a causa de los bajos índices del audiencia del canal True TV, la directora de programación propone seguir a un ciudadano cualquiera con una cámara, y hacerlo durante las veinticuatro horas del día. Y eso, toda la semana y, si el programa tiene éxito, llevar a cabo el experimento sine die

Tras un casting en un bar, y casi por casualidad, resulta seleccionado un mozo sin futuro claro. Su nombre es Ed y vive con sus padres –parece aplicar el principio ‘procura vivir de tus padres hasta que puedas vivir de tus hijos’- en un suburbio de San Francisco.

Tras unos primeros de duda sobre la viabilidad del programa, el morbo de los telespectadores lo eleva hacia el triunfo. Al principio, tanto Ed como su familia y amigos están encantados, pero con el paso de los días empiezan a verificar que lo que parecía una idea estupenda ofrece complicaciones no indiferentes.

A lo largo de la película se multiplican las enseñanzas. Una de las más relevantes: los contratos hay que leerlos. Ed, en los momentos de arranque –al igual que sus parientes- firma lo que le ponen por delante. Pasado el tiempo, cuando quiere deshacer lo comprometido, el papel firmado se lo impide al menos inicialmente. Nada, absolutamente nada, debería ser firmado sin reflexión, aunque quien nos lo ponga por delante sea de nuestra confianza, si es que hay un tercero por medio.

La película denuncia la existencia de la obscenidad. A saber, lo que debe estar ob-scena, es decir, fuera de la escena. En un mundo en el que parece que todos pudieran y debieran saber de todo, Ed recuerda, cuando está cansado, de que todo lo que hace sea de dominio público, que la intimidad forma parte de la dignidad. Tanto las personas que pretenden gobernar sobre intimidades, como aquellas que explotan la intimidad ajena para mejorar el share de sus programas, en realidad se están comportando de forma obscena, en el sentido más radical del término.

El éxito económico, mediático, profesional, etc. puede producir una felicidad más o menos inmediata y profunda, pero con el paso del tiempo, Ed descubre algo que ya debería saber de tiempo atrás: la verdadera felicidad procede esencialmente de haber resuelto de manera adecuada lo que me agrada denominar ‘el refugio afectivo’ que toda persona necesita para ser plenamente persona.

La motivación ha de contar siempre con el elemento retributivo, pero las organizaciones que piensan que pueden comprar conciencias a golpe de talonario acaban por fracasar en lo más esencial: en su responsabilidad por contribuir a la vida digna de quienes allí trabajan. Y cuando alguno de los stakeholders es explotado –empezando por los clientes internos- la huida de talento se convierte en el comienzo de la debacle para aquella organización, por lustrosos que parezcan los valores proclamados en las juntas de accionistas.

En el trabajo profesional, aunque sea más o menos leve, todos precisamos de una cierta máscara. Pero nadie puede vivir todo el tiempo con ella puesta. Quienes así lo intentan –habitualmente los dedicados a la vida pública- es más fácil que se rompan. Toda persona precisa –como he explicado en el libro publicado junto con José Aguilar, La soledad del directivo-  de unos ámbitos de tranquilidad, se serenidad, de intimidad, sin los cuales se torna particularmente vulnerable. Muchos políticos deberían tomar en consideración estas cuestiones, porque su permanente exposición a la mirada pública debería estar compensada con una vida familiar, afectiva…, particularmente estable, sólida y bien cimentada.

Cuando Ed no puede escapar de las redes contractuales de la cadena televisiva, opta por emplear las mismas armas que están utilizando contra él. En concreto, ya que él no puede tener intimidad, ofrece un premio económico a aquél que le proporcione información sobre hechos que podrían avergonzar a aquellos directivos de la televisión que no le permiten escapar de sus garras.

Cuando alguien paga por ese tipo de información acaba por lograrla, porque pocos son los que no tienen un muerto en el armario. El responsable máximo de la cadena, que disfruta con la permanente violación de la intimidad de Ed, se bloquea y clama al cielo cuando él recibe la misma medicina.

Sucede con frecuencia que hasta que no vivimos en nuestras carnes lo que a otros hacemos no somos plenamente conscientes de la gravedad de nuestros actos. Bueno es, por eso, realizar un serio esfuerzo por empatizar, es decir, por ponernos en lugar de aquellos con quienes hablamos, para así acertar más fácilmente en las decisiones.

Es una pena, en fin, que programas como el propugnado por EDtv hayan tenido tanto éxito en la televisión de muchos países. Sería muy conveniente una recuperación del buen gusto.


 



domingo, 9 de agosto de 2015

EL RIESGO DE SER PROPAGANDISTA




En la actualidad los califican deexpertosen autoayuda. En el pasado se utilizó con frecuencia el término propagandista. Soslayando otras acepciones, propagandista es quien se centra en la divulgación de ideas sin necesariamenteentenderlas, sin preocuparse por los fundamentos (o por la ausencia de los mismos), sin atender al bien o al mal que provocan.

Para muchos -desafortunadamente, porque lo acaban pagando duramente- valen las soluciones epidérmicas. Frente a éstos, las personas más avezadas aspiran a asentar su existencia en principios sólidos;cimientos consistentes que, cono sucedió con la casa de ladrillo construida por el mayor de los cerditos en el popular cuento,no corran el riesgo de quebrarse ante la llegada de la siguiente oleada de superficialidades que sólo resuelven cuestiones formales, porque ignoran las de fondo.

Cuando falta capacidad de reflexión,se habita cerca del fanatismo. Personas de pocas ideas caen fácilmente en él al ser seducidas por presuntas argumentaciones ayunas de consistencia intelectual.

Propagandistas ha habido muchos. Uno destacado fue Hitler, bien asesorado por Goebbels. Hans Schemm, nombrado por el cabo austriaco ministro de educación en 1933, resumía de manera contundente la tesis nodal de los nazis, que es común a la de cualquier grupo de extremistas:  “a partir de ahora no les debe importar averiguar si esto o aquello es verdad, sino sólo si está de acuerdo con el sentido de la revolución nacionalsocialista”. Ese último término podría ser sustituido por el de director general, maestre, führer, prelado, presidente, secretario general o cualquier otro término que las organizaciones emplean para designar a su máximo responsable.

El mundialmente conocido filósofo Heidegger, en su época de rector de la Universidad de Friburgo-Brisgovia, lo exponía así: “ni los postulados ni las ideas son las reglas de vuestro ser. Sólo la persona del Führer es la realidad alemana presente y futura y también su ley”. Y puede sustituirse el término Führer por cualquiera de los empleados anteriormente y realidad alemana por el nombre de la organización que corresponda.

El fanatismo propio del propagandista, carente de autocrítica y de capacidad de conceptualización, bloquea en todo o en parte el raciocinio. Incluso quienes en determinado ámbito de conocimiento pueden ser brillantes, en otros en los que han sido encandilados se manifiestan como plenamente incompetentes. Un ejemplo más de la Alemania nazi: el historiador de Gotinga, UlrichKahrstedt, con motivo del aniversario del Reich (1934) sentenciaba: “rechazamos la ciencia internacional, rechazamos la república internacional de sabios, rechazamos la investigación por la investigación”.

La verdad no importa para el propagandista, independientemente de la ideología, tendencia o fe que esgrima. Lo único relevante es lo que en un momento determinado pueda interesar en función de sus objetivos puntuales. Por esto, no es andadero esgrimir la lógica ante el fanático. Para él, es prescindible. Hasta comportamientos como la mentira, el robo o la estafa adquieren carta de ciudadanía en quienes han situado espurios fines grupales por encima de la sensatez. Al final –el fanático lo descubre sólo tardíamente-,esos objetivos del conjunto no eran sino el escudo para el enriquecimiento del máximo directivo y de sus conmilitones.


La historia se repite una y otra vez en las organizaciones, pero innumerables personas tropiezan en las redes de los señuelos organizativos. Pensar por libre no es fácil, ni resulta asequible para todos. 

domingo, 2 de agosto de 2015

POMPEYA. HISTORIA Y LEYENDA DE UNA CIUDAD ROMANA

BEARD, MARY (2008): Pompeya. Historia y leyenda de una ciudad romana, Crítica

La Marbella del siglo I a.d.C. dormía plácidamente, y en parte viciosamente, antes de que la erupción del Vesubio se llevase por delante no sólo esa a Pompeya, sino también a Erculano. Muchos siglos más tarde, al ir retirando la ceniza volcánica se llegaría a conocer gran parte de lo que entonces se vivió.


El libro de Beard tiene la virtualidad no sólo de informar, sino también de hacernos reflexionar sobre la fragilidad de la criatura humana y de sus construcciones. Quienes vivían con total seguridad sobre lo alcanzado -¡eran triunfadores!- en cuestión de horas reposaban bajo toneladas de ceniza, y sus propiedades habían desaparecido de la faz de la tierra. Vivir como si fuera el primer día de nuestra vida, y a la vez como si fuese el último es una de las actitudes más sabias que el hombre puede adoptar para existir con plenitud.