lunes, 28 de septiembre de 2015

EL LEÓN DE ESPARTA

Título: El León de Esparta

Director: Rudy Mate

Intérpretes: Richard Egan, Sir Ralph Richardson, Diane Baker y David Farrar

Año: 1961

Temas: Ambición. Ética. Medios de comunicación. Metas. Voluntarismo. Refugio Afectivo. Rigor. Sentido común. Sentido de la vida.


La batalla de las Termópilas es una de las coordenadas de la historia que han marcado el futuro. El significado etimológico de la palabra es "puertas calientes", que se refiere a las aguas termales que allí se encuentran. El lugar, un paso estrecho entre las montañas y el mar. Su tamaño aproximado, 2,5 kilómetros con algunos puntos en los que la anchura a penas supera la docena de metros. Constituía el umbral de entrada a Grecia desde el norte.
En el verano del 480 a.C., Jerjes, rey persa, dirigió su ejército con el propósito de conquistar la antigua civilización. A decir de
 Herodoto, sus fuerzas estaban compuestas por más de dos millones de personas, que dependían de la propia flota para la impedimenta y las vituallas. Las fuerzas de mar y de tierra estaban obligadas, pues, a  avanzar coordinadamente, siguiendo la costa.
Las tropas griegas no excedían los siete mil hombres, bajo el mando unificado de Leónidas.
Gorgo, su esposa, al despedirse, le preguntó:
-¿Qué he de hacer si no vuelves?
La respuesta fue:
-                     Si muero cásate con uno digno de mí y ten hijos fuertes para que sirvan a Esparta, respondió el audaz.

Los persas acamparon cerca del paso.  Jerjes envió un heraldo, que comunicó a Leónidas la potencia del ejército persa, y le propuso la rendición:
-Jerjes, en su generosidad, os perdonará la vida si deponéis las armas.
Y añadió:
-¿Qué respuesta debo llevar?
-Ven tú a por ellas, fue la corajuda contestación del espartano.
Un desanimado hoplita comentó esa noche
-Mañana, cuando vengan los persas, las flechas taparán el sol.
Dienekes, digno subordinado de Leónidas, afirmó:  
-Mejor, así pelearemos a la sombra.
Formados en falange, los espartanos entonaron un himno en honor al dios Apolo. Los persas se lanzaron a la carga, y –ante la sorpresa de éstos- también los espartanos. Los primeros se lanzaban a cientos sobre los segundos, en cuyas lanzas quedaban ensartados. Los atacantes persas quedaron diezmados. ¡Qué importante es la actitud preactiva! Como señalaba Bernard Shaw: el grito de batalla, es la mitad de la batalla…
Para no dar respiro a los defensores, el general Hidarnes envió a la guardia real persa: los denominados inmortales. Los espartanos sufrieron bajas, pero no cedieron. Los persas no podían esperar demasiado, por los suministros. Su ánimo era pésimo. Apareció entonces un traidor: Efialtes (así sucede en no pocas organizaciones, donde siempre hay alguien que no tiene más que hacer sino calumniar o difamar a quienes trabajan: normalmente de esta función se encargan los menos valiosos). Informó a Jerjes, a cambio de dinero, de que existía un sendero que, rodeando el monte Kalidromos, salía al otro lado. Así, concluyó, se podría sorprender a la retaguardia de los espartanos.
Leónidas, al descubrir la maniobra, ordenó retirada, pero él permaneció en la brecha con su trescientos espartanos. Los hoplitas tespieos –arrastrados por el ejemplo de aquéllos- se negaron a abandonar a sus compatriotas.
La resistencia en las Termópilas permitió a la flota griega replegarse con orden.
A pesar de que casi todos los hombres fueron gravemente heridos, la lucha siguió encarnizada. Ante la cantidad de bajas, los persas retrocedieron y una lluvia de flechas acabó con los pocos sobrevivientes. Los atacantes habían sufrido más de veinte mil bajas. Posteriormente, la flota persa fue derrotada en Salamina y las fuerzas de tierra en Platea. Los persas tuvieron que retirarse.
El heroísmo de los espartanos venció moralmente al ejército persa, que finalmente sucumbió. En el lugar donde cayeron los espartanos, se encuentra una pequeña lápida que reza: "Caminante ve a Esparta y di a los espartanos, que aquí yacemos por obedecer sus leyes".
Las enseñanzas del largometraje para la dirección de personas son continuas. Entre otras:
1.- la necesidad de alinear los objetivos, de lograr la buena voluntad de todos, porque sin unidad es difícil mantenerse.
2.- la necesidad de crear alianzas estratégicas, como promovió Leónidas con otras poblaciones griegas.
3.- la necesidad de escuchar a los técnicos. Jerjes no lo hizo y eso contribuyó a la masiva matanza de sus tropas.
4.- es preciso el ocio, pero el exceso de disipación impide estar alerta para los retos que presenta a diario el mundo mercantil. A decir de diversos historiadores, Jerjes tenía demasiada afición al alcohol, y a las mujeres y al buen vivir. Eso le impidió ser más avisado con respecto al enemigo al que pretendía vencer.
5.- el ejemplo de Leónidas ayudó a mantener la energía. Cuando se ve que el jefe apuesta seriamente por los objetivos, todo el mundo da un paso adelante. Si se flaquea, la gente de desmotiva.



lunes, 14 de septiembre de 2015

EL AMARGATOR: DIAGNÓSTICO Y TERAPIAS




  
Adoptar una posición negativa ante lo que sucede es sumamente fácil. Destruir se encuentra al alcance de cualquier patán. Construir reclama esfuerzo.

En todas las organizaciones existen personas que, quizá incapaces de llevarse bien consigo mismas,tratan de trasladar su desazón al entorno. Sucede en el ámbito público, en el privado, en la política, en instituciones religiosas, en las ONG’s… A ese tipo de personajes los denomino amargators.

Un amargator sólo ve problemas y obstáculos. Es inhábil para aportar soluciones. No genera propuestas, sino que descalifica las que otros forjan. Es un Pepito Grillo con astigmatismo: es conveniente contar con profesionales que tengan sensibilidad ante las áreas de mejora, pero resulta altamente desaconsejable albergar a quienes su única alternativa es: “sugiere algo que me opongo”.

El amargator es causa y consecuencia de un razonamiento estéril que sólo contribuye con rutinas paralizantes. ¡Cuántos se han visto en los Medios de comunicación en estos años!Tertulianos y reporteros indocumentados que manejando estadísticas sesgadas han ganado buen dinero profetizando  desastres. Cuando éstos no han llegado, se han escabullido sin devolver las prebendas pérfidamente obtenidas.

El amargator hoza en la negatividad y pone medios para salpicar con el barro del desánimo a quienes se esfuerzan por encontrar caminos nuevos e ilusionantes. Es más, se enfada cuando otros, prescindiendo de lamentos, ponen medios para seguir avanzando.

Ante el amargator caben diversas opciones. La primera es considerar si quien padece esa patología es o no recuperable. Si no es posible que el implicado supere su lamentable situación habrá que plantearse la oportunidad de alejarse de quien se encuentra psicológicamente enfermo. Si eso no es posible, habrá que aplicar el principio de ‘navegar con bandera de tonto’. Fundamentalmente si el amargator, como a veces sucede, ocupa posiciones de preeminencia.

La mayor pena con respecto al amargator no es la bilis que reparte alrededor, sino que él sufre interiormente por su insatisfacción, por su ineptitud para mirar con ilusión -¡con objetividad!- el futuro. Por eso, a pesar de la negatividad que distribuye, el amargator provoca enorme pena en quienes se ven condenados a convivir con él.

Para no caer cada uno de nosotros en ese pozo, deberíamos asumir algunas costumbres. Entre otras:
1.- Sustituir en nuestras conversaciones ‘pero’ por ‘además’;
2.- No centrarnos en cómo contradecir a nuestro interlocutor, sino qué vamos a aprender de él (estemos o no de acuerdo con lo que afirma);
3.- Considerar que aquellos con quienes interrelacionamos –en una inmensa mayoría- son buena gente y no aspiran a dañarnos: permanecer atentos a lo que pueden enseñarnos;
4.- Empatizar (es decir, ponerse en el lugar del otro), para percibir el mundo como él lo hace en función de su formación, experiencias, etc.
5.- Huir de la actitud propia de los sectarios, que consideran que sus soluciones son las únicas;
6.- Alejarse de quienes tienen solución para todo, y sacan del bolsillo recetas prefabricadas.
7.- Construirse un santuario interior en el que reine la paz y resulte inmune a esos ladrones de sensatez y tranquilidad que merodean por las organizaciones.


domingo, 6 de septiembre de 2015

RIMAS Y LEYENDAS

BÉCQUER, Gustavo Adolfo (1982): Rimas y Leyendas, Planeta

La literatura, cuando verdaderamente lo es, tiene la virtualidad de alienar al lector. Es decir, de hacerle otro, de proporcionarle la capacidad de juzgar la realidad y a sí mismo con mayor profundidad.

Las rimas y leyendas de Bécquer es una de las obras imprescindibles para cualquiera que desee calar más en el alma humana.

¿Quién no se ensimisma al leer:

“Yo sé un himno gigante y extraño
que anuncia en la noche del alma una aurora,
y estas páginas son de este himno
cadencias que el aire dilata en la sombras.
Yo quisiera escribirlo, del hombre
domando el rebelde, mezquino idioma,
con palabras que fuesen a un tiempo
suspiros y risas, colores y notas.
Pero en vano es luchar; que no hay cifra
capaz de encerrarle, y apenas ¡oh hermosa!
si teniendo en mis manos las tuyas
pudiera, al oído, cantártelo a solas.”?