lunes, 25 de enero de 2016

RECURSOS HUMANOS DE CINE: Ocean’s Eleven

RECURSOS HUMANOS DE CINE

Título: Ocean’s Eleven. Hagan juego.

Director: Steven Soderbergh.
Intérpretes: George Clooney (Danny Ocean), Brad Pitt (Dusty Ryan), Julia Roberts (Tess Ocean), Casey Affleck (Virgil Malloy), Scott Caan (Turk Malloy), Don Cheadle (Roscoe Means), Matt Damon (Linus Caldwell), Andy Garcia (Harry Benedict), Elliot Gould (Ruben Tischkoff).
Año: 2001
Temas: Contradicciones vitales. Ética y técnica. Feelings Management. Necesidad de redención. Selección de personal. Sentido común. Sentido de la vida. Will Management.


Para algunas personas todo son obstáculos en la vida. Para otras, la existencia es un reto permanente, repleto de oportunidades. Así sucede con Danny Ocean (George Clooney). En Estados Unidos le denominarían un doer: un hombre de acción. Tras un día fuera de una cárcel de Nueva Jersey, en libertad condicional, el carismático criminal está maquinando su próximo robo.

Dentro de su radical falta de ética, tiene sus reglas: no herir a nadie, no robar a nadie que no se lo merezca y jugar como si no tuviera nada que perder. Resulta interesante que incluso quienes no aceptan un comportamiento ético, al final se marquen unas reglas de juego. De hecho, la ética expulsada por la puerta acaba entrando por la ventana: nadie puede vivir sin reglas. Unos se marcarán algunas más estrechas y otros optarán por dar mayor amplitud a sus tragaderas, pero quien más quien menos tiene que definirse reglamentos de actuación. Cuando no son aceptados unos objetivos, acaban por definirse unos relativos y caprichosos, en cualquier caso adaptables a las necesidades de cada momento en función de los intereses personales.

 Danny desea organizar un golpe realmente sofisticado. En una sola velada, los once especialistas a quienes ha seleccionado cuidadosamente procurarán robar 150 millones de dólares de tres casinos de Las Vegas en los que la propiedad se encuentra en manos de Terry Benedict (Andy Garcia), un elegante e inhumano empresario que acaba de empezar a salir con Tess (Julia Roberts), la ex de Danny.  

La selección de personas es realizada con toda atención. Cada uno es lo mejor en lo suyo: un astuto as de las cartas (Brad Pitt), un habilidoso carterista (Matt Damon) y un demoledor profesional (Don Cheadle). Son once, para un trabajo que exigiría en principio muchas más personas. Todos son multiskilled. En diversos momentos son capaces de responder a las necesidades de las circunstancias. Son muy buenos cada uno en lo suyo, pero suficientemente flexibles como para responder a otros perfiles menos adaptados a los suyos.

¡Cuántas veces las organizaciones acumulan personas sin darse cuenta de que lo relevante es contar con las precisas no con una tropa indiscriminada! Los tiempos que corren van a provocar un cambio radical de tendencia (buena lectura al respecto es la de En busca del compromiso, coordinada por José Aguilar y Camilla Hillier Fry).

La división del trabajo es oportunamente realizada por un líder que asume diversas capacidades: es gran experto en lo suyo, eficaz motivador, entusiasta, visionario... Prácticamente no hay ámbito del liderazgo en el que no sea un hacha. Sin embargo, como todo el mundo, tiene debilidades. Por eso, no es bueno ni ensalzar radicalmente a nadie, ni despreciar tampoco a otros. Quien pone toda su confianza en una persona o en una organización acaba por quedar defraudado, porque nadie –al menos desde el punto de vista profesional- puede prometer amores eternos. De ahí un sabio consejo: procurar comer siempre de más de una mano.

 Para conseguir el botín, Danny tendrá que arriesgar su vida.
Si todo cuadra en el elaboradísimo programa de acción, el jefe de la banda no tendrá que elegir entre el hurto y su intento de reconciliación con la ex. Toda una aventura, sin duda, reflejo interesante de un proceso de negociación en múltiples bandas, como casi todo en la vida. No siempre se trata de ganar o perder, ni siquiera de ganar o ganar, sino de lograr nuevos aprendizajes que faciliten el futuro profesional y personal de cada uno.

En otra estupenda escena que podríamos calificar de life coaching, se analizan con claridad los objetivos que hay que lograr, los modos adecuados y, fundamentalmente, el imprescindible equilibrio entre la vida profesional y la familiar, si se desea alcanzar la felicidad (¡y eso lo deseamos todos!).

En las conversaciones entre Danny y Tess viene continuamente a la memoria la anécdota griega. Un artesano preguntó en cierta ocasión a Sócrates si éste pensaba que él, alfarero, debía o no casarse. La respuesta del pensador ático fue aplastante:

-Hagas lo que hagas te arrepentirás.

Desde un punto de vista más positivo, podría decirse que cualquier situación vital tiene sus ventajas y sus inconvenientes, y es preciso analizar cuáles son las que más cuadran para el modo de ser de cada uno. En el caso de Danny, como en el de innumerables hombres, la respuesta está clara: no es bueno que el hombre esté solo. Algunos sí saben vivir así, pero muchos otros sencillamente se desequilibran, porque la armonía (y las complejidades) que proporciona la mujer parece que forman parte esencial de nuestro modo de ser en el mundo, al menos para la inmensa mayoría de la población.

Una reflexión final: lástima que profesionales tan bien preparados como los de Danny no se dediquen a funciones más creativas, porque levantarían la productividad en el sector en el que centrasen su esfuerzo.

Javier Fernández Aguado



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