lunes, 25 de abril de 2016

AMERICAN GANGSTER

Título: American Gangster 
Director: Ridley Scott
Intérpretes: Denzel Washington, Russell Crowe, Carla Gugino, Josh Brolin, Ted Levine
Año: 2007
Temas: Avaricia. Branding. Comunicación interna y externa. Constancia. Creación de empresa. Ética y técnica. Feelings Management. Fuego amigo. Patologías organizativas. Pérdida del sentido común. Will Management.

Frank Lucas (Denzel Washington) era el discreto conductor de un mafioso negro del centro de Harlem. Corre la década de los setenta. Fallece el criminal de forma inesperada durante una visita a una tienda. Frank decide aprovechar la oportunidad -carpe diem!- para diseñar su propio imperio y llevar a la realidad su personal versión del sueño americano.

Con todo lo asimilado -¡qué pena haber olvidado la importancia de la figura del aprendiz!-, gracias también a su agudo ingenio y a una peculiar ética de los negocios (sobre este punto volveré), se hace con el control del tráfico de drogas de la zona, inundando las calles a mejor precio con un producto de calidad superior. El resultado es evidente: se convierte en un potentado.

Lleva a la práctica, de forma intuitiva, uno de los principios de cualquier negocio: cuantos menos intermediarios haya, mayor será el margen para quienes queden. Él ha reducido la cadena, pues compra en origen (Tailandia) y vende con su propia red comercial. Frank sabe, o al menos intuye, que un negocio debe fundamentarse en una ventaja competitiva clara. Él lo tiene claro: eliminado un coste sus márgenes aumentan. Asume mayores riesgos, pero los beneficios también serán superiores. En el fondo, éticos o no, los negocios tienen unas características más semejantes de lo que a primera vista pudiera parecer. 

Puede asegurarse, en efecto, que todos los negocios, desde el punto de vista estrictamente técnico, son básicamente iguales. Lástima que Frank haya optado por uno que no es ético. De otro modo, hubiera llegado a ser un gran empresario, porque las ideas que aplica son eficaces. Bien consciente de que es preciso ganarse el apoyo de los clientes actuales o potenciales cuida atentamente la comunicación externa, y logra convertirse en una de sus estrellas cívicas, gracias a los regalos populistas que realiza. Hay escenas que recuerdan a El Padrino,  y también a esos narcotraficantes mexicanos, colombianos, etc. que maquillan su inhumano negocio con una cobertura solidaria que lo vuelve todo, si cabe, más lamentable.

Richie Roberts (Russell Crowe) es un agente de policía marginado. Conoce al dedillo el ambiente de las calles y percibe con claridad que el poder del hampa está cambiando. Al igual que Frank Lucas, Roberts ha asumido un estricto y peculiar código ético que le aparta de los demás, transmutándolos en dos figuras solitarias en lados opuestos de la ley.

Richie descubre pronto que su principal enemigo –sin duda no el único-, son los numerosos agentes de la policía neoyorkina que se han dejado corromper, cobrando comisiones relevantes tanto a comerciantes como a delincuentes. Se la tienen jurada, entre otros motivos porque él –tras una operación- entregó al departamento el casi millón de dólares que habían incautado. Los demás le miran como un ser extraño. ¡Nadie le hubiera dicho nada si se lo hubiera quedado, siempre que hubiese hecho partícipes a otros de su inesperada ganancia! El fuego amigo sigue siendo, en demasiadas organizaciones, el principal problema.

Múltiples son las enseñanzas para la empresa que van sucediéndose en el largometraje. Una relevante es la conciencia de que la marca resulta esencial para el buen desarrollo de un negocio. Cuando un traficante menor emplea la misma de Frank, pero con un producto de inferior calidad, el ganster se altera. ¡No puede engañarse con la marca!, grita. ¡La marca da confianza! ¡No puede dañarse!

Lecciones interesantes para cualquier empresa que quiera desarrollar sostenibilidad. La marca no tiene por qué ser conocida a nivel internacional, pero sí ha de ser respetada en su ámbito de influencia. Muchas enseñanzas de los expertos en branding en nuestros días no hacen sino repetir de forma algo más tecnificada las evidencias señaladas por el traficante de Harlem.

Tanto en el comportamiento de Frank como en el de Richie hay un elemento común: los dos aseguran que son de ética intachable. Sin embargo, un análisis detallada de la misma produce perplejidades. De un lado, Frank está dispuesto a liquidar a cualquiera que se ponga en su camino, a arrasar cualquier obstáculo material o humano que le impida su meta; por otra, asegura que le preocupa su familia, y que es siempre fiel a la palabra dada, a  la vez que asegura que siempre desea proporcionar el mejor producto, como si vender droga fuese distribuir fruta de calidad...

Toda persona lleva dentro de sí una contradicción, que he calificado de paradójica. Los extremos a los que llega Frank son singulares. Algo semejante sucede con Richie. En su caso, la ‘estricta’ moral que se ha concedido le prohíbe robar ni un solo euro. Paralelamente, sin embargo, está dispuesto a engañar a su mujer, y a poner todos los medios, legales o no, para alcanzar sus metas.

En el fondo, ambos personajes han hecho suyo el principio de que el fin justifica los medios. Por lamentable que sea ese principio ético, no debería resultar tan extraño, pues muchas organizaciones –lucrativas o no- para lograr sus objetivos están dispuestos a sacrificar a aquellos mismos a quienes aseguran de continuo que la organización fue pensada sólo para ayudarles.



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