lunes, 27 de junio de 2016

EL FUEGO Y LA PALABRA

Título: El fuego y la palabra

Director:.Richard Brooks
Año: 1960
Temas: Contradicciones vitales. Dirigir con el ejemplo. Ética y técnica. Fuego amigo. Masa crítica.

Elmer Gantry (Burt Lancaster) es un predicador evangelista capaz de afirmar cosas como las siguientes:

"¡Jesús tenía agallas!
No temía ni a todas las legiones romanas.
¿Cree que ese lanzador es bueno?
Pues yo le digo que Jesús habría sido 
el mejor lanzador de la historia.
Jesús fue un luchador de verdad.
El mejor que haya visto en su peso.
¿Por qué? Por amor, caballeros.
Jesús tenía amor en los puños.
Y, ¿qué es el amor?
El amor es el lucero del alba y de la tarde,
que ilumina la cuna de un niño".

Lenguaje motivador, lleno de fuerza, capaz de entusiasmar a una audiencia. Lástima que sean sólo palabras de un propagandista -¡otro más!- nada convencido de lo que predica. Es éste quizá uno de los mayores daños que se realiza en un grupo humano: proclamar principios maravillosos que luego son institucional y/o personalmente conculcados.

Todo individuo vive en medio de contradicciones. Nos conocemos poco y mal. En medio de ese caos, es preciso encontrar un término medio de sentido común en el que disfrutar de un espacio de claridad.

Con 3 Óscars [mejor actor (Burt Lancaster), actriz secundaria (Shirley Jones), guión adaptado], El fuego y la palabra, resulta una demoledora crítica contra quienes afirman unos valores y asumen otros.

Seductor, oportunista, carente de toda ética, así es Elmer Gantry, un jugador tramposo de ocasión que cree descubrir en la religión un nuevo modo de vida regalada. Convertido en evangelista, y aprovechándose del tirón propagandístico de la hermana Sharon Falconer (Jean Simmons), Elmer lanza unos conmovedores sermones sobre el diablo, que le conducen a lograr fama y riqueza.

Cuando parece que sus propias palabras comienzan a tener algo de efecto en su misma vida (hasta ese momento totalmente desordenada), un periodista (Arthur Kennedy) se propone desenmascarar el verdadero rostro de Gantry. A ese objetivo parece sumarse una fatídica casualidad: la reaparición de una antigua amante (Shirley Jones), que, despechada, pretende vengarse de su antiguo amor.

El largometraje comienza en esos momentos una absorbente radiografía de un personaje dibujado con trazos geniales por el director.  

La presencia del lenguaje deconstructivo es permanente en toda la película: continuamente se afirma una cosa y se vive otra. ¡Cuántas organizaciones quedan reflejadas en esos sermones de Gantry!: ¡cuántos que proclaman la importancia de las personas luego les regatean unos pocos euros para centrarse en el enriquecimiento del directivo!; ¡cuántos que proclaman que han aparecido para servir a todos los clientes luego desprecian a cualquiera que no cumple los stándares marcados por un niñato imprudentemente ascendido!; ¡cuántas organizaciones que aseguraron que venían a revolucionar un mercado con ideas nuevas no son sino estafas más o menos explicitadas que sólo benefician a unos pocos!; ¡cuántos centros de formación de directivos pilotados por personajes que cuando son ellos mismos puestos a regir una empresa la conducen al desastre!; ¡cuántos aseguran que las personas son el centro de la organización, pero en realidad es la propia estructura burocrática lo único que importa!

Los mediocres están siempre al acecho. Cuando Gantry ha comenzado el sendero a su personal redención no se lo perdonan. Es cierto que fue incoherente durante un periodo, pero cuando parece que todo iba a encauzarse, la mezquindad de un periodista torna contra él y contra personas totalmente inocentes el poder destructor de una masa alienada.

El concepto de masa crítica aparece en toda su crudeza. Cuando muchos ensalzan, todos alaban; cuando algunos vilipendian, todos denigran. Más aun quienes previamente habían lisonjeado con más intensidad. Recuerdan esas muchedumbres informes a las que describiera Dante en el vestíbulo del infierno, en la Divina Comedia. El primer aprovechado que llegue, las arrastrara donde quiera. ¡Qué actualidad tiene el relato en los tiempos que estamos viviendo!

Al final, el periodista, que sembró vientos acaba recogiendo tempestades, porque sus malas intenciones acaban volviéndose contra él.

En todo el largometraje aparece de continuo la mitología del líder. Algo ha de haber siempre de mito en el líder, pero cuando se exagera y luego se descubre que era humano -¡demasiado humano!-, la decepción y la venganza después acaban por ser terribles.

Otro de los temas universales se encuentra permanentemente presente: la relevancia del proyecto vital y, dentro de éste, del refugio afectivo. Cuando el verdadero amor llama a la puerta de Gantry, muchas de sus ocupaciones y preocupaciones de antaño pasan a un segundo plano.

Una última reflexión: éxitos y fracasos son relativos. Tras las alabanza viene el vituperio, pero tras éste, de nuevo el ensalzamiento. ¡Qué importante no depender de la opinión ajena! Como enseñó un autor medieval, nunca ha de ponerse la propia paz en la boca de los otros.


lunes, 6 de junio de 2016

METTERNICH

BERGAR, Peter (1979): Metternich


Narra la vida de Metternich (1773-1859), príncipe de Austria y antes embajador en París. Hombre de gran valía, conservador y poco creativo. Rigió junto a Talleyrand y Costlereagh la Santa Alianza. El libro tiene interés, porque nos ayuda a situarnos en unas coordenadas históricas que tienen muchas semejanzas con las actuales. Otros intentos biográficos posteriores de Bergar dieron fruto mucho menos sabrosos que éste.