lunes, 19 de septiembre de 2016

CAZA DE BRUJAS

Caza de brujasTítulo: Caza de brujas

Director: Irwin Winkler
Año: 1991
Temas: Amistad e intereses. Búsqueda de enemigos. Contradicciones vitales. Dirigir con el ejemplo. Ética y técnica. Feelings Management. Fuego amigo. Masa crítica. Mediocridad.

Durante el tiempo conocido como «caza de brujas», que recibió también el nombre del senador McCarthy –macharthismo-, se persiguió de forma desaforada e inquisitorial la supuesta incursión comunista en Estados Unidos. Un país adalid de la democracia estuvo a punto de caer en el más radical fanatismo. Numerosos norteamericanos sufrieron persecución por simples recelos, al igual que estaba sucediendo –desde el ángulo contrario- a todos los ciudadanos de países controlados por  Moscú.
Un poco de historia: para impedir la penetración nazi en Estados Unidos había sido creado en 1938 el Comité de Actividades Antiamericanas. Al concluir la Segunda Guerra Mundial, el  senador Ranking, su promotor, lo relanzó y transformó en una Comisión permanente de la Cámara de Representantes. La Guerra Fría proporcionaría contenido: la persecución de cualquier atisbo del comunismo en USA.
Al poco tiempo de llegar Truman al poder, en 1947, se aprobó un denominado Programa de Lealtad de funcionarios federales, empeñado en descubrir infiltrados, cuya meta sería proporcionar secretos a la URSS. Las tensiones de la Guerra Fría y la primera bomba atómica soviética en 1949 llevarían esta prevención a niveles de histeria. Cualquier sospechoso fue inscrito en una lista negra, expulsado de su empleo o incluso detenido.
Éste es el trasfondo de la película brillantemente protagonizada por Robert de Niro y Annete Bening. Impulsadas por McCarthy, las se­siones del Comité de Actividades  Antiamericanas detectaron algunos culpables, no sin destrozar la vida de innumerables inocentes.
El Comité aplicaba la presunción de culpabilidad y era el acusado quien tenía que probar su inocencia. Quienes reconocían su responsabilidad, podían huir del descrédito o la cárcel delatando a sus reales o supuestos camaradas.
Robert de Niro da vida a David Merill, un director de cine que se niega a proporcionar nombres. Su gran error fue participar en un par de reuniones en la que un grupo de jóvenes idealistas deseaban recoger alimentos para los soviéticos, en plena guerra mundial, cuando todavía eran aliados de los norteamericanos.
En su dureza, la película está repleta de enseñanzas. La primera, que los amigos se reconocen en los momentos de dificultad. Por eso, atravesar un período de crisis consiente distinguir entre quienes se acercaron dispuestos a utilizarnos o a ofrecernos sinceramente su amistad. Merill se queda en la práctica solo, con la única excepción de su exesposa, que manifiesta su amor precisamente en esas complicadísimas circunstancias.
La masa está habitualmente no con quien tiene razón, sino con la mayoría. El miedo es un instrumento eficaz de control de masas. Así lo practicó el macarthismo y así se vive hoy en día en algunas organizaciones, bajo el renovado nombre de mobbing.
En la película se recogen, entre otros sucesos reales, los del proceso seguido contra Julius y Ethel Rosenberg (1950-1953), acusados de pasar secretos atómicos a Rusia. Fueron condenados a muerte y ejecutados en la prisión de Sing Sing en junio de 1953. Entre los actores de Hollywood que colaboraron con el Comité se contaron Gary Cooper, Ronald Reagan o Robert Taylor. Entre las víctimas de la inquisición anticomunista destacó Charles Chaplin. Decidió no regresar a Estados Unidos y fijó su residencia en Suiza.
El fuego amigo es muchas veces el mayor enemigo de las organizaciones. Así sucedió durante el periodo de la caza de brujas en USA. En vez de enfrentarse a problemas reales, se obsesionaron con el propio vecino, intentando descubrir lo que no había.

Esto, insisto, no ha sucedido únicamente en Estados Unidos en ese periodo, o en la Unión soviética durante muchos más años, o en el medievo por obra de la inquisición. Hoy en día, algunas organizaciones siguen manteniendo esas actitudes, como he descrito en mis trabajos ‘La conjura de los necios’ o en ‘Patologías en las organizaciones” (escrito junto a Marcos Urarte y Paco Alcaide).

Al final, como casi siempre, se verifica que lo que queda es el refugio afectivo. Mientras muchos vuelven la espalda, aquella que más le amó está junto a él de forma incondicional. El espionaje malvado, la cruel perspicacia de un desalmado es capaz de descubrir siempre errores en la vida de los demás. Nadie puede agradar en todo a todos todo el tiempo. Con mucho más motivo cuando el único deseo es descubrir los errores de ese alguien de forma enfermiza.

Ante la persecución a la que es sometido, Miller se enfrenta a quienes le siguen. En una de las ocasiones, cuando están procurando que su empleador le eche del trabajo, le espeta a uno de los miembros del FBI:

-Si eres un crío de 23 años, ¿qué sabes tú del trabajo, de la vida...?

Existen nefastas culturas organizativas que son capaces de convencer a alguien de que por muy imberbe que sea está salvando a la humanidad (en este caso a Estados Unidos) y el bien organizativo es puesto por encima del bien personal. Se olvida así que no existe el hombre en general, sino este hombre. Y que las organizaciones teniendo vida propia deben en cualquier caso estar al servicio de quienes las componen. Si no, incluso la mejor de las organizaciones en teoría acaba por volverse perversa.

Mucho en esta película recuerda a La vida de los otros. A pesar de que las ideologías fueran tan distantes en apariencia, bastantes de sus reacciones fueron idénticas, porque estuvieron controladas por perversos mediocres, como sucede hoy en determinadas organizaciones.



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