lunes, 20 de febrero de 2017

THELMA & LOUISE




Thelma (Geena Davis) es una aburrida ama de casa, con un marido grosero, carente de la más elemental sensibilidad. Louise (Susan Sarandon), la amiga del alma, es una fémina madura con un prometido que lo es sólo de boquilla, porque –aunque teóricamente la adora- no desea avanzar en el sendero del compromiso.
Las dos, de mutuo acuerdo, deciden dedicar un fin de semana al ocio, de pesca, lejos de sus trabajos rutinarios, poco motivadores, y de parejas que nada les ofrecen.
Lo que se prometía como un breve periodo de descanso se complica cuando en la primera parada Thelma, pasada de copas, cae en manos de un camionero indecente que trata de violarla. En ese momento, Louise, que lleva en el recuerdo una experiencia similar de años atrás actúa de forma contundente y le dispara con un revólver que llevaba en el bolso casi por casualidad.
La primera enseñanza es aplastante: el peso de la historia es mayor de lo que pensamos. Cada uno de nosotros somos causa sui –causa de nosotros mismos- desde el punto de vista operativo. Somos lo que quisimos ser ayer, o lo que sin querer tuvimos que experimentar. Mañana seremos lo que hoy nos estemos proponiendo. De ahí la relevancia de lo que vivimos, de lo que estudiamos, de las personas con las que entramos en contacto. Al cabo, somos una suma de lecturas, vivencias, conversaciones... que han ido marcando nuestro modo de ver el mundo, y la forma en que a él nos enfrentamos. Louise lo confiesa sin ambages:
            -Tenemos lo que nos hemos buscado.
Más allá de su cuidada factura y su acelerada historia, el éxito Thelma & Louise se basó en la polémica mediática que provocó. Las causas fueron fundamentalmente dos: el tono radicalmente feminista de su argumento (rayando el histrionismo) y la cruda violencia de algunas de sus imágenes. El feminismo es tan radical que cuando Thelma habla con su marido y éste le trata bien, el comentario de la chica es que algo malo está sucediendo...
La mala comunicación de Thelma y su marido se encuentran en buena medida en el origen de un drama de funestas consecuencias. El problema no es que la comunicación sea deficiente en esa pareja, sino que sencillamente no existe. Cada uno hace su vida, aunque sea el marido –como todo varón que aparece en el largometraje- quien asume el papel de malo, y, al igual que en el resto de los personajes masculinos, también imbécil. De esa caracterización sólo se salva un detective que, por lo demás, no llega a cumplir su deseo de salvarlas porque debe someterse a las decisiones de un jefe que es también... lerdo.
La descripción del hombre como un ser obsesivamente centrado en el sexo y la bebida, cuya cabeza está vacía de cualquier otra realidad que no sean esas dos, provoca que la película pierda parte de su fuerza.
Un cúmulo de malaventuras va encadenándose en un drama en el que también se mezcla en pequeñas dosis la comedia y, fundamentalmente, la pérdida del sentido que puede encontrarse en el cimiento de una existencia válida.
En todo proyecto se combinan estrategias emergentes con deliberadas. Las primeras son circunstancias de entorno a las que será preciso responder. En el momento actual, por ejemplo, vivimos una crisis mundial provocada por un cúmulo de factores, algunos emergentes: subida del petróleo y de productos alimenticios por el aumento de la población mundial; desequilibrio en los motores económicos de algún país; ausencia de capacidades intelectuales en muchos dirigentes políticos... Junto a éstas se encuentran estrategias deliberadas: falta de preparación en gobernantes de algunas naciones; escandalosos y exagerados robos por parte de directivos de entidades financieras; escasa inversión en I&D; etc.
En el caso de Thelma y Louise van confluyendo ambas coordenadas para que la situación en la que se encuentran vaya convirtiéndose en desesperada. Ante un error –abatir mortalmente al violador- reaccionan con otro: huir en vez de acudir a la policía. Aunque, como sucede casi siempre, las cosas no son tan sencillas. En concreto, el motivo de la escapada es la mala experiencia de Louise, que cuando fue violada tiempo atrás no encontró apoyo en aquellos que deberían haberle ayudado. Y es que la justicia a veces, y en muchos lugares, no cumple adecuadamente su función...
La aparición de Brad Pitt en escena como un ratero que va huyendo de la justicia es interesante. Thelma, en vez de tomar precauciones, facilita que el ladronzuelo se lleve los dineros que Louise ha conseguido para proseguir su desesperada huida hacia México. El jovenzuelo es un seductor profesional, y Thelma una atontada cría que se cree todo lo que le cuentan, pero que no tiene particulares luces. La crítica, también en este punto, a la sociedad americana es profunda.
Lousie, alcanzada por su prometido, tiene una relación más madura con él. Hablan, reflexionan, ven alternativas de futuro. Thelma es de las de aquí te pillo, aquí te mato... La bebida ingerida en grandes cantidades no hace sino facilitar el camino hacia ninguna parte.
Las escenas finales ponen de manifiesto lo que ya dijeron algunos pensadores griegos: para quien no sabe dónde va, no hay mal viento ni buen viento. Una vez que se ha perdido el rumbo, cuanto más deprisa se vaya, más fácil será caer en el precipicio. En esas escenas, el único con algo de sentido común no logra evitar el desastre, en parte por la celeridad con que Thelma & Louise quieren acabarlo todo, como por la insipiencia del superior que aquel policía soporta. Es de los que considera que lo único que hay que hacer en la vida es aplicar una normativa, caiga quien caiga y suceda lo que suceda.
Con directivos así no es preciso enemigos ni competencia: la organización que los mantiene se conduce ella misma hacia el fracaso sin ayuda de nadie. El salto hacia el vacío el coche de la pareja recuerda los pasos hacia delante de organizaciones que estaban al borde del abismo y contratan a quien se encarga de dar el último empujón.